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Cielo parcialmente nublado

2013 mayo 27

CIELO PARCIALMENTE NUBLADO

Octavio Escobar Giraldo

Bogotá, Intermedio Editores, 2013, 203 págs.

 

   Profesor de literatura en la universidad de Caldas, Octavio Escobar Giraldo (Manizales, 1962) es uno de los narradores colombianos más reconocidos dentro y fuera de su país. Su trayectoria narrativa se inició en 1995 con Saide (premio “Crónica Negra Colombiana”) y El último diario de Tony Flowers. En 2003 apareció El álbum de Mónica Pont (ganadora de la VIII Bienal Nacional José Eustaquio Rivera), pero el escritor caldense ha cultivado también el relato. Dos compilaciones temáticas aparecieron en 1998 (De música ligera, premio nacional del Ministerio de Cultura) y en 2002 (Hotel en Shangri-Lá). En 2008 ha publicado, en fin, su última novela, 1851. Folletín de Cabo roto, de una extraordinaria acogida en Colombia. En Extremadura, la editorial Periférica ha publicado dos de sus títulos, Saide en 2008 y Destinos intermedios (título, asimismo, de su blog personal) en 2010, en tanto Antonio María Flórez seleccionó El álbum de Mónica Pont en Transmutaciones (2009), una antología de la literatura colombiana actual publicada por la Editora Regional de Extremadura.

Ahora, la editorial bogotana Intermedios publica su última novela, Cielo parcialmente nublado, cuyo arranque anuncia ya una narración de contornos realistas. Andrés Giraldo es un joven colombiano que vive en Madrid con su esposa y su hija y trabaja como guionista para una pequeña empresa especializada en la elaboración de vídeos educativos e institucionales. En las navidades de 1998 el matrimonio se traslada a pasar las vacaciones en Don Benito, en Extremadura, en donde residen los padres de su esposa, pero nada más llegar (lo anómalo instalado en la normalidad), el protagonista recibe una llamada de su madre alarmada por el excéntrico comportamiento de su marido: ha comenzado a guardar en un baúl recuerdos familiares, parece decidido a vender la casa familiar de Manizales y repite la extravagante idea de abandonar Colombia. Se hace necesario que Andrés regrese a su ciudad natal, trece años después de haberla abandonado.

El desarrollo de la sencilla trama argumental confirma el tono realista de una novela en que unos personajes verosímiles, que parecen tomados del natural, se mueven en entornos reconocibles, ligados por relaciones de parentesco, amistosas o sentimentales. Andrés saluda a sus padres y a su hermana, conversa con viejos amigos, con compañeros de colegio que parecen haber triunfado o se quedaron por el camino, con amantes más o menos efímeras…, pero el momento más difícil es el reencuentro con Ana Cecilia, su primer amor adolescente, una relación que derivó hacia un noviazgo y un embarazo no deseado que ocasionó su expulsión del colegio. La joven, más tarde, sufrió un aborto accidental, pero su entorno siempre pensó que fue un provocado. Por entonces, Andrés, en el que sin duda resulta el episodio más turbio de su pasado, abandonó Colombia y se instaló en Madrid, ciudad en donde logró acomodarse tras unos comienzos difíciles (pero no reanudó sus estudios de arquitectura).

Los numerosos encuentros del protagonista, unos buscados y otros casuales, van presentando a personas demediadas que, como el protagonista, solo en parte han logrado lo que se proponían, tal vez porque el vivir sea como un “cielo parcialmente nublado” (como los que cubren la ciudad en los comienzos del verano austral o los que amenazan el destino de Colombia), pues los sueños de juventud, como suele suceder, solo se han cumplido en parte o no se han cumplido. Son seres inocentes, incluso en sus desencuentros y en sus deserciones, que tratan de llevar una vida digna abrumados por el interminable problema de la violencia (el mismo que está en el origen de la convulsión familiar). ¿Es posible que Tirofijo, líder de la guerrilla, y el presidente Pastrana alcancen un acuerdo que ponga fin a décadas de sangre y barbarie? Esta es la pregunta que de modo recurrente se hacen las gentes en medio de la algazara festiva de un hermosísima ciudad, alegre y confiada (en la trayectoria de Octavio Escobar, la narración podría ser llamada “la novela de Manizales”) situada como un nido de águilas en la Cordillera Central de los Andes, que acoge al protagonista y, al fin, lo despide, como el invitado a la boda de la balada de Colerigde, “más triste y más sabio”.