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Fecha: septiembre, 2016
Llegó el otoño y sus “cartas amarillas”
Buzalén 24-09-2016 | 10:34 | 0


Aunque nos parezca mentira hubo en nuestra vida un tiempo anterior al teléfono móvil, en el que las cartas jugaban un papel fundamental, alejado de las frías notificaciones bancarias y la propaganda inútil. Hoy recordamos esta canción que sabe a otoño compuesta por Juan Carlos Calderón para la increíble voz de Nino Bravo, que el 16 de abril de 1973 dejaba huérfano a un país que se había enamorado de sus temas y al que legaría cuatro discos, más uno póstumo e innumerables recopilaciones y grabaciones inéditas que atestiguan su primacía de eso tan en boga en aquellos tiempos que vino a denominarse canción ligera.

Puede que su pasión por la música se la transmitiera su abuela materna, que si bien nunca se dedicó profesionalmente a la canción, sí amenizó algunos festivales benéficos. En cualquier caso, la idea anidaba en su cabeza desde sus años mozos. Hijo de un vendedor de seguros, sus primeros pasos laborales los daría en una joyería a la que se incorporó en calidad de aprendiz tras abandonar sus estudios. En poco tiempo era pulidor de diamantes, aunque la auténtica gema que había que moldear era él. Y a eso se dedicaba en sus ratos libres, siempre bajo la mirada de su amigo Vicente López, una figura crucial en su despegue al que conoció en el barrio de Sagunto donde creció y que ayudó a aquel muchacho tímido a salir de su cascarón.

Por entonces a Luis Manuel, su verdadero nombre, le llamaban Manolito y, en el otoño de 1961, junto a otros dos jóvenes, formaba su primera banda, Los Hispánicos, escogiendo un tema de The Platters, «Only You», para hacer su presentación en sociedad. No les iría mal, pese a que Manolito no lograría superar el examen necesario para obtener el carnet profesional de artista. En 1963, Los Hispánicos ponían fin a su aventura y Luis Manuel se refugiaba en Los Superson, el grupo en el que su amigo Vicente López oficiaba de bajista. Entraba en calidad de sustituto temporal del solista, pero pronto quedó claro que si querían alcanzar la gloria, debía ser con él. A la búsqueda andaban cuando Luis Manuel hubo de incorporarse al servicio militar, siendo destinado a Cartagena.

Aquello le hundió, hasta el punto de plantearse abandonar para siempre su sueño. Rescatado gracias al empeño de Vicente, consiguió un mánager que dio con el nombre con el que pasaría a la posteridad: Nino Bravo. Probó suerte con RCA, que le desechó, para posterior escarnio de la discográfica, y terminó firmando un contrato con Fonogram. Había nacido una estrella .Para el primer disco, Fonogram reclutó a Manuel Alejandro, un compositor que ya había firmado temas para Raphael y que le entregó a Nino Bravo «Como todos» y «Es el viento». Especial cariño le tendría siempre al primero de ellos el cantante. La fórmula funcionaba bien y le serviría para pasar por varios festivales. Aunque le gustaban poco estos certámenes, eran un trampolín.
Entonces llegó el gran salto. Televisión Española le reclutó para «Pasaporte a Dublín», un concurso del que habría de salir el representante español para el Festival de Eurovisión. Cayó ante Karina, pero el nombre de Nino Bravo recorrió España de punta a punta. El 20 de abril de 1971, Nino Bravo se casaba con María Amparo Esther Martínez Gil, la única novia que se le conocería y con la que, un año después, tendría a su primera hija, Amparo. Con ellas pasaría los días más felices de su vida, con giras por España y América Latina y el lanzamiento de dos nuevos discos, «Un beso y una flor» y «Mi tierra». El último, «volumen 5», no tendría tiempo de verlo publicado, como tampoco de conocer a su segunda hija, Eva María, nacida el 27 de noviembre de 1973, siete meses después de la muerte del cantante. Para entonces aún no se habían apagado los ecos del apoteósico homenaje que le rindieron en la Plaza de Toros de Valencia compañeros de profesión como Julio Iglesias, Manolo Escobar, Víctor Manuel o Mari Trini. Un sentido tributo a un hombre que solo ansiaba cantar y vivir.

Juan Carlos Calderon, el otro protagonista de nuestras “Cartas amarillas” nació en Santander en 1938, empezó su carrera musical formado parte de un cuarteto de jazz en su tierra natal en 1960. Tres años más tarde se traslada a Castellón donde graba su primer disco y en 1968 publica «Juan Carlos Calderón presenta a Juan Carlos Calderón» con el que gana el Premio Ondas. Tras éste éxito se convierte en arreglista para varias canciones de Joan Manuel Serrat, Luis Eduardo Aute y por supuesto para Mocedades con los que la música vocal en catellano alcanzaría uno de sus mayores exponentes, como olvidar aquel “Eres tú” de Eurovisión. Sus siguientes colaboraciones se centraron en Nino Bravo, para quien compuso uno de sus grandes éxitos, «Cartas amarillas»
Compagina su trabajo de compositor con su banda de jazz. Durante estos años acompañó a músicos de la talla de Donald Byrd, Stephn Grapelli o Bill Coleman. En 1969 actuó en el Palau de la Música de Barcelona con la banda de 17 músicos Jazz Tet, con Pedro Iturralde como solista. Tras el éxito grabaron «Bloque 6», premio al mejor disco de jazz en EE.UU.

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Ya se murió el burro
Buzalén 10-09-2016 | 9:29 | 0



Apenas dos generaciones han bastado para olvidarnos de él, nuestro fiel compañero, el burro, que ha formado parte fundamental del entramado económico y estético de los pueblos extremeños.
Presente ya en la cultura occidental desde las fábulas de Esopo en las que la figura del burro representa el papel de los humildes en diversas situaciones: algunas veces se cree importante y los poderosos le ponen en su lugar como en “el asno y el león” o “el asno y la imagen”, aunque también el humilde asno da alguna lección a los poderosos y los arrogantes como en “el asno y el lobo” o en “el caballo y el asno”.

Citando ejemplos más cercanos podemos recordar a Rucio, el burro de Sancho Panza en la obra maestra de literatura española “El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha”, el burro Benjamín que representa a la clase intelectual en Rebelión en la granja de George Orwell, o, por supuesto el inolvidable Platero, de la obra de Juan Ramón Jiménez “Platero y yo”.

Constante en la iconografía cristiana desde el nacimiento en Belén donde Jesús está escoltado por un asno y por un buey acorde a lo dicho por antiguas profecías o en el Domingo de Ramos, cuando se rememora la llegada de Jesús a Jerusalén montado sobre de un burro y recibido por la multitud con hojas de palma, cuyas estatuas procesionales son conocidas popularmente como la borriquita. La huida a Egipto también se representa a lomos de un burro y los asnos aparecen mencionados muchas veces en la Biblia hebrea.
Empeñados, como estamos, en reivindicar la cultura popular hemos querido recuperar esta canción y la memoria de nuestros sufridos amigos los burros. Las historias de estas canciones populares, sus tonalidades, tenían algo tremendo, algo que hoy creo que no se da: hay un punto de vista donde lo inevitable, el fatum (lorquiano), pesa, alumbra desde dentro, quemando a unos personajes que deambulan por las historias cantadas.

La canción es muy corta, parte del momento en que el burro de la tía vinagre muere, hace un pequeño recorrido por su triste vida y toma una panorámica del entierro, totalmente surrealista: esa tía María tocando el cencerro a modo de repique funeral el día que el pobre animal deja de padecer tanta explotación. El turururú que se repirte a modo de letanía es, además de un elemento mnemotécnico para que los niños canten rápidamente. La canción puede hacernos entender como ha cambiado nuestra visión del animal en la sociedad para muchos de nosotros.

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Juan Vázquez: extremeño universal.
Buzalén 03-09-2016 | 8:27 | 0


Acercándose el día de Extremadura queríamos recordar hoy a Juan Vázquez, nacido en Badajoz hacia 1500, es uno de los máximos representantes de la composición de villancicos renacentistas, hasta el punto de que numerosas de sus piezas fueron adaptadas a cifra y publicadas en cancioneros por grandes vihuelistas de la época. Esta, la versión para voz y vihuela, es la que compartimos hoy. Estuvo unido al grupo andaluz de músicos renacentistas (Guerrero, Morales, etc.). Sus obras más conocidas son las composiciones profanas, de las que destacan los villancicos, las canciones y los madrigales.

Se trata de un autor sobradamente conocido para los amantes de la polifonía de cualquier rincón del mundo, pero en el caso de Badajoz es de justicia recordar los constantes esfuerzos de Don Carmelo Solís por difundir su figura y su obra al frente del Coro del Conservatorio, tarea a la que fantásticas agrupaciones vocales se han ido sumando en el tiempo; y muy especialmente durante este último año el Instituto Extremeño de Canto y Dirección Coral con un ciclo repleto de actividades y conciertos centrados en nuestro compositor pacense.

Con qué la lavaré“, la obra que nos ocupa, es un villancico, canción que se asocia tradicionalmente a la música religiosa que se canta en Navidad, pero lo cierto es que es una forma musical que aparece en España en la segunda mitad del siglo XV. Eran canciones profanas cantadas por los ‘villanos‘, habitantes de las villas, de ahí el nombre de villancico. Se compone de un estribillo y unas coplas o mudanza. Se cantaba en las fiestas de los pueblos. Posteriormente, empezó a cantarse en los templos y se fue asociando a la Navidad, por lo que fueron prohibidos los villancicos con letras profanas y en su lugar se cantaron villancicos con letras religiosas sobre el Nacimiento de Jesús. De aquí proceden los villancicos actuales.

La letra es aparentemente simple, como todas las de esa época. Pero, también, como casi todas, tiene una pequeña trampa, un mensaje oculto, que se nos hace más oscuro, quizá, por los casi 500 años transcurridos desde su composición, y, probablemente, porque alguna de las palabras que se utilizan han caído en desuso.
La canción es como la reflexión íntima de una mujer que contempla el futuro que se abre ante ella y, ante lo que ve, se siente impotente. Además del lamento por un amor desgraciado, había otro mensaje: El horror de una mujer que ha perdido su honra, porque su amante no quiere “redimirla”, haciéndola su esposa. No sólo su dolor, sino también su desvalimiento.

El claro riesgo de repudio social, de expulsión directa hacia la marginación en una época en que la mujer debía procurarse el sustento estando bajo la protección del varón (padre, esposo…)
Cabe hacer por tanto esta doble lectura de la obra: O como el lamento de una muchacha que, al haber sido deshonrada, ya no podrá acudir al río a lavarse, cómo cualquier mujer de bien, pues será señalada y rechazada por las demás, teniendo que recurrir al agua de limones como lo hacen las llamadas”galanas”. El tono lánguido de la pieza nos hace pensar en esta interpretación. Estamos ante una pieza cercana al madrigal italiano.

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Sobre el autor Buzalén
Antonio Javier Calero (guitarra) y Javier Gómez (voz), dos hornachegos formados en conservatorios de nuestra Comunidad, apasionados por la corriente musical que nace en el S.XVI con la vihuela y llega hasta nuestros días, rescatando temas de autores extremeños poco conocidos para el gran público como Hernando de Franco o Juan Vázquez. Nuestro disco “Caminando” es el resultado de todo este trabajo conjunto, las canciones han sido compuestas entre los dos y en él se percibe la influencia de algunos de nuestros referentes artísticos como la bossa-nova, las canciones tradicionales e infantiles, la preocupación por el medio ambiente, la fugacidad de las cosas, los derechos de la infancia... un trabajo humilde que pretende compartir lo que somos. Llevamos a cabo de forma quincenal un espacio divulgativo en Canal Extremadura Radio dentro del programa "el sol dale por el Oeste" en el que interpretamos en directo una canción de nuestro repertorio y explicamos la conexión cultural que tiene con Extremadura.