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San Nicolás, Valle de La Serena, donde las piedras se convierten en panes
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Víctor Gibello | 30-04-2014 | 15:51| 0
Vista general de San Nicolás./ Víctor Gibello
Vista general de San Nicolás./ Víctor Gibello

 VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DE LA MINA SAN NICOLÁS/ Autor: VÍCTOR GIBELLO

 

En la vida, unas veces se reciben piedras y otras veces panes; pero con el tiempo te das cuenta de que las piedras también eran panes”. Estas palabras llenas de sabiduría, que sólo pueden ser dichas por personas capaces de ver más allá de la simple realidad formal, fueron pronunciadas en 1989, en la India, por Vicente Ferrer en una conversación mantenida con Logan Gómez Chauvet.

Años después, Logan incluyó la cita en su libro Objetivo despertar. Las 112 técnicas de meditación ofrecidas por Shiva, un interesantísimo y recomendable trabajo en el que, a modo de viaje iniciático, el autor ofrece los profundos conocimientos adquiridos en compañía del maestro Swami Anad Shivaya, conocimientos contenidos, en parte, en el Vijnana Bherava Tantra, puestos a disposición de los lectores para hacerlos más comprensibles.

De Villanueva de La Serena, donde reside Logan, nos desplazamos a Valle de La Serena en busca de un nuevo Paraíso Olvidado, en esta ocasión un enclave diferente por su naturaleza a los tratados hasta el momento, pero poseedor de características y valores que lo hacen excepcional. Desde Valle han de recorrerse 6 kilómetros por la carretera que conecta la población con Puebla de la Reina, en dirección Suroeste, hasta llegar a una pista dispuesta a la izquierda de la vía. El camino, de unos 2 kilómetros, conduce a una explotación minera denominada San Nicolás, actualmente abandonada.

Vista de la finca./ Víctor Gibello
Vista de la finca./ Víctor Gibello

La mina alimentó durante casi un siglo las ilusiones y las esperanzas del pueblo y de las localidades vecinas. Con su cierre llegó la emigración, un fenómeno que afectó a Extremadura entera pero que en Valle dejó una profunda huella por su intensidad. Hoy, cuando el fantasma del paro ha regresado para sembrar el miedo en los hogares, se ha reabierto la herida nunca cerrada del todo del éxodo obligado por la necesidad. Son muchos los que desempolvan maletas del doblado y guardan en ellas sus sueños para sembrarlos en otros lugares más amables.

Los ojos de jóvenes y mayores han vuelto su mirada a la mina, buscando en ella el sustento que mantuvo a generaciones anteriores, que les trajo prosperidad y les permitió vivir en el lugar donde nacieron. No se trata de un mirar atrás nostálgico de un pasado mejor irrecuperable, sino ilusionado en un futuro posible. Si bien es cierto que la explotación minera ya no es sostenible económicamente tal como estaba planteada, de ahí que se cerrara a principios de los años 90’, el conjunto conservado puede convertirse en el revulsivo que la población necesita para activar su maltrecha economía.

Presa sobre Arroyo de la Coja y entorno./ Víctor Gibello
Presa sobre Arroyo de la Coja y entorno./ Víctor Gibello

Una adecuada gestión turística de los recursos mineros, industriales, arqueológicos, antropológicos y naturales que posee San Nicolás, recursos que conforman un conjunto heterogéneo pero perfectamente cohesionado, sería capaz de convertirse en un motor de desarrollo en La Serena, volviendo a situar a Valle en una posición preeminente en la comarca. Así lo cree el pueblo, así lo manifiesta su gente. Y es esa certeza la que ha llevado a la movilización social para reclamar de las instituciones su protección, conservación y puesta en valor. Diversos colectivos, entre ellos ADEPA VALLE S. (Asociación para la Defensa del Patrimonio de Valle de La Serena), han iniciado varias campañas tendentes a concienciar a la población y a las instituciones regionales de la valía de San Nicolás y de los peligros a los que se enfrenta su supervivencia, peligros que no sólo ponen en riesgo real su continuidad en el tiempo, sino también limitan las posibilidades de desarrollo, presentes y futuras, hecho que lastraría aún más las condiciones actuales de vida.

Cerro Martín Pérez./ Víctor Gibello
Cerro Martín Pérez./ Víctor Gibello

Se cuenta, casi como si de una leyenda se tratara, que en los primeros años del siglo XX tres amigos de Don Benito se fueron de caza al cerro Martín Pérez. Uno de ellos, agotada su munición, recogió unas pequeñas “bolitas” de gran dureza que encontró en el suelo y con ellas siguió disparando. Aquellas “bolitas” resultaron ser wolframio. En 1905 la concesión fue registrada por José Cazalet, quien obtuvo a lo largo del siguiente año también la propiedad de los filones vecinos. En 1907 Mina Tres Amigos, como fue bautizada, comenzó a ser explotada bajo arrendamiento por un empresario alemán. Tras diversos litigios por engaños e incumplimientos de contrato, Cazalet fundó con varios inversores la Sociedad Minera Tres Amigos, quien a partir de entonces se hará cargo directo de los trabajos.

Así se inicia una historia que ya ha superado el siglo de vida, una vida realmente interesante que, lejos de haber concluido, sigue activa. Repasémosla acompañados por la música del compositor islandés Jóhann Jóhannsson, en concreto del tema The cause of labour is the hope of the World, incluido en el disco The miners’ hymns, banda sonora de la película del mismo nombre dirigida por Bill Morrison.

Detalle acceso a galería./ Víctor Gibello
Detalle acceso a galería./ Víctor Gibello

Las concesiones mineras se extienden por una superficie de unas 95 hectáreas, se sitúan entre los montes denominados Martín Pérez y Cerro Barbero, cruzadas por el Arroyo de la Coja y rodeadas por dehesas dedicadas a la ganadería extensiva. San Nicolás, nombre con el que fue rebautizada la concesión desde los años 40’, es un paraíso minero. Los numerosos filones existentes en el subsuelo están compuestos por cuarzos con moscovita, fluorita, topacio, wolframio, casiterita, bismuto, molibdenita, estannina, bismutita, pirita, arsenopirita, esfalerita, pirrotina, calcopirita, cosalita, bismita, ferberita, sillenita, caolinita, escoradita, goethita, tantalita, y otros en cantidades menores.

Vista de galería minera./ Víctor Gibello
Vista de galería minera./ Víctor Gibello

La historia contemporánea de San Nicolás es una sucesión de altibajos, de crestas y valles, alternados en el tiempo, momentos expansivos con protagonismo internacional, vinculados a los conflictos bélicos que marcaron el trágico siglo XX, seguidos de paralizaciones de toda actividad. Ahora está sumida en una sima, pronto saldrá de ella para despuntar vigorosa.

La Sociedad Minera Tres Amigos comenzó la explotación en 1914. La producción de wolframio se exportaba a Europa, donde comenzó a demandarse con motivo de la Gran Guerra, la Primera Guerra Mundial. Tiempo después, durante la Guerra Civil española, la República absorbió la producción de la mina hasta el verano de 1938, momento en que las tropas franquistas se hicieron con el control de la zona.

Restos de arquitectura industrial./ Víctor Gibello
Restos de arquitectura industrial./ Víctor Gibello

Concluido el conflicto hispano, la concesión fue retirada al grupo Tres Amigos aduciendo la caducidad de la misma. Pese a los recursos interpuestos, en 1941 se hace con ella Román García de Blanes, quien cambia la denominación y constituye el Grupo Minero San Nicolás. A partir de entonces, la empresa alemana Sociedad Montes de Galicia toma las riendas del espacio bajo la fórmula de arrendamiento. Obviamente uno de los peajes pagados por el régimen de Franco a la Alemania nazi por su ayuda en la Guerra Civil fue poner en sus manos los recursos hispanos demandados por Berlín.

Durante los años de la Segunda Guerra Mundial, el wolframio se convirtió en un mineral estratégico de la industria bélica internacional. Este metal, gracias a sus cualidades, se incorporó a las aleaciones con las que se fabricaba el blindaje del armamento. Mientras que los Aliados tenían minas disponibles en América y Asia, Alemania, careciendo de ellas, precisaba de la producción extremeña. Resulta sorprendente pensar que, por ejemplo, las Panzerdivision de la Wehrmacht alemana que combatían en el frente soviético estaban hechas con material procedente de Valle de La Serena.

Acceso a escuela del poblado./ Víctor Gibello
Acceso a escuela del poblado./ Víctor Gibello

Los alemanes realizaron una importantísima inversión en San Nicolás, dotándola de medios y condiciones de trabajo hasta entonces desconocidos en el lugar, medios y organización propios de la principal mina de wolframio de Europa. Fueron construidos molinos y separadores de material, lavaderos, un funicular de 1 kilómetro de longitud entre la solana de la Sierra de Guadámez (donde se haya la mina Sastre) y el Cerro Martín Pérez, un poblado con más de 100 viviendas, una escuela, casa-cuartel, economato, oficinas, almacenes, etc.

Casa-cuartel Guardia Civil./ Víctor Gibello
Casa-cuartel Guardia Civil./ Víctor Gibello

En Valle de La Serena tuvieron lugar entre 1941 y 1944 acontecimientos que fueron mucho más allá de la esfera local para convertirse en hechos que afectaron significativamente a la Historia internacional, hechos poco conocidos, escasamente estudiados pero que tuvieron una singular relevancia en el desarrollo del conflicto bélico mundial, su investigación profunda podría dar lugar a varias tesis doctorales. Dada la necesidad extrema de la industria armamentística germana del wolframio de San Nicolás, los británicos trataron de sabotear la producción y el envío del material a Alemania. Para ello, en lugar de torpedear el proceso extractivo, cosa que hubiera requerido un operativo de éxito improbable, decidieron fomentar el mercado negro del mineral, multiplicando su valor de compra. Ante las expectativas de una buena ganancia se fue tejiendo un sistema corrupto en el que estuvieron implicadas todas las instancias y eslabones de la cadena de extracción, producción y transporte, un sistema en el que participaron desde los mineros hasta los mandatarios locales.

Restos de maquinaria conservados./ Víctor Gibello
Restos de maquinaria conservados./ Víctor Gibello

Todo servía para impedir la llegada del wolframio a las factorías alemanas. Las mujeres del pueblo transitaban los caminos por los que circulaban los camiones cargados de mineral, con cada bache saltaban fragmentos que eran guardados discretamente bajo el mandil. Los pantalones de los mineros tenían dobladillos preparados, bolsillos ocultos donde guardar los “bolos” (nombre con el que es conocido el mineral en la población). Se cuenta de directivos que derivaban parte de la producción hacia puertos equivocados. El precio logrado en el mercado negro podía multiplicar por 20 su valor. La riqueza local se benefició de la economía oficial tanto como de la sumergida; en plena posguerra española, cuando la supervivencia era la vida para la mayoría de los españoles, en Valle de La Serena había dos cines, tres bailes, el dinero fluía. Viejos mineros contaban las palizas propinadas por números de la Guardia Civil a todo aquel cazado con algún “bolo” no depositado en la vagoneta; sin embargo, decían, hasta los mandos de la Benemérita participaban del mercadeo. En Valle de La Serena tuvo lugar una batalla estratégica de la Segunda Guerra Mundial, una batalla sin tiros ni trincheras, pero crucial para el desarrollo del conflicto. Un volumen importante del mineral extraído nunca llegó a Alemania, sus armas no pudieron reforzarse con el wolframio vallejo, los Aliados ganaron la guerra…

Casa administrador./ Víctor Gibello
Casa administrador./ Víctor Gibello

Concluido el conflicto mundial, la producción fue paralizada por la Comisión Aliada que gestionaba los bienes de Alemania. Los obreros se quedaron sin salario, en la calle, la mina fue desmantelada. Tras tres años de incertidumbre, la explotación fue reabierta en 1947, gracias a la demanda internacional nacida con el inicio de la Guerra de Corea y a la loca carrera armamentística que supuso la llamada Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética y sus respectivos aliados. El trabajo fue realizado por empresas a las que la sociedad concesionaria, Minero Metalúrgica de La Serena, fundada por el ya citado Román García de Blanes, arrendó la explotación y, más tarde, por la propia Sociedad.

El alza mundial del precio del wolframio sumió la mina en un ambiente caótico durante estos años. La racionalidad con que se ejecutaron los trabajos en fases anteriores cedió terreno ante la necesidad de extraer la mayor cantidad y de cualquier modo posible. Entonces la mina llegó a contar con más de 500 trabajadores que, motivados por la posible ganancia, desatendían las medidas de seguridad más elementales: muchos se introducían en los filones en busca de mineral inmediatamente después de producirse las explosiones con las que se abrían las vetas, no dejaban que el polvo se asentara, la atmósfera irrespirable multiplicó los casos de silicosis y otras afecciones pulmonares. Con frecuencia, no se entibaban las galerías ni se sacaban los escombros para agilizar el proceso extractivo. Las condiciones de trabajo de los mineros empeoraron sustancialmente, cobraban por kilo obtenido, muchos días no había salario y estaban sin asegurar.

El último periodo de trabajo intenso sobre la mina se produjo entre 1969 y 1974. Después, durante los años 80’, hubo tímidas reactivaciones hasta su definitivo cierre en 1990.

Espacio de trabajo protohistórico junto a la fuente de la Coja./ Víctor Gibello
Espacio de trabajo protohistórico junto a la fuente de la Coja./ Víctor Gibello

Diversos estudios se están realizando en la actualidad para determinar la viabilidad económica de la extracción de algunos minerales. La realidad de hoy ha de ser enlazada con la historia de San Nicolás en el siglo XX, pero también con los ancestrales orígenes de la explotación minera del espacio. La parcela en la que se sitúa la concesión minera y su entorno circundante son muy ricos desde el punto de vista arqueológico, riqueza que indudablemente ha de ligarse a las potencialidades mineralógicas del espacio. Allí existen dólmenes, asentamientos protohistóricos, restos romanos y medievales. Junto al Arroyo de la Coja son perceptibles áreas de trabajo, de lavado y pulido del mineral que se remontan varios milenios atrás.

Paisaje circundante./ Víctor Gibello
Paisaje circundante./ Víctor Gibello

Estos importantes yacimientos, el paisaje en el que se insertan y todo el Patrimonio minero e industrial legado del siglo XX corren serio de riesgo de preservación. Su conservación está realmente amenazada. Durante los años 2013 y principios de 2014 han tenido lugar trabajos forestales que han dañado profundamente el conjunto, arrasando estructuras y construcciones intactas hasta entonces. Aprovechando el “río revuelto”, han tenido lugar expolios de maquinaria, instalaciones, vigas de construcciones, etc., para ser vendidas como simple chatarra. Estudios de hace escasos años del Instituto Minero y Geológico de España calificaban San Nicolás como uno de los conjuntos mineros mejor conservados del país. Esto ya es pasado. Los daños han sido muy significativos. Mientras en los países europeos de nuestro entorno se protege, valora y se explota el Patrimonio industrial, en nuestro país se permite su deterioro e incluso su eliminación injustificada con total impunidad.

Aparejo ciclópeo de recinto-torre./ Víctor Gibello

Aparejo ciclópeo de recinto-torre./ Víctor Gibello

Se afirma que el poder, en democracia, procede del pueblo. Si esto es verdad, no se está aceptando la voluntad del pueblo. Valle de La Serena, en pleno, lleva un año solicitando se respete San Nicolás, un símbolo de su identidad sin el cual no puede ser entendido. Un símbolo de su pasado, sí, pero también un cimiento esencial sobre el que asentar su futuro, un salvavidas de la esperanza tan necesitado en los tiempos difíciles que estamos viviendo. En Extremadura llueven piedras desde hace siglos, con esas piedras construimos el presente y tendemos puentes hacia el futuro, somos expertos en trabajarlas, en cuidarlas con mimo hasta que se convierten en panes, hasta que comprendemos que son panes que nos han alimentado el alma. En Valle de La Serena dos cerros de piedra fueron el pan y pueden seguir siendo su sustento.

Cierro este post con música de Chloé Bird, una excepcional cantante y compositora cacereña tan joven como brillante. Su presente ya es luminoso, pero le auguro un futuro plagado de creatividad exitosa. En la edición 2014 del festival Womad Cáceres podremos verla en directo, una excelente oportunidad para disfrutarla. Sin querer establecer comparaciones, pues Chloé tiene su identidad musical propia e independiente, su trabajo me recuerda por momentos a Regina Spektor o a Agnes Obel, dos artistas cuyo trabajo aprecio. Ella quizás no sepa que tiene una vinculación con San Nicolás: hace unos años su padre estuvo realizando un reportaje fotográfico por la mina y sintió especial admiración por el castillete del Pozo Maestro, una singular construcción que emerge sorprendente entre la vegetación. Les dejo con el tema Furtive lullaby, una nana para tranquilizarnos, para recuperar la fe en hallar la tierra prometida, esa tierra que es el hogar añorado.

Castillete de Pozo Maestro. / Víctor Gibello
Castillete de Pozo Maestro. / Víctor Gibello

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El aljibe de Altamirano, un sueño del agua quieta en Trujillo.
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Víctor Gibello | 30-04-2014 | 15:53| 0
Vista general del aljibe.
Vista general del aljibe./ Víctor Gibello

VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DEL ALJIBE ALTAMIRANO / Autor: VÍCTOR GIBELLO

Lazos sólidos me unen a Trujillo. Son lazos sentimentales y profesionales tejidos con esmero durante años, por momentos sutiles, por momentos palpables, que hacen que cada encuentro con la ciudad sea deseado, festivo. En los últimos tiempos se están haciendo aún más estables, en breve es posible que pueda contarles nuevos e importantes proyectos que protagonizan algunos de mis sueños más recientes.

La población se alza majestuosa sobre un extenso batolito. Domina la penillanura cacereño-trujillana desde una pequeña elevación que puede otearse desde kilómetros a la redonda. La contemplación en la distancia permite generar expectativas en el visitante, expectativas que crecen de kilómetro en kilómetro, que culminan a la llegada, donde no cabe un sólo sentimiento de decepción.

Muchos caminos llegan a Trujillo, desde todos ellos se alcanzan espléndidas vistas panorámicas. Me gusta especialmente la que se disfruta viniendo desde Cáceres, al oeste: las torres y la muralla medievales se alzan desafiantes, palacios y casas fuertes muestran orgullosos un poderío vetusto difícil de igualar, obras pétreas que parecen brotadas, como por arte de algún sortilegio, del áspero suelo rocoso al que se anclan; al fondo, las sierras de Gredos parecen asomarse curiosas al espectáculo, en invierno sus cumbres blanqueadas ayudan a diseñar un paisaje salido de cuento, máxime cuando el verdor del musgo rebrotado con las lluvias tapiza con intensidad cada roca.

Todo Trujillo ha sido durante demasiados años un Paraíso Olvidado. Parecía abandonado a su suerte, desplazado a una posición inmerecida, condenado al abandono. Es posible que no haya población en Extremadura con tantos merecimientos como Trujillo para ser el centro turístico y cultural principal: un enclave monumental espectacular como pocos en Europa, una ciudad histórica en la que el Patrimonio no se ha convertido en un burdo parque temático o en un conjunto de fachadas pintorescas, sino una localidad viva, una villa española en la que la presencia americana se palpa en muchos de sus rincones. Sin embargo, todos sus innegables y exclusivos valores han sido, en cierto modo, despreciados, ninguneados, relegados. Aires nuevos están soplando para cambiar esta inercia de años.

Recientemente Trujillo ha presentado su candidatura para ser declarada bien Patrimonio de la Humanidad, petición que llega tarde, demasiado tarde y, desde mi punto de vista, inadecuada metodológica y conceptualmente hablando. La ciudad ha concurrido en compañía de Plasencia y de Monfragüe, hecho que, lejos de reforzar la candidatura, ha supuesto un lastre que ha arruinado sus evidentes opciones. No se trata de añadir elementos, por muy interesantes que puedan ser (de hecho los compañeros de viaje eran de primer nivel); postularse a Ciudad Patrimonio de la Humanidad requiere otro tipo de enfoque, más claro y preciso, adecuado para mostrar las características que hacen de Trujillo un enclave único.

Trujillo ha de volver a presentarse ante la UNESCO con nuevos planteamientos, pero esta vez por sí sola, por favor, mostrando todos y cada uno de los valores que atesora, arqueológicos, históricos, paisajísticos, esos valores que la convierten en excepcional y que la deben hacer merecedora de reconocimiento y protección internacional. Si se prepara una candidatura adecuada, dadas sus cualidades excepcionales, el éxito está asegurado.

Recorrer las calles sin prisa, a diferentes horas del día y de la noche, en distintas  estaciones, prestar atención a los detalles, los visibles y los ocultos, sumergirse en las múltiples culturas que han dejado allí su huella de forma indeleble, degustar sonidos y olores, tocar la piedra, ora tallada y pulida por el hombre y el tiempo, ora simplemente devastada, deambular sin rumbo, caminar sin saber qué buscar porque aquí, lo buscado sabe que lo es y sale al encuentro. Esas son mis recomendaciones.

Trujillo requeriría un blog completo para dar a conocer su Patrimonio, el inventariado y el poco conocido, el monumental y el arqueológico, el natural y el realizado por el hombre, el situado en el casco urbano y el existente en el término municipal, en pleno campo. Por dónde comenzar con tan ingente tarea se ha convertido en la pregunta más repetida a la hora de afrontar este post. Quizás me ayude la música de Patrick Cassidy a tomar una decisión, por ejemplo la pieza que utilizó Terrence Malick como parte de la banda sonora de la película El Árbol de la Vida.

Vista general desde Plazuela de Altamirano.
Vista general desde Plazuela de Altamirano./ Víctor Gibello

 

Después de mucho deliberar, he decidido responder a la duda de forma atípica, no podía ser de otra forma, con un monumento que pasa desapercibido; en parte, apabullado por otros inmuebles y espacios más reconocidos por el público, y, en parte, por estar semioculto, casi camuflado, entre el caserío circundante del cual parece formar parte.

Acceso al aljibe de Altamirano.
Acceso al aljibe de Altamirano./ Víctor Gibello

 

Voy a hablarles del aljibe de Altamirano, una construcción sorprendente en la que se aúnan el agua y la piedra, la necesidad y los sueños, el cielo y la tierra. Se sitúa en la plazuela de los Altamirano, también llamada, según me informa Marco Antonio Alvarado, uno de los lectores que este blog tiene la fortuna de que lo sigan, de los Moritos o de los Moriscos. Una pequeña puerta rompe una construcción maciza de mampostería granítica, no es original, se trata de una licencia contemporánea para facilitar el acceso al edificio. Sobre ella, una cartela indica de forma lacónica: “Aljibe árabe. S. X”. Curiosamente, mucho podría decirse de tan escueta nota. Como sintética crítica a su redactor debo indicar que las construcciones de época islámica no tienen porqué ser árabes, pues lo árabe no es compendio de lo islámico; árabe define un origen, islámico designa una cultura en sentido amplio. Determinar su edificación en el siglo X sin realizar un trabajo arqueológico en profundidad es más que aventurado, una simple suposición inconsistente, que vale tanto como cualquier otra fecha que pudiera darse.

Escalera de entrada.
Escalera de entrada./ Víctor Gibello

 

Bajamos unos peldaños, abrimos la puerta y un mundo nuevo se presenta ante nuestros ojos, un mundo sumamente silencioso, plácido, en penumbra. Hay que descender una empinada escalera para introducirse en este ámbito subterráneo. Según bajamos, los sonidos de la calle se amortiguan y aparecen otros más sutiles: pequeñas gotas de agua golpeando la superficie dormida desde la altura de las luceras, sonido de gruta más que de edificio, que nos transporta muy atrás en el tiempo gracias a la memoria de milenios que portamos en nuestros genes. Pálidos rayos de luz se filtran desde los tres brocales que en su día alimentaban de agua el aljibe y que, a la vez, permitían su extracción. Los tres brocales se ubican sobre la cubierta, inclinada hacia el centro que funciona como un embudo capaz de absorber toda la lluvia caída.

Lucera abierta en la bóveda.
Lucera abierta en la bóveda./ Víctor Gibello

 

La luz se refleja en el agua y duerme con ella. Cuando el agua se aquieta, sueña con reposar en aljibes como el Altamirano, sueña con descansar de su ajetreo constante de estados y paisajes; recuerda el manantial, el río y el mar que es, pero en su quietud se vuelve espejo, cristal. Es necesario detenerse y esperar a que los ojos se adapten a la escasa iluminación, merece la pena ese tiempo de espera, ese descubrir el espacio con luz escasa que ayuda a amplificar la sensación de lugar ancestral.

Pasarela.
Pasarela./ Víctor Gibello

 

La escalera conecta con una pasarela que permite el tránsito por la sala; ambas son obras contemporáneas de una tosquedad y una rotundidad innecesarias, derroches de piedra y cemento en un entorno que precisa de elementos más ligeros. Hace unos años planteamos un proyecto de restauración integral del inmueble en el que también se eliminaban estos añadidos, por desgracia la propuesta quedó en dique seco, aparcada a la espera de tiempos mejores, o más respetuosos y afectivos con nuestra herencia cultural.

Detalle de arco y escalera.
Detalle de arco y escalera./ Víctor Gibello

 

La planta del aljibe se aproxima al cuadrado, está estructurada en tres naves separadas por galerías compuestas de tres arcos que apoyan sobre sólidos pilares cuadrangulares. El número tres se repite también en el número de luceras, una por nave. Bóvedas de cañón peraltado cierran cada nave, dispuestas aproximadamente en sentido Norte – Sur.

El edificio, excavado íntegramente en la dura roca granítica del subsuelo trujillano, fue impermeabilizado del piso al techo con un revestimiento hidráulico realizado con cal, de tonalidad rojiza, a la almagra, que es como lo denominamos. Fruto de obras modernas poco delicadas se le eliminó o enmascaró el aliviadero, hueco por el que rebosaba el agua cuando alcanzaba un nivel determinado que impedía el colapso de la estructura.

Aspecto del interior.
Aspecto del interior./ Víctor Gibello

 

Aljibe es un término procedente del árabe al-yubb, su significado viene a ser el de un depósito para recoger agua, generalmente cubierto por una bóveda. Es indudable la ligazón del aljibe Altamirano con la cultura islámica; sin embargo, se desconoce el momento concreto de su construcción. Trujillo, la Turyilu musulmana fue uno de los enclaves más importantes de la Marca Inferior. Su protagonismo arranca en época emiral (siglo VIII) y se mantiene hasta la conquista cristiana (siglo XIII). Durante la fase de dominio almohade (siglos XII – XIII) fue uno de los emplazamientos militares más destacados, verdadera punta de lanza junto a Cáceres de la frontera.

En algún momento de este amplio lapso temporal se erigió el aljibe para abastecer de agua este sector de la ciudad musulmana. Si hubiera de inclinarme por una cronología, me aventuraría por una etapa temprana (siglo IX), pues el inmueble posee algunas de las características formales propias de las obras de este tiempo, pero esta es una simple opinión carente de base arqueológica.

Reflejos.
Reflejos./ Víctor Gibello

 

El tiempo se escapa sin darnos cuenta, hipnotizados mirando el agua, confundidos con los reflejos que no permiten saber qué es real y qué un simple espejismo. Por momentos el edificio parece surgido de la mente del artista holandés M. C. Escher, las imágenes creadas en el agua dificultan la percepción de si las escaleras duplicadas suben o bajan, de si las bóvedas están donde se encuentra el suelo o a la inversa, de dónde comienzan y terminan arcos y pilares. Es un ámbito misterioso como pocos, que facilita que nuestra imaginación se expanda envueltos en los tonos rojizos que arranca la luz difusa a la penumbra.

Lo real y su imagen se confunden.
Lo real y su imagen se confunden./ Víctor Gibello

 

El espejo, los reflejos, la unión de techo y suelo en una imagen tan irreal como visible ayudan a recordar y a dar sentido a uno de los principios fundamentales de la Tradición Hermética: “como es arriba, es abajo”.

Pasaríamos horas en serena contemplación, especialmente en verano, cuando el calor en el exterior suele ser sofocante. Me cuentan que en las noches estivales el vecindario se sentaba sobre la cubierta, próximo a los brocales, para aprovechar el frescor desprendido de las profundidades.

Cuando lo visiten, cosa que puede hacerse solicitándolo en la Oficina de Turismo de Trujillo, donde serán atendidos con amabilidad, háganlo sin luz artificial y aprovechen el momento de reposo para hacer algo muy necesario: dejar volar la imaginación. Para prolongar el reposo, les dejo con la música de Eluvium. Volveremos a nuestra querida Trujillo.

Curiosas composiciones de luz y color.
Curiosas composiciones de luz y color./ Víctor Gibello
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Las fuentes siguen cantando en el Revellao (Badajoz)
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Víctor Gibello | 30-04-2014 | 15:55| 0
Aguas manando en el Revellao.
Aguas manando en el Revellao./ Víctor Gibello

VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DE EL REVELLAO (II). / Autor: VÍCTOR GIBELLO

 

Allí, donde el agua mana cristalina, donde las fuentes cantan incluso en el estío más profundo, allí, donde la tierra es oscura, fértil, donde el trigo y la cebada son mecidos con suavidad por el viento, allí, el hombre encontró un hogar donde establecerse desde el neolítico, un hogar que no ha abandonado desde entonces.

Esta, que podría pasar por una descripción del Paraíso, es la imagen que proyecta un rincón del término municipal de Badajoz, próximo a Valverde de Leganés, denominado Revellao. Sí, han leído bien, Badajoz. Lejos de los tópicos y los estereotipos, muchas veces malintencionados y siempre empobrecedores, las tierras badajocenses son generosas y diversas. Sus paisajes están aún por explotar turísticamente, quizás porque hasta sus administradores han sido incapaces de desprenderse del peso de los tópicos dañinos, desde hace años reclaman una adecuada gestión que invite a olvidar las prisas de nuestra sociedad, a decelerar en busca de la autenticidad atesorada por sus campos, por sus monumentos, por sus gentes.

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Una mezquita perdida, un aljibe olvidado. La Casa de las Veletas, Museo de Cáceres.
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Víctor Gibello | 30-04-2014 | 15:56| 2
Detalle de traza de arcos de herradura
Detalle de traza de arcos de herradura./ Víctor Gibello

VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DE LA MEZQUITA – ALJIBE DE CÁCERES. / Autor: VÍCTOR GIBELLO

Cuando llegué a casa, mi madre cantaba “Dos gardenias para ti”, lo recuerdo perfectamente. Yo tenía 10 años, regresaba feliz del colegio. Aquella mañana, el maestro, sin previo aviso, había decidido sacarnos de la escuela y llevarnos de excursión a un lugar fascinante. Se lo agradeceré siempre. Quizás la emoción intensa del descubrimiento y la pasión por la Arqueología, el Arte y la Historia se introdujeron en mí ese día, quizás el acceso a un mundo desconocido, sorprendente y misterioso despertó impulsos dormidos, o puede que, sin darme cuenta, se abriera una puerta que aún se mantiene de par en par, una puerta que permite el tránsito a mundos pasados pero todavía presentes en nosotros. Si alguien me hubiera dicho entonces que en el futuro realizaría en el aljibe de la Casa de las Veletas, en el Museo de Cáceres, un trabajo de investigación encargado por el Ministerio de Cultura, no lo habría creído. Así se construye la vida, ella teje sus hilos mientras nosotros hacemos otros planes. En 2003, la cantante brasileña Maria Rita, hija de Elis Regina, realizó una actualización electrónica de “Dos Gardenias para ti”, tema interpretado tantas veces por Machín y Omara Portuondo, entre otros. Iniciemos el post con ella, puede que no le guste esta versión a mi madre…

El casco histórico de Cáceres asombra por diversas razones. Algunas, como la espectacularidad del conjunto conservado, son obvias; otras, son menos conocidas pero igualmente sorprendentes. Entre estas últimas hay que señalar la escasez de estudios monográficos, tanto del núcleo intramuros, como de sus monumentos más destacados. ¿Cómo es posible que la “ciudad antigua”, la “Parte Antigua”, en expresión local, haya generado tan escasa literatura científica? Es una pregunta difícil de responder.

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El Castellar, origen y destino de Zafra
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Víctor Gibello | 30-04-2014 | 15:57| 1
Sierra de El Castellar vista desde la ermita de Belén
Sierra de El Castellar vista desde la ermita de Belén./ Víctor Gibello

VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DE El CASTELLAR, ZAFRA. / Autor: VÍCTOR GIBELLO

 

Se miran de soslayo, con recelo, distantes. Fingen indiferencia. Juegan a ignorarse. Por puro orgullo, permanecen dándose la espalda. Pareciera como si el mutuo reconocimiento les restara protagonismo. Así son de altivas. Así son de inconscientes. Durante siglos nada ha cambiado, como titula Tricky su canción Nothing’s changed.

Mientras preparaba material para este post, en plena búsqueda de datos en documentos, libros y artículos, recibí una llamada: un colega, Pedro Carretero, me invitaba a impartir una conferencia en Zafra sobre Patrimonio olvidado en la población, dándome libertad para escoger el tema. Si creyera en las casualidades, esta sería una de ellas. Pero ya conocen mi opinión, las casualidades no existen. Acepté encantado el ofrecimiento y propuse hablar del yacimiento conocido como El Castellar, un enclave singular abandonado a su suerte desde el siglo XIII.

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Santiago de Bencáliz, una parada para la reflexión junto a la Vía de la Plata
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Víctor Gibello | 01-10-2013 | 11:31| 4
Vista de la ermita de Santiago desde el este./ Víctor Gibello
Vista de la ermita de Santiago desde el este./ Víctor Gibello

 VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DE SANTIAGO DE BENCÁLIZ. / Autor: VÍCTOR GIBELLO

 

Él es un ejemplo vivo de cómo esta tierra descuida a la mayoría de sus mejores hijos, de cómo menosprecia el arte de sus creadores y se desentiende de su Patrimonio Cultural, tanto histórico como contemporáneo. Es una historia suicida repetida una y otra vez durante siglos, un bucle melancólico que hemos de romper, cuanto antes. Su música nos acompañará hoy.

Guillermo Alonso Iriarte es un compositor y pianista cacereño, un genio cuya desbordada creatividad está a la altura de su elevada calidad humana. Posee numerosos premios nacionales e internacionales logrados desde que era un adolescente. A los 18 años ganó, por oposición estatal, plaza como profesor de conservatorio, sus obras han sido estrenadas por algunos de los principales intérpretes para piano de nuestro tiempo, entre ellos, Maria João Pires. Pese a su impecable currículum y consideración artística internacional, es un desconocido en Extremadura. Vive en Cáceres, lugar que no quiere abandonar, aunque ofertas para trasladarse a interesantes destinos no le faltan.

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La Casa de la Sierra, un puesto de mando avanzado de la República en el Frente Extremeño
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Víctor Gibello | 06-08-2013 | 11:33| 1
Hoy los cardos son los únicos vigilantes de la puerta./ Víctor Gibello
Hoy los cardos son los únicos vigilantes de la puerta./ Víctor Gibello

VER TODA LA GALERÍA DE LA CASA DE LA SIERRA, DON BENITO. / Autor: VÍCTOR GIBELLO

 

Hay hallazgos inesperados, descubrimientos que parecen aguardarnos pacientes y a los que parecemos ajenos. Las búsquedas, de cualquier naturaleza, suelen deparar encuentros que no siempre se corresponden con el motivo que las generó, pero que estaban dispuestos allí, quién sabe por qué, ofreciéndose a nosotros para que los diéramos a conocer.

Hace algunos años, en busca de lo que no encontré, hallé un tesoro histórico dormido en Don Benito. Una joya merecedora de conservación que en este tiempo ha languidecido hasta tal extremo, que su sueño parece casi una muerte de olvido, una joya que se deshace, que pierde su pétalos como flor agostada, que parece condenada a una desaparición inminente. Quizás no seamos merecedores de las herencias que dilapidamos, quizás seamos indignos depositarios de un legado que destruimos o que arruinamos con nuestra indiferencia.

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El Canchal de los Ojos, un enigma por resolver en las inmediaciones de Piedras Albas
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Víctor Gibello | 27-06-2013 | 19:19| 9
Vista general del Canchal de los Ojos o Peña Buraca./ Víctor Gibello
Vista general del Canchal de los Ojos o Peña Buraca./ Víctor Gibello

VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DEL CANCHAL DE LOS OJOS. / Autor: VÍCTOR GIBELLO

Escuché hablar de ella hace años. Las descripciones la dibujaban con trazos envueltos en el misterio. Los más obvios comentaban su apariencia pintoresca y su forma moldeada, queriendo ver semejanzas con elementos dispares y variopintos. Los más osados pretendían apreciar vinculaciones esotéricas y ligazones con antiguos rituales surgidos de la fantasía. Hubo quienes escudriñaron la zona, y todavía lo hacen, en pos de leyendas y deidades inventadas, buscando ecos de ceremoniales imaginados, impregnados en la piedra por siglos.

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El Revellao, la puerta neolítica a un camino para el alma
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Víctor Gibello | 27-06-2013 | 19:14| 1

 

Dolmen del Revellao./ Víctor Gibello
Dolmen del Revellao./ Víctor Gibello

VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DEL DOLMEN DEL REVELLAO, BADAJOZ. / Autor: VÍCTOR GIBELLO

Una importante agencia nacional de noticias publicaba una información sorprendente. Con cierta incredulidad, extrañado, la leí por segunda vez. El escueto artículo indicaba la existencia de un dolmen en buen estado de conservación propiedad de una fundación, entidad que lo ofrecía para disfrute público y que solicitaba ayuda a las instituciones para su estudio y puesta en valor.

No sé qué me asombró más, si mi desconocimiento del bien arqueológico o la atípica y generosa propuesta de la propiedad. Decidí investigar, contacté con responsables de la fundación y acordamos reunirnos unos días más tarde.

Me desplacé a Badajoz, a la sede de la organización, donde fui acogido con amabilidad y simpatía por el presidente, Pedro Arias, y la gerente, Mercedes Arias. La Fundación Hija de Pepe Reyes, Dolores Bas de Arús nació por deseo expreso de Dolores Bas, quien legó la totalidad de su patrimonio para mejorar la vida de las personas más necesitadas de Badajoz. Desde su creación, la fundación ha prestado su ayuda a las tres asociaciones beneficiarias vinculadas: Aprosuba-3 de Badajoz, Asociación Española Contra el Cáncer y Hermanitas de los Ancianos Desamparados.

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Nuestra Señora del Salor, entre lo ilusorio y lo tangible
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Víctor Gibello | 27-06-2013 | 19:16| 1
Río Salor y ermita al fondo./ Víctor Gibello

Río Salor y ermita al fondo./ Víctor Gibello

VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DE LA ERMITA DE NUESTRA SEÑORA DEL SALOR EN TORREQUEMADA. / Autor: VÍCTOR GIBELLO

En aquel tiempo, los límites jurisdiccionales se fijaban gracias a accidentes geográficos (montes, ríos), elementos naturales (árboles, rocas) y construcciones fácilmente reconocibles en el paisaje. Entre estas últimas hay que citar desde hitos sencillos, mojones, hasta poblaciones antiguas abandonadas cuyos restos aún eran bien visibles.

Con las actuales herramientas de teledetección y avanzados estudios cartográficos disponibles resulta relativamente sencillo comprender, gestionar y hacer una ordenación coherente del territorio. Sin embargo, nuestros ancestros carecían de tan avanzados medios. A menudo, los deslindes generaban continuos pleitos, pues fijar los límites y hacerlos respetar nunca ha sido tarea sencilla.

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