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Libro de familia

2012 mayo 5

LIBRO DE FAMILIA

(2001-2011)

 Hilario Barrero

Cáceres, Diputación Provincial, Col. AbeZetario, 2011, 91 págs.

Prólogo de José Muñoz Millanes

 Nacido en Toledo en 1948, Hilario Barrero vive en Nueva York desde 1978, en cuya universidad se doctoró con una tesis sobre Félix Urabayen y en donde en la actualidad da clases de literatura. Autor de un libro de poemas, In tempori belli (premio de poesía “Gastón Baquero” de1999), ha publicado hasta ahora, además de numerosas traducciones de poetas americanos (De otra manera de Jane Kenyon, Delicias y sombras de Ted Kooser, El amante de Italia de Henry James…), un libro de relatos, Un cierto olor a azufre (2009), y los diarios Las estaciones del día (2003), De amores y temores (2005), Días de Brooklyn (2007) Dirección Brooklyn (2009), todos ellos en la editorial asturiana Llibros del pexe, y Brooklyn en blanco y negro (ed. Univversos).

Ahora la Diputación Provincial de Cáceres en su colección AbeZetario publica Libro de familia, un poemario dividido en tres bloques: “Predadores” y “Silla para la muerte”, con siete composiciones cada uno, y “Libro de familia” dividido a su vez en dos bloques de siete poemas, una estructura equilibrada para un libro que tiene mucho de “balance vital” realizado por alguien que en el transcurso de una década ha sido testigo de muchas pérdidas, de modo que un hecho cotidiano como un cambio de domicilio (“Mudanza”) saca a la luz numerosos recuerdos del pasado, nimios unos (unas piedras de una playa), otros dolorosos (fotografías de amantes, “cuerpos fogosos de admirables columnas”), mientras es consciente de su invisibilidad (“pues eres viejo”), camino de una vivienda que tal vez sea la última.

Como hizo Guillén en “Fe de vida”, uno de los bloques de Cántico, Hilario ha recurrido para titular su libro a otro término administrativo, Libro de familia, con lo que “el texto adquiere el carácter de uno de esos viejos libros de familia en cuyas páginas dicontinuas se registraban, entre el nacimiento y la muerte, los hechos más salientes de unas vidas estrechamente relacionadas” [prólogo ]

Hay en los poemas, de un lado, una “verdadera obsesión con la decadencia y la decrepitud”, y, de otro, un marcado propósito de recordar a personas admiradas o queridas que ya partieron. Son seres que también aparecen en los diarios compuestos por las mismas fechas (madres y hermanos, Estelle, la revolucionaria obstinada…), pero si estos persiguen captar unas realidades antes de que se pierdan, los poemas acogen a seres ya desaparecidos en textos de tono elegíaco que mediante este ejercicio del recuerdo los salvan así de una desaparición definitiva.

El tercer bloque, que presta título al libro, acoge en un primer apartado a personas (García Lorca, Rosa Dust, Mrs. Mclaughlin, la brigadista neoyorkina…) en un momento singular de su trayectoria biográfica o mediante sucintas biografías que condensan su vida al modo de las Vidas imaginarias de Marcel Schwob o de los “epitafios” de Spoon River cuando son contempladas desde la otra orilla  (“Un puñado de polvo, /guardado en una arqueta de metal /olvidada en un sótano oscuro”). El segundo se centra de modo específico en el ámbito de la familia, desde la casa familiar abandonada (una “casa tomada” por la soledad), al duro recuerdo del padre que tira del poeta “a los infiernos donde ahora descansa”, o al fallecimiento de la madre, una “buena muerte” según consideraban los clásicos (rodeada de sus hijos) que no atenúa el terrible y doloroso momento del tránsito. A este repertorio de pérdidas se suma asimismo la niñez en un colegio religioso (otro mundo perdido: la confesión y el rosario, los primeros lápices de colores, la noción de pureza  introducida en las mentes infantiles y traicionada después…).
Señala el prologuista que muchos de los poemas son “implícitamente fotográficos” y, en efecto, la fotografía (junto con el dibujo, otra de las vocaciones del escritor) marca el propósito y el perfil de muchos de los poemas (como lo hace en su literatura diarística), tanto aquellos que tienen como  objetivo un personaje (un desconocido espera en una esquina con un ramo de flores, unos ancianos conversan en un casino…) como los que captan un rincón paisajístico (un museo toledano, una silla herrumbrosa junto a una tumba…), todos marcados, en fin, por la desolada convicción de que como los ríos manriqueños o el Pocantico River del cementerio neoyorquino Sleepy Hollow, llamado así en memoria de Washington Irving, fluyen hacia la muerte, de que “nada perdurará y tú lo sabes”.