Hoy

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Memoria de la vida campesina: arquitectura vernácula en la Dehesa de Hornachuelos, Ribera del Fresno (Badajoz).
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Víctor Gibello | 14-11-2014 | 10:23| 1
Vista general desde Hornachuelos./ Víctor Gibello
Vista general desde Hornachuelos./ Víctor Gibello

VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DE LA DEHESA DE HORNACHUELOS / Autor: VÍCTOR GIBELLO

 

Durante un tiempo Hornachuelos fue un nombre ligado a recuerdos universitarios, la denominación de un yacimiento arqueológico en Ribera del Fresno cuyos materiales pude tocar e inventariar siendo estudiante. Colaborar en excavaciones, ya fuera en los trabajos de campo, ya en los de gabinete posteriores, permitía a los estudiantes de Arqueología completar la formación teórica recibida y abrir horizontes más allá de las estanterías de la biblioteca universitaria. Dedicar varias horas al día durante algunos meses a estas tareas, suponía un esfuerzo importante, máxime cuando ocupábamos espacios habilitados como almacenes que no reunían las condiciones más idóneas. Sin embargo, el aprendizaje compensaba con creces.

Años más tarde pude visitar Hornachuelos, recorrer la excavación arqueológica y disfrutar del enclave que había conocido de forma indirecta, gracias a su cultura material. Se trata de uno de los yacimientos excavados en Extremadura que más información ha aportado del período en que los pueblos indígenas locales entran en contacto con Roma. El poblado, situado en un cerro que domina visualmente una amplia extensión hacia la Sierra de Hornachos y Tierra de Barros, se mantuvo ocupado entre el siglo III a. C. y principios del II d. C. (también presenta una fase de ocupación previa, calcolítica).

Sin embargo, pese a su indiscutible interés, este artículo no está dedicado al yacimiento de Hornachuelos, ni a la interesante necrópolis asociada, tampoco a actividad minera ligada a su origen; información de todo ello puede encontrarse en algunas publicaciones específicas y en el Centro de Interpretación situado en Ribera del Fresno.

El foco de este post está centrado en un conjunto de construcciones existentes en las inmediaciones del yacimiento arqueológico, a escasos 180 metros hacia el suroeste, que, contempladas desde la loma, llamaron poderosamente mi atención la primera vez que anduve por la zona.

Paisaje en acceso a Hornachuelos./ Víctor Gibello
Paisaje en acceso a Hornachuelos./ Víctor Gibello

Vuelvo al lugar para realizar el reportaje fotográfico que ilustra este artículo. Dejo atrás Ribera del Fresno y tomo la carretera hacia Hinojosa del Valle. A poco más de 2 kilómetros abandono la vía para acceder a un camino terrero, perfectamente señalizado, que conduce al asentamiento arqueológico. La voz aterciopelada, susurrante a veces, de Allison Goldfrapp hace que transite los 6 kilómetros de pista en un suspiro; suena el tema Pilots, cuando ya circunvalo el cerro. Supero el área habilitada como aparcamiento, me adentro en la Dehesa de Hornachuelos, hoy un espacio deforestado por el exceso de pastoreo y la tala del encinar autóctono, próximo al límite de los términos de Ribera del Fresno, Hornachos e Hinojosa del Valle.

Vista general del conjunto de chozos y corralas./ Víctor Gibello
Vista general del conjunto de chozos y corralas./ Víctor Gibello

Recorro a pie el último tramo. El arbolado ha sido sustituido por retamas que el viento cimbrea a su antojo. Vadeo el Regato de las Tiesas, casi seco durante el estío. Próximas al cauce ya se aprecian acumulaciones de piedra que solo pueden ser fruto de la mano del hombre. Sobre una amplia explanada protegida de los vientos del norte por el cerro en el que se emplaza Hornachuelos, se extienden diversas edificaciones cuyo estado de conservación evidencia la falta de mantenimiento desde hace décadas.

Piedra, barro y elementos reutilizados procedente del yacimiento próximo son los materiales con los que se realizaron, quizás a fines del siglo XVIII o principios del XIX, estas construcciones para dar cobijo a hombres y animales, mismos materiales y similares diseños, hecho que habla de la estrecha ligazón entre unos y otros.

Corrala./ Víctor Gibello
Corrala./ Víctor Gibello

Tres corralas, o corralás, para cerdos, con planta en forma de “U” muy alargada, destacan por sus dimensiones. En tres de sus lados se abren baterías de cubiles adintelados, pequeñas estancias cubiertas por falsas cúpulas aterradas hacia el exterior. El más occidental tiene un amplio cercado asociado. Próximos a cada corrala se disponen otros habitáculos de menor entidad erigidos para acoger a cerdas paridas y lechones. Se trata de estancias de planta circular y corral delantero; una es simple, las tres restantes son dobles o geminadas, modelo poco frecuente.

Vista del conjunto desde patio de corrala./ Víctor Gibello
Vista del conjunto desde patio de corrala./ Víctor Gibello

Finalmente, son distinguibles 3 bohídos destinados a vivienda de los porqueros (hay otro de menor entidad totalmente arruinado que debió funcionar como gallinero). A excepción de la configuración interior y del tamaño de la puerta de acceso, más elevada en estos últimos, no ofrecen diferencias tipológicas significativas con respecto a los realizados para albergar a las puercas y sus camadas. Hombre y animal viven en condiciones similares, comparten hábitat y escaseces, entrelazan sus destinos. Las viviendas se conservan aún en buen estado. Zócalos de mampostería sostienen cubiertas de piedra elaboradas mediante la técnica de la aproximación de hiladas, que crea la ilusión de estructuras cupuliformes. Una línea de piedra volada en la unión de muro y cubierta funciona a modo de vierteaguas. Exteriormente una consistente torta de barro impermeabiliza el techo, en el que un simple agujero servía para aliviar los humos del hogar. Por solado algunas lajas de pizarra y tierra apisonada en la que dormir sobre paja y jergones.

El chozo, recuerdo de la vivienda ancestral./ Víctor Gibello
El chozo, recuerdo de la vivienda ancestral./ Víctor Gibello

En superficies que no superan los 20 metros cuadrados se hacinaban familias completas. Una sola estancia de usos múltiples en el que se cocinaba y se dormía, una sala que acogía las escasas pertenencias y los víveres básicos necesarios para la subsistencia.

Los bohídos, o chozos, no son exclusivos de Extremadura, pero es en esta región donde alcanzaron su máxima expresión y difusión, circunstancia que ha de relacionarse con la misma esencia ganadera de la tierra y de la construcción. Con muy diversas denominaciones y múltiples variedades en cuanto a materiales y configuración arquitectónica se localizan numerosos ejemplos repartidos por todas las comarcas.

Perfectamente integrados en el paisaje, del que forman parte de forma indisoluble, son ecos de nuestra memoria ancestral. Erigidos y habitados hasta mediados del siglo XX, e incluso más allá, representan una tradición de vivienda que puede rastrearse hasta el neolítico. El chozo es un nido para el hombre, una estructura básica, sencilla, de construcción rápida y barata, fácil de aclimatar y poco necesitada de mantenimiento. Pueden ser habitáculos temporales o permanentes, fijos o desmontables (íntegramente hechos exclusivamente con materiales vegetales), refugio para el hombre y/o el animal.

Imagen frontal de chozo./ Víctor Gibello
Imagen frontal de chozo./ Víctor Gibello

Los chozos conservan nuestra esencia como pueblo ligado a antiquísimas tradiciones pastoriles, son memoria viva legada por nuestros ancestros, muestras de la interacción secular del hombre con el medio, receptáculo de una cultura rica y antigua en la que poder mirarnos para reconocer nuestra identidad. Pese a ello, están totalmente desprotegidos. Cada año desaparecen ejemplos magníficos de esta arquitectura vernácula fagocitados por la estulticia y el monstruo voraz que algunos llaman progreso.

Es sumamente necesario proteger todos y cada uno de nuestros chozos con una declaración legal expresa pues, aunque el Parlamento regional ha aprobado por unanimidad una Propuesta de Impulso de los Chozos de Extremadura en 2014, siguen totalmente indefensos, ya que la propuesta no es vinculante y aún no ha tenido consecuencia legislativa alguna.

Vista de chozos./ Víctor Gibello
Vista de chozos./ Víctor Gibello

Los chozos también reflejan las durísimas condiciones de vida que soportaron las generaciones precedentes. La crisis que nos atenaza durante los últimos años parece un juego de niños comparada con la miseria de siglos sufrida por la mayor parte de la población. Alejados de la imagen romántica que pudiera tener una existencia pastoril, morar en el monte, alejados del pueblo, dedicados 24 horas al día durante 7 días a la semana a cuidar del ganado y sacar a la familia adelante no era tarea para espíritus débiles. Comida escasa, sueldo miserable, horizonte sin cambio heredado de padres a hijos, supeditación social y explotación representaban la cotidianidad.

Un día se parecía al día anterior, la monotonía como norma, el ritmo de los animales y de las estaciones por encima del de la necesidad del hombre. El reloj nada sabía de los tiempos campesinos, el sol marcaba las tareas y los desvelos, la mula, el asno o las suelas de los zapatos las distancias.

El magnífico conjunto de arquitectura vernácula de la Dehesa de Hornachuelos tiene mucho que enseñar a las generaciones venideras, por ello ha de ser protegido de inmediato. Es un tesoro digno de conservar, de mantener, de legar a los hijos. En él se resume nuestro origen campesino, pastoril. La sencillez con que fue construido y la humildad de las gentes que lo habitaron son valores esenciales para construir un futuro diferente, mejor, más ligado a lo que en verdad nos hace humanos. La protección legal que cubre el yacimiento arqueológico de Hornachuelos ha de ser ampliada para acoger esta excepcional muestra de eso que ha venido a llamarse arquitectura popular, que no es sino una arquitectura sin arquitectos, vinculada al terruño y a sus materiales, eco de tradiciones milenarias, de usos y costumbres atávicos.

Bohido bajo las estrellas./ Víctor Gibello
Bohido bajo las estrellas./ Víctor Gibello

Aguardo paciente que caiga lo noche para fotografiar los chozos a la luz de la luna llena. El crepúsculo ayuda a generar una imagen más potente del lugar, facilita el viaje en el tiempo de la imaginación. Si se agudiza el oído, parecen percibirse aún los sonidos que tiempo atrás fueron aquí habituales: risas y llantos infantiles, crepitar del fuego, rapaces nocturnas, viento silbando entre las piedras, gruñidos de los cerdos y tripas que reclaman pan.

La escena me hace recordar unos versos de Carlos Mestre, del poema titulado Antepasados, incluido en el poemario Antífona del Otoño en los valles del Bierzo (poemario que obtuvo el premio Adonais en 1985) y al que pondría música tiempo después Amancio Prada:

Poco es lo que puede hacer un hombre que solo ha tenido en la vida estas cosas,

apenas quedarse dormido recostado en el pensamiento del hambre

mientras oye la conversación de los gorriones en el granero,

apenas sembrar leña de flor en la sábana de los huertos,

andar descalzo sobre la tierra brillante

y no enterrar en ella a sus hijos.

Cae la noche en la Dehesa de Hornachuelos./ Víctor Gibello
Cae la noche en la Dehesa de Hornachuelos./ Víctor Gibello
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Ermita de la Magdalena, un paraíso de cerezos bajo las estrellas en Tornavacas
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Víctor Gibello | 14-11-2014 | 10:47| 0
Ermita de la Magdalena bajo las estrellas.
Ermita de la Magdalena bajo las estrellas./ Víctor Gibello

VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DE LA ERMITA DE LA MAGDALENA Y ENTORNO / Autor: VÍCTOR GIBELLO

 

La previsión meteorológica informaba de cielo totalmente despejado. La floración alcanzaba sus últimos días de esplendor. Llevaba dos años buscando una ocasión propicia para fotografiar un lugar especial del Valle del Jerte a la luz de las estrellas: los restos de una ermita medieval entre cerezos. Tenía que aprovecharla.

El despertador sonó a las 2 de la madrugada. Me levanté, preparé el equipo fotográfico y salí de viaje rumbo a Tornavacas, localidad situada en el extremo norte de la provincia de Cáceres. Carreteras vacías, noche sin luna, ilusión por la aventura, alegría de volver a pisar este querido pueblo en el que pasé unas vacaciones de verano durante mi adolescencia. Puse la radio, sintonicé diversas emisoras en busca de algo adecuado para eludir la llamada de Morfeo. A las 4:30 llegaba a mi destino, entonces sonaba la música de Metallica acompañada de la Orquesta Sinfónica de San Francisco. Dejé que su clásico Nothing else mathers sonara hasta el final; su energía, supuse, me ayudaría a recorrer las horas de vela hasta el amanecer.

Descendí del coche tarareando el estribillo de la canción. Las estrellas brillaban como solo lo hacen en los cielos de las montañas, la atmósfera estaba limpia, el río Jerte corría próximo, humedeciendo con su aliento el entorno. La Vía Láctea aparecía esplendorosa, cruzando la bóveda celeste de norte a sur sobre el templo. Lo árboles, ausente el viento, permanecían inmóviles con su manto blanco. Las flores competían con los cuerpos celestes; absorto en la contemplación de unas y otros no reparé en que el alba llegaría puntual a su cita haciendo imposible la sesión fotográfica nocturna…

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San Nicolás, Valle de La Serena, donde las piedras se convierten en panes
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Víctor Gibello | 14-11-2014 | 10:49| 0
Vista general de San Nicolás./ Víctor Gibello
Vista general de San Nicolás./ Víctor Gibello

 VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DE LA MINA SAN NICOLÁS/ Autor: VÍCTOR GIBELLO

 

En la vida, unas veces se reciben piedras y otras veces panes; pero con el tiempo te das cuenta de que las piedras también eran panes”. Estas palabras llenas de sabiduría, que sólo pueden ser dichas por personas capaces de ver más allá de la simple realidad formal, fueron pronunciadas en 1989, en la India, por Vicente Ferrer en una conversación mantenida con Logan Gómez Chauvet.

Años después, Logan incluyó la cita en su libro Objetivo despertar. Las 112 técnicas de meditación ofrecidas por Shiva, un interesantísimo y recomendable trabajo en el que, a modo de viaje iniciático, el autor ofrece los profundos conocimientos adquiridos en compañía del maestro Swami Anad Shivaya, conocimientos contenidos, en parte, en el Vijnana Bherava Tantra, puestos a disposición de los lectores para hacerlos más comprensibles.

De Villanueva de La Serena, donde reside Logan, nos desplazamos a Valle de La Serena en busca de un nuevo Paraíso Olvidado, en esta ocasión un enclave diferente por su naturaleza a los tratados hasta el momento, pero poseedor de características y valores que lo hacen excepcional. Desde Valle han de recorrerse 6 kilómetros por la carretera que conecta la población con Puebla de la Reina, en dirección Suroeste, hasta llegar a una pista dispuesta a la izquierda de la vía. El camino, de unos 2 kilómetros, conduce a una explotación minera denominada San Nicolás, actualmente abandonada.

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El aljibe de Altamirano, un sueño del agua quieta en Trujillo.
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Víctor Gibello | 14-11-2014 | 10:50| 0
Vista general del aljibe.
Vista general del aljibe./ Víctor Gibello

VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DEL ALJIBE ALTAMIRANO / Autor: VÍCTOR GIBELLO

Lazos sólidos me unen a Trujillo. Son lazos sentimentales y profesionales tejidos con esmero durante años, por momentos sutiles, por momentos palpables, que hacen que cada encuentro con la ciudad sea deseado, festivo. En los últimos tiempos se están haciendo aún más estables, en breve es posible que pueda contarles nuevos e importantes proyectos que protagonizan algunos de mis sueños más recientes.

La población se alza majestuosa sobre un extenso batolito. Domina la penillanura cacereño-trujillana desde una pequeña elevación que puede otearse desde kilómetros a la redonda. La contemplación en la distancia permite generar expectativas en el visitante, expectativas que crecen de kilómetro en kilómetro, que culminan a la llegada, donde no cabe un sólo sentimiento de decepción.

Muchos caminos llegan a Trujillo, desde todos ellos se alcanzan espléndidas vistas panorámicas. Me gusta especialmente la que se disfruta viniendo desde Cáceres, al oeste: las torres y la muralla medievales se alzan desafiantes, palacios y casas fuertes muestran orgullosos un poderío vetusto difícil de igualar, obras pétreas que parecen brotadas, como por arte de algún sortilegio, del áspero suelo rocoso al que se anclan; al fondo, las sierras de Gredos parecen asomarse curiosas al espectáculo, en invierno sus cumbres blanqueadas ayudan a diseñar un paisaje salido de cuento, máxime cuando el verdor del musgo rebrotado con las lluvias tapiza con intensidad cada roca.

Todo Trujillo ha sido durante demasiados años un Paraíso Olvidado. Parecía abandonado a su suerte, desplazado a una posición inmerecida, condenado al abandono. Es posible que no haya población en Extremadura con tantos merecimientos como Trujillo para ser el centro turístico y cultural principal: un enclave monumental espectacular como pocos en Europa, una ciudad histórica en la que el Patrimonio no se ha convertido en un burdo parque temático o en un conjunto de fachadas pintorescas, sino una localidad viva, una villa española en la que la presencia americana se palpa en muchos de sus rincones. Sin embargo, todos sus innegables y exclusivos valores han sido, en cierto modo, despreciados, ninguneados, relegados. Aires nuevos están soplando para cambiar esta inercia de años.

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Las fuentes siguen cantando en el Revellao (Badajoz)
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Víctor Gibello | 30-04-2014 | 15:55| 0
Aguas manando en el Revellao.
Aguas manando en el Revellao./ Víctor Gibello

VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DE EL REVELLAO (II). / Autor: VÍCTOR GIBELLO

 

Allí, donde el agua mana cristalina, donde las fuentes cantan incluso en el estío más profundo, allí, donde la tierra es oscura, fértil, donde el trigo y la cebada son mecidos con suavidad por el viento, allí, el hombre encontró un hogar donde establecerse desde el neolítico, un hogar que no ha abandonado desde entonces.

Esta, que podría pasar por una descripción del Paraíso, es la imagen que proyecta un rincón del término municipal de Badajoz, próximo a Valverde de Leganés, denominado Revellao. Sí, han leído bien, Badajoz. Lejos de los tópicos y los estereotipos, muchas veces malintencionados y siempre empobrecedores, las tierras badajocenses son generosas y diversas. Sus paisajes están aún por explotar turísticamente, quizás porque hasta sus administradores han sido incapaces de desprenderse del peso de los tópicos dañinos, desde hace años reclaman una adecuada gestión que invite a olvidar las prisas de nuestra sociedad, a decelerar en busca de la autenticidad atesorada por sus campos, por sus monumentos, por sus gentes.

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Una mezquita perdida, un aljibe olvidado. La Casa de las Veletas, Museo de Cáceres.
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Víctor Gibello | 30-04-2014 | 15:56| 4
Detalle de traza de arcos de herradura
Detalle de traza de arcos de herradura./ Víctor Gibello

VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DE LA MEZQUITA – ALJIBE DE CÁCERES. / Autor: VÍCTOR GIBELLO

Cuando llegué a casa, mi madre cantaba “Dos gardenias para ti”, lo recuerdo perfectamente. Yo tenía 10 años, regresaba feliz del colegio. Aquella mañana, el maestro, sin previo aviso, había decidido sacarnos de la escuela y llevarnos de excursión a un lugar fascinante. Se lo agradeceré siempre. Quizás la emoción intensa del descubrimiento y la pasión por la Arqueología, el Arte y la Historia se introdujeron en mí ese día, quizás el acceso a un mundo desconocido, sorprendente y misterioso despertó impulsos dormidos, o puede que, sin darme cuenta, se abriera una puerta que aún se mantiene de par en par, una puerta que permite el tránsito a mundos pasados pero todavía presentes en nosotros. Si alguien me hubiera dicho entonces que en el futuro realizaría en el aljibe de la Casa de las Veletas, en el Museo de Cáceres, un trabajo de investigación encargado por el Ministerio de Cultura, no lo habría creído. Así se construye la vida, ella teje sus hilos mientras nosotros hacemos otros planes. En 2003, la cantante brasileña Maria Rita, hija de Elis Regina, realizó una actualización electrónica de “Dos Gardenias para ti”, tema interpretado tantas veces por Machín y Omara Portuondo, entre otros. Iniciemos el post con ella, puede que no le guste esta versión a mi madre…

El casco histórico de Cáceres asombra por diversas razones. Algunas, como la espectacularidad del conjunto conservado, son obvias; otras, son menos conocidas pero igualmente sorprendentes. Entre estas últimas hay que señalar la escasez de estudios monográficos, tanto del núcleo intramuros, como de sus monumentos más destacados. ¿Cómo es posible que la “ciudad antigua”, la “Parte Antigua”, en expresión local, haya generado tan escasa literatura científica? Es una pregunta difícil de responder.

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El Castellar, origen y destino de Zafra
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Víctor Gibello | 30-04-2014 | 15:57| 1
Sierra de El Castellar vista desde la ermita de Belén
Sierra de El Castellar vista desde la ermita de Belén./ Víctor Gibello

VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DE El CASTELLAR, ZAFRA. / Autor: VÍCTOR GIBELLO

 

Se miran de soslayo, con recelo, distantes. Fingen indiferencia. Juegan a ignorarse. Por puro orgullo, permanecen dándose la espalda. Pareciera como si el mutuo reconocimiento les restara protagonismo. Así son de altivas. Así son de inconscientes. Durante siglos nada ha cambiado, como titula Tricky su canción Nothing’s changed.

Mientras preparaba material para este post, en plena búsqueda de datos en documentos, libros y artículos, recibí una llamada: un colega, Pedro Carretero, me invitaba a impartir una conferencia en Zafra sobre Patrimonio olvidado en la población, dándome libertad para escoger el tema. Si creyera en las casualidades, esta sería una de ellas. Pero ya conocen mi opinión, las casualidades no existen. Acepté encantado el ofrecimiento y propuse hablar del yacimiento conocido como El Castellar, un enclave singular abandonado a su suerte desde el siglo XIII.

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Santiago de Bencáliz, una parada para la reflexión junto a la Vía de la Plata
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Víctor Gibello | 01-10-2013 | 11:31| 8
Vista de la ermita de Santiago desde el este./ Víctor Gibello
Vista de la ermita de Santiago desde el este./ Víctor Gibello

 VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DE SANTIAGO DE BENCÁLIZ. / Autor: VÍCTOR GIBELLO

 

Él es un ejemplo vivo de cómo esta tierra descuida a la mayoría de sus mejores hijos, de cómo menosprecia el arte de sus creadores y se desentiende de su Patrimonio Cultural, tanto histórico como contemporáneo. Es una historia suicida repetida una y otra vez durante siglos, un bucle melancólico que hemos de romper, cuanto antes. Su música nos acompañará hoy.

Guillermo Alonso Iriarte es un compositor y pianista cacereño, un genio cuya desbordada creatividad está a la altura de su elevada calidad humana. Posee numerosos premios nacionales e internacionales logrados desde que era un adolescente. A los 18 años ganó, por oposición estatal, plaza como profesor de conservatorio, sus obras han sido estrenadas por algunos de los principales intérpretes para piano de nuestro tiempo, entre ellos, Maria João Pires. Pese a su impecable currículum y consideración artística internacional, es un desconocido en Extremadura. Vive en Cáceres, lugar que no quiere abandonar, aunque ofertas para trasladarse a interesantes destinos no le faltan.

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La Casa de la Sierra, un puesto de mando avanzado de la República en el Frente Extremeño
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Víctor Gibello | 06-08-2013 | 11:33| 2
Hoy los cardos son los únicos vigilantes de la puerta./ Víctor Gibello
Hoy los cardos son los únicos vigilantes de la puerta./ Víctor Gibello

VER TODA LA GALERÍA DE LA CASA DE LA SIERRA, DON BENITO. / Autor: VÍCTOR GIBELLO

 

Hay hallazgos inesperados, descubrimientos que parecen aguardarnos pacientes y a los que parecemos ajenos. Las búsquedas, de cualquier naturaleza, suelen deparar encuentros que no siempre se corresponden con el motivo que las generó, pero que estaban dispuestos allí, quién sabe por qué, ofreciéndose a nosotros para que los diéramos a conocer.

Hace algunos años, en busca de lo que no encontré, hallé un tesoro histórico dormido en Don Benito. Una joya merecedora de conservación que en este tiempo ha languidecido hasta tal extremo, que su sueño parece casi una muerte de olvido, una joya que se deshace, que pierde su pétalos como flor agostada, que parece condenada a una desaparición inminente. Quizás no seamos merecedores de las herencias que dilapidamos, quizás seamos indignos depositarios de un legado que destruimos o que arruinamos con nuestra indiferencia.

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El Canchal de los Ojos, un enigma por resolver en las inmediaciones de Piedras Albas
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Víctor Gibello | 27-06-2013 | 19:19| 18
Vista general del Canchal de los Ojos o Peña Buraca./ Víctor Gibello
Vista general del Canchal de los Ojos o Peña Buraca./ Víctor Gibello

VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DEL CANCHAL DE LOS OJOS. / Autor: VÍCTOR GIBELLO

Escuché hablar de ella hace años. Las descripciones la dibujaban con trazos envueltos en el misterio. Los más obvios comentaban su apariencia pintoresca y su forma moldeada, queriendo ver semejanzas con elementos dispares y variopintos. Los más osados pretendían apreciar vinculaciones esotéricas y ligazones con antiguos rituales surgidos de la fantasía. Hubo quienes escudriñaron la zona, y todavía lo hacen, en pos de leyendas y deidades inventadas, buscando ecos de ceremoniales imaginados, impregnados en la piedra por siglos.

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