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Iglesia de Santo Domingo de Trujillo, donde Extremadura y América se encuentran
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Víctor Gibello | 29-12-2015 | 22:33| 0

 

Puerta del evangelio y campanario./ Víctor Gibello.
Puerta del evangelio y campanario./ Víctor Gibello.

VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DE LA IGLESIA DE SANTO DOMINGO/ Autor: VÍCTOR GIBELLO

 

Desde el camino de ronda de la alcazaba de Trujillo, andén que permite el tránsito por todo el perímetro murado, las vistas de la ciudad y de su entorno son excelentes. La fortificación, atalaya privilegiada, constituye un punto de contemplación idóneo para comprender la población y el territorio de ella dependiente. Dos décadas atrás, cuando daba mis primeros pasos en la fascinante aventura de la investigación arqueológica e histórica, tuve la oportunidad de realizar un estudio sobre la fortaleza que me ayudó a adentrarme en el conocimiento del Patrimonio trujillano.

Encaramado a la muralla vi una iglesia abandonada, hacia el norte, un imponente edificio que se mostraba, pese a la evidente ruina, desafiante al tiempo. Terminado el trabajo, me dirigí, decidido, hacia el templo abandonado. Recuerdo perfectamente que me acompañaba música compuesta por Hildegard von Bingen. En mis cascos sonaba el disco Canticles of Ecstasy cuando franqueé la puerta del flanco septentrional, la del evangelio, ¡qué feliz coincidencia!

Vista de la alcazaba y el albacar desde la iglesia./ Víctor Gibello.
Vista de la alcazaba y el albacar desde la iglesia./ Víctor Gibello.

 

Resulta sorprendente el general desconocimiento de Hildegard en nuestro tiempo, siendo una de las figuras históricas más importantes de su tiempo, además de santa y doctora de la Iglesia. Quizás el hecho de ser mujer le ha restado reconocimiento en esta sociedad dominada por el hombre, quizás su cualidad de mística la ha relegado al olvido en un mundo superficial y anodino, quizás la mediocridad que nos alimenta no acepta de buen grado su excelencia. Quizás.

Hildegard nació el año 1098 en Bermersheim, un pueblo alemán del entorno del Rin.  Desde niña fue destinada a llevar una vida religiosa, comenzando a tener visiones y raptos místicos desde muy temprana edad. Con 16 años se convirtió en monja benedictina, con 38 en abadesa de su convento, distinción que mantuvo hasta su muerte en 1179. Hildegard escribió tratados de medicina y botánica: Liber simplicis medicine o Physica, en el que trata de las propiedades curativas de minerales, árboles, plantas y animales y Liber composite medicine, en el que expuso el origen y tratamiento de las enfermedades conocidas. También tuvo una amplia obra literaria de corte místico y religioso, entre ellas Scito vias Domini, conocido como Scivias, Liber vite meritorum, Liber divinorum operum, Lingua ignota, así como una no menos importante producción musical de la que se han conservado 78 piezas.

Vista general del templo./ Víctor Gibello.
Vista general del templo./ Víctor Gibello.

 

Accedí a la iglesia a través de un vano de medio punto carente de cierre. Pese a intuirse un soberbio espectáculo desde la alcazaba, la sorpresa in situ fue notable: el templo carecía de cubierta, pero parte de los arcos que la sostenían permanecían en pie, imagen prototípica de la ruina romántica elogiada por Ruskin. Muchos de los materiales estaban desplomados sobre el suelo, entre ellos crecía una vegetación densa de zarzas y aliantos. Me abrí paso sorteando plantas y desniveles hasta alcanzar una estancia sobreelevada junto al muro norte de la cabecera poligonal.

Detalle de los volúmenes del edificio entre la vegetación./ Víctor Gibello.
Detalle de los volúmenes del edificio entre la vegetación./ Víctor Gibello.

 

Crucé una puerta adintelada bajo cornisa y frontón con el escudo del obispo Gutiérrez de Vargas Carvajal y me adentré en la sacristía, un pequeño espacio rectangular cubierto con bóveda de crucería. Tras unos instantes, mis pupilas se adaptaron a la escasa iluminación interior y entonces pude contemplar el espléndido conjunto de esgrafiados que recubría los paramentos. De entre ellos, especialmente reseñable por su buena factura, era el situado en la pared oeste, en la que, a modo de retablo, se dispuso un Calvario con las figuras de Cristo crucificado, María y Juan. El subsuelo albergaba una cripta funeraria. Sobre la sacristía se alzaba una cámara de uso desconocido y un cuerpo para dos campanas a mayor altura que el resto del conjunto rematado a modo de frontón.

Arcos de la cubierta de la nave./ Víctor Gibello.
Arcos de la cubierta de la nave./ Víctor Gibello.

 

Muchos años después volví al lugar. Me encontraba preparando un interesantísimo proyecto diseñado expresamente para Trujillo, un proyecto que, triste e incomprensiblemente, aún no ha visto la luz, en el que se aunaban la valoración del Patrimonio, su didáctica y sensibilización con el turismo, para potenciar la población como destino cultural diferenciado de alta calidad. Sobre los muros del edificio colgaba un cartel de “Se vende”. Sorprendido y curioso llamé pidiendo información. Estaba en un momento personal en el que precisaba realizar algunos cambios y esta era una excelente oportunidad. La perspectiva de abrir una nueva etapa vital en la ciudad y realizarlo viviendo y trabajando en un edificio singular cargado de buenas vibraciones me entusiasmó.

Los contactos no fructificaron. Pese a mi interés por el inmueble, el intermediador en la operación dejó de facilitarme la información requerida, cosa que no llegué a comprender hasta hace unos meses: una pareja se adelantó en la negociación y adquirió la exiglesia, motivo por el que dejé de ser un cliente objetivo al que atender. Una lástima.

Sin embargo, superada la desilusión y conocidas las intenciones de los nuevos propietarios, no puedo sino sentirme contento, el inmueble histórico está en muy buenas manos. María e Ignacio están decididos a recuperar el edificio, empleando sus recursos particulares en la protección y salvaguarda de un bien que forma parte del Patrimonio colectivo. Ojalá su iniciativa sirva de ejemplo y ayude a sustentar el bien común, la herencia que hemos recibido de nuestros ancestros y que tenemos obligación de entregar a nuestros legatarios en mejores condiciones, si cabe, que nos fue donada.

Hay cierta controversia entre algunos vecinos de Trujillo en torno al destino del templo. Algunos se manifiestan contrarios a la “privatización” del inmueble y a su posterior uso. El planteamiento, a mi juicio, resulta incorrecto, pues la propiedad ha sido privada desde fines del siglo XIX, al menos; es decir, su estatus no ha cambiado. Además, viendo el desinterés de las instituciones por su protección y salvaguarda durante todo este tiempo, la iniciativa privada supone la solución a la más que posible sentencia de desaparición a la que parecía destinado el edificio histórico, y resulta más que loable en sus objetivos y fines.

María e Ignacio están sensibilizados con la protección del Patrimonio hasta el punto de arriesgar sus bienes en el proyecto, cosa a la que muy pocos de los que critican la actuación estarían dispuestos. Cada una de las acciones emprendidas habla de la buena voluntad que les inspira, hasta han dejado huecos en los muros recuperados para la anidación de cernícalos primilla con la posibilidad de contemplar tras unos vidrios tintados la evolución de los polluelos. Están siendo asesorados en todo momento por un equipo experto de profesionales, entre ellos la arquitecta Ana Iglesias y el restaurador José Morillo, ambos buenos conocedores del legado histórico trujillano. Como no podía ser de otro modo, los trabajos cuentan con las supervisiones y autorizaciones administrativas preceptivas, tanto locales como autonómicas, teórica garantía de buenas prácticas en todas las intervenciones sobre el Patrimonio Cultural.

Cabecera de la iglesia bajo cielo estrellado./ Víctor Gibello.
Cabecera de la iglesia bajo cielo estrellado./ Víctor Gibello.

 

He vuelto al monumento para fotografiarlo a la luz de las estrellas y en la visita he podido comprobar como se ha restaurado íntegramente el volumen de la sacristía, la cripta y el campanario, tanto su arquitectura como los elementos artísticos que los engalanan. He disfrutado viendo la excelente recuperación de los esgrafiados citados con anterioridad, una labor meticulosa y profesional que ha puesto fin al ya largo proceso de degradación y destrucción.

Vista de la cabecera./ Víctor Gibello.
Vista de la cabecera./ Víctor Gibello.

 

La iglesia de Santo Domingo fue una de las parroquias del Trujillo, en ella rendían culto los vecinos residentes en el barrio del mismo nombre y en el arrabal de Huertas de Ánimas. Su uso conocido se extiende desde el siglo XVI hasta mediados del siglo XIX, estando su abandono condicionado, principalmente, por los daños producidos durante la invasión de las tropas napoleónicas.

El templo consta de una nave única y alargada, compartimentada en cinco tramos, un ábside de planta ochavada y una sacristía dotada de un volumen muy desarrollado en altura. La cabecera contó con una bóveda de crucería muy elevada, de la cual solo se han conservado el arranque de sus nervaduras, una evocación del estilo gótico ya en pleno renacimiento. La nave debió tener un techo de madera, sencillo, a dos aguas. Dos puertas permitían el acceso al edificio: una, la de la epístola, con arco rebajado enmarcado por alfiz; otra, la del evangelio, de medio punto, muy sencilla.

Campanario./ Víctor Gibello.
Campanario./ Víctor Gibello.

 

El conjunto muestra dos fases constructivas principales, al menos. Una primera, del primer tercio del siglo XVI, de carácter modesto, y una segunda, a partir de 1566 en que se amplía y mejora sustancialmente el programa constructivo original gracias a la intervención de los arquitectos trujillanos Alonso Becerra y Francisco Becerra, padre e hijo.

Santo Domingo fue la primera obra de empaque en la que Francisco Becerra intervino como maestro, aunque ya con anterioridad había trabajado en monumentos singulares, entre ellos la interesante iglesia de Santa María, también en Trujillo.

Ya plenamente formado en su oficio, Francisco emigró a América. Durante la segunda mitad del siglo XVI y el siglo XVII las colonias americanas estuvieron sumidas en una vorágine constructiva que demandaba la presencia de profesionales altamente cualificados.

En 1573, Francisco Becerra se encontraba ya en México, donde dirigía las obras del convento de Santo Domingo. Dos años más tarde ostentaba el cargo de maestro mayor de la catedral de Puebla, edificio considerado como obra suya en cuanto a diseño y concepción. Algunos estudiosos sostienen que también trabajó en la catedral de México, que guarda notables similitudes con la catedral de Puebla. Tras una década realizando singulares construcciones en tierras mexicanas, fue reclamado por Martín Enríquez de Almansa, virrey del Perú. Allá se trasladó en 1582, diseñando poco después las catedrales de Lima y Cuzco.

Francisco Becerra fue un gran arquitecto, sus obras hablan de ello, incluso fue considerado como el mejor arquitecto emigrado a América durante el siglo XVI; sin embargo, su legado, su trabajo, su nombre, son prácticamente desconocidos en la tierra que lo vio nacer. Resulta tan sorprendente como injustificable la relegación al olvido de este maestro en Extremadura. La relación de esta región con América fue tan estrecha que parte de la historia de ambas no puede entenderse sin la otra.

Extremadura es plenamente americana y América tiene mucho de extremeña. Es fundamental recuperar los lazos que nos unieron, que aún nos atan, para comprendernos en el estudio del otro. Parte de nuestra identidad se encuentra al otro lado del Atlántico y hemos de ir a buscarla, pues su recuperación nos permitirá una proyección hacia el futuro más coherente, más sólida, más nuestra.

Arcos de la cubierta bajo las estrellas./ Víctor Gibello.
Arcos de la cubierta bajo las estrellas./ Víctor Gibello.

 

La historia muestra numerosos caminos de ida y vuelta, sendas que enriquecen al que las transita, guiños inesperados que enlazan realidades que parecía imposible ligar. En el siglo XVI Becerra llevó a América la arquitectura del renacimiento español, un espacio teóricamente ajeno, pero donde sus obras arraigaron como poderosos vehículos culturales. En el siglo XXI, desde México, nos llega la voz de Jaramar Soto interpretando viejas canciones sefardíes, un espejo que nos mira y nos muestra nuestra cultura, conservada tras más de 500 años en la otra orilla del Atlántico.

Contemplo la Vía Láctea sobre los muros descubiertos de la iglesia de Santo Domingo, ulula próximo un búho real que en ella mora, canta Jaramar La prima vez. Con ella marcho.

Silueta de la iglesia bajo cielo nocturno./ Víctor Gibello.
Silueta de la iglesia bajo cielo nocturno./ Víctor Gibello.
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El Almendro Real, Patrimonio vivo en Valverde de Leganés
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Víctor Gibello | 29-12-2015 | 22:31| 0

 Almendro Real en plena floración. / Víctor Gibello

Almendro Real en plena floración. / Víctor Gibello

VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DEL ALMENDRO REAL/ Autor: VÍCTOR GIBELLO

Suena Für Alina, las notas caen suavemente, como si fueran pétalos de flores de almendro agitados por el viento, ese viento seco, cortante, de finales del invierno que se niega a aceptar la conclusión de la estación a la que pertenece. Pero lo afirman los almendros, heraldos de la primavera, con sus vestidos nuevos, blanquecinos, rosáceos, vestidos que alegran los corazones con su promesa de renacimiento, de fertilidad, de renovación del ciclo de la vida un año más.

Suena Für Alina y recuerdo las palabras de Arvo Pärt, autor de la composición: “podría comparar mi música con una luz blanca que contiene todos los colores. Solamente un prisma puede separarlos y hacerlos visibles. Ese prisma podría ser la cabeza del oyente”.

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La Villeta de Azuquén, una ciudad olvidada en tierras de Trujillo
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Víctor Gibello | 27-10-2015 | 14:45| 0
Villeta sobre el río Almonte./ Víctor Gibello.
Villeta sobre el río Almonte./ Víctor Gibello.

VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DE LA VILLETA DE AZUQUÉN/ Autor: VÍCTOR GIBELLO

 

Cáceres es una ciudad sin río. La carencia de agua para el abastecimiento de una población en crecimiento constante ha sido solventada mediante costosas obras de ingeniería hidráulica, unas más afortunadas que otras. En la larga lista de medidas ideadas, muchas solo trazadas sobre el papel, se encuentra el desafortunado plan de construcción de una gran presa sobre el río Almonte, en las proximidades de Monroy. El embalse, desde el que se pretendía bombear agua a Cáceres, extendía su cuenca 20 kilómetros río arriba, ocupando tierras de Monroy y Trujillo, anegando los cauces del Almonte y el Tozo en una zona de singular valor ecológico.

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San Juan Bautista de Burguillos del Cerro, el lugar donde se cumplen los sueños
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Víctor Gibello | 23-07-2015 | 09:29| 0
Imagen nocturna de San Juan Bautista./ Víctor Gibello
Imagen nocturna de San Juan Bautista./ Víctor Gibello

VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DE SAN JUAN BAUTISTA/ Autor: VÍCTOR GIBELLO

 

El verano de 1998 fue muy caluroso, al menos así lo recuerdo. Aquellos meses los pasé en Burguillos del Cerro, donde tuve la inmensa fortuna de realizar trabajos arqueológicos en la abandonada iglesia de Santa María de la Encina. La actividad, vinculada a las obras de restauración del templo en el marco del Proyecto Alba Plata, supuso mi completo enamoramiento del pueblo, ya iniciado años atrás. Intervenir en Santa María de la Encina fue una experiencia inolvidable; además, supuso la puerta de acceso al estudio del rico Patrimonio local que, poco a poco, fui conociendo, fascinado, de la mano de burguillanos interesados en la Historia y la Arqueología de su pueblo.

Cada jornada ascendía a pie la cuesta que conducía a la iglesia y por unos momentos, antes de llegar, contemplaba unas ruinas situadas hacia el oeste, aisladas, sobre un pequeño altozano rocoso. A media mañana, durante los animados descansos para el bocadillo, preguntaba a los peones de la excavación por aquel edificio. Sus respuestas no colmaron mi curiosidad. Aquellas ruinas que oteaba desde Santa María eran los restos de la que fuera iglesia de San Juan Bautista.

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Museo Vostell-Malpartida, cuando el arte salvó un Paraíso Olvidado
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Víctor Gibello | 02-07-2015 | 10:10| 0
Vista general del conjunto./ Víctor Gibello
Vista general del conjunto./ Víctor Gibello

VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DEL MUSEO VOSTELL-MALPARTIDA / Autor: VÍCTOR GIBELLO

 

En el Cáceres de fines de los 70’ e inicios de los 80’ portar un aspecto “no convencional” provocaba el fisgoneo de los vecinos, miradas, no siempre discretas, y comentarios de índole e intención diversas. Wolf Vostell no pasaba desapercibido en sus recorridos cacereños, os lo aseguro. En aquel tiempo, yo era un niño y, de vez en cuando, me cruzaba con aquel señor de actitud e indumentaria diferentes que tanta curiosidad despertaba.

La ignorancia suele aliarse con la imaginación, entre ambas construyen ficciones para cubrir, inútilmente, la carencia de conocimiento. Vostell hacía nacer a su paso mil y una historias rocambolescas, cuentos que nada tenían que ver con la realidad que él estaba construyendo.

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Nostalgia del castillo de Hornachos
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Víctor Gibello | 10-06-2015 | 20:21| 0
Hornachos bajo la luna
Hornachos bajo la luna./ Víctor Gibello

VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DEL CASTILLO DE HORNACHOS / Autor: VÍCTOR GIBELLO

 

Hornachos es un pueblo con dos localizaciones, la geográfica y la del corazón. La primera es fácil de ubicar, basta con rastrearla en un atlas o hacer una búsqueda simple con Google Earth. Se sitúa en la margen sur de Tierra de Barros, a los pies de la Sierra Grande, en una posición central, aproximadamente, de la provincia de Badajoz. La segunda precisa de una metodología exploratoria bien diferente, nada ligada a mapas y topografías y vinculada a la cartografía de los sentimientos y de la memoria, heredados de generación en generación desde 1610 hasta nuestros días. La Hornachos del corazón reside en el exilio, en la orilla meridional del Mediterráneo, repartida por Marruecos, a muchos kilómetros de distancia de Extremadura, desde donde suspira evocando la luz de la luna reflejada sobre los viejos muros del castillo que domina el pueblo; desde donde clama, con paciencia infinita, por la justicia negada durante 400 larguísimos años de destierro.

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Habitar el Paraíso, Vegaviana (Cáceres)
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Víctor Gibello | 13-04-2015 | 17:56| 0
Vista de Vegaviana desde la cañada./ Víctor Gibello
Vista de Vegaviana desde la cañada./ Víctor Gibello

VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DE VEGAVIANA / Autor: VÍCTOR GIBELLO

 

Durante milenios el hombre vivió en la Naturaleza. Formó parte de ella. Su comportamiento no difería sustancialmente del de los animales que conformaban el sistema complejo y maravilloso que habitaba. Con el tiempo fue capaz de domesticar bestias y plantas. Esta mezcla de habilidades y conocimientos adquiridos fueron distanciándolo hasta creerse capaz de dominar a la Madre. Se alejó tanto que ya no se reconocía en Ella. En lugar de buscar el sustento que todo ser necesita para la vida, devoró lo que encontró a su paso. Taló bosques, desecó lagos, convirtió vergeles en desiertos, emponzoñó océanos enteros y provocó la extinción de especies, hasta el punto de poner en riesgo su propia existencia.

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Memoria de la vida campesina: arquitectura vernácula en la Dehesa de Hornachuelos, Ribera del Fresno (Badajoz).
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Víctor Gibello | 28-11-2014 | 12:02| 1
Vista general desde Hornachuelos./ Víctor Gibello
Vista general desde Hornachuelos./ Víctor Gibello

VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DE LA DEHESA DE HORNACHUELOS / Autor: VÍCTOR GIBELLO

 

Durante un tiempo Hornachuelos fue un nombre ligado a recuerdos universitarios, la denominación de un yacimiento arqueológico en Ribera del Fresno cuyos materiales pude tocar e inventariar siendo estudiante. Colaborar en excavaciones, ya fuera en los trabajos de campo, ya en los de gabinete posteriores, permitía a los estudiantes de Arqueología completar la formación teórica recibida y abrir horizontes más allá de las estanterías de la biblioteca universitaria. Dedicar varias horas al día durante algunos meses a estas tareas, suponía un esfuerzo importante, máxime cuando ocupábamos espacios habilitados como almacenes que no reunían las condiciones más idóneas. Sin embargo, el aprendizaje compensaba con creces.

Años más tarde pude visitar Hornachuelos, recorrer la excavación arqueológica y disfrutar del enclave que había conocido de forma indirecta, gracias a su cultura material. Se trata de uno de los yacimientos excavados en Extremadura que más información ha aportado del período en que los pueblos indígenas locales entran en contacto con Roma. El poblado, situado en un cerro que domina visualmente una amplia extensión hacia la Sierra de Hornachos y Tierra de Barros, se mantuvo ocupado entre el siglo III a. C. y principios del II d. C. (también presenta una fase de ocupación previa, calcolítica).

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Ermita de la Magdalena, un paraíso de cerezos bajo las estrellas en Tornavacas
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Víctor Gibello | 14-11-2014 | 10:47| 0
Ermita de la Magdalena bajo las estrellas.
Ermita de la Magdalena bajo las estrellas./ Víctor Gibello

VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DE LA ERMITA DE LA MAGDALENA Y ENTORNO / Autor: VÍCTOR GIBELLO

 

La previsión meteorológica informaba de cielo totalmente despejado. La floración alcanzaba sus últimos días de esplendor. Llevaba dos años buscando una ocasión propicia para fotografiar un lugar especial del Valle del Jerte a la luz de las estrellas: los restos de una ermita medieval entre cerezos. Tenía que aprovecharla.

El despertador sonó a las 2 de la madrugada. Me levanté, preparé el equipo fotográfico y salí de viaje rumbo a Tornavacas, localidad situada en el extremo norte de la provincia de Cáceres. Carreteras vacías, noche sin luna, ilusión por la aventura, alegría de volver a pisar este querido pueblo en el que pasé unas vacaciones de verano durante mi adolescencia. Puse la radio, sintonicé diversas emisoras en busca de algo adecuado para eludir la llamada de Morfeo. A las 4:30 llegaba a mi destino, entonces sonaba la música de Metallica acompañada de la Orquesta Sinfónica de San Francisco. Dejé que su clásico Nothing else mathers sonara hasta el final; su energía, supuse, me ayudaría a recorrer las horas de vela hasta el amanecer.

Descendí del coche tarareando el estribillo de la canción. Las estrellas brillaban como solo lo hacen en los cielos de las montañas, la atmósfera estaba limpia, el río Jerte corría próximo, humedeciendo con su aliento el entorno. La Vía Láctea aparecía esplendorosa, cruzando la bóveda celeste de norte a sur sobre el templo. Lo árboles, ausente el viento, permanecían inmóviles con su manto blanco. Las flores competían con los cuerpos celestes; absorto en la contemplación de unas y otros no reparé en que el alba llegaría puntual a su cita haciendo imposible la sesión fotográfica nocturna…

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San Nicolás, Valle de La Serena, donde las piedras se convierten en panes
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Víctor Gibello | 14-11-2014 | 10:49| 0
Vista general de San Nicolás./ Víctor Gibello
Vista general de San Nicolás./ Víctor Gibello

 VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DE LA MINA SAN NICOLÁS/ Autor: VÍCTOR GIBELLO

 

En la vida, unas veces se reciben piedras y otras veces panes; pero con el tiempo te das cuenta de que las piedras también eran panes”. Estas palabras llenas de sabiduría, que sólo pueden ser dichas por personas capaces de ver más allá de la simple realidad formal, fueron pronunciadas en 1989, en la India, por Vicente Ferrer en una conversación mantenida con Logan Gómez Chauvet.

Años después, Logan incluyó la cita en su libro Objetivo despertar. Las 112 técnicas de meditación ofrecidas por Shiva, un interesantísimo y recomendable trabajo en el que, a modo de viaje iniciático, el autor ofrece los profundos conocimientos adquiridos en compañía del maestro Swami Anad Shivaya, conocimientos contenidos, en parte, en el Vijnana Bherava Tantra, puestos a disposición de los lectores para hacerlos más comprensibles.

De Villanueva de La Serena, donde reside Logan, nos desplazamos a Valle de La Serena en busca de un nuevo Paraíso Olvidado, en esta ocasión un enclave diferente por su naturaleza a los tratados hasta el momento, pero poseedor de características y valores que lo hacen excepcional. Desde Valle han de recorrerse 6 kilómetros por la carretera que conecta la población con Puebla de la Reina, en dirección Suroeste, hasta llegar a una pista dispuesta a la izquierda de la vía. El camino, de unos 2 kilómetros, conduce a una explotación minera denominada San Nicolás, actualmente abandonada.

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Sobre el autor Víctor Gibello
Arqueólogo, historiador, historiador del Arte, fotógrafo, escritor, emprendedor. Es Director de la empresa ARQVEOCHECK con la que ha realizado numerosos trabajos de investigación, excavación, restauración y puesta en valor del Patrimonio Cultural por toda España, así como diversos proyectos internacionales. Paraísos Olvidados es un recorrido diferente por el Patrimonio de Extremadura, un viaje a los espacios más singulares, atractivos y amenazados de nuestra tierra, un experimento de divulgación que pretende crear conciencia en la sociedad para su conocimiento, valoración, protección, conservación y disfrute

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