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La ciudad de los ojos grises

2012 mayo 20

 

LA CIUDAD DE LOS OJOS GRISES

 Félix G. Modroño

Sevilla, Algaida, 2012, 399 págs.

 

Nacido en Vizcaya en 1965, Félix González Modroño cursó estudios de Bachiller en Alicante y en Don Benito, y más tarde, Derecho en Salamanca. Su afición por la fotografía le llevó a publicar en 2002 Villalpando, paisajes y rincones, un  homenaje al pueblo zamorano de sus padres, una faceta puede ser seguida en un blog, El cazador de momentos.

Como narrador, ha publicado hasta ahora dos novelas ambientadas en las España del siglo XVII, La sangre de los crucificados (2007) y Muerte dulce (2009), publicadas por la editorial sevillana Algaida. Ambas está protagonizadas por el doctor Zúñiga, un investigador singular que se enfrenta a arduos enigmas hasta dar, son las reglas del género, con una respuesta final imprevista pero verosímil. Ahora la misma editorial publica La ciudad de los ojos grises definida en portada como “una historia de trenes perdidos en la Belle Époque”, en cuyo arranque encontramos un entorno histórico muy distinto (París en los primeros meses de la Gran Guerra), un personaje (el arquitecto Alfredo Gastiasoro) y un enigma (el periódico anuncia la aparición de una mujer ahogada en el mar), que le obligará a regresar a su ciudad natal y enfrentarse a un pasado doloroso.

Gastiasoro abandona su trabajo de profesor de arquitectura y los entornos del país bohemio en la Navidad de 1914 cuando toda una época toca a su fin. Deja atrás así los escenarios y personajes de la bohemia parisina que su amigo el escultor Paco Durrio le lleva a conocer: le Bateau Lavoir, Monmartre y Montparnasse, las tertulias en La Closerie de Lilas, en las casas de Max Jacob o Guillaume Apollinaire. Ya en Bilbao, Gastiasoro contempla una ciudad sometida a una profunda transformación que la neutralidad española en la contienda no hará sino acentuar (un desarrollo urbanístico caótico, una fuerte inmigración, auge de las doctrinas revolucionarias en los barrios obreros…). Con la ayuda de un amigo de la infancia, el comisario Zumalde, Gastiasoro trata de establecer las circunstancias de la muerte de Izarbe. Todo parece indicar que, como señala el informe policial, la mujer se ahogó en la ría, pero el informe del forense, extraviado en algún momento, aseguraba que había muerto estrangulada antes de ser arrojada al mar y que la mujer estaba embarazada de varios meses.

Así arranca un proceso de indagación en que los enigmas se suceden unos a otros y llevan al protagonista a buscar respuestas en su propio pasado. ¿Por qué la joven rompió de manera brusca e imprevista su compromiso con él y contrajo matrimonio con su hermano Javier? ¿Cómo es que este no lamenta su pérdida? ¿Qué impulsó al padre de Gastiasoro y a la madre de Izarbe a romper sus matrimonios y a marcharse a Cuba? Misterios remotos e interrogantes del presente se confabulan para tejer una trama de novela negra de tensión indeclinable que se enriquece con ingredientes de la novela de reconstrucción histórica (con numerosos personajes reales: Miguel de Unamuno, Indalecio Prieto, María de Maeztu…), narrativa de viajes (magníficas las páginas dedicadas a la descripción de Bilbao y París de comienzos de siglo) y de novela sentimental.

Finalmente, el narrador-protagonista cierra estas dolorosas evocaciones consignando el destino de los personajes principales cuando se hallan ya fuera de las lindes de la propia novela. De regreso en París, su recuerdo une en una asociación de tonos el gris de los ojos de la mujer amada y el gris del cielo de su ciudad, un motivo que ha pasado al título de la narración, firmando el epílogo el quince de junio de 1940, un día después de que los alemanes entren en París dando fin, nuevamente, a toda una época.