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Love is a game

2011 marzo 26
por -MANUEL SIMÓN VIOLA MORATO

LOVE IS A GAME

Óscar M. Prieto

A Coruña, InEditor, 2010, 223 págs.

Nacido en Benavides de Órbigo (León) en 1973, Óscar M. Prieto ha publicado hasta ahora las novelas Palabras de carne y hueso (1995, una novela corta ganadora del certamen “Caja Madrid”), El tercer sacramento (1999) y Las horas se ríen de mí (2009).

Love is game, su cuarta novela, es una narración singular que se mueve con agilidad entre varios géneros dejando constancia expresa de sus deudas a la vez que remite, entre el homenaje y el guiño cómplice, a numerosos referentes culturales predilectos. De un lado, nos encontramos ante una novela de anticipación que erige como escenario de la trama una ciudad del futuro que, paradójicamente, conserva aún cierta arquitectura del pasado como barrios chinos o una catedral amenazada por el mal de la piedra. Las primeras páginas nos sumergen, así, en un futuro remoto e indeterminado en el que el comercio ilegal de órganos con su estela de mafias, turismo de trasplantes y persecución policial ha sido superado por la manipulación genética de animales idóneos para la “donación”, en que la caza es castigada con la extirpación del lóbulo frontal de los delincuentes, en el que “los grillos se extinguieron hace tiempo”…

Como la ciudad de Los Ángeles imaginada en Blade Runner, nos hallamos en un entorno urbano aislado, vigilado su perímetro por celosos guardianes, pero también en sus rincones más lóbregos y solitarios que acentúan la impresión de decadencia y de abandono. A uno de sus espacios más prestigiosos, la Feria de Arte & Órganos, ha sido invitado Óscar Palmer, un detective marcado por cierta ruptura amorosa que le dejó como herencia una huella imborrable y un corazón de mandril en el pecho. Allí, el protagonista de la novela será testigo accidental de una conversación entre dos desconocidos de la que solo puede captar unas sombras y escuchar una amenaza femenina (“No te lo permitiré”). Unido a una ficha de guardarropa que la mujer deja caer en su huida, este es el único bagaje con el que emprende una búsqueda con el propósito de impedir un crimen aún no cometido pero que cree inminente.

Naturalmente, este arranque adosa la novela a otro género narrativo de escenarios preferentemente urbanos, la novela negra, y, en efecto, la trama seguirá el itinerario de una indagación policial con momentos familiares para cualquier lector: la descripción pormenorizada del escenario del crimen, la entrevista con sospechosos, el recorrido nocturno por rincones y tugurios desolados en pos de pistas más fiables…

Pero la novela, en su desarrollo, explota tanto las similitudes con los clásicos del género como los contrastes, y es en estos últimos donde aporta una mayor originalidad: la presunta víctima es un grafitero real, Banksy, a quien nadie ha conseguido ver (esto es, un artista que ha logrado a la vez el reconocimiento y la anonimia), algunas de cuyas obras (el ángel caído, el cazador del paleolítico que empuja un carrito de supermercado, el policía que cachea a una niña…) pasan al cuerpo de la novela. ¿Qué le llevó a abandonar la ciudad y por qué, según todos los indicios, ha regresado ahora a ella? El detective, ayudado por Alfred Jarry, un guía atrabiliario impulsado por la lógica del absurdo, sondeará a las personas relacionadas con el huidizo artista: el crítico de arte que lo descubrió (y que tal vez ahora se sienta postergado), el marchante que soñó en vano con transformar su obra en una fortuna, una amante abandonada y quizá despechada, la mujer que lo amenazó…, pero quizá sus enemigos más peligrosos sean los que han levantado por todas partes esos muros de la vergüenza cuya ignominia Banksy se empeña en denunciar.

Escrita con una prosa eficaz y con frecuencia brillante, Love is a game es una novela que mantiene con la literatura de ciencia ficción una relación de reconocimiento y con el género negro un nexo lejano e irónico que, sin embargo le sirve al autor para hilvanar la narración y ordenarla hacia un desenlace imprevisto, una obra que se nutre de numerosas manifestaciones de la cultura pop pero las trasciende transmitiendo la impresión de haber logrado todos sus propósitos.