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Ermita de la Magdalena, un paraíso de cerezos bajo las estrellas en Tornavacas
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Víctor Gibello | 21-08-2014 | 18:37| 0
Ermita de la Magdalena bajo las estrellas.
Ermita de la Magdalena bajo las estrellas.

VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DE LA ERMITA DE LA MAGDALENA Y ENTORNO / Autor: VÍCTOR GIBELLO

 

La previsión meteorológica informaba de cielo totalmente despejado. La floración alcanzaba sus últimos días de esplendor. Llevaba dos años buscando una ocasión propicia para fotografiar un lugar especial del Valle del Jerte a la luz de las estrellas: los restos de una ermita medieval entre cerezos. Tenía que aprovecharla.

El despertador sonó a las 2 de la madrugada. Me levanté, preparé el equipo fotográfico y salí de viaje rumbo a Tornavacas, localidad situada en el extremo norte de la provincia de Cáceres. Carreteras vacías, noche sin luna, ilusión por la aventura, alegría de volver a pisar este querido pueblo en el que pasé unas vacaciones de verano durante mi adolescencia. Puse la radio, sintonicé diversas emisoras en busca de algo adecuado para eludir la llamada de Morfeo. A las 4:30 llegaba a mi destino, entonces sonaba la música de Metallica acompañada de la Orquesta Sinfónica de San Francisco. Dejé que su clásico Nothing else mathers sonara hasta el final; su energía, supuse, me ayudaría a recorrer las horas de vela hasta el amanecer.

Descendí del coche tarareando el estribillo de la canción. Las estrellas brillaban como solo lo hacen en los cielos de las montañas, la atmósfera estaba limpia, el río Jerte corría próximo, humedeciendo con su aliento el entorno. La Vía Láctea aparecía esplendorosa, cruzando la bóveda celeste de norte a sur sobre el templo. Lo árboles, ausente el viento, permanecían inmóviles con su manto blanco. Las flores competían con los cuerpos celestes; absorto en la contemplación de unas y otros no reparé en que el alba llegaría puntual a su cita haciendo imposible la sesión fotográfica nocturna…

Vía Láctea sobre la ermita de la Magdalena.
Vía Láctea sobre la ermita de la Magdalena.

A mediados del siglo XIV Europa fue asolada por una temible enfermedad, la Peste Negra. En escasos años, de 1346 a 1353, la epidemia se propagó desde Crimea hasta las Islas Británicas, desde la Península Ibérica hasta Escandinavia, sumiendo el continente en el caos. La mortalidad superó el 60% de la población; algunas ciudades quedaron totalmente desiertas y los campos vacíos.

Según las fuentes históricas, todo comenzó en la ciudad de Caffa (Feodosia), situada a orillas del Mar Negro. En 1346 los mongoles sometían este importante centro comercial a un terrible asedio. Para forzarlo a la rendición, lanzaron al interior sus muertos infectados de peste mediante catapultas. Fue este un primitivo intento de guerra bacteriológica de consecuencias tan devastadoras como inimaginables. A la par que la enfermedad se extendía, el pánico se desató en la ciudad y un grupo de mercaderes genoveses consiguió escapar. Cuando arribaron a las costas italianas la enfermedad ya se había cebado con los tripulantes: huyendo de la muerte, llevaron la muerte con ellos, sus cuerpos fueron el transmisor de la peor pandemia de la Historia de Europa. Italia se convirtió en el trampolín necesario, sus comerciantes serían los encargados de diseminar la enfermedad durante sus viajes.

Cerezos en flor bajo las estrellas.
Cerezos en flor bajo las estrellas.

La Peste Negra tenía tres variantes: la bubónica, que provocaba la inflamación de los ganglios del sistema linfático, especialmente en cuello, ingles y axilas, hasta formar grandes bubas o carbuncos; la septicémica, caracterizada por la contaminación de la sangre y la aparición de manchas negras sobre la piel; y la neumónica, que afectaba al aparato respiratorio. Las dos últimas variantes eran letales en todos los casos, mientras que algunos infectados de la variedad bubónica podían sobrevivir. Una vez producido el contagio en una localidad, las bacterias incubaban durante unas tres semanas, a partir de entonces las muertes se sucedían sin parar. Cuando la población adquiría conciencia de lo que estaba pasando, el número de contagiados hacía difícil la contención de la enfermedad; la gente, aterrorizada, huía a los campos, portándola y siendo nuevos vehículos de transmisión. Atrás solo quedaban muerte, enfermos sin atención y posibles apestados encerrados en sus viviendas. El pánico es el mejor aliado de una epidemia, esto lo saben bien algunas compañías farmacéuticas actuales.

Cerezos en la noche.
Cerezos en la noche.

G. Bocaccio, en El Decameron, narra la salida de 10 jóvenes de Florencia huyendo de la Peste. Los personajes de su obra se marchan de la ciudad, como hicieron tantos otros en la realidad, y se instalan en una villa en pleno campo durante 10 días. Allí se entretienen con la narración de cuentos que pretenden hacer olvidar la dolencia que les acecha. Florencia sería golpeada duramente por el mal oriental, de sus más de 90.000 habitantes solo sobrevivieron unos 30.000.

Recientes estudios multidisciplinares han permitido conocer en profundidad la enfermedad. Gracias a excavaciones arqueológicas ligadas a obras férreas en Inglaterra han sido localizados enterramientos de muertos por la Peste Negra. El análisis de los restos ha posibilitado la secuenciación del ADN de la bacteria causante de los estragos: Yersinia Pestis es su nombre científico. La comparación del ADN antiguo de la bacteria y de las cepas actuales muestra que el microorganismo ha cambiado muy poco en los últimos 650 años; sigue siendo mortal, como evidencian los 60 fallecidos recientes en Madagascar, si no es combatido con antibióticos. Las investigaciones también han puesto en tela de juicio las hipótesis tradicionales de las vías de contagio. Se afirmaba que eran las pulgas alojadas en las ratas las portadoras de la Peste; sin embargo, la velocidad de propagación sugiere fórmulas totalmente distintas: la infección debió producirse de humano a humano, por vía aérea. Obviamente, como arqueólogo, siento una sana envidia hacia los compañeros que han podido llevar a cabo estas investigaciones, no tanto por los resultados, cuanto por contar con los medios y apoyos institucionales para realizarlos. Aquí cualquier planteamiento innovador que permita abrir nuevas vías de conocimiento es rechazado y ridiculizado; las grandes obras de infraestructuras realizadas con dinero público han destinado migajas a nuestro Patrimonio Cultural afectado durante las obras, “restillos” con los que no se pretende más que cubrir expedientes administrativos. No hay interés científico, tan sólo cumplimentación de formularios administrativos y dar respuesta a legislaciones autonómicas, cortas de miras e incapaces.

Tras el paso de la Peste Negra, los 80 millones de europeos quedaron reducidos a algo menos de 30 millones, según estimaciones conservadoras. El panorama debió ser realmente desolador: regiones enteras deshabitadas, cultivos abandonados a su suerte, el miedo instalado entre los supervivientes. El fin del  mundo parecía próximo. Pero la vida siguió adelante. La vida siempre sigue su curso, se abre paso en las condiciones más adversas y con ella llegan nuevas oportunidades para prosperar, para sonreír, para celebrar. La escasez de mano de obra provocó un aumento de los salarios, el corto número de pobladores en el campo permitió la creación de explotaciones agrarias más grandes y productivas. Hasta el clima, causante de las malas cosechas que habían generado desnutrición en los años previos a la llegada de la enfermedad, pareció volverse más benévolo. Se inició un proceso de crecimiento económico y tuvo lugar un considerable aumento de la natalidad. Por todas partes se levantaron nuevos templos en agradecimiento a la Divinidad que había frenado el Apocalipsis.

Puerta de las estrellas.
Puerta de las estrellas.

En cada pueblo, incluso en los más pequeños, se erigieron ermitas en la segunda mitad del siglo XIV, fueron cantos a la vida, a la esperanza, a la continuidad, lugares en los que agradecer la pervivencia, memoriales de los fallecidos, recordatorios del desastre. Es posible que la Ermita de la Magdalena de Tornavacas se erigiera con estos fines.

Se trata de un reducido edificio de planta rectangular y cabecera plana, abierto al Valle del Jerte, alzado sobre un altozano. Un lugar especial con vistas espectaculares del entorno circundante, rodeado en su origen de bosques espesos y hoy de cerezos. La ermita está prácticamente perdida, los muros perimetrales se levantan escasamente del suelo. Tan solo se yergue, aún altiva, la puerta del lado oeste: un arco ojival que crea un marco singular desde el que contemplar el entorno. La apertura y pavimentación de caminos agrícolas ha dejado el templo como colgado hacia poniente; este hecho, unido a la falta de mantenimiento y medidas de conservación hacen que su pervivencia esté en riesgo. La ermita se consagró bajo la advocación de María Magdalena, uno de los personajes más intrigantes y controvertidos de la historia de la cristiandad. 

Ermita entre cerezos.
Ermita entre cerezos.

María Magdalena es una de las figuras más importantes de los Evangelios canónicos, también uno de los personajes más misteriosos de cuantos aparecen en ellos. Desde los inicios del cristianismo, la iglesia construyó alrededor de su persona un laberinto de informaciones falsas e interesadas tendente a desprestigiarla, para restarle protagonismo y desplazarla de su posición privilegiada natural. Ella, que contó con el amor del Maestro, fue desprovista por intereses políticos, mundanos, del afecto de sus discípulos hasta convertir su existencia, su memoria, en una caricatura grotesca de lo que realmente fue. Los intentos por rebajar su importancia, por relegar a la actriz principal hacia un papel secundario, terminaron degradando a la más que posible compañera de Cristo hasta lo más bajo del escalafón moral. Así, la discípula predilecta fue convertida en la ramera despreciable, un fenómeno desgraciado repetido con tantas mujeres por nuestra hipócrita sociedad patriarcal, una manera tan sencilla como vil de desacreditar, degradar y humillar a media humanidad.

Con casi dos milenios de retraso, la Iglesia se retractó en el Concilio Vaticano II, deshaciendo, por fin, la falsa vinculación que había tejido entre la Magdalena y la prostituta arrepentida. Pese a que rectificar es de sabios, demorarse un par de milenios en la rectificación refleja una necedad descomunal. Además, el cambio en la consideración de su persona no ha venido acompañado, como debería, de una recuperación integral de su dignidad, de una asunción plena de su papel esencial en el cristianismo primitivo; se ha realizado casi por la puerta de atrás, de ahí que para la mayoría de los cristianos nada haya cambiado en el imaginario colectivo.

Por siglos María Magdalena fue vinculada al mal, fue la representación simbólica de los pecados del sexo, absurdo planteamiento pues el sexo nada tiene que ver con el pecado. De forma rocambolesca, La Magdalena fue asociada con Eva, la primera pecadora, la causante de la caída, opuestas ambas a María, la Virgen, la redentora, la sin mancha.

El Papa Gregorio Magno, en el siglo VI, llegó a calificarla como “esclava de la lujuria” en un texto nada inspirado por la Divinidad. Altas jerarquías eclesiásticas y teólogos la perfilaron como la pecadora arrepentida, como la penitente arrasada por la culpa. A extender esta imagen falsa se dedicaron los artistas durante siglos, incluso en obras de factura reciente expuestas en teóricas galerías de vanguardia. La pintura y la escultura ofrecen representaciones de María Magdalena como una mujer atormentada, retirada a una gruta aislada donde mortifica su cuerpo para purgar sus “culpas”, su pasado de prostituta y endemoniada.

Las primeras luces del alba iluminan el paisaje.
Las primeras luces del alba iluminan el paisaje.

Los evangelios apócrifos y los gnósticos, entre los que hay uno atribuido a la propia Magdalena, dan una imagen bien diferente a la establecida por la Iglesia histórica después de “retorcer” y manipular los evangelios canónicos. Nació en Magdala, población a orillas del lago Tiberíades; aparece al lado de Jesús desde que este comienza a predicar en Galilea. La Magdalena forma parte del grupo de mujeres que acompañan al Nazareno, pero, al contrario que las otras, adquiere un elevado protagonismo, hecho que provoca enfrentamientos constantes entre el Maestro y sus discípulos varones que, no hay que olvidar, son hombres de su tiempo acostumbrados a minusvalorar y relegar a la mujer a un papel secundario. Jesús rompe con los tabúes vinculados a la separación de sexos, rompe con el desprecio a la mujer y con las normas sociales que la consideraban impura; al contravenir la tradición y las costumbres generó numerosos conflictos y fue objeto de duras críticas, no solo por los sectores más reaccionarios de la sociedad judía de su tiempo. María Magdalena, además, sostuvo económicamente a Jesús y sus discípulos, dado que todos habían dejado sus oficios para seguir al Maestro carecían de medios de subsistencia. María de Magdala y otras mujeres del grupo dotaron de financiación a la nueva secta surgida en torno al Nazareno con sus propios bienes; resultan, por tanto, figuras clave en el proceso de gestación del cristianismo y en el afianzamiento de las primeras comunidades, no simples comparsas.

La Magdalena permaneció al lado de Cristo incluso en el patíbulo. Mientras los varones huían cobardemente y negaban su vinculación con el Galileo, ella se mantuvo inquebrantable a su lado, ejemplo de lealtad y amor absolutos. Tras la muerte en la cruz, escondidos los apóstoles, los evangelios narran la resurrección de Cristo y su aparición a María de Magdala, a quien encomienda la misión de comunicar “la buena nueva”. Los textos canónicos la llaman entonces “compañera”, adjetivo exclusivamente empleado para ella que parece desvelar la relación existente entre Jesús y Magdalena. Así lo manifiestan numerosos teólogos, quienes sostienen una relación marital entre ambos. El Evangelio de Juan, el más cercano a los escritos gnósticos, ofrece pistas evidentes sobre la estrecha relación entre ambos, pistas mantenidas pese a las amputaciones y cambios posteriores en el texto. Las líneas que recogen el encuentro entre La Magdalena y Jesús al acudir ella a visitar el sepulcro para ungir su cuerpo yacente y encontrarlo vacío son muy claras al respecto; si se leen adecuadamente, reflejan una intimidad que trasciende la simple relación maestro-discípula.

El cristianismo en sus orígenes muestra una gran fragmentación entre grupos con ideas bien diferentes. La errónea comprensión de este tiempo pretende mostrar a las incipientes comunidades cristianas como un todo homogéneo y estático dotado de un credo concreto. Sin embargo, esta apreciación está muy alejada de la realidad histórica. Los dogmas no estaban definidos plenamente y no existía una teología cerrada, circunstancias que motivaron el nacimiento de diversos movimientos independientes, unos más ligados a la cultura judaica, y otros más influidos por cultos orientales o relacionados con la filosofía griega. Cualquiera de estas corrientes divergentes pudo fructificar como aglutinante de la nueva religión. Triunfó la línea liderada por Pedro y Pablo, la más cercana a la ortodoxia judía: siguiendo la tradición y la costumbre hebraica la mujer fue relegada y los principios femeninos despreciados, apartados del cristianismo. Si hubiera vencido otro sector, la Iglesia sería bien diferente en la actualidad. A partir del siglo IV, la corriente predominante, ya perfectamente jerarquizada y entrelazada con el poder político, con el Estado romano, consideró heréticos los restantes movimientos cristianos, dedicándose a la persecución implacable de todos ellos y a la eliminación sistemática de sus evangelios, no considerados veraces, canónicos.

Cerezos en flor.
Cerezos en flor.

La Magdalena, como líder de la tendencia cristiana gnóstica, y sus sucesores fueron acallados, urdiéndose en torno a ellos una red de mentiras perpetuadas hasta el presente. Los gnósticos centraban su doctrina en la búsqueda de la sabiduría, no en el pecado; en la introspección espiritual, no en el poder político y la jerarquía mundana; ligaban al hombre con Dios como partes indivisibles de un mismo todo, no como dos realidades opuestas y separadas; en definitiva una vía de conocimiento espiritual personal, pues en la ignorancia reside el origen del sufrimiento, y no un sendero de ocultaciones e intermediarios.

En la actualidad los estudios teológicos más innovadores muestran a una Magdalena bien diferente. Gracias a los nuevos datos aportados por los manuscritos encontrados, María de Magdala puede ser redefinida como la fundadora real del cristianismo, ya no es la penitente, sino el Apóstol entre apóstoles, cabeza visible de un movimiento iniciado por Jesús que rompe con las tradiciones y los prejuicios imperantes en su tiempo, que sitúa a la mujer en posición igualitaria con el hombre, que libera a la humanidad de viejos yugos; un movimiento de principios tan modernos y revolucionarios que aún no se han logrado.

 

Amanecer en el Valle del Jerte.
Amanecer en el Valle del Jerte.

Las primeras luces del amanecer muestran un nuevo espectáculo. Poco a poco la claridad se impone a la penumbra y el Valle del Jerte se ofrece en todo su esplendor. Asciende el sol animado por el canto de los mirlos y cada flor se torna maravilla luminosa. Millones de “copos” blancos, que con el pasó de los días se convertirán en dulces rubíes, cubren el valle y los montes. La fuerza de la primavera palpita en cada rincón contagiando hasta la última célula. Pese a haber dormido un par de horas, me siento cargado de energía, relajado, en sintonía con el espacio. Paseo entre cerezos, contemplo unos carbonerillos cuyo canto se mezcla con el sonido de las labores agrícolas. He de marchar ya, pero aún me detengo a observar el trabajo campesino. Degustar cada cereza debería ser un homenaje al esfuerzo de generaciones de agricultores, un esfuerzo titánico para convertir montes en vergeles, para ganar tierras en las que cultivar con mimo sus árboles.

Paisaje circundante.
Paisaje circundante.
Paisaje desde la ermita.
Paisaje desde la ermita.

Pienso en la música de Elizabeth Fraser como banda sonora de este momento, en concreto la canción Take me with you, una pequeña joya. Un crítico musical dijo de ella que si Dios cantara, lo haría con su voz. Volveré el año próximo a recargarme de la energía del Valle del Jerte, a compartir mi noche con los cerezos, a disfrutar de la luz de las estrellas y de un lugar singular consagrado a la Magdalena. Les hago una propuesta: ¿quieren acompañarme?

Río Jerte en las proximidades de la ermita.
Río Jerte en las proximidades de la ermita.

 

 

 

 

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San Nicolás, Valle de La Serena, donde las piedras se convierten en panes
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Víctor Gibello | 30-04-2014 | 15:51| 0
Vista general de San Nicolás./ Víctor Gibello
Vista general de San Nicolás./ Víctor Gibello

 VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DE LA MINA SAN NICOLÁS/ Autor: VÍCTOR GIBELLO

 

En la vida, unas veces se reciben piedras y otras veces panes; pero con el tiempo te das cuenta de que las piedras también eran panes”. Estas palabras llenas de sabiduría, que sólo pueden ser dichas por personas capaces de ver más allá de la simple realidad formal, fueron pronunciadas en 1989, en la India, por Vicente Ferrer en una conversación mantenida con Logan Gómez Chauvet.

Años después, Logan incluyó la cita en su libro Objetivo despertar. Las 112 técnicas de meditación ofrecidas por Shiva, un interesantísimo y recomendable trabajo en el que, a modo de viaje iniciático, el autor ofrece los profundos conocimientos adquiridos en compañía del maestro Swami Anad Shivaya, conocimientos contenidos, en parte, en el Vijnana Bherava Tantra, puestos a disposición de los lectores para hacerlos más comprensibles.

De Villanueva de La Serena, donde reside Logan, nos desplazamos a Valle de La Serena en busca de un nuevo Paraíso Olvidado, en esta ocasión un enclave diferente por su naturaleza a los tratados hasta el momento, pero poseedor de características y valores que lo hacen excepcional. Desde Valle han de recorrerse 6 kilómetros por la carretera que conecta la población con Puebla de la Reina, en dirección Suroeste, hasta llegar a una pista dispuesta a la izquierda de la vía. El camino, de unos 2 kilómetros, conduce a una explotación minera denominada San Nicolás, actualmente abandonada.

Vista de la finca./ Víctor Gibello
Vista de la finca./ Víctor Gibello

La mina alimentó durante casi un siglo las ilusiones y las esperanzas del pueblo y de las localidades vecinas. Con su cierre llegó la emigración, un fenómeno que afectó a Extremadura entera pero que en Valle dejó una profunda huella por su intensidad. Hoy, cuando el fantasma del paro ha regresado para sembrar el miedo en los hogares, se ha reabierto la herida nunca cerrada del todo del éxodo obligado por la necesidad. Son muchos los que desempolvan maletas del doblado y guardan en ellas sus sueños para sembrarlos en otros lugares más amables.

Los ojos de jóvenes y mayores han vuelto su mirada a la mina, buscando en ella el sustento que mantuvo a generaciones anteriores, que les trajo prosperidad y les permitió vivir en el lugar donde nacieron. No se trata de un mirar atrás nostálgico de un pasado mejor irrecuperable, sino ilusionado en un futuro posible. Si bien es cierto que la explotación minera ya no es sostenible económicamente tal como estaba planteada, de ahí que se cerrara a principios de los años 90’, el conjunto conservado puede convertirse en el revulsivo que la población necesita para activar su maltrecha economía.

Presa sobre Arroyo de la Coja y entorno./ Víctor Gibello
Presa sobre Arroyo de la Coja y entorno./ Víctor Gibello

Una adecuada gestión turística de los recursos mineros, industriales, arqueológicos, antropológicos y naturales que posee San Nicolás, recursos que conforman un conjunto heterogéneo pero perfectamente cohesionado, sería capaz de convertirse en un motor de desarrollo en La Serena, volviendo a situar a Valle en una posición preeminente en la comarca. Así lo cree el pueblo, así lo manifiesta su gente. Y es esa certeza la que ha llevado a la movilización social para reclamar de las instituciones su protección, conservación y puesta en valor. Diversos colectivos, entre ellos ADEPA VALLE S. (Asociación para la Defensa del Patrimonio de Valle de La Serena), han iniciado varias campañas tendentes a concienciar a la población y a las instituciones regionales de la valía de San Nicolás y de los peligros a los que se enfrenta su supervivencia, peligros que no sólo ponen en riesgo real su continuidad en el tiempo, sino también limitan las posibilidades de desarrollo, presentes y futuras, hecho que lastraría aún más las condiciones actuales de vida.

Cerro Martín Pérez./ Víctor Gibello
Cerro Martín Pérez./ Víctor Gibello

Se cuenta, casi como si de una leyenda se tratara, que en los primeros años del siglo XX tres amigos de Don Benito se fueron de caza al cerro Martín Pérez. Uno de ellos, agotada su munición, recogió unas pequeñas “bolitas” de gran dureza que encontró en el suelo y con ellas siguió disparando. Aquellas “bolitas” resultaron ser wolframio. En 1905 la concesión fue registrada por José Cazalet, quien obtuvo a lo largo del siguiente año también la propiedad de los filones vecinos. En 1907 Mina Tres Amigos, como fue bautizada, comenzó a ser explotada bajo arrendamiento por un empresario alemán. Tras diversos litigios por engaños e incumplimientos de contrato, Cazalet fundó con varios inversores la Sociedad Minera Tres Amigos, quien a partir de entonces se hará cargo directo de los trabajos.

Así se inicia una historia que ya ha superado el siglo de vida, una vida realmente interesante que, lejos de haber concluido, sigue activa. Repasémosla acompañados por la música del compositor islandés Jóhann Jóhannsson, en concreto del tema The cause of labour is the hope of the World, incluido en el disco The miners’ hymns, banda sonora de la película del mismo nombre dirigida por Bill Morrison.

Detalle acceso a galería./ Víctor Gibello
Detalle acceso a galería./ Víctor Gibello

Las concesiones mineras se extienden por una superficie de unas 95 hectáreas, se sitúan entre los montes denominados Martín Pérez y Cerro Barbero, cruzadas por el Arroyo de la Coja y rodeadas por dehesas dedicadas a la ganadería extensiva. San Nicolás, nombre con el que fue rebautizada la concesión desde los años 40’, es un paraíso minero. Los numerosos filones existentes en el subsuelo están compuestos por cuarzos con moscovita, fluorita, topacio, wolframio, casiterita, bismuto, molibdenita, estannina, bismutita, pirita, arsenopirita, esfalerita, pirrotina, calcopirita, cosalita, bismita, ferberita, sillenita, caolinita, escoradita, goethita, tantalita, y otros en cantidades menores.

Vista de galería minera./ Víctor Gibello
Vista de galería minera./ Víctor Gibello

La historia contemporánea de San Nicolás es una sucesión de altibajos, de crestas y valles, alternados en el tiempo, momentos expansivos con protagonismo internacional, vinculados a los conflictos bélicos que marcaron el trágico siglo XX, seguidos de paralizaciones de toda actividad. Ahora está sumida en una sima, pronto saldrá de ella para despuntar vigorosa.

La Sociedad Minera Tres Amigos comenzó la explotación en 1914. La producción de wolframio se exportaba a Europa, donde comenzó a demandarse con motivo de la Gran Guerra, la Primera Guerra Mundial. Tiempo después, durante la Guerra Civil española, la República absorbió la producción de la mina hasta el verano de 1938, momento en que las tropas franquistas se hicieron con el control de la zona.

Restos de arquitectura industrial./ Víctor Gibello
Restos de arquitectura industrial./ Víctor Gibello

Concluido el conflicto hispano, la concesión fue retirada al grupo Tres Amigos aduciendo la caducidad de la misma. Pese a los recursos interpuestos, en 1941 se hace con ella Román García de Blanes, quien cambia la denominación y constituye el Grupo Minero San Nicolás. A partir de entonces, la empresa alemana Sociedad Montes de Galicia toma las riendas del espacio bajo la fórmula de arrendamiento. Obviamente uno de los peajes pagados por el régimen de Franco a la Alemania nazi por su ayuda en la Guerra Civil fue poner en sus manos los recursos hispanos demandados por Berlín.

Durante los años de la Segunda Guerra Mundial, el wolframio se convirtió en un mineral estratégico de la industria bélica internacional. Este metal, gracias a sus cualidades, se incorporó a las aleaciones con las que se fabricaba el blindaje del armamento. Mientras que los Aliados tenían minas disponibles en América y Asia, Alemania, careciendo de ellas, precisaba de la producción extremeña. Resulta sorprendente pensar que, por ejemplo, las Panzerdivision de la Wehrmacht alemana que combatían en el frente soviético estaban hechas con material procedente de Valle de La Serena.

Acceso a escuela del poblado./ Víctor Gibello
Acceso a escuela del poblado./ Víctor Gibello

Los alemanes realizaron una importantísima inversión en San Nicolás, dotándola de medios y condiciones de trabajo hasta entonces desconocidos en el lugar, medios y organización propios de la principal mina de wolframio de Europa. Fueron construidos molinos y separadores de material, lavaderos, un funicular de 1 kilómetro de longitud entre la solana de la Sierra de Guadámez (donde se haya la mina Sastre) y el Cerro Martín Pérez, un poblado con más de 100 viviendas, una escuela, casa-cuartel, economato, oficinas, almacenes, etc.

Casa-cuartel Guardia Civil./ Víctor Gibello
Casa-cuartel Guardia Civil./ Víctor Gibello

En Valle de La Serena tuvieron lugar entre 1941 y 1944 acontecimientos que fueron mucho más allá de la esfera local para convertirse en hechos que afectaron significativamente a la Historia internacional, hechos poco conocidos, escasamente estudiados pero que tuvieron una singular relevancia en el desarrollo del conflicto bélico mundial, su investigación profunda podría dar lugar a varias tesis doctorales. Dada la necesidad extrema de la industria armamentística germana del wolframio de San Nicolás, los británicos trataron de sabotear la producción y el envío del material a Alemania. Para ello, en lugar de torpedear el proceso extractivo, cosa que hubiera requerido un operativo de éxito improbable, decidieron fomentar el mercado negro del mineral, multiplicando su valor de compra. Ante las expectativas de una buena ganancia se fue tejiendo un sistema corrupto en el que estuvieron implicadas todas las instancias y eslabones de la cadena de extracción, producción y transporte, un sistema en el que participaron desde los mineros hasta los mandatarios locales.

Restos de maquinaria conservados./ Víctor Gibello
Restos de maquinaria conservados./ Víctor Gibello

Todo servía para impedir la llegada del wolframio a las factorías alemanas. Las mujeres del pueblo transitaban los caminos por los que circulaban los camiones cargados de mineral, con cada bache saltaban fragmentos que eran guardados discretamente bajo el mandil. Los pantalones de los mineros tenían dobladillos preparados, bolsillos ocultos donde guardar los “bolos” (nombre con el que es conocido el mineral en la población). Se cuenta de directivos que derivaban parte de la producción hacia puertos equivocados. El precio logrado en el mercado negro podía multiplicar por 20 su valor. La riqueza local se benefició de la economía oficial tanto como de la sumergida; en plena posguerra española, cuando la supervivencia era la vida para la mayoría de los españoles, en Valle de La Serena había dos cines, tres bailes, el dinero fluía. Viejos mineros contaban las palizas propinadas por números de la Guardia Civil a todo aquel cazado con algún “bolo” no depositado en la vagoneta; sin embargo, decían, hasta los mandos de la Benemérita participaban del mercadeo. En Valle de La Serena tuvo lugar una batalla estratégica de la Segunda Guerra Mundial, una batalla sin tiros ni trincheras, pero crucial para el desarrollo del conflicto. Un volumen importante del mineral extraído nunca llegó a Alemania, sus armas no pudieron reforzarse con el wolframio vallejo, los Aliados ganaron la guerra…

Casa administrador./ Víctor Gibello
Casa administrador./ Víctor Gibello

Concluido el conflicto mundial, la producción fue paralizada por la Comisión Aliada que gestionaba los bienes de Alemania. Los obreros se quedaron sin salario, en la calle, la mina fue desmantelada. Tras tres años de incertidumbre, la explotación fue reabierta en 1947, gracias a la demanda internacional nacida con el inicio de la Guerra de Corea y a la loca carrera armamentística que supuso la llamada Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética y sus respectivos aliados. El trabajo fue realizado por empresas a las que la sociedad concesionaria, Minero Metalúrgica de La Serena, fundada por el ya citado Román García de Blanes, arrendó la explotación y, más tarde, por la propia Sociedad.

El alza mundial del precio del wolframio sumió la mina en un ambiente caótico durante estos años. La racionalidad con que se ejecutaron los trabajos en fases anteriores cedió terreno ante la necesidad de extraer la mayor cantidad y de cualquier modo posible. Entonces la mina llegó a contar con más de 500 trabajadores que, motivados por la posible ganancia, desatendían las medidas de seguridad más elementales: muchos se introducían en los filones en busca de mineral inmediatamente después de producirse las explosiones con las que se abrían las vetas, no dejaban que el polvo se asentara, la atmósfera irrespirable multiplicó los casos de silicosis y otras afecciones pulmonares. Con frecuencia, no se entibaban las galerías ni se sacaban los escombros para agilizar el proceso extractivo. Las condiciones de trabajo de los mineros empeoraron sustancialmente, cobraban por kilo obtenido, muchos días no había salario y estaban sin asegurar.

El último periodo de trabajo intenso sobre la mina se produjo entre 1969 y 1974. Después, durante los años 80’, hubo tímidas reactivaciones hasta su definitivo cierre en 1990.

Espacio de trabajo protohistórico junto a la fuente de la Coja./ Víctor Gibello
Espacio de trabajo protohistórico junto a la fuente de la Coja./ Víctor Gibello

Diversos estudios se están realizando en la actualidad para determinar la viabilidad económica de la extracción de algunos minerales. La realidad de hoy ha de ser enlazada con la historia de San Nicolás en el siglo XX, pero también con los ancestrales orígenes de la explotación minera del espacio. La parcela en la que se sitúa la concesión minera y su entorno circundante son muy ricos desde el punto de vista arqueológico, riqueza que indudablemente ha de ligarse a las potencialidades mineralógicas del espacio. Allí existen dólmenes, asentamientos protohistóricos, restos romanos y medievales. Junto al Arroyo de la Coja son perceptibles áreas de trabajo, de lavado y pulido del mineral que se remontan varios milenios atrás.

Paisaje circundante./ Víctor Gibello
Paisaje circundante./ Víctor Gibello

Estos importantes yacimientos, el paisaje en el que se insertan y todo el Patrimonio minero e industrial legado del siglo XX corren serio de riesgo de preservación. Su conservación está realmente amenazada. Durante los años 2013 y principios de 2014 han tenido lugar trabajos forestales que han dañado profundamente el conjunto, arrasando estructuras y construcciones intactas hasta entonces. Aprovechando el “río revuelto”, han tenido lugar expolios de maquinaria, instalaciones, vigas de construcciones, etc., para ser vendidas como simple chatarra. Estudios de hace escasos años del Instituto Minero y Geológico de España calificaban San Nicolás como uno de los conjuntos mineros mejor conservados del país. Esto ya es pasado. Los daños han sido muy significativos. Mientras en los países europeos de nuestro entorno se protege, valora y se explota el Patrimonio industrial, en nuestro país se permite su deterioro e incluso su eliminación injustificada con total impunidad.

Aparejo ciclópeo de recinto-torre./ Víctor Gibello

Aparejo ciclópeo de recinto-torre./ Víctor Gibello

Se afirma que el poder, en democracia, procede del pueblo. Si esto es verdad, no se está aceptando la voluntad del pueblo. Valle de La Serena, en pleno, lleva un año solicitando se respete San Nicolás, un símbolo de su identidad sin el cual no puede ser entendido. Un símbolo de su pasado, sí, pero también un cimiento esencial sobre el que asentar su futuro, un salvavidas de la esperanza tan necesitado en los tiempos difíciles que estamos viviendo. En Extremadura llueven piedras desde hace siglos, con esas piedras construimos el presente y tendemos puentes hacia el futuro, somos expertos en trabajarlas, en cuidarlas con mimo hasta que se convierten en panes, hasta que comprendemos que son panes que nos han alimentado el alma. En Valle de La Serena dos cerros de piedra fueron el pan y pueden seguir siendo su sustento.

Cierro este post con música de Chloé Bird, una excepcional cantante y compositora cacereña tan joven como brillante. Su presente ya es luminoso, pero le auguro un futuro plagado de creatividad exitosa. En la edición 2014 del festival Womad Cáceres podremos verla en directo, una excelente oportunidad para disfrutarla. Sin querer establecer comparaciones, pues Chloé tiene su identidad musical propia e independiente, su trabajo me recuerda por momentos a Regina Spektor o a Agnes Obel, dos artistas cuyo trabajo aprecio. Ella quizás no sepa que tiene una vinculación con San Nicolás: hace unos años su padre estuvo realizando un reportaje fotográfico por la mina y sintió especial admiración por el castillete del Pozo Maestro, una singular construcción que emerge sorprendente entre la vegetación. Les dejo con el tema Furtive lullaby, una nana para tranquilizarnos, para recuperar la fe en hallar la tierra prometida, esa tierra que es el hogar añorado.

Castillete de Pozo Maestro. / Víctor Gibello
Castillete de Pozo Maestro. / Víctor Gibello

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El aljibe de Altamirano, un sueño del agua quieta en Trujillo.
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Víctor Gibello | 30-04-2014 | 15:53| 0
Vista general del aljibe.
Vista general del aljibe./ Víctor Gibello

VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DEL ALJIBE ALTAMIRANO / Autor: VÍCTOR GIBELLO

Lazos sólidos me unen a Trujillo. Son lazos sentimentales y profesionales tejidos con esmero durante años, por momentos sutiles, por momentos palpables, que hacen que cada encuentro con la ciudad sea deseado, festivo. En los últimos tiempos se están haciendo aún más estables, en breve es posible que pueda contarles nuevos e importantes proyectos que protagonizan algunos de mis sueños más recientes.

La población se alza majestuosa sobre un extenso batolito. Domina la penillanura cacereño-trujillana desde una pequeña elevación que puede otearse desde kilómetros a la redonda. La contemplación en la distancia permite generar expectativas en el visitante, expectativas que crecen de kilómetro en kilómetro, que culminan a la llegada, donde no cabe un sólo sentimiento de decepción.

Muchos caminos llegan a Trujillo, desde todos ellos se alcanzan espléndidas vistas panorámicas. Me gusta especialmente la que se disfruta viniendo desde Cáceres, al oeste: las torres y la muralla medievales se alzan desafiantes, palacios y casas fuertes muestran orgullosos un poderío vetusto difícil de igualar, obras pétreas que parecen brotadas, como por arte de algún sortilegio, del áspero suelo rocoso al que se anclan; al fondo, las sierras de Gredos parecen asomarse curiosas al espectáculo, en invierno sus cumbres blanqueadas ayudan a diseñar un paisaje salido de cuento, máxime cuando el verdor del musgo rebrotado con las lluvias tapiza con intensidad cada roca.

Todo Trujillo ha sido durante demasiados años un Paraíso Olvidado. Parecía abandonado a su suerte, desplazado a una posición inmerecida, condenado al abandono. Es posible que no haya población en Extremadura con tantos merecimientos como Trujillo para ser el centro turístico y cultural principal: un enclave monumental espectacular como pocos en Europa, una ciudad histórica en la que el Patrimonio no se ha convertido en un burdo parque temático o en un conjunto de fachadas pintorescas, sino una localidad viva, una villa española en la que la presencia americana se palpa en muchos de sus rincones. Sin embargo, todos sus innegables y exclusivos valores han sido, en cierto modo, despreciados, ninguneados, relegados. Aires nuevos están soplando para cambiar esta inercia de años.

Recientemente Trujillo ha presentado su candidatura para ser declarada bien Patrimonio de la Humanidad, petición que llega tarde, demasiado tarde y, desde mi punto de vista, inadecuada metodológica y conceptualmente hablando. La ciudad ha concurrido en compañía de Plasencia y de Monfragüe, hecho que, lejos de reforzar la candidatura, ha supuesto un lastre que ha arruinado sus evidentes opciones. No se trata de añadir elementos, por muy interesantes que puedan ser (de hecho los compañeros de viaje eran de primer nivel); postularse a Ciudad Patrimonio de la Humanidad requiere otro tipo de enfoque, más claro y preciso, adecuado para mostrar las características que hacen de Trujillo un enclave único.

Trujillo ha de volver a presentarse ante la UNESCO con nuevos planteamientos, pero esta vez por sí sola, por favor, mostrando todos y cada uno de los valores que atesora, arqueológicos, históricos, paisajísticos, esos valores que la convierten en excepcional y que la deben hacer merecedora de reconocimiento y protección internacional. Si se prepara una candidatura adecuada, dadas sus cualidades excepcionales, el éxito está asegurado.

Recorrer las calles sin prisa, a diferentes horas del día y de la noche, en distintas  estaciones, prestar atención a los detalles, los visibles y los ocultos, sumergirse en las múltiples culturas que han dejado allí su huella de forma indeleble, degustar sonidos y olores, tocar la piedra, ora tallada y pulida por el hombre y el tiempo, ora simplemente devastada, deambular sin rumbo, caminar sin saber qué buscar porque aquí, lo buscado sabe que lo es y sale al encuentro. Esas son mis recomendaciones.

Trujillo requeriría un blog completo para dar a conocer su Patrimonio, el inventariado y el poco conocido, el monumental y el arqueológico, el natural y el realizado por el hombre, el situado en el casco urbano y el existente en el término municipal, en pleno campo. Por dónde comenzar con tan ingente tarea se ha convertido en la pregunta más repetida a la hora de afrontar este post. Quizás me ayude la música de Patrick Cassidy a tomar una decisión, por ejemplo la pieza que utilizó Terrence Malick como parte de la banda sonora de la película El Árbol de la Vida.

Vista general desde Plazuela de Altamirano.
Vista general desde Plazuela de Altamirano./ Víctor Gibello

 

Después de mucho deliberar, he decidido responder a la duda de forma atípica, no podía ser de otra forma, con un monumento que pasa desapercibido; en parte, apabullado por otros inmuebles y espacios más reconocidos por el público, y, en parte, por estar semioculto, casi camuflado, entre el caserío circundante del cual parece formar parte.

Acceso al aljibe de Altamirano.
Acceso al aljibe de Altamirano./ Víctor Gibello

 

Voy a hablarles del aljibe de Altamirano, una construcción sorprendente en la que se aúnan el agua y la piedra, la necesidad y los sueños, el cielo y la tierra. Se sitúa en la plazuela de los Altamirano, también llamada, según me informa Marco Antonio Alvarado, uno de los lectores que este blog tiene la fortuna de que lo sigan, de los Moritos o de los Moriscos. Una pequeña puerta rompe una construcción maciza de mampostería granítica, no es original, se trata de una licencia contemporánea para facilitar el acceso al edificio. Sobre ella, una cartela indica de forma lacónica: “Aljibe árabe. S. X”. Curiosamente, mucho podría decirse de tan escueta nota. Como sintética crítica a su redactor debo indicar que las construcciones de época islámica no tienen porqué ser árabes, pues lo árabe no es compendio de lo islámico; árabe define un origen, islámico designa una cultura en sentido amplio. Determinar su edificación en el siglo X sin realizar un trabajo arqueológico en profundidad es más que aventurado, una simple suposición inconsistente, que vale tanto como cualquier otra fecha que pudiera darse.

Escalera de entrada.
Escalera de entrada./ Víctor Gibello

 

Bajamos unos peldaños, abrimos la puerta y un mundo nuevo se presenta ante nuestros ojos, un mundo sumamente silencioso, plácido, en penumbra. Hay que descender una empinada escalera para introducirse en este ámbito subterráneo. Según bajamos, los sonidos de la calle se amortiguan y aparecen otros más sutiles: pequeñas gotas de agua golpeando la superficie dormida desde la altura de las luceras, sonido de gruta más que de edificio, que nos transporta muy atrás en el tiempo gracias a la memoria de milenios que portamos en nuestros genes. Pálidos rayos de luz se filtran desde los tres brocales que en su día alimentaban de agua el aljibe y que, a la vez, permitían su extracción. Los tres brocales se ubican sobre la cubierta, inclinada hacia el centro que funciona como un embudo capaz de absorber toda la lluvia caída.

Lucera abierta en la bóveda.
Lucera abierta en la bóveda./ Víctor Gibello

 

La luz se refleja en el agua y duerme con ella. Cuando el agua se aquieta, sueña con reposar en aljibes como el Altamirano, sueña con descansar de su ajetreo constante de estados y paisajes; recuerda el manantial, el río y el mar que es, pero en su quietud se vuelve espejo, cristal. Es necesario detenerse y esperar a que los ojos se adapten a la escasa iluminación, merece la pena ese tiempo de espera, ese descubrir el espacio con luz escasa que ayuda a amplificar la sensación de lugar ancestral.

Pasarela.
Pasarela./ Víctor Gibello

 

La escalera conecta con una pasarela que permite el tránsito por la sala; ambas son obras contemporáneas de una tosquedad y una rotundidad innecesarias, derroches de piedra y cemento en un entorno que precisa de elementos más ligeros. Hace unos años planteamos un proyecto de restauración integral del inmueble en el que también se eliminaban estos añadidos, por desgracia la propuesta quedó en dique seco, aparcada a la espera de tiempos mejores, o más respetuosos y afectivos con nuestra herencia cultural.

Detalle de arco y escalera.
Detalle de arco y escalera./ Víctor Gibello

 

La planta del aljibe se aproxima al cuadrado, está estructurada en tres naves separadas por galerías compuestas de tres arcos que apoyan sobre sólidos pilares cuadrangulares. El número tres se repite también en el número de luceras, una por nave. Bóvedas de cañón peraltado cierran cada nave, dispuestas aproximadamente en sentido Norte – Sur.

El edificio, excavado íntegramente en la dura roca granítica del subsuelo trujillano, fue impermeabilizado del piso al techo con un revestimiento hidráulico realizado con cal, de tonalidad rojiza, a la almagra, que es como lo denominamos. Fruto de obras modernas poco delicadas se le eliminó o enmascaró el aliviadero, hueco por el que rebosaba el agua cuando alcanzaba un nivel determinado que impedía el colapso de la estructura.

Aspecto del interior.
Aspecto del interior./ Víctor Gibello

 

Aljibe es un término procedente del árabe al-yubb, su significado viene a ser el de un depósito para recoger agua, generalmente cubierto por una bóveda. Es indudable la ligazón del aljibe Altamirano con la cultura islámica; sin embargo, se desconoce el momento concreto de su construcción. Trujillo, la Turyilu musulmana fue uno de los enclaves más importantes de la Marca Inferior. Su protagonismo arranca en época emiral (siglo VIII) y se mantiene hasta la conquista cristiana (siglo XIII). Durante la fase de dominio almohade (siglos XII – XIII) fue uno de los emplazamientos militares más destacados, verdadera punta de lanza junto a Cáceres de la frontera.

En algún momento de este amplio lapso temporal se erigió el aljibe para abastecer de agua este sector de la ciudad musulmana. Si hubiera de inclinarme por una cronología, me aventuraría por una etapa temprana (siglo IX), pues el inmueble posee algunas de las características formales propias de las obras de este tiempo, pero esta es una simple opinión carente de base arqueológica.

Reflejos.
Reflejos./ Víctor Gibello

 

El tiempo se escapa sin darnos cuenta, hipnotizados mirando el agua, confundidos con los reflejos que no permiten saber qué es real y qué un simple espejismo. Por momentos el edificio parece surgido de la mente del artista holandés M. C. Escher, las imágenes creadas en el agua dificultan la percepción de si las escaleras duplicadas suben o bajan, de si las bóvedas están donde se encuentra el suelo o a la inversa, de dónde comienzan y terminan arcos y pilares. Es un ámbito misterioso como pocos, que facilita que nuestra imaginación se expanda envueltos en los tonos rojizos que arranca la luz difusa a la penumbra.

Lo real y su imagen se confunden.
Lo real y su imagen se confunden./ Víctor Gibello

 

El espejo, los reflejos, la unión de techo y suelo en una imagen tan irreal como visible ayudan a recordar y a dar sentido a uno de los principios fundamentales de la Tradición Hermética: “como es arriba, es abajo”.

Pasaríamos horas en serena contemplación, especialmente en verano, cuando el calor en el exterior suele ser sofocante. Me cuentan que en las noches estivales el vecindario se sentaba sobre la cubierta, próximo a los brocales, para aprovechar el frescor desprendido de las profundidades.

Cuando lo visiten, cosa que puede hacerse solicitándolo en la Oficina de Turismo de Trujillo, donde serán atendidos con amabilidad, háganlo sin luz artificial y aprovechen el momento de reposo para hacer algo muy necesario: dejar volar la imaginación. Para prolongar el reposo, les dejo con la música de Eluvium. Volveremos a nuestra querida Trujillo.

Curiosas composiciones de luz y color.
Curiosas composiciones de luz y color./ Víctor Gibello
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Las fuentes siguen cantando en el Revellao (Badajoz)
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Víctor Gibello | 30-04-2014 | 15:55| 0
Aguas manando en el Revellao.
Aguas manando en el Revellao./ Víctor Gibello

VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DE EL REVELLAO (II). / Autor: VÍCTOR GIBELLO

 

Allí, donde el agua mana cristalina, donde las fuentes cantan incluso en el estío más profundo, allí, donde la tierra es oscura, fértil, donde el trigo y la cebada son mecidos con suavidad por el viento, allí, el hombre encontró un hogar donde establecerse desde el neolítico, un hogar que no ha abandonado desde entonces.

Esta, que podría pasar por una descripción del Paraíso, es la imagen que proyecta un rincón del término municipal de Badajoz, próximo a Valverde de Leganés, denominado Revellao. Sí, han leído bien, Badajoz. Lejos de los tópicos y los estereotipos, muchas veces malintencionados y siempre empobrecedores, las tierras badajocenses son generosas y diversas. Sus paisajes están aún por explotar turísticamente, quizás porque hasta sus administradores han sido incapaces de desprenderse del peso de los tópicos dañinos, desde hace años reclaman una adecuada gestión que invite a olvidar las prisas de nuestra sociedad, a decelerar en busca de la autenticidad atesorada por sus campos, por sus monumentos, por sus gentes.

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Una mezquita perdida, un aljibe olvidado. La Casa de las Veletas, Museo de Cáceres.
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Víctor Gibello | 30-04-2014 | 15:56| 4
Detalle de traza de arcos de herradura
Detalle de traza de arcos de herradura./ Víctor Gibello

VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DE LA MEZQUITA – ALJIBE DE CÁCERES. / Autor: VÍCTOR GIBELLO

Cuando llegué a casa, mi madre cantaba “Dos gardenias para ti”, lo recuerdo perfectamente. Yo tenía 10 años, regresaba feliz del colegio. Aquella mañana, el maestro, sin previo aviso, había decidido sacarnos de la escuela y llevarnos de excursión a un lugar fascinante. Se lo agradeceré siempre. Quizás la emoción intensa del descubrimiento y la pasión por la Arqueología, el Arte y la Historia se introdujeron en mí ese día, quizás el acceso a un mundo desconocido, sorprendente y misterioso despertó impulsos dormidos, o puede que, sin darme cuenta, se abriera una puerta que aún se mantiene de par en par, una puerta que permite el tránsito a mundos pasados pero todavía presentes en nosotros. Si alguien me hubiera dicho entonces que en el futuro realizaría en el aljibe de la Casa de las Veletas, en el Museo de Cáceres, un trabajo de investigación encargado por el Ministerio de Cultura, no lo habría creído. Así se construye la vida, ella teje sus hilos mientras nosotros hacemos otros planes. En 2003, la cantante brasileña Maria Rita, hija de Elis Regina, realizó una actualización electrónica de “Dos Gardenias para ti”, tema interpretado tantas veces por Machín y Omara Portuondo, entre otros. Iniciemos el post con ella, puede que no le guste esta versión a mi madre…

El casco histórico de Cáceres asombra por diversas razones. Algunas, como la espectacularidad del conjunto conservado, son obvias; otras, son menos conocidas pero igualmente sorprendentes. Entre estas últimas hay que señalar la escasez de estudios monográficos, tanto del núcleo intramuros, como de sus monumentos más destacados. ¿Cómo es posible que la “ciudad antigua”, la “Parte Antigua”, en expresión local, haya generado tan escasa literatura científica? Es una pregunta difícil de responder.

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El Castellar, origen y destino de Zafra
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Víctor Gibello | 30-04-2014 | 15:57| 1
Sierra de El Castellar vista desde la ermita de Belén
Sierra de El Castellar vista desde la ermita de Belén./ Víctor Gibello

VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DE El CASTELLAR, ZAFRA. / Autor: VÍCTOR GIBELLO

 

Se miran de soslayo, con recelo, distantes. Fingen indiferencia. Juegan a ignorarse. Por puro orgullo, permanecen dándose la espalda. Pareciera como si el mutuo reconocimiento les restara protagonismo. Así son de altivas. Así son de inconscientes. Durante siglos nada ha cambiado, como titula Tricky su canción Nothing’s changed.

Mientras preparaba material para este post, en plena búsqueda de datos en documentos, libros y artículos, recibí una llamada: un colega, Pedro Carretero, me invitaba a impartir una conferencia en Zafra sobre Patrimonio olvidado en la población, dándome libertad para escoger el tema. Si creyera en las casualidades, esta sería una de ellas. Pero ya conocen mi opinión, las casualidades no existen. Acepté encantado el ofrecimiento y propuse hablar del yacimiento conocido como El Castellar, un enclave singular abandonado a su suerte desde el siglo XIII.

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Santiago de Bencáliz, una parada para la reflexión junto a la Vía de la Plata
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Víctor Gibello | 01-10-2013 | 11:31| 8
Vista de la ermita de Santiago desde el este./ Víctor Gibello
Vista de la ermita de Santiago desde el este./ Víctor Gibello

 VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DE SANTIAGO DE BENCÁLIZ. / Autor: VÍCTOR GIBELLO

 

Él es un ejemplo vivo de cómo esta tierra descuida a la mayoría de sus mejores hijos, de cómo menosprecia el arte de sus creadores y se desentiende de su Patrimonio Cultural, tanto histórico como contemporáneo. Es una historia suicida repetida una y otra vez durante siglos, un bucle melancólico que hemos de romper, cuanto antes. Su música nos acompañará hoy.

Guillermo Alonso Iriarte es un compositor y pianista cacereño, un genio cuya desbordada creatividad está a la altura de su elevada calidad humana. Posee numerosos premios nacionales e internacionales logrados desde que era un adolescente. A los 18 años ganó, por oposición estatal, plaza como profesor de conservatorio, sus obras han sido estrenadas por algunos de los principales intérpretes para piano de nuestro tiempo, entre ellos, Maria João Pires. Pese a su impecable currículum y consideración artística internacional, es un desconocido en Extremadura. Vive en Cáceres, lugar que no quiere abandonar, aunque ofertas para trasladarse a interesantes destinos no le faltan.

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La Casa de la Sierra, un puesto de mando avanzado de la República en el Frente Extremeño
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Víctor Gibello | 06-08-2013 | 11:33| 2
Hoy los cardos son los únicos vigilantes de la puerta./ Víctor Gibello
Hoy los cardos son los únicos vigilantes de la puerta./ Víctor Gibello

VER TODA LA GALERÍA DE LA CASA DE LA SIERRA, DON BENITO. / Autor: VÍCTOR GIBELLO

 

Hay hallazgos inesperados, descubrimientos que parecen aguardarnos pacientes y a los que parecemos ajenos. Las búsquedas, de cualquier naturaleza, suelen deparar encuentros que no siempre se corresponden con el motivo que las generó, pero que estaban dispuestos allí, quién sabe por qué, ofreciéndose a nosotros para que los diéramos a conocer.

Hace algunos años, en busca de lo que no encontré, hallé un tesoro histórico dormido en Don Benito. Una joya merecedora de conservación que en este tiempo ha languidecido hasta tal extremo, que su sueño parece casi una muerte de olvido, una joya que se deshace, que pierde su pétalos como flor agostada, que parece condenada a una desaparición inminente. Quizás no seamos merecedores de las herencias que dilapidamos, quizás seamos indignos depositarios de un legado que destruimos o que arruinamos con nuestra indiferencia.

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El Canchal de los Ojos, un enigma por resolver en las inmediaciones de Piedras Albas
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Víctor Gibello | 27-06-2013 | 19:19| 18
Vista general del Canchal de los Ojos o Peña Buraca./ Víctor Gibello
Vista general del Canchal de los Ojos o Peña Buraca./ Víctor Gibello

VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DEL CANCHAL DE LOS OJOS. / Autor: VÍCTOR GIBELLO

Escuché hablar de ella hace años. Las descripciones la dibujaban con trazos envueltos en el misterio. Los más obvios comentaban su apariencia pintoresca y su forma moldeada, queriendo ver semejanzas con elementos dispares y variopintos. Los más osados pretendían apreciar vinculaciones esotéricas y ligazones con antiguos rituales surgidos de la fantasía. Hubo quienes escudriñaron la zona, y todavía lo hacen, en pos de leyendas y deidades inventadas, buscando ecos de ceremoniales imaginados, impregnados en la piedra por siglos.

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El Revellao, la puerta neolítica a un camino para el alma
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Víctor Gibello | 27-06-2013 | 19:14| 2

 

Dolmen del Revellao./ Víctor Gibello
Dolmen del Revellao./ Víctor Gibello

VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DEL DOLMEN DEL REVELLAO, BADAJOZ. / Autor: VÍCTOR GIBELLO

Una importante agencia nacional de noticias publicaba una información sorprendente. Con cierta incredulidad, extrañado, la leí por segunda vez. El escueto artículo indicaba la existencia de un dolmen en buen estado de conservación propiedad de una fundación, entidad que lo ofrecía para disfrute público y que solicitaba ayuda a las instituciones para su estudio y puesta en valor.

No sé qué me asombró más, si mi desconocimiento del bien arqueológico o la atípica y generosa propuesta de la propiedad. Decidí investigar, contacté con responsables de la fundación y acordamos reunirnos unos días más tarde.

Me desplacé a Badajoz, a la sede de la organización, donde fui acogido con amabilidad y simpatía por el presidente, Pedro Arias, y la gerente, Mercedes Arias. La Fundación Hija de Pepe Reyes, Dolores Bas de Arús nació por deseo expreso de Dolores Bas, quien legó la totalidad de su patrimonio para mejorar la vida de las personas más necesitadas de Badajoz. Desde su creación, la fundación ha prestado su ayuda a las tres asociaciones beneficiarias vinculadas: Aprosuba-3 de Badajoz, Asociación Española Contra el Cáncer y Hermanitas de los Ancianos Desamparados.

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