Skip to content

Relumbres de espejuelos

2010 junio 5
por -MANUEL SIMÓN VIOLA MORATO

RELUMBRES DE ESPEJUELOS

Manuel Pecellín Lancharro

Madrid, Beturia Ediciones, col. La Quintana, 2010, 375 págs.

Soneto-prólogo de Santiago Castelo.

Ilustración de portada de Eduardo Naranjo.

Dejando a un lado su actividad de dinamizador cultural (director del servicio de publicaciones de la Diputación Provincial, director del Centro de Estudios extremeños y de su revista, presidente de la Asociación de Escritores extremeños, cofundador y vicepresidente de la Unión de Bibliófilos extremeños, entre otras numerosas tareas), la obra escrita de Manuel Pecellín (Monesterio, 1944) comprende una enorme relación de libros y artículos publicados en periódicos y revistas, tanto regionales como nacionales y extranjeros. La mayor parte de estas obras se proponen reconstruir la historia del pensamiento en Extremadura. Ya su tesis doctoral se centró en el desarrollo del Krausismo en la región; otros estudios suyos han atendido al pensamiento y la obra de Arias Montano, Francisco Vera, Joaquín Sama, Juan Uña o Faustino Arévalo.

Pero Manuel Pecellín ha participado también activamente en el estudio y promoción de la literatura en Extremadura. Él es el autor de la mejor revisión histórica que se ha publicado hasta la fecha: los tres tomos de Literatura en Extremadura (1982) que se han ido completando posteriormente con artículos en distintas publicaciones en los que el autor ha atendido tanto a la recuperación histórica de ciertos autores (Felipe Trigo, particularmente, pero también el teatro extremeño del siglo XVI, por ejemplo) como a los escritores contemporáneos (Manuel Martínez Mediero, Manuel Pacheco, Álvarez Lencero, José Antonio Gabriel y Galán, los narradores últimos…).

Paralelamente a esta notable obra filológica y crítica, Manuel Pecellín ha ido agavillando tímidamente páginas de auténtica creación literaria, primero en una obrita de 1987 publicada por la editora regional (Caleidoscopio), y más tarde en una segunda entrega de mayor cuerpo, Historias mínimas (Badajoz, Del Oeste Ediciones, 2001). Ahora, la editorial Beturia edita en Madrid Relumbre de espejuelos que recoge textos ya publicados junto a otros escritos o corregidos para la ocasión. Utilizando como título de la compilación una expresión de Luis Chamizo (de “La nacencia”: “… el sol, que en los canchales / daba relumbres de espejuelos”), el autor ha agrupado los textos en tres bloques: relatos (aunque en el índice reciben el nombre de “historias”), aforismos y personajes.

El primer grupo, el más numeroso, contiene cuarenta y nueve micro-relatos (o historias mínimas) de perfil diverso. Las primeras composiciones se centran en recuerdos de infancia, adolescencia y juventud, como capítulos de una narración biográfica que incluso aparecen ordenados cronológicamente: primera niñez en Monesterio, ferias de la infancia, adolescencia en el pueblo, años de seminarista en San Atón, estudiante universitario en Salamanca…, pero pronto el escritor abandona esta línea narrativa de la que tal vez algún día pueda surgir una narración autónoma para abrirse a los más variopintos motivos, sucesos, celebraciones culturales o noticias que en cierto momento atrajeron su atención: los carnavales pacenses, el libro y las citas anules de los bibliófilos extremeños, los años de militancia antifranquista, viajes por Extremadura y el Alentejo (Guadalupe, Hervás, Cheles, Marvão, Castelo da vide…)…, evocando experiencias epidérmicas o vivencias conmovedoras que traen inseminado un quiebro vital e ideológico: “Los perros españoles [pastores alemanes utilizados por la policía antidisturbios para reprimirmanifestaciones estudiantiles] y los tanques soviéticos del 68 marcaron simbólicamente mi juventud”. [p. 38]

El segundo bloque,“Aforismos”, recoge entradas atentas a los meandros del pensamiento, a las reflexiones de ese yo interior que nunca permanece en silencio. En ellas, el autor reflexiona sobre la imposibilidad de legar a la siguiente generación la cultural rural recibida de la anterior, sobre el ejercicio de la dignidad y sus costes, sobre la retórica hueca de quien “para decir coles, nombra todo el huerto”, sobre la violencia sin meta de una juventud autodestructiva…

En “Personajes”, en fin, recoge 58 reseñas de hombres de letras (pintores, pensadores, escritores…), con una marcada predilección por los postergados (Julio Cienfuegos, Eugenio Frutos), por los perseguidos (Felipe Trigo, Rodríguez-Moñino…) y por los humanistas de ayer y de hoy (Arias Montano, Pedro de Valencia, Faustino Arévalo, Blas Zambrano, Mariano Fernández-Daza…). Todas estas vidas, como la del autor de esta singular obra, como la de quien planta un olivo o una higuera, coinciden en transmitirnos una misma lección “vegetal: alcanzar la plenitud, ofrecer cosechas repetidas, morir en su punto, silenciosas y humildes, fecundando el terreno”.