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Que yo soy normal

2010 noviembre 27
por -MANUEL SIMÓN VIOLA MORATO

QUE YO SOY NORMAL

Luis Felipe Comendador

Mérida, de la luna libros, 2010, 295 págs.

Director de la editora independiente If Ediciones, Luis Felipe Comendador (Béjar, 1957) es poeta de amplia trayectoria reconocida con prestigiosos galardones, entre los que se cuentan el “Gabriel Celaya”, el premio internacional “Tardor”, el “Rafael Morales”, el “Rafael Alberti” o el “Ciudad de Mérida”. En 2003 resultó finalista del Premio Nacional de Poesía con su poemario Travelling (2003), pero Comendador también ha cultivado la narración corta (Angelitos negros, 1997, y Formol con Habana 7, 2003) y la novela (Nos vemos en el cielo, 1998, y El tipo de las cuatro, 1999).

Ahora la editorial emeritense De la luna libros (que ya había editado Personajes en busca de lector, 2002, Formol con Habana 7, 2003, y Con la muerte en los talones, 2004), publica Que yo soy normal, una narración definida en el texto de contraportada como “un tratado completo de filosofía intrascendente, una clase caótica de estilo literario, un ensayo mellado sobre una vida hecha, un juego entre la memoria real y la memoria inventada” o un poco más adelante como “dos novelas cortas y un diario mal mezclados”.

La primera de estas novelas cortas, la que abre la obra, lleva por título Yo había tenido siempre ganas de una moto y resulta el texto más accesible. En ella un clarividente narrador relata los pormenores de su vida en el interior de un manicomio asediado por la vigilancia martirizante de una monja y de un par de siquiatras, además de remontarse a recuerdos de su infancia (la obsesión juvenil por una moto, su abuela, su amigo Gerardo, sus aventuras amorosas con Lucía y Gabriela, el recuerdo de una joven suicida que no quiere relatar…) y las razones puntuales que lo han llevado a ese confinamiento.

Diario desde el manicomio es, como se indica, coetáneo a la narración anterior y contiene lúcidas anotaciones de tema diverso pero que en su conjunto reflejan las más profundas preocupaciones del poeta: ¿cuál es la esencia del lenguaje lírico?, ¿cuándo las palabras “pluma”, “mano” o “papel” son poéticas?, ¿existe lo abstracto?, ¿qué tipo de bellezas hay y cuál es su caducidad, su forma de disolverse?… hasta concluir que reflexionar sobre poesía equivale a pensar la propia vida en toda su complejidad.

El hombre Burberry’s, que recuerda en su construcción al “Un soneto me manda hacer Violante” de Lope de Vega, es una especie de diario de escritor novel, de tono humorístico, que ha comenzado una novela “cojonuda”, pero que cambia constantemente de protagonista (profesor de instituto, soldado, tipo solitario y anónimo, emprendedor, escritor…), de entorno (sótanos, entornos privilegiados, mundo de la bohemia, de la empresa…)… Todo son indecisiones en los inicios de una obra “maestra” (“qué nervios qué nervios estoy trabando mi primera novela”), pues cualquier opción en el arranque tiene unas implicaciones posteriores con frecuencia indeseables. La paradoja se halla en la casi imposibilidad de iniciar una narración debido precisamente al vasto número de posibilidades con las que cuenta, el humor nace de la seguridad en sí mismo de un narrador indeciso ante las cuestiones más elementales, por primarias, de cualquier narración. El desenlace confirma cómo el narrador no ha podido pasar de los prolegómenos: “nopuedo, no puedo, no puedo”.

Los tres textos, al fin, admitirían el epígrafe que los engloba y que niega, con su insistencia (Que yo soy normal), su propia formulación mediante esa expresión coloquial tozuda de quien es consciente de su propia “anormalidad” y que abarca, como hemos visto, a un loco lúcido, a un poeta ensimismado en el lenguaje y a un narrador que porfía en un empeño baldío, como figuras desdobladas de un solo creador pues cada uno de ellos podría decir conciliadoramente: “… que somos el mismo tipo, viejo, que esta conversación es entre yo y yo, ¿no entiendes?”.