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La piel del camaleón

2012 septiembre 8

 

LA PIEL DEL CAMALEÓN

 Yolanda Regidor

Córdoba, Arcopress, 2012, 252 págs.

  Nacida en Cáceres en 1970, Yolanda Regidor  es licenciada en Derecho, formadora ocupacional y asesora jurídica y docente en proyectos de inserción sociolaboral. La  piel del camaleón, su primera novela, se ambienta de modo dominante en Salamanca en la década de los 90 y sus protagonistas son alumnos de la universidad, pero los espacios preferentes son los lugares de ocio (disco-pubs, discotecas, bares…) de unos jóvenes impulsados por un hedonismo visceral, una circunstancia que emparenta la novela con títulos como Historias del Kronen (Alfredo Mañas), Trainspotting (Irvine Welsh), o por citar un ejemplo más cercano, Campos de amapolas blancas de Gonzalo Hidalgo Bayal.

Por el gran número de personajes, nos hallamos, por momentos, ante una novela coral que refleja el ocio de una juventud universitaria desinteresada por su formación académica, deseosa de vivir la libertad de las infracciones (sexo, alcohol, todo tipo de estupefacientes), acunada en los sonidos de Nirvana o de Pop Roxette (a cuya cantante y compositora se homenajea en el colofón de la novela). Son, en su mayoría, jóvenes de provincias que al llegar a la ciudad deciden liberarse de un viejo sistema de inhibiciones y prohibiciones, de las variadas formas de vigilancia y control, y no están dispuestos a sustituir ese orden por ningún otro. Saben dónde se encuentran los placeres y desean a apurarlos todos sin caer en la cuenta que romper con un orden supone también romper con una seguridad y que el precio es la incertidumbre y el vacío. Herederos de la estética punk (consumo de drogas, rapados y crestas…) y de sus consignas (“No future”), construyen un paraíso caótico y algo sórdido, sin causas sociales por las que luchar (viven en la España de la prosperidad y del enriquecimiento rápido), encerrados con un par de juguetes (el sexo y los estupefacientes).

De todos ellos, cobra protagonismo una de las jóvenes, Lucky, que vive con un par de compañeras en un piso alquilado y cursa Bellas Artes en la facultad. Su vida cotidiana la llenan las clases, los trabajos académicos, las relaciones afectivas, hasta ahora superficiales, con compañeros y conocidos, y las salidas nocturnas de copas y porros hasta el amanecer, una vida placentera que le lleva a rechazar las proposiciones de un amigo para convertir su relación en un noviazgo. Pero esta vida fácil y hedonista que lleva a espaldas de sus modélicos padres de provincias, va a sufrir un profundo quiebro cuando la muchacha sea víctima de una violenta agresión que alguien comete aprovechando su estado de embriaguez  y que la llevará a las fronteras de la muerte.

Por fortuna, Lucky sobrevivirá pero el episodio la convierte en una persona distinta. Si hasta ahora, piensa, su vida se ha ajustado al concepto de cripsis o enmascaramiento, como ve en los cuadros de un amigo (una liebre ártica confundida con la nieve, una platija confundida en un fondo marino, una cría de foca velada entre el hielo polar), ahora comprende que hay otra forma de defenderse de los predadores,  y es hacer su presencia ostensible y amenazadora (como las abejas o ciertas ranas venenosas de colores llamativos …), de ahí el cambio de nombre y de aspecto. Si hasta ahora había sido independiente y egoísta (e insensible a las sinceras emociones que despierta), la terrible experiencia vivida la endurecerá aproximándola al territorio de las emociones destructivas, reservando su simpatía (en el sentido etimológico de la palabra) para aquellas personas de su entorno en las que ve reflejado su propio sufrimiento: Mariángeles, una joven menor de edad tiranizada por un padre maltratador; Robert, estudiante de Bellas Artes mayor que ella en cuyos lienzos descubre el reflejo de una historia terrible de abandono y soledad. Será a estos dos seres desvalidos sobre los que Lucky irradie su ejemplo de lucha por sobrevivir siendo ella misma, dejando en ellos su ejemplo de deriva valiente pero también suicida, de quien vive sin importarle el precio a pagar por el cumplimiento de algunos de sus sueños. Y es que en su comportamiento, que responde al estribillo recordado de una de las letras de U2, “I still haven’t found what i’m looking for” (aún no he encontrado lo que buscaba), hay algo de precursor tanto en la radical defensa de su libertad como en el precio que ha de pagar por ello.

Escrita en una prosa eficaz y llena de fuerza, con un reflejo preciso del habla estudiantil, entre vulgar y jergal, pero repleta de ingenio y humor, La piel del camaleón exhibe unas notables cualidades más sorprendentes si se piensa en que se trata de una opera prima.