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La Villeta de Azuquén, una ciudad olvidada en tierras de Trujillo
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Víctor Gibello | 23-07-2015 | 09:54

Villeta sobre el río Almonte./ Víctor Gibello.
Villeta sobre el río Almonte./ Víctor Gibello.

VER TODA LA GALERÍA DE FOTOS DE LA VILLETA DE AZUQUÉN/ Autor: VÍCTOR GIBELLO

 

Cáceres es una ciudad sin río. La carencia de agua para el abastecimiento de una población en crecimiento constante ha sido solventada mediante costosas obras de ingeniería hidráulica, unas más afortunadas que otras. En la larga lista de medidas ideadas, muchas solo trazadas sobre el papel, se encuentra el desafortunado plan de construcción de una gran presa sobre el río Almonte, en las proximidades de Monroy. El embalse, desde el que se pretendía bombear agua a Cáceres, extendía su cuenca 20 kilómetros río arriba, ocupando tierras de Monroy y Trujillo, anegando los cauces del Almonte y el Tozo en una zona de singular valor ecológico.

El proyecto fue descartado gracias a la presión ejercida por diversos colectivos conservacionistas, que hicieron ver que la ejecución supondría el incumplimiento de normativas medioambientales nacionales y europeas. Sin embargo, aún permanece guardado, no desechado definitivamente, en los archivos administrativos, quizás a la espera de una coyuntura más favorable o de una menor contestación popular. Ojalá nunca vea la luz.

Río Almonte./ Víctor Gibello.
Río Almonte./ Víctor Gibello.

España es el país con mayor número de presas y de kilómetros de costas interiores por habitante del mundo, nuestros ríos han dejado de ser ríos para convertirse en “lagos” cuyas aguas, en muchos casos, no poseen las condiciones de salubridad más deseables, tristes lodazales estáticos que en nada recuerdan a las briosas corrientes de antaño. El río Almonte es una excepción, corre libre, salvaje, desde su nacimiento junto al pico Villuercas, hasta su desembocadura en el Tajo. Durante 100 kilómetros nutre una importante franja del centro de la provincia de Cáceres, generando a su paso vida en todas sus formas. Junto a sus orillas anidan águilas imperiales y reales, alimoches, águilas perdiceras, búhos reales, cigüeñas negras y otras 120 especies de aves. Sus aguas limpias dan cobijo a uno de los conjuntos de fauna piscícola mejor conservados de la Península Ibérica, fauna que sustenta las muchas nutrias que aún pueden verse. El Almonte y sus afluentes son un corredor ecológico que utilizan diversas especies animales, entre ellas linces y corzos, para sus desplazamientos entre zonas que de otra forma estarían inconexas.

Confluencia Almonte y Tozo./ Víctor Gibello.
Confluencia Almonte y Tozo./ Víctor Gibello.

 

El Almonte es un río de vida y como tal hay que preservarlo. En la actualidad está declarado ZEPA (Zona de Especial Protección de Aves) y LIC (Lugar de Interés Comunitario), figuras de protección que se antojan escasas, pues su entidad ambiental y los valores que lo hacen único precisan de una catalogación mucho más proteccionista. El Almonte es el último de los ríos extremeños de entidad que no está embalsado, que no está alterado por el hombre.

En 2003 tuve la oportunidad de realizar una prospección arqueológica de la zona afectada por el pantano en proyecto para valorar el Patrimonio cultural en ella existente. Fue un trabajo muy duro por las altas temperaturas veraniegas y por las condiciones topográficas del espacio: el río corre encajonado, sus márgenes son paredes rocosas tupidas por densa vegetación, el terreno es quebrado, peligroso por momentos, y solo se accede al lugar a pie, a través de caminos pastoriles. Sin embargo, recorrer este territorio olvidado por siglos, pisar lugares no hollados desde tiempo sin memoria, degustar una tierra agreste acompañados por las rapaces en su vuelo, detenerse a la sombra de una fresneda y contemplar la actividad natatoria de nutrias en su medio supera con creces el esfuerzo. Si a ello añadimos la presencia de yacimientos arqueológicos como la Villeta de Azuquén, la protagonista de este artículo, la aventura merecía la pena.

Dehesa de Azuquén del Conde./ Víctor Gibello.
Dehesa de Azuquén del Conde./ Víctor Gibello.

 

La mejor forma de acceder a la Villeta de Azuquén es desde la carretera que une Trujillo con Plasencia a través de Monfragüe. A unos 21 kilómetros de Trujillo, en cuyo término municipal se sitúa el yacimiento arqueológico, hay que tomar un camino a la izquierda, en dirección oeste. La pista transita entre campos que se tapizan de un verde intenso en primavera y se muestran doradas en verano. Aprovecho la lentitud con la que he de recorrer los 14 kilómetros de camino para disfrutar del paisaje adehesado escuchando el disco “Alma mía”, de Raquel Andueza y La Galanía. Es un trabajo espléndido, como la voz de Andueza, intenso, pasional, vivo. En él se recupera la obra del compositor italiano Cesti, músico barroco desconocido para el gran público, a pesar de sus excelentes obras. Cesti, al que apodaron Il Miracolo della Musica, tuvo una vida novelesca, en la que su actividad creadora se entrelaza con su vocación religiosa, pues fue fraile franciscano desde los 14 años. El amor de una soprano le hizo romper sus votos. Fue organista eclesiástico, miembro del coro papal, tenor de notable éxito, compositor escénico. Grandes logros para una vida cercenada prematuramente por la envidia de sus rivales, pues se afirma que murió envenenado por algún mediocre celoso de su valía. Es difícil escoger una pieza de este excepcional disco, cada composición es una perla. Disfruten con Intorno all’idol mio.

La pista finaliza en un vallado cuya puerta está cerrada. Hay que abandonar el coche y continuar a pie, campo a través, en dirección suroeste durante tres kilómetros, distancia que permitirá desconectar de todo e integrarse plenamente en el paisaje. El yacimiento se encuentra en una propiedad privada, en la finca denominada Azuquén del Conde, sean respetuosos.

Muralla y paisaje./ Víctor Gibello.
Muralla y paisaje./ Víctor Gibello.

 

Emplazado en un paisaje característico del Tajo y sus afluentes, con gargantas estrechas y encajadas, se encuentra este asentamiento. En un lugar elevado, en la confluencia de los ríos Tozo y Almonte, se alza imponente un recinto amurallado bien conservado de unas 11 hectáreas, una extensión muy superior a la de la mayoría de los asentamientos urbanos coetáneos.

El emplazamiento de la fortificación responde al topónimo moderno de La Villeta, que procede de “Villavieja”, apelación más antigua atestiguada en las fuentes escritas de mediados del siglo XVI y mantenida por la tradición oral. Por otra parte, el nombre de Azuquén se identifica como deformación del vocablo árabe as-suq, mercado o zoco. Esta alusión podría identificar el asentamiento con una función histórica comercial, algo que resulta sorprendente en la actualidad, dado su aislamiento con respecto a los núcleos poblados. El lugar fue mencionado por P. Madoz en su Diccionario Geográfico, quien la identifica de forma errónea con Zuferola, castillo mencionado en los textos medievales y localizado al sur de Trujillo, cerca de Zorita.

Vista de la muralla./ Víctor Gibello.
Vista de la muralla./ Víctor Gibello.

 

La muralla, conservada en su totalidad, se adapta a la topografía quebrada que determina su particular forma de polígono irregular. Tiene 1520 metros de perímetro y aparece flanqueada por una quincena de torres de conservación desigual, dispuestas a intervalos irregulares, en los ángulos, para facilitar la defensa de la población y el control visual de los ríos vecinos.

La entrada inicial al recinto no se corresponde con la actual, un simple hueco horadado en el muro, sino que habría que buscarla en una posición más al norte, en el frente oriental. Este acceso es el único paso posible, ya que en esta zona no hay un curso de agua que sirva de primera defensa. También se aprecia que está protegida por un foso, situándose en una depresión flanqueada por dos torres. El mismo esquema se repite en el sector sur del asentamiento, donde una nueva depresión del terreno y la ausencia de todo vestigio de muralla, permite identificar la existencia de otra puerta o poterna.

La muralla está realizada íntegramente con piedra, pizarra y cuarzo de la zona, trabada con barro. El sistema constructivo se basa en el tradicional de dos hojas de mampostería bien trabajada, cara interior y cara exterior, rellenadas con piedra menuda, cascotes y barro. Este aparejo de talla mediana se acompaña con el empleo puntual de opus spicatum, mampostería dispuesta en forma de espiga, una forma de aparejar habitual en tiempos emiral y califal. Son visibles algunos de los desagües que permitirían el drenaje de agua de lluvia del recinto.

Vista de la muralla./ Víctor Gibello.
Vista de la muralla./ Víctor Gibello.

 

El enorme espacio intramuros, que ahora se muestra como un vacío incomprensible, estuvo totalmente ocupado por viviendas y una posible alcazaba en la zona más elevada. Multitud de majanos se disponen por todo el sitio recogiendo las muchas piedras que en su día conformaron las estructuras domésticas, industriales y defensivas de la ciudad. Numerosas construcciones afloran del subsuelo permitiendo el reconocimiento de la planta de algunas de sus construcciones. Aunque no resulta fácil apreciar la distribución espacial del yacimiento sin realizar una excavación arqueológica en extensión, pueden discernirse dos sectores básicos: la zona suroeste, con una concentración de habitaciones rectangulares alrededor de un espacio central; y la zona noreste, donde asoman una acrópolis natural y un posible aljibe.

Majanos sobre la ciudad./ Víctor Gibello.
Majanos sobre la ciudad./ Víctor Gibello.

 

Extramuros, junto al camino por el que se accede al poblado, se encuentra la necrópolis, con tumbas orientadas NE-SO, y señaladas con piedras hincadas verticalmente demarcando el enterramiento. Esta tipología de tumbas se da también en las dos necrópolis de la ciudad de Vascos, en Toledo, no muy lejana, por lo que podría ser un particularismo regional, quizá ligado a un mismo grupo étnico-cultural.

Área de la necrópolis./ Víctor Gibello.
Área de la necrópolis./ Víctor Gibello.

 

¿Cuál es la historia de la Villeta de Azuquén?

El origen del asentamiento es controvertido, la ausencia de excavaciones arqueológicas facilita la construcción de hipótesis variadas e incluso enfrentadas entre sí. Para algunos investigadores estamos ante un claro ejemplo de yacimiento de la II Edad del Hierro reocupado en tiempos altomedievales, para otros no hay fase protohistórica, por lo que la fundación sería andalusí. De algún modo ambas teorías son complementarias. Es más que probable que la Villeta tenga una ocupación inicial de la II Edad del Hierro, pues el modelo de asentamiento responde al patrón característico de este momento histórico en la cuenca media del río Tajo. El poblado, perfectamente defendido por los ríos que lo envuelven, debió contar con un sistema de amurallamiento. Se vincularía a la explotación de los recursos mineros existentes en las inmediaciones, con filones de plata y plomo. Algunos indicios materiales visibles en superficie permiten sostener una ocupación romana del lugar.

Camino de acceso a la Villeta./ Víctor Gibello.
Camino de acceso a la Villeta./ Víctor Gibello.

 

Tras siglos de abandono, el asentamiento volvió a ser ocupado como población estable entre los siglos IX y XIII, la abundancia de materiales arqueológicos en superficie relacionados con esta cronología así lo confirman. Análisis de C14 realizados por S. Gilotte, arqueóloga que estudió el yacimiento y su territorio años atrás, de muestras de madera de encina recogidas de la muralla informan de una fecha de construcción del recinto murado entre fines del siglo X e inicios del siglo XI. Quizás en ese momento la muralla fue mejorada y reformada.

Yacimiento en la dehesa./ Víctor Gibello.
Yacimiento en la dehesa./ Víctor Gibello.

 

Desde fines del siglo XI, la Villeta entra en un proceso de declive, proceso que concluye en el siglo XIII con el abandono definitivo de la plaza. Quizás la marcha de los pobladores habría que vincularla a la reorganización de la frontera almohade y de los núcleos defensivos en ella existente, no a los procesos de conquista del territorio por los castellanos, quienes, asumido el control de la tierra, no intentaron la repoblación de la antigua ciudad.

En la actualidad el yacimiento está alejado de núcleos poblados y parece aislado en mitad de la “nada”, ello ha llevado a algunos investigadores a formular hipótesis que sostienen la elección del lugar por parte de bereberes como asentamiento independiente. La idea, sin embargo, se antoja poco creíble y no basada en criterios históricos, sino contemporáneos. La Villeta estuvo bien comunidada, a mitad de camino entre Trujillo y Monfragüe. Desde el asentamiento parten caminos en dirección oeste aprovechando los vados existentes. E, incluso, el Almonte fue navegable con barcas de escaso calado durante algunas épocas del año. La Villeta nunca estuvo aislada, formó parte de la red de poblaciones de su tiempo, inscrita en una densa red de caminos.

Vista del Almonte desde la Villeta./ Víctor Gibello.
Vista del Almonte desde la Villeta./ Víctor Gibello.

 

Algunos investigadores pretenden ligar la Villeta con la ciudad histórica de Miknasa, ocupada por bereberes de la tribu homónima. Las fuentes históricas son lacónicas al respecto, siendo varios los emplazamientos posibles para esta ciudad. No voy a adentrarme en este artículo, que ya finaliza, en este interesante debate. Quiero dejar una puerta abierta al prometedor futuro que aguarda a la Villeta de Azuquén, un futuro en el que la investigación científica del espacio se ligue al turismo patrimonial y medioambiental, un futuro en el que los usos tradicionales de la finca, de vocación pastoril, convivan con nuevas formas de explotación sostenible de un espacio destinado a convertirse de uno de nuestros templos culturales y naturales.

Alquerques grabados en la roca./ Víctor Gibello.
Alquerques grabados en la roca./ Víctor Gibello.

 

Me siento a contemplar la puesta de sol sobre los riberos, el canto del cuco de la mañana ha sido sustituido por el de los autillos, que ya atisban la noche. A mis pies se extiende una roca repleta de alquerques grabados en la roca. Imagino a los pobladores del hisn de la Villeta entretenidos en este juego ancestral, contemplando también las últimas luces del día sobre este paisaje de cuento. Nils Frahm me acompañará en el camino de vuelta, les dejo con su composición Says.

Cordero recién nacido./ Victor Gibello.
Cordero recién nacido./ Victor Gibello.

Sobre el autor Víctor Gibello
Arqueólogo, historiador, historiador del Arte, fotógrafo, escritor, emprendedor. Es Director de la empresa ARQVEOCHECK con la que ha realizado numerosos trabajos de investigación, excavación, restauración y puesta en valor del Patrimonio Cultural por toda España, así como diversos proyectos internacionales. Paraísos Olvidados es un recorrido diferente por el Patrimonio de Extremadura, un viaje a los espacios más singulares, atractivos y amenazados de nuestra tierra, un experimento de divulgación que pretende crear conciencia en la sociedad para su conocimiento, valoración, protección, conservación y disfrute

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