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En piel y huesos (Antología poética, 1987-2008)

2009 mayo 24

EN PIEL Y HUESOS

(Antología poética, 1987-2008)

Elías Moro

Mérida, Editora Regional, 2009

Edición y prólogo de Miguel Ángel Lama

 


 

   Nacido en Madrid en 1959, Elías Moro reside en Extremadura desde 1982, y aquí ha escrito y publicado una obra literaria que se ha sentido  atraída por los géneros narrativos (Óbitos súbitos, Editora Regional, 2000) y por los textos breves de Me acuerdo, en colaboración con Daniel Casado (Mérida, De la Luna Libros, 1999; una versión ampliada acaba de ver la luz en la editorial madrileña Calambur), construida esta última sobre el modelo de la obra de Georges Perec de 1978 Je me souviens, pero el grueso de su producción literaria se halla en el terreno de la creación poética con títulos como Contrabando (Mérida, Editora Regional, 1987), Casi humanos, Bestiario (Valencia, Germanía, 2001), Palos de ciego (un cuaderno de tirada reducida  publicado en Mérida por ediciones El Ermitaño, 2002), Poemas de los colores (Mérida, edición del autor, 2003) y La tabla del tres (Mérida, De la Luna Libros, 2004). Con estos títulos y textos de los poemarios inéditos De nómadas y guerreros (2006) y La maleta del viajero (2007), el profesor Miguel Ángel Lama ha preparado y prologado En piel y huesos, la antología que publica ahora la Editor Regional de Extremadura.  

   Elías Moro ha colaborado, siempre con entusiasmo, en la vida cultural de su entorno: ha sido el cofundador del aula literaria Jesús Delgado Valhondo, ha publicado en numerosas revistas regionales y nacionales y ha participado, de modo especial, en las numerosas actividades del colectivo “Alcandoria” de Mérida: exposiciones de poesía visual y poesía objeto que han llevado a término ideas y proyectos del alma de este grupo, Antonio Gómez, como “La pirámide”, “Caja de truenos”, “La nevera portátil”, “La prueba del nueve” o los encuentros de poesía experimental en Extremadura. Del contacto con estas manifestaciones estéticas procede, a nuestro juicio, una de las peculiaridades de su poesía: el empeño de presentar el objeto poético, esto es el poema, bajo una nueva mirada, una modalidad de “extreñamiento” que al agrandar el tiempo de percepción, logra captar nuestra atención y provoca nuestra sorpresa. Al igual que ciertos poemas objeto (Antonio Gómez, por ejemplo, elabora un lápiz a partir del tallo, seco y espinoso, de un rosal, o construye una composición titulada “Poema de amor” mediante dos eslabones de una cadena unidos), estos textos exhiben un ingenio de filiación “conceptista”, como sucede en el siguiente ejemplo, cuyo sentido diverge en la lectura y en el recitado: “Sonrisas de Alba, / tan dulces y perfectas / como cerezas”.

   Sus poemas tienden a ser también, por ello, “objetos pequeños” expuestos a nuestra contemplación, que no finalizan con su última palabra, pues permanecen en nuestra mente más allá de su límite dado que nos han encaminado a una reflexión, a la sorpresa de un remate imprevisto o al puro desconcierto.

   Su interés por el poema reducido (y, en general, por todos los géneros literarios breves), tiene, además, otra procedencia: su pasión confesada por la poesía de Ángel Campos (la antología va dedicada a él y a José Viñals) y por la tradición oriental que el poeta sanvicenteño recogió y reelaboró.

   El otro rasgo de su proceder poético, este más profundo y definidor, es el señalado por el profesor Lama en el prólogo: Su poesía contiene, como correlato formal de un actitud moral, un “afán acumulativo que trata los elementos de la realidad en función de un criterio, un rango, que pone en fila, que apila, por su carácter, por su morfología, por su fecha […] Su acercamiento a la realidad siempre procede por relación o lista” (Prólogo, p. 12).

   El título de su libro inédito “la maleta del viajero” refleja de modo gráfico su personalidad poética: el sujeto lírico es un viajero coleccionista de objetos (a veces de “contrabando”), de instantes, de paisajes de postal, de versos ajenos, de sueños… Vivir es ir atesorando este capital estético, cuyo inventario suele llenar el espacio de más de un poema, otorgando un lugar preferencial a los seres hechos con la materia de los sueños, “la que levanta el edificio por el que discurre toda su poesía, donde la lectura es el descubrimiento de un lugar no visitado, donde la imaginación no tiene límites y permite discurrir literariamente por espacios en los que se reúnen samuráis y piratas, indios del oeste americano o seres fabulosos” (p. 16).