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Fecha: abril, 2016
Luna, lunera, cascabelera..
Buzalén 30-04-2016 | 8:32 | 0


Atahualpa dedica esta preciosa zamba a la luna, compañera de pastores y poetas, el satélite que nos mira desde el cielo y que, según la tradición, influye en el crecimiento del pelo, las uñas, los estados de ánimo, los ciclos de la vida, los cambios de estación, las mareas, los partos… creencias cosechadas por generaciones y nacidas de la pura observación. No hace tanto tiempo, en nuestra tierra extremeña, se evitaba exponer a los niños e incluso sus pañales a la luz de la luna. Para comprobar si estaban alunados, es decir, bajo su maligna influencia, se echaban tres gotas de aceite en un vaso de agua y se recitaba una oración. También se dice de la fruta o del jamón que están alunados cuando les sale moho blanco, del color de la luna.

La lengua española también lo atestigua, la décima acepción del término “luna” en el diccionario apunta al efecto que tiene el astro en los faltos de juicio, y cuentan no solo con el favor de la calle, sino también con registro académico, expresiones como “hombre de lunas” (esto es, lunático). Nuestra Casta Diva no discrimina un planeta entero de un ser diminuto, igual influye en el mar que puede provocar mareas biológicas en las células, cambios en el organismo.

En cierta ocasión pidieron a Atahualpa Yupanqui dar un recital en el afamado Teatro Colon de Buenos Aires, pero el artista respondió con una negativa, argumentando que no podía actuar en el mismo lugar en que había escuchado un concierto del gran guitarrista Andrés Segovia. Con trece años comenzó a utilizar el nombre Atahualpa en vez de Héctor Roberto, en homenaje al último rey del imperio inca, y veinte años después cambió el apellido Chavero por el de Yupanqui, queriendo recordar así la dinastía que mandaba en la época más sobresaliente del imperio.

Llegó a Buenos Aires por primera vez con su guitarra y canciones del folklore argentino, con dieciocho años. Un año más tarde compuso la exitosa canción “Caminito del indio“, y ya en adelante unió su vida a la poesía, lo que le llevó a que de vez en cuando tuviera que valerse de algún otro tipo de trabajo para conseguir su sustento diario. Así, trabajó como mulero, cargador de carbón, oficial de escribanía y periodista, recorriendo de arriba a abajo muchas regiones argentinas, en busca de versos y canciones populares. Su padre falleció cuando él tenía veinte años, Atahualpa tuvo que abandonar los estudios y  su intención de estudiar medicina. Decidió que a partir de aquel momento sería cantante. Y comenzó entonces la rica trayectoria del hombre que se convertiría en la mayor referencia del folclore argentino. El epicentro de su actividad era Tucumán, e irradió su arte desde aquel lugar, bajo la atenta mirada de esta luna tucumana.

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Canción para la abuela del Emperador
Buzalén 23-04-2016 | 4:33 | 0


   Isabel I de Castilla vivió a caballo entre la Edad Media y la Edad Moderna; justo el momento en que la visión teocrática del universo dejó paso al humanismo y los descubrimientos transoceánicos ensancharon los límites del mundo conocido. Esta hermosa composición de Enríquez de Valderrábano recogida en su libro de música para vihuela titulado Silva de Sirenas(1547) parece un regalo para su nieto Carlos que a la sazón gobernaba el mundo. La obra ensalza la figura de su abuela extendiendo su linaje hasta las primerísimas reinas ibéricas, rozando incluso la leyenda con la famosa reina Lupa, azote del apóstol Santiago.

   La vihuela de mano era un instrumento predilecto por la nobleza y la realeza española ya en el siglo XV. La reina Isabel se rodeó de guitarristas y vihuelistas en su corte. En la época de Carlos V es muy evidente el uso de la vihuela por los miembros de la capilla castellana y es utilizada como instrumento privilegiado. “Mille Regretz” es la canción predilecta del emperador Carlos V, de ahí que se la conozca como “Canción del Emperador”. En esta época el autor más importante es Luis de Narvaez y su libro ” Seis libros del Delfín de música de cifra para tañer vihuela”.
Para la gente culta era obligado saber tocar el instrumento, muy del gusto de la aristocracia de aquella época. Era una de las bases en la educación. La influencia de los ministriles se limitaba a las fronteras del reino. El arte de tocar la vihuela era parte importantísima en la vida cortesana y su uso se desarrollaba de forma creciente, la guitarra era el instrumento predilecto del pueblo llano. Esta diferencia de estatus era la primera entre ambos instrumentos, pero también había ciertas diferencias de forma, tamaños, estilísticas y de repertorio. La vihuela era de mayor tamaño, con cinco, seis o siete órdenes de cuerdas dobles, diez trastes y una tesitura bastante amplia. Su uso en el nuevo estilo polifónico era como contrapunto de acompañamiento al canto y también fue desarrollándose con gran éxito como instrumento solista. Se utiliza la tablatura, madrigales y fantasías forman parte de su repertorio más amplio.
Para algunos historiadores, Isabel de Trastámara es el tótem absoluto de las virtudes patrias; para otros, una mera usurpadora que se sentó en un trono que no le pertenecía. Santa para unos; fanática para otros. Hay quien la califica, para bien o para mal, de artífice de la «castellanización» de España, pero también de marioneta en manos de su esposo Fernando de Aragón, el príncipe renacentista que inspiró a Maquiavelo. Pese a ser la introductora absoluta de los saberes renacentistas en la península, se ha asegurado que su mentalidad permanecía prisionera del oscurantismo medieval.
Pero, aun así, nadie puede negar su interés por las artes y las letras o su condición de mecenas por encima de su talante tardomedieval. Lo cierto es que la reina Católica es un personaje absolutamente poliédrico. Autoritaria y firme en sus convicciones, fue madre afectuosa y tierna; abierta a la incipiente cultura renacentista, su extremada religiosidad rozaba el fanatismo hasta el punto de bendecir la creación del Santo Oficio o de perseguir sin tregua a judíos y musulmanes. Fue una esposa amante que conoció —como luego su hija Juana— el tormento de los celos, pero que no dudó a la hora de reservarse el gobierno del reino que le era propio. Sensible pero implacable; culta y doméstica a un tiempo, nada en su vida fue como parecía que iba a ser.
Esta canción nacida en la corte de su nieto Carlos I pretende presentarla como un modelo de mujer y de reina en el que culminan las virtudes que las reinas peninsulares fueron atesorando a lo largo de los siglos. Carlos recibió una educación musical acorde con su condición de soberano: exquisita y completa; estas cualidades hicieron que su capilla musical ejemplificara la grandeza del soberano, y que ciertos músicos asalariados suyos de gran prestigio como Cabezón fueran el baluarte de su poder cultural.
Con su matrimonio con Isabel de Portugal se llegó a constituir una nueva capilla musical formada por cantores y ministriles portugueses y españoles, que fue asimilada con la ya existente en la corte real de Madrid y que había pertenecido a la madre de Carlos I, la reina Juana la Loca.
Gracias a estas capillas musicales, la corte de los infantes españoles fue, en el s. XVI, la más afamada. Carlos I, a la muerte de su esposa Isabel, hizo crear, en el castillo de Arévalo, un magisterio de música dirigido por especiales artistas: Antonio de Cabezón en el órgano, Francisco Soto en el clavicordio, Mateo Flecha en la polifonía vocal; y en la danza Lope Fernández, Fernán Díaz y Bárbaro Fernández. De ahí que al príncipe Felipe II se le haya considerado como el monarca español que más interés haya mostrado por la música, y que las infantas María y Juana se convirtieran en defensoras del arte musical en sus cortes respectivas de Austria y Portugal.

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Del olvido y la memoria
Buzalén 17-04-2016 | 9:48 | 0


La guitarra española también viajó al Nuevo Mundo y ha escrito en él páginas inolvidables con autores como el compositor argentino Alberto Ginastera. La Canción del árbol del olvido es un tipo de composición denominada “vidalita” que sin ser tan conocida internacionalmente como el Tango o la Milonga, es un tipo de canción tradicional argentina que ha tenido cultivadores entre algunos músicos de formación clásica.
La tradición del árbol del olvido puede tener su referencia en un pasaje de la Odisea donde Ulises alcanza la isla de los lotófagos, en África, donde envió tres exploradores para comprobar qué comida podía comprarse. Los exploradores, tras comer unos cuantos frutos del loto ofrecidos por los agradables nativos, olvidaron, inmediatamente, dónde estaban, qué hacían allí e, incluso, sus propios nombres. No querían nada más que pasar el resto de sus vidas comiendo lotos. El árbol del loto, que da la amnesia íntegra, es descrito por Polibio como “árboles africanos de poca elevación, retorcidos y espinosos. (…) Su fruto “tiene sabor parecido a los higos silvestres y a los dátiles.”, esa planta es el zizyphur lotus, cuyo nombre común en español es azufaifo.


En La Eneida de Virgilio, Eneas y la Sibila deben descender al Hades en una caverna profunda y oscura. En el lugar más tenebroso del bosque cruzaron un enorme vestíbulo en medio del cual se erguía un olmo frondoso e inmenso en el que se dice que habitan los vanos Sueños, adheridos a cada una de sus hojas. A su alrededor se congregan los fantasmas de animales fantásticos monstruosos, son meras sombras.
Dejando a un lado el mundo clásico Don Miguel de Unamuno afirmaba:” no me da miedo la muerte, sólo temo al olvido”.  Tal vez sea así porque en el mundo actual  nos aterra la falta de permanencia en el tiempo, de reconocimiento, nos negamos a ser olvidados. Nos esforzamos en ser productivos y obtener reconocimiento en nuestro entorno. Notamos como el tiempo borra las acciones de nuestros antepasados; engrandecemos los logros de miembros destacados de la comunidad y los emulamos. Realizamos para ellos homenajes tardíos y obviamos sus defectos… En la canción que nos ocupa el tema es más amable, se trata tan solo de olvidar la penas de amores, tal vez para poder amar de nuevo.

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Lágrimas en el cielo
Buzalén 10-04-2016 | 10:10 | 0


‘Tears in heaven’ es la canción que Eric Clapton escribió para intentar sobrellevar la muerte de su hijo de cuatro años. Un 20 de marzo de 1991 Conor Clapton, de cuatro años, estaba en su habitación a cargo de la niñera. Parece que unos días antes había asistido a un espectáculo de acrobacia, junto a su padre y esto lo incentivo a hacer piruetas sobre una cama que estaba muy cerca de una ventana. Lo cierto es que solo se trató de un hecho desafortunado que terminó con la vida del pequeño, cuando por descuido cae al vacío desde el piso 53. Los años siguientes estuvieron, paradójicamente, marcados por la estabilidad emocional. Tears in heaven’ fue la canción que salvó a Eric Clapton. Le salvó de sí mismo, de la bebida y las adicciones. Le dio fuerzas para seguir sobrio, para ser mejor persona y para conectar con sus otros hijos. La gente se enamoró de aquella canción por su historia y por su mensaje, por esa delicadeza con la que el guitarrista habla de ese encuentro en el cielo con su hijo pequeño.

Una de las situaciones más tristes y dolorosas a las que tenemos que enfrentarnos tarde o temprano es la muerte de un ser querido. Cuando perdemos a alguien a quien amamos lo normal es encontrarse triste, con la sensación de que algo de ti ha cambiado y se ha ido para siempre. Este dolor  varía en su intensidad y forma de manifestarse de unas personas a otras, indica el comienzo de un camino individual e inevitable para aceptar que nuestro ser querido se ha ido para siempre: el duelo.

La palabra duelo (del latín dolus) significa dolor. Según el Manual Diagnóstico de los Trastornos Mentales, el duelo es un proceso de intensidad y duración variable por el que pasa un individuo que sufre una pérdida. En sí mismo, el duelo es un proceso normal que cumple una función adaptativa: ayudarnos a asimilar la pérdida y a aprender a vivir sin la persona que se ha ido.

La música es profundamente evocadora y nos produce emociones muy intensas.  El amor, la tristeza y la muerte son cuestiones revisitadas de época en época por compositores y cantantes. El tema del duelo también ha sido abordado por la música. A través de las canciones tratamos de drenar el dolor, de conectarnos con ese sentimiento doloroso del que nos alejan los ruidos de la rutina diaria. La música nos conecta de una manera muy profunda con el dolor del duelo y lo hace, además, de una manera espontánea, casi sin proponérselo… en este caso, de este ejercicio de introspección y catarsis nació una de las canciones más hermosas de todos los tiempos y la posibilidad de seguir viviendo para su autor.

 

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A cántaros
Buzalén 02-04-2016 | 11:09 | 0


José Pablo Guerrero Cabanillas, que presenta en la feria del libro de Trujillo su último trabajo “Catorce ríos pequeños“,es probablemente nuestro cantautor y poeta más conocido. Nacido en Esparragosa de Lares (Badajoz) en 1946, procede de una familia de pequeños agricultores. Cantante con una larga y reconocida carrera artística. En el 2000 fue galardonado con la Medalla de Extremadura.
En 1969 da sus primeros pasos como profesional en el mundo de la canción al presentarse al Festival de Benidorm. Lo hizo con la canción Amapolas y espigas y ganó el premio a la mejor letra, en 1972 Pablo Guerrero graba su primer disco (LP), A cántaros. La canción del mismo nombre llevaba un subtítulo bastante largo («Tú y yo, muchacha, estamos hechos de nubes»), rápidamente la canción se convirtió en uno de los himnos libertarios de la época. A cántaros cayó en gracia y llevó en 1975 a su creador hasta el Olympia de París, entonces paso obligado para la consagración de los cantautores antifranquistas, condenados en España en una semiclandestinidad vigilada por la Brigada Político-Social. El 2 de marzo se grabó el correspondiente elepé en directo pero hoy el intérprete y sus músicos recuerdan las estrecheces del momento: durmieron en el suelo del apartamento de un simpatizante parisiense. No había mucho glamour en la canción de autor.


Probablemente alguna  inspiración llegó con  “A Hard Rain´s a gonna fall” de Bob Dylan (1963)

¿Dónde has estado hijo mío? ¿Dónde has estado, querido mío?

He estado dando tumbos a la orilla de veinte montañas brumosas.

He pasado por el centro de siete bosques sombríos.                                                                                                                                                                       He caminado y me he arrastrado a lo largo de seis caminos tortuosos.

Me he perdido frente a una docena de océanos muertos.

He estado a diez mil millas de altura, en la cumbre de un camposanto.

Y va a llover, va a llover, va a llover a cántaros.

-”Siempre se mostraba muy tímido”, nos cuenta nuestro paisano José Cuello Florido, compañero de estudios de Pablo en su paso por el seminario diocesano de Badajoz; ”pero era un joven de sonrisa fácil  que  rebosaba humanidad. Más bien alto pero muy delgadito siempre con pelo largo y un  flequillo le tapaba la frente. Siempre nos sentimos muy cerca; ya que compartíamos el mismo pupitre de dos plazas en las horas de estudio y de clase, esa fue la razón de ir fraguando una buena amistad. No quiero de dejar de recordar la imagen de su madre; una mujer muy alta y siempre vestida de negro a la antigua usanza de cómo vistieron las extremeñas de la época, con su refajo y mantón cubriendo su figura femenina; que terminaba con gorro negro a su cabeza formando un pañoleta de tres picos. Se veía con mucha frecuencia esa forma vestir que por la zona de la (Serena) aún se conservaba. Solía acudir  cada semana, con su bolsa de la ropa y un guarda pan grande donde si mal no recuerdo traía hasta la capital pacense el riquísimo queso de oveja que en su casa elaboraban, de su propio rebaño. Siempre acompañé a Pablo en ese ir y venir donde todos los movimientos eran controlados.  Otras cosas que recuerdo de Pablo era su afición a escribir y tocar la guitarra, todos sus ratos libres a ella se los dedicaba poniéndole música y alma a sus poemas”.

Como todo artista encadenado a una canción, Pablo confiesa una relación tormentosa con “A cántaros”. Durante años, se negó a incluirla en sus directos. Hasta que un amigo le rogó que la cantara en el funeral de su mujer. Brotaron lágrimas torrenciales y Pablo decidió que aquello era demasiado grande para ignorar.

Musicalmente parte de armonías y melodías tradicionales de Extremadura aderezadas con sonidos del folk americano, el rock, el jazz o el flamenco. A mediados de los años 80 introdujo ritmos africanos y de otras culturas, además de sonoridades más vanguardistas como el minimalismo, la música aleatoria, o la música electrónica. Su evolución musical y poética ha marcado pautas vanguardistas entre el resto de los cantautores, siendo uno de los que más poesía aporta a la canción popular española desligándose de las corrientes del rock y sintiéndose más cercano a la música de fusión y al sentir de los ritmos africanos.En palabras del productor Ismael Serrano: Pablo es una referencia para los cantautores de este país, no sólo porque es autor de canciones maravillosas, sino porque es un ejemplo de inquietud musical, de búsqueda permanente, y ejemplo también de honestidad y coherencia. Su nuevo disco que abraza árboles y almas se llama ‘Catorce ríos pequeños’…. y, como hemos mencionado al principio, estos días tenemos la oportunidad de disfrutarlo en nuestra tierra.

 

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Sobre el autor Buzalén
Antonio Javier Calero (guitarra) y Javier Gómez (voz), dos hornachegos formados en conservatorios de nuestra Comunidad, apasionados por la corriente musical que nace en el S.XVI con la vihuela y llega hasta nuestros días, rescatando temas de autores extremeños poco conocidos para el gran público como Hernando de Franco o Juan Vázquez. Nuestro disco “Caminando” es el resultado de todo este trabajo conjunto, las canciones han sido compuestas entre los dos y en él se percibe la influencia de algunos de nuestros referentes artísticos como la bossa-nova, las canciones tradicionales e infantiles, la preocupación por el medio ambiente, la fugacidad de las cosas, los derechos de la infancia... un trabajo humilde que pretende compartir lo que somos. Llevamos a cabo de forma quincenal un espacio divulgativo en Canal Extremadura Radio dentro del programa "el sol dale por el Oeste" en el que interpretamos en directo una canción de nuestro repertorio y explicamos la conexión cultural que tiene con Extremadura.