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San Juan Bautista de Burguillos del Cerro, el lugar donde se cumplen los sueños
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Víctor Gibello | 23-07-2015 | 09:29

Imagen nocturna de San Juan Bautista./ Víctor Gibello
Imagen nocturna de San Juan Bautista./ Víctor Gibello

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El verano de 1998 fue muy caluroso, al menos así lo recuerdo. Aquellos meses los pasé en Burguillos del Cerro, donde tuve la inmensa fortuna de realizar trabajos arqueológicos en la abandonada iglesia de Santa María de la Encina. La actividad, vinculada a las obras de restauración del templo en el marco del Proyecto Alba Plata, supuso mi completo enamoramiento del pueblo, ya iniciado años atrás. Intervenir en Santa María de la Encina fue una experiencia inolvidable; además, supuso la puerta de acceso al estudio del rico Patrimonio local que, poco a poco, fui conociendo, fascinado, de la mano de burguillanos interesados en la Historia y la Arqueología de su pueblo.

Cada jornada ascendía a pie la cuesta que conducía a la iglesia y por unos momentos, antes de llegar, contemplaba unas ruinas situadas hacia el oeste, aisladas, sobre un pequeño altozano rocoso. A media mañana, durante los animados descansos para el bocadillo, preguntaba a los peones de la excavación por aquel edificio. Sus respuestas no colmaron mi curiosidad. Aquellas ruinas que oteaba desde Santa María eran los restos de la que fuera iglesia de San Juan Bautista.

Panorámica de Burguillos del Cerro./ Víctor Gibello
Panorámica de Burguillos del Cerro./ Víctor Gibello

 

La información que encontré tan solo ofrecía algunas descripciones genéricas y lacónicas del inmueble. Traté de entrar, pero hallé puertas tapiadas y muros que envolvían el edificio haciéndolo inaccesible. Tras varios intentos fallidos, un vecino me franqueó el paso a través de su casa, cuyo patio se conectaba con el edificio. Allí estaba, por fin, atónito ante el espectáculo de unos restos monumentales, dotados de belleza romántica y misterio secular, esa mistura que los hace tan atractivos. Recorrí el conjunto intentando desentrañar algunos de sus secretos. Por momentos sorprendido, a ratos indignado ante el abandono. Visité cada estancia tratando de empaparme de la esencia del lugar. Sobra decir que los restos conservados de la ex iglesia de San Juan Bautista causaron en mí un gran impacto, pues el reconocimiento inicial del monumento evidenció la existencia de un conjunto complejo, heterogéneo, fruto de diversos periodos históricos, realmente interesante.

Vista de Burguillos del Cerro desde San Juan Bautista./ Víctor Gibello
Vista de Burguillos del Cerro desde San Juan Bautista./ Víctor Gibello

 

Tiempo después, tuve la oportunidad de exponer mis inquietudes y  teorías iniciales a José Calvo, Alcalde de Burguillos, quien, concienciado del singular valor del Patrimonio de su pueblo, había iniciado años antes un camino decidido para su protección y aprovechamiento social, siempre dentro de las limitaciones de un municipio con poco más de 3000 habitantes. José comprendió de forma inmediata el valor real de San Juan Bautista, una joya única que había de ser estudiada, restaurada, conservada y dada a conocer, asumiendo el compromiso de buscar los medios requeridos para ello.

Una década después se logró la financiación necesaria para acometer tan importante proyecto, financiación obtenida gracias a la perseverancia del Ayuntamiento, de las sucesivas corporaciones municipales y de los técnicos dedicados con tesón a la tarea. Gracias a todos ellos este excepcional paraíso se ha recuperado del olvido, se ha salvado de la desaparición a la que parecía condenado.

Burguillos del Cerro atesora un rico Patrimonio cultural, los burguillanos se enorgullecen de este legado de siglos. El casco histórico está protegido como Bien de Interés Cultural en la categoría de Conjunto Histórico-Artístico y en el término existen abundantísimos yacimientos arqueológicos que aguardan pacientes a que los investigadores nos ocupemos de ellos con el interés que merecen. Asentamientos como Guru Viejo, Santa María del Valle, San Vicente, Matapollitos, El Monasterio, Doña Jimena, por citar algunos, tienen un enorme potencial que investigar y explotar.

Con la recuperación de San Juan y su entorno se ha logrado devolver a los habitantes de Burguillos un espacio de alto valor simbólico y significación. Se ha demostrado que querer es poder, que creer en el Patrimonio es la apuesta de desarrollo más segura para un pueblo. Un lugar que había sido utilizado durante años como establo y cercado para el ganado es ahora un ámbito de disfrute público en el que se desarrollan actividades culturales de diversa naturaleza, hasta el punto de convertirse en un recurso cultural y turístico de primer orden en el que “el contenedor”, el edificio, representa mucho más que un escenario, al trascender y enriquecer cada acto con el poder antiguo que emana sus piedras, objetos de veneración desde la Alta Edad Media.

La intervención patrimonial efectuada, y, muy especialmente, la excavación arqueológica, dirigida con precisión, meticulosidad y sabiduría por mi estimada compañera Andrea Menéndez, han permitido la adquisición de un enorme volumen de información histórica y arqueológica. Dichos datos refuerzan y amplían el conocimiento de la historia local y de la evolución del espacio sacro de San Juan a lo largo de más de un milenio, pero también de la Historia general entre los siglos VI y XIX. La excavación arqueológica desarrollada por Arqveocheck, SLU fue acompañada de otros trabajos que completaron una actuación modélica; entre ellos hay que citar el escáner láser digital del templo, la lectura estratigráfica muraria, georradar, tomografía eléctrica, análisis físicos-químicos y estudio de materiales constructivos, análisis de carbono 14, investigación archivística, etc.

Si se contempla Burguillos desde sus flancos norte y sur, tres hitos destacan por encima de las restantes edificaciones que configuran el casco urbano: la fortaleza, alzada sobre el sector más elevado del Cerro del Castillo, la Iglesia de Santa María de la Encina, ubicada a media ladera del mencionado cerro, actualmente aislada del entramando urbano, y la Iglesia de San Juan Bautista, asentada entre el caserío, del que sobresale por su altura y volumetría.

San Juan Bautista se ubica al noroeste de la población, entre las calles San Juan y Espíritu Santo, fue la iglesia parroquial más antigua de la villa. A fines del siglo XVIII se convirtió en uno de los dos camposantos del municipio, utilizado hasta la edificación del cementerio que actualmente permanece en uso.

Imagen del exterior del edificio con el castillo al fondo./ Víctor Gibello
Imagen del exterior del edificio con el castillo al fondo./ Víctor Gibello

 

La iglesia de San Juan Bautista destaca por diversos aspectos que hablan claramente de la evolución constructiva y urbana del espacio sobre el que se eleva. Se encuentra aislada de la población, pero a la vez está absorbida por ella; ocupa una posición periférica con respecto al pueblo, pero ha subsistido encajonada en un fondo de saco urbanístico que ha facilitado su pervivencia; su perfil es perfectamente visible al trazar una silueta de la villa, pero no es fácil de localizar a pie de calle, casi camuflada entre el caserío que la envuelve. Así pues, resulta una construcción dotada de cierto misterio, que juega con el espectador mostrándose y ocultándose, dependiendo del punto de contemplación escogido. La semiocultación se refuerza mediante la presencia de una cerca perimetral que la ha protegido del crecimiento urbano y la ha dejado totalmente aislada desde el siglo XIX, generando un espacio no habitado ni ocupado durante aproximadamente dos siglos.

Tras las obras de restauración y nueva edificación, realizadas por la empresa especializada Construcciones Abreu, S. A. (algún día dedicaré un artículo que ponga de manifiesto la magnífica labor realizada por esta entidad en pro del Patrimonio extremeño), al edificio puede accederse desde el este, a través de la calle Espíritu Santo, y desde el oeste, donde existen dos puertas, una medieval y otra de reciente factura. Particularmente interesante es la primera: en el número 23 de la calle Espíritu Santo se abre una puerta enrejada que, mediante una calleja, conecta con el portón del viejo cementerio, un vano adintelado bajo arco ojival. Traspasemos esta puerta acompañados de la composición Vide cor meum de Patrick Cassidy, facilitará el viaje en el tiempo.

Imagen desde el este./ Víctor Gibello
Imagen desde el este./ Víctor Gibello

 

El templo se alza sobre un amplio espacio. Destacan su cabecera, la torre campanario y las tres capillas conservadas, antaño erigidas sobre el muro sur de la nave. El ábside está muy desarrollado en planta, está compartimentado en dos tramos, cada uno con una solución constructiva diferente como cubrición: el primero presenta una bóveda de crucería y el segundo un casquete hemisférico. La construcción evidencia una interesante mezcla de épocas y estilos que llevan desde los siglos VI-VII al XVIII, pese a ello es el estilo gótico con influencias mudéjares el más marcado en las fábricas.

Interior de la antigua iglesia./ Víctor Gibello
Interior de la antigua iglesia./ Víctor Gibello

 

La naves hoy están completamente perdidas, debieron estar techadas con una cubierta de madera, posiblemente con características mudéjares propias de la Baja Extremadura. Se trata de un espacio irregular, tendente al trapecio, alargado y espacioso, estructurado en tres naves separadas por columnas o pilares que sostuvieron galerías de cuatro arcos. En el muro norte de la nave se abriría una de las puertas, totalmente perdida. Otra se situaría al sur, desaparecida con la construcción de la capillas. Una tercera es la existente al oeste, de traza ojival, protegida originariamente por un porche.

San Juan Bautista, vista general./ Víctor Gibello
San Juan Bautista, vista general./ Víctor Gibello

 

Se encuentran en relativo buen estado de conservación en comparación con la nave, de la que no ha perdurado más que el muro de cierre hacia el oeste, las tres capillas ubicadas en el lienzo de la epístola, el sur. La primera de ellas es conocida como de la Consolación o de Vargas; las dos restantes, de San José y del Cristo, son obras realizadas en el siglo XVII.

La capilla de la Consolación sobresale entre las restantes por su tipología arquitectónica diferencial y por servir como lugar de inhumación del que fuera señor de la villa de Burguillos del Cerro, Alfonso Fernández de Vargas. Se trata de una edificación bien proporcionada a la que se accede a través de un amplio vano que ocupa buena parte del cierre norte, enmarcado por un alfiz que arranca de la línea de impostas. El trazado del arco está muy modificado por sucesivas reformas, si bien su disposición es de herradura. Una vez en el interior, donde el vano de acceso repite el enmarque con alfiz del exterior, se aprecia que el inmueble se estructura mediante planta central, cuadrada. El esquema geométrico tan sólo presenta una alteración en su muro occidental, pues un cuerpo cuadrangular, en el que se recoge una escalera que conduce a la cubierta del edificio, sobresale ligeramente hacia el oeste.

Frente este de la rábita./ Víctor Gibello
Frente este de la rábita./ Víctor Gibello

 

La totalidad del espacio se cubre mediante bóveda esquifada de ocho paños que arranca desde una cornisa simple. La bóveda apoya en cuatro trompas de arista situadas en las esquinas de la construcción. En el frente sur se localizan dos arcos ciegos túmidos dispuestos a modo de arcosolios de claro carácter funerario; sobre ellos se abre una ventana con notable abocinamiento hacia el interior. El lienzo este sobresale por ofrecer un juego de tres arcos ciegos de herradura. El central es más elevado que los dos laterales, uno y otros aparecen enmarcados por alfices independientes. Los arcos tienen sus apoyos (pilastras de esquinas ochavadas) decorados con lacerías que asoman bajo diversas capas de mortero. La cubrición exterior se realizó mediante ladrillos dispuestos en espiga, posteriormente recubiertos por tejas. En el terrado, elevadas sobre un antepecho se alzan algunos de los merlones de grada que remataban la totalidad del edificio, confiriéndole un característico aspecto andalusí.

Bóveda esquifada sobre trompas de arista./ Víctor Gibello
Bóveda esquifada sobre trompas de arista./ Víctor Gibello

 

El concepto arquitectónico en el que se basa este edificio es muy simple: se compone de dos formas volumétricas puras como son un basamento cúbico, y una cubierta hemisférica, enlazándose ambos por un cuerpo de transición entre el cuadrado y la cúpula conformado por cuatro trompas de arista angulares que transforman un espacio cuadrado en otro octogonal. Se configura así un diseño de claro carácter simbólico en el que la base cuadrada es la representación de la tierra y la bóveda la imagen del cielo. De este modo se crea un ámbito arquitectónico sagrado, un axis mundi, que conecta dos mundos hipotéticamente separados en un ámbito especial y transformador.

¿Qué representa el conjunto edificado de San Juan Bautista? ¿Qué lo hace excepcional?

Desde los siglos VI-VII, momento en el que se erigió la primera iglesia, hasta fines del siglo XVIII, tiempo en el que dejó de usarse como templo, en San Juan y su entorno se erigieron sucesivamente una iglesia de época visigoda, una zawiya surgida en torno a una rábita con su maqbara, que estuvieron en uso al menos entre los siglos X y XIII, y una iglesia templaria, que, con numerosas reformas a fines del siglo XV e inicios del XVI, ha llegado hasta nuestros días y que ha podido ser restaurada para perpetuarse en el tiempo.

El pequeño templo visigodo debió perdurar como lugar de celebración de culto cristiano hasta bien avanzado el periodo de dominación islámica, circunstancia que se repite en numerosos templos de la antigua Lusitania. En función de los escasos restos que han sobrevivido de esta fase, puede determinarse que la iglesia visigoda, primero, y mozárabe, más tarde, sería una construcción de dimensiones modestas, con  una sola cabecera cuadrangular y tres naves.

El solar de la antigua iglesia de época goda fue transformado para adecuarlo a las nuevas necesidades nacidas entre fines del emirato e inicios del califato (primer tercio del siglo X). Aprovechando sus restos se edificó una zawiya. Una zawiya es un conjunto de edificios dedicados a escuela coránica y hospedería para alumnos y peregrinos alzados en las inmediaciones de una rábita, una construcción que acoge el enterramiento de un wali, un santón musulmán. La veneración hacia este individuo generó una maqbara (cementerio) en su entorno, pues muchos querían inhumarse en su proximidad para percibir sus beneficios espirituales, y el peregrinaje de los vivos en busca de la baraka del santo.

Imagen exterior de la rábita./ Víctor Gibello
Imagen exterior de la rábita./ Víctor Gibello

 

La rabita, conservada íntegramente, y diversas partes de otros edificios de tiempos islámicos, fueron readaptados por el Temple para crear una iglesia atípica, singular, que orbitaba más sobre la rábita, ahora transformada en capilla, que sobre la cabecera, como es habitual en los templos cristianos. Los caballeros templarios, instalados en la villa desde 1238, año en que fue conquistada la población, aprovecharon la enorme capacidad de atracción que generaba el lugar desde siglos atrás para ganarse a los habitantes de la localidad y las comarcas cercanas, bajo el planteamiento de hacerles orar en el mismo lugar aunque a un Dios diferente.

La iglesia templaria tendría algunas similitudes formales con la visigoda inicial: un testero cuadrangular y tres naves, aunque más desarrolladas en su longitud. El edificio presentaba, además, otros volúmenes sobresalientes en planta, entre ellos la Capilla de la Consolación y la sacristía, ambas reaprovechadas de la zawiya precedente, de igual modo que el tramo de la cabecera más cercano a las naves.

Tras la supresión de la Orden del Temple, Burguillos se incorporó a las tierras de realengo, previo paso a ser donada sucesivamente a miembros de la nobleza castellana. Alfonso Fernández de Vargas fue uno de ellos, detentó la posesión de Burguillos durante el último tercio del siglo XIV. Al morir, en 1390, fue enterrado en la antigua rábita, ya denominada capilla de la Consolación, según dejó definido en su testamento. Un magnífico sepulcro de mármol con su efigie y los distintivos de su clase fue allí erigido, hecho que no hizo sino redundar en la sacralidad de un espacio con alto valor. Alfonso Fernández, que, como señor absoluto de la villa, pudo enterrarse en cualquier lugar, su estatus y capacidad así se lo permitían, eligió la vieja capilla para inhumarse, para que descansaran sus restos hasta el Día del Juicio. Obviamente, su elección no fue azarosa, sino fruto de la reflexión y el conocimiento de los aspectos que hacían de la antigua rábita un espacio excepcional, tenido por mágico y milagroso por los burguillanos desde muchos siglos atrás.

Sepulcro de Alfonso Fernández de Vargas./ Víctor Gibello
Sepulcro de Alfonso Fernández de Vargas./ Víctor Gibello

 

Entre fines del siglo XV e inicios del siglo XVI tuvieron lugar importantes reformas sobre los viejos edificios, así como la adición de un cuerpo de campanas. El siglo XVII trajo la construcción de dos nuevas capillas anexas a la de la Consolación y el XVIII el abandono cultual del espacio, dada la elevación de un nuevo templo que aglutinaba las dos parroquias en que estaba compartimentada la población. San Juan Bautista, como fue bautizada por los caballeros del Temple, fue convertida en cementerio municipal, uso que mantuvo hasta mediados del XIX.

Bóveda de crucería en la cabecera./ Víctor Gibello
Bóveda de crucería en la cabecera./ Víctor Gibello

 

Estamos ante un caso excepcional de veneración de un lugar sagrado a lo largo de toda la Edad Media y buena parte de la Edad Moderna, un lugar en el que tienen lugar fenómenos de sincretismo religioso que permiten el mantenimiento de cultos más allá de épocas y religiones. Entre los siglos X y XIII a la rábita llegaban peregrinos en busca de obtener la baraka del santo allí enterrado. La baraka se relaciona con creencias de tradición popular, siendo considerada una bendición que emana de toda persona, objeto, o lugar sagrados, una fuerza benéfica de origen divino que favorece la prosperidad y la felicidad en el plano espiritual y también en el material.

La Orden del Temple siguió considerando el espacio como lugar sagrado, en lugar de demoler las construcciones islámicas, las readaptaron a su iglesia, aprovechando el potencial y la tradición a ellas asociadas. Sus sucesores en el tiempo no harían sino perpetuar las creencias en torno a un lugar excepcional en el que las fuerzas telúricas y sus beneficios se perciben.

Interior del espacio de San Juan Bautista tras su restauración./ Víctor Gibello
Interior del espacio de San Juan Bautista tras su restauración./ Víctor Gibello

 

Ha sido realmente gratificante disfrutar de la experiencia de devolver la vida a un edificio histórico que había sido sentenciado a desaparecer hace más de 200 años. Insuflarle nuevas energías, dotarlo de otras funciones, generarle un nuevo horizonte en el que la narración de su larga historia se entrelazara con un futuro esperanzador ha sido una aventura fascinante. La Historia, afortunadamente, continúa para San Juan Bautista. Les recomiendo que visiten esta joya de nuestro Patrimonio, que disfruten con calma de cada uno de sus rincones y de los muchos secretos atesorados por sus piedras, que acudan con el corazón abierto pues aquí cualquier deseo puede hacerse realidad.

Concluyo con una imagen de San Juan Bautista bajo las estrellas y la música de Tycho, el título de su disco Past is prologue, es toda una declaración de intenciones.

Rábita de San Juan Bautista bajo las estrellas./ Víctor Gibello
Rábita de San Juan Bautista bajo las estrellas./ Víctor Gibello

Sobre el autor Víctor Gibello
Arqueólogo, historiador, historiador del Arte, fotógrafo, escritor, emprendedor. Es Director de la empresa ARQVEOCHECK con la que ha realizado numerosos trabajos de investigación, excavación, restauración y puesta en valor del Patrimonio Cultural por toda España, así como diversos proyectos internacionales. Paraísos Olvidados es un recorrido diferente por el Patrimonio de Extremadura, un viaje a los espacios más singulares, atractivos y amenazados de nuestra tierra, un experimento de divulgación que pretende crear conciencia en la sociedad para su conocimiento, valoración, protección, conservación y disfrute

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