Skip to content

De música ligera

2011 marzo 5

DE MÚSICA LIGERA

Octavio Escobar Giraldo

Bogotá, Panamericana Editorial, 2010, 155 págs.

   Profesor de literatura en la universidad de Caldas, Octavio Escobar Giraldo (Manizales, 1962) es uno de los narradores colombianos más reconocidos dentro y fuera de su país. Su trayectoria narrativa se inició en 1995 con Saide (premio “Crónica Negra Colombianas”) y El último diario de Tony Flowers. En 2003 apareció El álbum de Mónica Pont (ganadora de la VIII Bienal Nacional José Eustaquio Rivera), pero el escritor caldense ha cultivado también el relato. Dos compilaciones temáticas aparecieron en 1998 (De música ligera, premio nacional del Ministerio de Cultura) y en 2002 (Hotel en Shangri-Lá). En 2008 ha publicado, en fin, su última novela, 1851. Folletín de Cabo roto, de una extraordinaria acogida en Colombia. En Extremadura, la editorial Periférica ha publicado dos de sus títulos, Saide en 2008 y Destinos intermedios en 2010, en tanto Antonio María Flórez seleccionó El álbum de Mónica Pont en Transmutaciones, una antología de la literatura colombiana actual publicada por la Editora Regional de Extremadura.

 Dotado tanto en sus relatos como en sus novelas de una singular facilidad para una prosa narrativa amable con el lector (a quien sumerge en tramas marcadas por una tensión y un atractivo sin desmayos), Octavio Escobar ha reunido en este libro un conjunto de composiciones aglutinadas en torno a un motivo nuclear que fluye recurrente a través de todos los relatos (canciones modernas de dispares tendencias musicales), cuya importancia para el sentido más profundo de la obra viene subrayada por el hecho de pasar de epígrafe de una de las composiciones a título de todo el volumen. Presentados en primera persona, peculiaridad que, por decoro, otorga a la obra una gran diversidad estilística dada la diferente condición social de los personajes, los textos de De música ligera nos ofrecen lances episódicos de seres humanos perdidos en sus propias encrucijadas vitales.

   Los relatos de Octavio Escobar confirman una marcada propensión a ignorar los modelos clásicos, las narraciones de “acontecimiento” de desarrollo lineal y finales cerrados, para preferir relatos de “ambiente” de contornos desdibujados y estructuras abiertas, en los que la narración queda encomendada a “gente corriente” y, con frecuencia, anodina (en la obra que comentamos, un joven que compromete su futuro con un matrimonio no deseado, una mujer esclavizada en un trabajo alienante, un hombre maduro y una joven anónimos, un muchacho abandonado por su amante…), que relatan en primera persona un fragmento de unas vidas nada llamativas, situados en la periferia de la cultura, asediados por canciones de moda, películas de temporada y programas de televisión tan degradados como degradantes (unas referencias culturales que se encuentran entre el homenaje y el uso paródico), personajes, en fin, cuyos itinerarios vitales tienen la misma tenue consistencia de los éxitos musicales (de Bee Gees, Phil Collins, Guns ‘n’Roses…) que los acunan en su inconsciencia, en el destello fugaz de un momento de crisis y en el posterior olvido.

   El carácter testimonial de estos relatos (empleo de la primera persona, descripción de ambientes, ausencia de tramas argumentales pintorescas…) no rehúye la denuncia expresa; es lo que sucede en “Himno nacional”, la melodía que acompasa a una corrupción generalizada y asumida por todos, pero es más frecuente que se presenten al lector sin mensajes contundentes, en una transparencia nada inocente desde una perspectiva de “lente de cámara” (diálogos y comportamientos externos, pero ignora el siquismo de los personajes), de clara filiación cinematográfica.

   Comienzos “in media res” y finales truncados configuran estos relatos fragmentarios a la vez que comunican tramos de trayectorias humanas elaborados mediante procedimientos de composición no tan lejanos a los de los temas musicales que les sirven de fondo, pues “una persona que compone una balada habitualmente tiene que trabajar, en muchos sentidos, como trabaja un cuentista: pocos elementos, un impacto único, la captura del oyente y un desarrollo completo del tema que se haya escogido en un espacio relativamente corto”.