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Anatomía de un instante

2009 abril 30
por -MANUEL SIMÓN VIOLA MORATO

ANATOMÍA DE UN INSTANTE

Javier Cercas
Barcelona, Mondadori, 2009


  Una de las predilecciones más definidoras de la trayectoria narrativa de Javier Cercas (Ibahernando, Cáceres, 1962) ha sido la de situar sus novelas (El inquilino, 1989; El vientre de la ballena, 1997; Soldados de Salamina, 2001; La velocidad de la luz, 2005…) justo en la frontera entre la narración y la crónica, entre la realidad y la ficción, una peculiaridad acentuada por los procedimientos de composición que, incorporados al cuerpo de las novelas, contribuyen a que estas contengan a la vez que la narración de una historia la historia de una narración en que se informa sobre bibliografía utilizada, indecisiones, entrevistas, pistas falsas, callejones sin salida…, a medio camino entre los métodos de investigación académica y el trabajo del reportero. 

 Dando un paso más allá, el autor ha penetrado con la obra ahora publicada en el género del reportaje con una indagación sobre el 23 F hecha por alguien que no lo vivió y no arrastra las servidumbres ideológicas, de uno u otro signo, propias de testigos de mayor edad. Tal vez esa sea la razón de su arrojo, de sus tesis contundentes que nadie había expresado hasta ahora en voz alta, del certero análisis del comportamiento de personas y organizaciones colectivas y de su aportación a lo que el autor llama la “placenta” del golpe. El resultado es un profundo y extenso estudio cuyo contenido es imposible condensar en un espacio reducido. Señalaremos solo las aportaciones más sorprendentes que probablemente sean también las más polémicas: el 23 F –sostiene Cercas- no fue un triunfo de la democracia como señaló la prensa de modo unánime sino un fracaso de la democracia en que ni los partidos políticos ni la propia sociedad estuvieron a la altura de las circunstancias (Tejero fue ridiculizado tras el golpe debido a una mala conciencia colectiva: se trataba de creer que si nadie se le opuso fue porque se trataba, al fin, de una fantochada destinada al fracaso), los disparos de los guardias en el hemiciclo tuvieron una relevancia enorme al ser recogidos por las cámaras pues frustraron la tentativa de un golpe blando que tal vez los partidos políticos y el Rey hubieran consentido, el monarca detuvo el golpe y salvó la democracia pero tal vez lo alentara con declaraciones imprudentes (“A ver si me quitáis a este de encima”, pidió en otoño e invierno de 1980), las palabras del Rey esa misma noche rechazan de plano el golpe “duro” del teniente coronel Tejero pero no está tan claro que condenen el golpe tal y como lo concibió Alfonso Armada (que se ofreció para presidir un gobierno de concentración nacional)… 

Vertebrado sobre los 35 minutos de duración de la grabación de una cámara que alguien dejó encendida (y que 27 años después sigue casi inédita), el ensayo arranca de ese “instante” en que tres miembros del parlamento se niegan a obedecer la orden dada por los golpistas de arrojarse al suelo, Adolfo Suárez, Gutiérrez Mellando y Santiago Carrillo, tres políticos en el declive de su carrera que traicionaron los principios de las organizaciones a las que servían (el Movimiento, el ejército, el partido comunista). 

Frente al héroe integrista (como Milans o Tejero) que solo tolera afirmaciones, estos tres personajes responden al perfil de lo que Hans Magnus Enzensberger llama “héroes de la retirada”, que se enfrentan a la tarea de desmontar un sistema. Y así Suárez ha de traicionar los principios del Movimiento y desplazar del poder a sus más encumbrados capitostes, Gutiérrez Mellado recibió la encomienda de convertir el ejército de la “victoria” en unas fuerzas armadas modernas alejadas de la política, Carrillo renunció con su “eurocomunismo” a los fundamentos básicos de la doctrina política originaria (toma violenta del poder, dictadura del proletariado, partido único…). Para aproximarse a estos personajes, Cercas ha seguido el modelo de “vidas paralelas” que ya utilizó en Soldados de Salamina (en que enfrenta al fundador de Falange Sánchez Mazas con el miliciano Antoni Miralles). Surgen así parejas muy contrastadas: Milans (el héroe), frente a Gutiérrez Mellado (el traidor: participó en dos golpes de estado, los de 1936 y 1981, pero en bandos distintos), Milans (el militar de campo, expeditivo y terminante) frente a Armada (el cortesano, diplomático y sutil), Tejero (la españa) frente a Carillo (la anitespaña)… 

Como se sabe, la joven democracia sobrevivió a la embestida del integrismo y el fallido golpe de estado acabó inmunizando el sistema pues hizo inviables otras intentonas tal vez más peligrosas, pero los héroes de la rendición, como recuerda Enzensberger, solo pueden esperar la ingratitud: asediado por tragedias familiares (la muerte de su esposa y de su hija), Adolfo Suárez recibió el toisón de oro en 2007, treinta años después de las primeras elecciones democráticas, cuando su enfermedad le impedía asistir a ningún acto público.