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La Tarara y las canciones de corro.
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Buzalén | 24-08-2016 | 20:26| 0


La Tarara es una canción de corro de origen sefardí que Lorca recopiló en 1931 para el disco que grabó con la Argentinita.  Cuentan que cuando Federico estuvo en Nueva York fue incapaz de aprender la lengua de Shakespeare pero que todos le conocían como el español que tocaba el piano. Se hizo muy popular durante nuestra guerra civil con una versión diferente de la letra, incluso las tropas “moras” que ayudaron a Franco en su rebelión, aprendieron esta canción en el campo de batalla y siguieron transmitiéndola como algo suyo a sus hijos y nietos, convirtiendo esta canción popular española en otra canción marroquí. Ha sido versionada por músicos de la talla de Camarón de la Isla en “La leyenda del tiempo”, Antonio Vega, Joaquín Díaz, Rafael Calvo, Nuevo Mester o Ismael y La Banda del Mirlitón, los primeros músicos que popularizaron la canción en los años 60 a través de la televisión.

El término tararear no deriva directamente de esta canción pero sí que tiene una relación directa con la palabra ‘tarara’ que se utilizaba para identificar a una persona que está loca o tiene poco juicio. Muchos eran los “tararos” que cuando cantaban lo hacían sin ritmo alguno, obviando gran parte de la letra o de forma ininteligible, por lo que a esa forma de canturrear se la comenzó a conocer como ‘tararear’ (cantar como lo hace un loco). Con el tiempo se popularizó el término y se utilizó también para señalar a esa forma de cantar, entre dientes y sin articular palabras, que realizaban las personas cuerdas. Pero sobre el origen etimológico de tararear también podemos encontrarnos con quien defiende la teoría (nada descabellada) que señala que proviene del término ‘tararí’, que es como se le designaba al ‘toque de trompeta’ u otro instrumento de viento y por lo tanto, la imitación de esa música sin la utilización de palabras pasó a ser conocida como ‘tararear’.

La canción nos habla de una mujer loca (tarara) que se pasea por los campos bailando, como todo texto sometido a la tradición oral podemos encontrar inumerables versiones;
“Tiene la Tarara unos pantalones que de arriba abajo todos son botones Tiene la Tarara en su casa un gato que come lechuga de segundo plato… Baila la Tarara con bata de cola y si no hay pareja bailotea sola….
Tiene la Tarara un dedito malo que curar no pude ningún cirujano….”

Infinidad de canciones se podrían recoger de nuestros pueblos nos dejarían atónitos al comprobar la imaginación de la que disponían nuestros antepasados para pasar sus ratos de ocio, pero conociendo el genio del poeta no es casual que Federico escogiera precisamente estos versos en los que la protagonista parece desafiar las normas establecidas, aunque esto la convierta en objetivo de burlas por parte del vecindario. Lorca reivindica una vez más la persona excluida, marginada, la incomprensión del universo femenino en una sociedad patriarcal. En aquellos tiempos los mozos tenían sus rondas nocturnas, en las cuales se dejaba claro qué mozas eran sus preferidas o las que intentaban cortejar, pero las mozas no disponían de este tipo de prebendas por lo que tenían que aprovechar cualquier manifestación lúdica o festiva para interpelar a los mozos que merodeaban por los lugares donde ellas se estaban divirtiendo, por este motivo muchas canciones de corro juegan con la idea de la boda o el noviazgo, como ocurre en  ”el patio de mi casa”( H, i, j, k, l, ll, m, a que si tú no me quieres otro niño me querrá).
Esta otra habla un poco sobre aquella vieja costumbre del casamiento por conveniencia que tanto se practicaba en el medio rural ,también entre la burguesía y la aristocracia. Una de sus expresiones más duras se puede encontrar en el teatro de Lorca, Bodas de sangre, en el que la madre le dice a otro hombre algo así como: “casemos a tu hija y a mi hijo para que tengan muchos brazos para arar la tierra“. Podríamos preguntarnos realmente si hablan de personas o de mulas.
Me casó mi madre chiquita y bonita
con unos amores que yo no quería.
La noche de novios entraba y salía,
Le seguí los pasos por ver dónde iba,
y le veo que entra en “cá” su querida….

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Luna, lunera, cascabelera..
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Buzalén | 24-08-2016 | 20:24| 0


Atahualpa dedica esta preciosa zamba a la luna, compañera de pastores y poetas, el satélite que nos mira desde el cielo y que, según la tradición, influye en el crecimiento del pelo, las uñas, los estados de ánimo, los ciclos de la vida, los cambios de estación, las mareas, los partos… creencias cosechadas por generaciones y nacidas de la pura observación. No hace tanto tiempo, en nuestra tierra extremeña, se evitaba exponer a los niños e incluso sus pañales a la luz de la luna. Para comprobar si estaban alunados, es decir, bajo su maligna influencia, se echaban tres gotas de aceite en un vaso de agua y se recitaba una oración. También se dice de la fruta o del jamón que están alunados cuando les sale moho blanco, del color de la luna.

La lengua española también lo atestigua, la décima acepción del término “luna” en el diccionario apunta al efecto que tiene el astro en los faltos de juicio, y cuentan no solo con el favor de la calle, sino también con registro académico, expresiones como “hombre de lunas” (esto es, lunático). Nuestra Casta Diva no discrimina un planeta entero de un ser diminuto, igual influye en el mar que puede provocar mareas biológicas en las células, cambios en el organismo.

En cierta ocasión pidieron a Atahualpa Yupanqui dar un recital en el afamado Teatro Colon de Buenos Aires, pero el artista respondió con una negativa, argumentando que no podía actuar en el mismo lugar en que había escuchado un concierto del gran guitarrista Andrés Segovia. Con trece años comenzó a utilizar el nombre Atahualpa en vez de Héctor Roberto, en homenaje al último rey del imperio inca, y veinte años después cambió el apellido Chavero por el de Yupanqui, queriendo recordar así la dinastía que mandaba en la época más sobresaliente del imperio.

Llegó a Buenos Aires por primera vez con su guitarra y canciones del folklore argentino, con dieciocho años. Un año más tarde compuso la exitosa canción “Caminito del indio“, y ya en adelante unió su vida a la poesía, lo que le llevó a que de vez en cuando tuviera que valerse de algún otro tipo de trabajo para conseguir su sustento diario. Así, trabajó como mulero, cargador de carbón, oficial de escribanía y periodista, recorriendo de arriba a abajo muchas regiones argentinas, en busca de versos y canciones populares. Su padre falleció cuando él tenía veinte años, Atahualpa tuvo que abandonar los estudios y  su intención de estudiar medicina. Decidió que a partir de aquel momento sería cantante. Y comenzó entonces la rica trayectoria del hombre que se convertiría en la mayor referencia del folclore argentino. El epicentro de su actividad era Tucumán, e irradió su arte desde aquel lugar, bajo la atenta mirada de esta luna tucumana.

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Canción para la abuela del Emperador
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Buzalén | 24-08-2016 | 20:22| 0


   Isabel I de Castilla vivió a caballo entre la Edad Media y la Edad Moderna; justo el momento en que la visión teocrática del universo dejó paso al humanismo y los descubrimientos transoceánicos ensancharon los límites del mundo conocido. Esta hermosa composición de Enríquez de Valderrábano recogida en su libro de música para vihuela titulado Silva de Sirenas(1547) parece un regalo para su nieto Carlos que a la sazón gobernaba el mundo. La obra ensalza la figura de su abuela extendiendo su linaje hasta las primerísimas reinas ibéricas, rozando incluso la leyenda con la famosa reina Lupa, azote del apóstol Santiago.

   La vihuela de mano era un instrumento predilecto por la nobleza y la realeza española ya en el siglo XV. La reina Isabel se rodeó de guitarristas y vihuelistas en su corte. En la época de Carlos V es muy evidente el uso de la vihuela por los miembros de la capilla castellana y es utilizada como instrumento privilegiado. “Mille Regretz” es la canción predilecta del emperador Carlos V, de ahí que se la conozca como “Canción del Emperador”. En esta época el autor más importante es Luis de Narvaez y su libro ” Seis libros del Delfín de música de cifra para tañer vihuela”.
Para la gente culta era obligado saber tocar el instrumento, muy del gusto de la aristocracia de aquella época. Era una de las bases en la educación. La influencia de los ministriles se limitaba a las fronteras del reino. El arte de tocar la vihuela era parte importantísima en la vida cortesana y su uso se desarrollaba de forma creciente, la guitarra era el instrumento predilecto del pueblo llano. Esta diferencia de estatus era la primera entre ambos instrumentos, pero también había ciertas diferencias de forma, tamaños, estilísticas y de repertorio. La vihuela era de mayor tamaño, con cinco, seis o siete órdenes de cuerdas dobles, diez trastes y una tesitura bastante amplia. Su uso en el nuevo estilo polifónico era como contrapunto de acompañamiento al canto y también fue desarrollándose con gran éxito como instrumento solista. Se utiliza la tablatura, madrigales y fantasías forman parte de su repertorio más amplio.
Para algunos historiadores, Isabel de Trastámara es el tótem absoluto de las virtudes patrias; para otros, una mera usurpadora que se sentó en un trono que no le pertenecía. Santa para unos; fanática para otros. Hay quien la califica, para bien o para mal, de artífice de la «castellanización» de España, pero también de marioneta en manos de su esposo Fernando de Aragón, el príncipe renacentista que inspiró a Maquiavelo. Pese a ser la introductora absoluta de los saberes renacentistas en la península, se ha asegurado que su mentalidad permanecía prisionera del oscurantismo medieval.
Pero, aun así, nadie puede negar su interés por las artes y las letras o su condición de mecenas por encima de su talante tardomedieval. Lo cierto es que la reina Católica es un personaje absolutamente poliédrico. Autoritaria y firme en sus convicciones, fue madre afectuosa y tierna; abierta a la incipiente cultura renacentista, su extremada religiosidad rozaba el fanatismo hasta el punto de bendecir la creación del Santo Oficio o de perseguir sin tregua a judíos y musulmanes. Fue una esposa amante que conoció —como luego su hija Juana— el tormento de los celos, pero que no dudó a la hora de reservarse el gobierno del reino que le era propio. Sensible pero implacable; culta y doméstica a un tiempo, nada en su vida fue como parecía que iba a ser.
Esta canción nacida en la corte de su nieto Carlos I pretende presentarla como un modelo de mujer y de reina en el que culminan las virtudes que las reinas peninsulares fueron atesorando a lo largo de los siglos. Carlos recibió una educación musical acorde con su condición de soberano: exquisita y completa; estas cualidades hicieron que su capilla musical ejemplificara la grandeza del soberano, y que ciertos músicos asalariados suyos de gran prestigio como Cabezón fueran el baluarte de su poder cultural.
Con su matrimonio con Isabel de Portugal se llegó a constituir una nueva capilla musical formada por cantores y ministriles portugueses y españoles, que fue asimilada con la ya existente en la corte real de Madrid y que había pertenecido a la madre de Carlos I, la reina Juana la Loca.
Gracias a estas capillas musicales, la corte de los infantes españoles fue, en el s. XVI, la más afamada. Carlos I, a la muerte de su esposa Isabel, hizo crear, en el castillo de Arévalo, un magisterio de música dirigido por especiales artistas: Antonio de Cabezón en el órgano, Francisco Soto en el clavicordio, Mateo Flecha en la polifonía vocal; y en la danza Lope Fernández, Fernán Díaz y Bárbaro Fernández. De ahí que al príncipe Felipe II se le haya considerado como el monarca español que más interés haya mostrado por la música, y que las infantas María y Juana se convirtieran en defensoras del arte musical en sus cortes respectivas de Austria y Portugal.

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Del olvido y la memoria
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Buzalén | 24-08-2016 | 20:17| 0


La guitarra española también viajó al Nuevo Mundo y ha escrito en él páginas inolvidables con autores como el compositor argentino Alberto Ginastera. La Canción del árbol del olvido es un tipo de composición denominada “vidalita” que sin ser tan conocida internacionalmente como el Tango o la Milonga, es un tipo de canción tradicional argentina que ha tenido cultivadores entre algunos músicos de formación clásica.
La tradición del árbol del olvido puede tener su referencia en un pasaje de la Odisea donde Ulises alcanza la isla de los lotófagos, en África, donde envió tres exploradores para comprobar qué comida podía comprarse. Los exploradores, tras comer unos cuantos frutos del loto ofrecidos por los agradables nativos, olvidaron, inmediatamente, dónde estaban, qué hacían allí e, incluso, sus propios nombres. No querían nada más que pasar el resto de sus vidas comiendo lotos. El árbol del loto, que da la amnesia íntegra, es descrito por Polibio como “árboles africanos de poca elevación, retorcidos y espinosos. (…) Su fruto “tiene sabor parecido a los higos silvestres y a los dátiles.”, esa planta es el zizyphur lotus, cuyo nombre común en español es azufaifo.


En La Eneida de Virgilio, Eneas y la Sibila deben descender al Hades en una caverna profunda y oscura. En el lugar más tenebroso del bosque cruzaron un enorme vestíbulo en medio del cual se erguía un olmo frondoso e inmenso en el que se dice que habitan los vanos Sueños, adheridos a cada una de sus hojas. A su alrededor se congregan los fantasmas de animales fantásticos monstruosos, son meras sombras.
Dejando a un lado el mundo clásico Don Miguel de Unamuno afirmaba:” no me da miedo la muerte, sólo temo al olvido”.  Tal vez sea así porque en el mundo actual  nos aterra la falta de permanencia en el tiempo, de reconocimiento, nos negamos a ser olvidados. Nos esforzamos en ser productivos y obtener reconocimiento en nuestro entorno. Notamos como el tiempo borra las acciones de nuestros antepasados; engrandecemos los logros de miembros destacados de la comunidad y los emulamos. Realizamos para ellos homenajes tardíos y obviamos sus defectos… En la canción que nos ocupa el tema es más amable, se trata tan solo de olvidar la penas de amores, tal vez para poder amar de nuevo.

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Lágrimas en el cielo
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Buzalén | 10-04-2016 | 20:15| 0


‘Tears in heaven’ es la canción que Eric Clapton escribió para intentar sobrellevar la muerte de su hijo de cuatro años. Un 20 de marzo de 1991 Conor Clapton, de cuatro años, estaba en su habitación a cargo de la niñera. Parece que unos días antes había asistido a un espectáculo de acrobacia, junto a su padre y esto lo incentivo a hacer piruetas sobre una cama que estaba muy cerca de una ventana. Lo cierto es que solo se trató de un hecho desafortunado que terminó con la vida del pequeño, cuando por descuido cae al vacío desde el piso 53. Los años siguientes estuvieron, paradójicamente, marcados por la estabilidad emocional. Tears in heaven’ fue la canción que salvó a Eric Clapton. Le salvó de sí mismo, de la bebida y las adicciones. Le dio fuerzas para seguir sobrio, para ser mejor persona y para conectar con sus otros hijos. La gente se enamoró de aquella canción por su historia y por su mensaje, por esa delicadeza con la que el guitarrista habla de ese encuentro en el cielo con su hijo pequeño.

Una de las situaciones más tristes y dolorosas a las que tenemos que enfrentarnos tarde o temprano es la muerte de un ser querido. Cuando perdemos a alguien a quien amamos lo normal es encontrarse triste, con la sensación de que algo de ti ha cambiado y se ha ido para siempre. Este dolor  varía en su intensidad y forma de manifestarse de unas personas a otras, indica el comienzo de un camino individual e inevitable para aceptar que nuestro ser querido se ha ido para siempre: el duelo.

La palabra duelo (del latín dolus) significa dolor. Según el Manual Diagnóstico de los Trastornos Mentales, el duelo es un proceso de intensidad y duración variable por el que pasa un individuo que sufre una pérdida. En sí mismo, el duelo es un proceso normal que cumple una función adaptativa: ayudarnos a asimilar la pérdida y a aprender a vivir sin la persona que se ha ido.

La música es profundamente evocadora y nos produce emociones muy intensas.  El amor, la tristeza y la muerte son cuestiones revisitadas de época en época por compositores y cantantes. El tema del duelo también ha sido abordado por la música. A través de las canciones tratamos de drenar el dolor, de conectarnos con ese sentimiento doloroso del que nos alejan los ruidos de la rutina diaria. La música nos conecta de una manera muy profunda con el dolor del duelo y lo hace, además, de una manera espontánea, casi sin proponérselo… en este caso, de este ejercicio de introspección y catarsis nació una de las canciones más hermosas de todos los tiempos y la posibilidad de seguir viviendo para su autor.

 

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A cántaros
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Buzalén | 02-04-2016 | 09:18| 0


José Pablo Guerrero Cabanillas, que presenta en la feria del libro de Trujillo su último trabajo “Catorce ríos pequeños“,es probablemente nuestro cantautor y poeta más conocido. Nacido en Esparragosa de Lares (Badajoz) en 1946, procede de una familia de pequeños agricultores. Cantante con una larga y reconocida carrera artística. En el 2000 fue galardonado con la Medalla de Extremadura.
En 1969 da sus primeros pasos como profesional en el mundo de la canción al presentarse al Festival de Benidorm. Lo hizo con la canción Amapolas y espigas y ganó el premio a la mejor letra, en 1972 Pablo Guerrero graba su primer disco (LP), A cántaros. La canción del mismo nombre llevaba un subtítulo bastante largo («Tú y yo, muchacha, estamos hechos de nubes»), rápidamente la canción se convirtió en uno de los himnos libertarios de la época. A cántaros cayó en gracia y llevó en 1975 a su creador hasta el Olympia de París, entonces paso obligado para la consagración de los cantautores antifranquistas, condenados en España en una semiclandestinidad vigilada por la Brigada Político-Social. El 2 de marzo se grabó el correspondiente elepé en directo pero hoy el intérprete y sus músicos recuerdan las estrecheces del momento: durmieron en el suelo del apartamento de un simpatizante parisiense. No había mucho glamour en la canción de autor.


Probablemente alguna  inspiración llegó con  “A Hard Rain´s a gonna fall” de Bob Dylan (1963)

¿Dónde has estado hijo mío? ¿Dónde has estado, querido mío?

He estado dando tumbos a la orilla de veinte montañas brumosas.

He pasado por el centro de siete bosques sombríos.                                                                                                                                                                       He caminado y me he arrastrado a lo largo de seis caminos tortuosos.

Me he perdido frente a una docena de océanos muertos.

He estado a diez mil millas de altura, en la cumbre de un camposanto.

Y va a llover, va a llover, va a llover a cántaros.

-”Siempre se mostraba muy tímido”, nos cuenta nuestro paisano José Cuello Florido, compañero de estudios de Pablo en su paso por el seminario diocesano de Badajoz; ”pero era un joven de sonrisa fácil  que  rebosaba humanidad. Más bien alto pero muy delgadito siempre con pelo largo y un  flequillo le tapaba la frente. Siempre nos sentimos muy cerca; ya que compartíamos el mismo pupitre de dos plazas en las horas de estudio y de clase, esa fue la razón de ir fraguando una buena amistad. No quiero de dejar de recordar la imagen de su madre; una mujer muy alta y siempre vestida de negro a la antigua usanza de cómo vistieron las extremeñas de la época, con su refajo y mantón cubriendo su figura femenina; que terminaba con gorro negro a su cabeza formando un pañoleta de tres picos. Se veía con mucha frecuencia esa forma vestir que por la zona de la (Serena) aún se conservaba. Solía acudir  cada semana, con su bolsa de la ropa y un guarda pan grande donde si mal no recuerdo traía hasta la capital pacense el riquísimo queso de oveja que en su casa elaboraban, de su propio rebaño. Siempre acompañé a Pablo en ese ir y venir donde todos los movimientos eran controlados.  Otras cosas que recuerdo de Pablo era su afición a escribir y tocar la guitarra, todos sus ratos libres a ella se los dedicaba poniéndole música y alma a sus poemas”.

Como todo artista encadenado a una canción, Pablo confiesa una relación tormentosa con “A cántaros”. Durante años, se negó a incluirla en sus directos. Hasta que un amigo le rogó que la cantara en el funeral de su mujer. Brotaron lágrimas torrenciales y Pablo decidió que aquello era demasiado grande para ignorar.

Musicalmente parte de armonías y melodías tradicionales de Extremadura aderezadas con sonidos del folk americano, el rock, el jazz o el flamenco. A mediados de los años 80 introdujo ritmos africanos y de otras culturas, además de sonoridades más vanguardistas como el minimalismo, la música aleatoria, o la música electrónica. Su evolución musical y poética ha marcado pautas vanguardistas entre el resto de los cantautores, siendo uno de los que más poesía aporta a la canción popular española desligándose de las corrientes del rock y sintiéndose más cercano a la música de fusión y al sentir de los ritmos africanos.En palabras del productor Ismael Serrano: Pablo es una referencia para los cantautores de este país, no sólo porque es autor de canciones maravillosas, sino porque es un ejemplo de inquietud musical, de búsqueda permanente, y ejemplo también de honestidad y coherencia. Su nuevo disco que abraza árboles y almas se llama ‘Catorce ríos pequeños’…. y, como hemos mencionado al principio, estos días tenemos la oportunidad de disfrutarlo en nuestra tierra.

 

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Jesús continúa siendo mi alegría
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Buzalén | 25-08-2016 | 15:19| 0


Aunque en alemán el término “Bach” signifique arroyo, lo cierto es que Bach no era un arroyo, era un auténtico océano de músicas. Nació el 21 de marzo de 1685, en Eisenach y falleció el 28 de julio de 1750, en Leipzig, era descendiente de siete generaciones de músicos y organistas, y estaba destinado a incorporarse a la profesión. Tuvo una niñez feliz y segura. Su padre, que era violinista, le enseñó a tocar el instrumento. A los diez años se desencadenó la tragedia; sus padres murieron con una diferencia de un año. En una época en que los niños huérfanos a menudo quedaban abandonados, Johann Sebastian fue adoptado por su hermano mayor, Johann Christoph, organista y alumno de Johann Pachelbel, compositor del famoso “Canon”. Su hermano enseñó a Johann Sebastian a tocar el teclado, y a los quince años le consiguió el primer empleo remunerado en un coro de iglesia. A lo largo de su vida, Bach ocupó una serie de cargos como organista y compositor de la iglesia o la corte. En 1707 falleció uno de los tíos de Bach, y le dejó una suma de dinero. Así pudo casarse con la joven a quien se veía con frecuencia en la galería del órgano, escuchando a Bach cuando ensayaba. Era su prima María Bárbara Bach.

La felicidad de ambos dio fruto en muchas composiciones y siete hijos. Bach se sintió desolado cuando su esposa murió repentinamente en 1720. Tenía sólo treinta y cinco años y, como no deseaba ser el padre único de sus hijos, a fines de 1721 contrajo matrimonio con Anna Magdalena Wilcke. Anna Magdalena era una joven culta y de espíritu musical, y también una buena copista, una cualidad sumamente útil antes de la invención de la imprenta. Tuvieron trece hijos. Para ella compuso o adoptó los famosos minuets y otras piezas pequeñas del Cuaderno de Anna Magdalena. De sus veinte hijos, diez fallecieron en la infancia y cuatro llegaron a ser compositores.
En 1723 Bach solicitó y obtuvo el prestigioso cargo de director de música y cantor de la Thomasschule de Leipzig. Tenía treinta y ocho años y estaba en la cumbre de su carrera. Allí siguió viviendo el resto de su vida.

  Ciego los últimos años de su vida, Bach continuó componiendo. Fue operado por el oculista inglés viajero, John Taylor -que había intervenido torpemente las cataratas de Handel y es probable que la cirugía y el tratamiento posterior apresuraran la muerte del compositor. La muerte de Bach en 1750 señaló el fin del período barroco. Aunque parezca irónico, el enorme tesoro musical de Bach, ampliado por Haydn y Mozart y estudiado por Beethoven, permaneció intacto en las galerías destinadas a los órganos hasta que fue descubierto, ochenta años después, por Félix Mendelssohn.
Quizás el mejor representante de esta tradición matemático-musical es Johann Sebastian Bach. Probablemente ningún músico haya innovado y aportado tanto a la música en síntesis, organización y maestría técnica que Bach. La música de Bach parece confirmar la idea platónica de que la belleza es orden, una imagen de los principios arquetípicos de la creación. Aunque en su época no se le reconoció tanto, Bach ha ido ganándose un respeto cardenal entre músicos; Beethoven llamó a Bach “el padre original de la armonía”, reconociendo la influencia contrapuntística del maestro.
En la última etapa de su vida Bach se interesó mucho por la simetría musical, creando una serie de acertijos o problema musicales para sus alumnos. Estos acertijos o puzzles están sobre todo presentes en sus cánones y fugas, los cuales debían ser descifrados para poder ser interpretados correctamente, por ello la inscripción de Quaerendo Invenietis (“Busca y deberás encontrar”) en su colección Ofrenda musical, BWV 1079, una de las grandes obras maestras de simetría musical y en la cual se revela la visión toral de Bach: la música es una ofrenda a la divinidad, y en ella la gloria divina se transparenta.
La música de Bach tiene cualidades sorprendentes, como explica Joel Robertson en su libro Natural Prozac, es capaz de relajar y energizar a las personas, incluso estimulando la producción natural de serotonina. Así que te recomendamos pasar esta tarde escuchando las fugas de Bach, dedicarte a una actividad creativo-reflexiva y poner a prueba la magia o la medicina del sonido.

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El amor y los sentidos
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Buzalén | 24-08-2016 | 20:15| 0


  
John Dowland
es probablemente uno de los músicos más emblemáticos de la Inglaterra del cambio del siglo XVI al XVII. Fue una de las cabezas visibles del movimiento de compositores de canciones para laúd de las islas británicas. Pero aparte de sus virtudes como músico, algunos autores consideran a Dowland como una personalidad que refleja el espíritu inglés de la época. Y precisamente es a la melancolía británica de este periodo a lo que se asocian las canciones de John Dowland. La música y las letras de la época florecían influidas por los versos del poeta italiano Petrarca, cuyo impacto en la Europa del siglo XVI tiene su máximo exponente en la figura del madrigal. La melancolía petrarquista está asociada a las quejas de un amante cuya pasión no es correspondida por su amada.

El amor es un fenómeno que afecta a todos los sentidos. Hablamos de “amor a primera vista“, podemos distinguir la voz de la persona amada entre muchas otras y con solo el olor de su ropa se nos acelera el corazón. De hecho, nuestros sentidos juegan un papel importante cuando se trata de sentir simpatía o antipatía por una persona, y si nos sentimos atraídos sexualmente por ella. El olor de una persona es tan personal como su huella dactilar. Tanto determinados componentes genéticos como la flora bacteriana de la piel de cada individuo, se encargan de que la fragancia sea inequívoca. Incluso los más sutiles aromas en las células olfativas de la nariz generan impulsos eléctricos, que son procesados y enviados al bulbo olfatorio.

Acariciar es un arte. Y la caricia es algo parecido a una obra de arte —una gran obra de arte humano— que se lleva a cabo con los sentidos. Acariciar no es solamente tocar o palpar. Es, también, ver, oler, oír, gustar. Todo los sentidos entran en esta obra de arte, lo mismo que todos los colores entran en una pintura, en una obra maestra.
Ya en el siglo XVI, aparece también en la lírica española: la corriente centrada en el “carpe diem” reivindicando el valor de la belleza y de la vida sobre el de la destrucción” disfrutar del amor antes que llegue la muerte.
Desde el Hedonismo hay una desconfianza del placer como concepto “pecaminoso”, tal vez por influencia de la tradición judeocristiana, pero no toda la tradición bíblica va en esa dirección. Como ejemplo podemos citar el Eclesiastés,el más breve de los escritos sapienciales, con su tono marcadamente existencial. La conclusión principal del Eclesiastés refleja el conocido precepto del carpe diem: disfruta del día, disfruta del momento, aprovecha lo que la vida te ofrece. Es una especie de discusión del autor consigo mismo, en la que frecuentemente considera realidades opuestas entre sí: la vida y la muerte, la sabiduría y la necedad, la riqueza y la pobreza. En esta contraposición de conceptos, los aspectos negativos de la realidad aparecen subrayados y como teñidos de un tono de hondo pesimismo. Sin embargo, en ningún momento llega Eclesiastés al extremo de menospreciar o negar cuanto de valioso tiene la vida; nunca deja de reconocer los aspectos positivos que forman parte de la existencia y la experiencia del ser humano; trabajo, placer, familia, hacienda o sabiduría (2.11, 13).

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El primer miedo
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Buzalén | 24-08-2016 | 20:08| 0


Las nanas (también llamadas en Iberoamérica arrullos, canciones de cuna, cantos de arrorró, rurrupatas, etc…) forman parte de la tradición de prácticamente todas las culturas del planeta. Son canciones breves, canciones para los niños y no canciones de niños, a menudo impregnadas de melancolía, destinadas a dormir dulcemente a los niños y niñas cuando éstos no quieren hacerlo, como dijo García Lorca en una conferencia en 1928: “Hace unos años, paseando por las inmediaciones de Granada, oí cantar a una mujer del pueblo mientras dormía a su niño. Siempre había notado la aguda tristeza de las canciones de cuna de nuestro país; pero nunca como entonces sentí esta verdad tan concreta. Al acercarme a la cantora para anotar la canción observé que era una andaluza guapa, alegre sin el menor tic de melancolía; pero una tradición viva obraba en ella y ejecutaba el mandado fielmente, como si escuchara las viejas voces imperiosas que patinaban por su sangre. Desde entonces he procurado recoger canciones de cuna de todos los sitios de España; quise saber de qué modo dormía a sus hijos las mujeres de mi país, y al cabo de un tiempo recibí la impresión de que España usa sus melodías para teñir el primer sueño de sus niños”. Federico García Lorca (conferencia sobre nanas infantiles)

 

Los primeros miedos que el niño recibía sorprendentemente se daban en el momento íntimo del arrullo y eran suscitados por la arrulladora que los utiliza para provocar el sueño. Era un recurso más de los muchos que usaban ante la impaciente labor de dormir al bebé, para ello había creado una serie de figuras a las que evocaba cuando el crío no quería dormir. Estos intermediarios aparecen en las letras de muchas nanas y han sido utilizados generalmente por numerosas culturas, a pesar de que las canciones de cuna son las primeras manifestaciones poéticas y musicales que la criatura recibe. Incluso antes de que se establezca el diálogo entre adulto y bebé, ya aparecerán estos pequeños poemas con música.

De todos los asustadores, quizás el principal y más generalizado dentro de nuestra cultura sea el “coco”. Una de esas figuras a las que recurre la arrulladora para conseguir el fin de las nanas que es dormir al niño. Hemos localizado dos cancioncillas que contienen dicho ente represor en Puerto de Santa Cruz (Cáceres), aunque por su popularidad bien podrían ser de cualquiera otra población extremeña e incluso hispana. El contenido de ambas es semejante, como podemos comprobar: “Duérmete , mi niño, que viene el coco y se lleva a los niños que duermen poco. Duérmete, niño, duérmete ya que viene el coco y te comerá”.
Puede parecernos desconcertante que precisamente en las nanas se hayan incluido algunos elementos amedrentadores, pero parece ser que estos miedos suelen tener como finalidad llamar la atención de los niños y niñas ante situaciones extrañas o peligrosas. De alguna manera pretende reforzar los vínculos maternos o con las personas mayores que entonan este canto y reducir así el riesgo infantil. Se intenta educar al niño para que pueda protegerse de los peligros que acechan tanto a su integridad física como psicológica.

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Ser uno mismo
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Buzalén | 06-03-2016 | 08:03| 0


La vida del músico argentino Atahualpa Yupanqui que en quechua significa “el que viene de lejanas tierras para decir algo”, cuyo verdadero nombre era Héctor Roberto Chavero, dio un giro radical cuando en 1917 con su familia pasó unas vacaciones en Tucumán, y allí conoció un nuevo paisaje, una nueva música, con los instrumentos propios del pueblo indígena. Desde aquel momento su compromiso con este pueblo le llevó a transformar su identidad, cambiar su nombre, y a propagar su música por el mundo.
En esta milonga Atahualpa musicó el poema de su amigo Romildo Risso del que solía relatar la siguiente anécdota; “Yo tenía un amigo a quien recuerdo muy siempre, como decimos en el campo, un amigo que murió hace treinta años o algo parecido, el autor de Los ejes de mi carreta, que me decía: hay dos clases de viejo; aquel que pasó la vida acumulando experiencia y aquel otro que se pasó la vida amontonando tonterías y se cree que es experiencia.”
Los ejes de mi carreta ha aparecido siempre como un himno al inconformismo, a la afirmación de uno mismo aunque eso pueda causar extrañeza en los demás, a ser como uno quiere o puede ser a pesar de lo que te digan, desde la extrema y tozuda sencillez de no dejar que el mundo te cambie aunque parezca que lo que estás haciendo no tiene mucho sentido. ¿Cuántas veces escuchamos gente que nos aconsejan con la mejor intención? ¿Cuántas veces uno se da cuenta que su vida chirría, que podría hacer las cosas de otro modo, seguramente mejor, que podría engrasar los ejes y ya no sonarían?

Y no siempre conseguimos explicar (a veces ni a nosotros mismos) que no somos unos abandonados, la realidad es que somos como somos, que dejamos que los ejes chirríen cuando podríamos engrasarlos porque así es como nos gusta; pero también podríamos peinarnos de otra manera, buscar otro trabajo mejor que este que buscamos pero que no tiene futuro, dejar a esa chica que tanto te gusta pero que no te conviene, ponerte derecho que parece que siempre vas cansado, quitarte esa barba, (con lo guapo que estas afeitado… que diría tu madre).Pues sí, seguramente todo eso es verdad; pero como decía el gran Atahualpa:
“Si a mí me gusta que suenen ¿pa qué los quiero engrasaos?”

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Sobre el autor Buzalén
Antonio Javier Calero (guitarra) y Javier Gómez (voz), dos hornachegos formados en conservatorios de nuestra Comunidad, apasionados por la corriente musical que nace en el S.XVI con la vihuela y llega hasta nuestros días, rescatando temas de autores extremeños poco conocidos para el gran público como Hernando de Franco o Juan Vázquez. Nuestro disco “Caminando” es el resultado de todo este trabajo conjunto, las canciones han sido compuestas entre los dos y en él se percibe la influencia de algunos de nuestros referentes artísticos como la bossa-nova, las canciones tradicionales e infantiles, la preocupación por el medio ambiente, la fugacidad de las cosas, los derechos de la infancia... un trabajo humilde que pretende compartir lo que somos. Llevamos a cabo de forma quincenal un espacio divulgativo en Canal Extremadura Radio dentro del programa "el sol dale por el Oeste" en el que interpretamos en directo una canción de nuestro repertorio y explicamos la conexión cultural que tiene con Extremadura.