Skip to content

Destinos intermedios

2010 febrero 7
por -MANUEL SIMÓN VIOLA MORATO

DESTINOS INTERMEDIOS

Octavio Escobar Giraldo

Cáceres, Periférica, 2010, 194 págs.

Profesor de literatura en la universidad de Caldas, Octavio Escobar Giraldo (Manizales, 1962) es uno de los narradores colombianos más reconocidos dentro y fuera de su país. Su trayectoria narrativa se inició en 1995 con Saide (premio “Crónica Negra Colombiana”) y El último diario de Tony Flowers. En 2003 apareció El álbum de Mónica Pont (ganadora de la VIII Bienal Nacional José Eustaquio Rivera y recuperada ahora por la Editora Regional), pero el escritor caldense ha cultivado también el relato. Dos compilaciones temáticas aparecieron en 1998 (De música ligera, premio nacional del Ministerio de Cultura) y en 2002 (Hotel en Shangri-Lá). En 2008 ha publicado, en fin, su última novela, 1851. Folletín de Cabo roto, de una extraordinaria acogida en Colombia.

Ahora la editorial Periférica, que en 2008 recuperó Saide para los lectores españoles, publica Destinos intermedios, una narración estrechamente relacionada con la novela anterior, pues comparte con ella personajes, localización espacial (la ciudad de Aguasblancas, junto al río Magdalena) y temporal (la acción se sitúa a finales de siglo, durante los llamados “años de la sangre”)

Ambas narraciones, por lo demás, se sitúan en el territorio de la novela negra, “una manera muy adecuada –considera el novelista- de hablar de la violenta realidad colombiana, de las injusticias sociales, la corrupción y el crimen organizado sin caer en el lamento, la denuncia explícita o la desesperación”. De los modelos clásicos (Chandler, Hammet) recoge Octavio Escobar, por un lado, la inclusión en la trama de una o varias muertes cuya elucidación queda en la sombra y que el lector debe reconstruir, y de otro, el reflejo crítico de la realidad colombiana en unos años especialmente violentos, en que se entrecruzan la violencia de la guerrilla, de paramilitares y de narcotraficantes.

Como narraciones autónomas que irán confluyendo a medida que nos aproximamos al desenlace, la novela se estructura en bloques que nos presentan a personajes turbios como ese sicario sin nombre que se ofrece a asesinar a un grupo de donantes de órganos para pagar la operación de un hijo enfermo, o las dos chicas adolescentes que ven cómo un viaje galante a espaldas de sus padres las involucra en una pesadilla de muerte y violencia, o la historia de Salvador Espejo, un humorista cuya esposa fue atropellada accidentalmente por un automóvil (un sicario consiguió que la operaran en una clínica privada y ordenó el asesinato del conductor), o John Jairo, otro matón que vive el tedio de los amores de prostíbulo sin dejar de pensar en Saide, o el grupo de esbirros acosado por un cártel rival que logra el amparo de gobernantes y militares… Y por encima de todos estas vidas humanas “intermedias”, sometidas a la lógica implacable de la violencia, dos personajes “invisibles” que esperaríamos en bandos opuestos, el senador Román Franco y el narcotraficante Jólmer Rivera, cooperan en la sombra para perpetuar el caos y lucrarse con él.

Tanto Saide como Destinos intermedios son, como dijimos, novelas situadas en la periferia del género negro, pero en ambas Octavio Escobar desborda ampliamente sus márgenes dotándolas de un valor testimonial que, sin denuncias primarias, las convierte en un reflejo fiel de un mundo, no solo colombiano, despiadado. Dotadas de un ritmo fluido, casi cinematográfico, ambas narraciones sobresalen por su originalidad estructural y por alta calidad de una prosa sobria y antirretórica.