La ermita de Nuestra Señora de Belén y su plaza de toros, un conjunto patrimonial creado por la devoción popular y la fiesta | Paraísos Olvidados - Blogs hoy.es

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Víctor Gibello

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La ermita de Nuestra Señora de Belén y su plaza de toros, un conjunto patrimonial creado por la devoción popular y la fiesta

Vista general del conjunto de Nuestra Señora de Belén./ Víctor Gibello

Vista general del conjunto de Nuestra Señora de Belén./ Víctor Gibello

 

Cantaba un pájaro sobre la rama de una zarza una mañana de 1390. No parece este un acontecimiento extraordinario, ni digno de ser recogido por las crónicas de aquel tiempo; sin embargo, el piar del ave provocaría hechos que cambiarían el convencional discurrir de los días en la Puebla de Sancho Pérez de la Baja Edad Media.

Quiero imaginar, pues nada dice la tradición oral sobre ello, que fue el trino de un mirlo el que llamó la atención de un pastor mientras sus ovejas pacían en el valle del Calvario, ajenas a su gorjeo. Al acercarse a la zarza encontró entre el follaje una imagen de la Virgen María y de Jesús Niño sobre su regazo. En ese instante, la Virgen se apareció y encomendó al pastor, de nombre desconocido, la misión de comunicar a las autoridades civiles y religiosas su petición de construir un templo en esa misma zona.

De generación en generación se ha transmitido en el pueblo que pronto comenzaron las obras de la iglesia mariana, pero no donde pidió la madre de Cristo, sino en un espacio más cercano a la localidad. Cada jornada los alarifes se aplicaban a la tarea encomendada, pero durante noche, de forma misteriosa, todo lo construido con esfuerzo era tirado por tierra. Finalmente se decidió erigir la ermita en el sitio exacto donde la Virgen se había mostrado, tal como pidió, perpetuándose allí su culto desde entonces.

La imagen encontrada, restaurada en 2006, es de traza gótica, sencilla, con policromía sobre alabastro. Su disposición es frontal e hierática. Con ambas manos sujeta a Jesús, dispuesto en su flanco izquierdo. El traje de ambos, una túnica ceñida a la cintura, es de color blanco, con adornos dorados. La Virgen se cobija con un manto que cae desde sus hombros, el Niño porta un libro entre las manos.

De la iglesia construida a finales del siglo XIV y principios del XV nada se reconoce en la construcción que hoy puede ser visitada. Es posible que bajo los encalados y revestimientos que la recubren se conserven restos del edificio primitivo, si es que la noticia es cierta, pero en la actual ermita de Nuestra Señora de Belén la arquitectura visible refleja exclusivamente la arquitectura propia del barroco bajoextremeño, realizada durante el siglo XVII. Nada de lo que vemos permite interpretar que allí existiera una construcción medieval, como la tradición sostiene.

Caída de la tarde en la ermita de Belén. / Víctor Gibello

Caída de la tarde en la ermita de Belén. / Víctor Gibello

 

Una puerta adintelada permite la entrada al recinto. Tras subir una escalinata, se accede a un patio rodeado por galerías arcuadas en planta baja en sus flancos sur, este y oeste. Algunas ventanas ayudan a reconocer la existencia de una planta alta utilizable. Hacia el oeste se sitúa la casa del ermitaño. En el lado opuesto se creó a fines de los 90’ un albergue para los peregrinos que caminan hacia Santiago de Compostela, siguiendo el itinerario mozárabe, gracias al Proyecto Alba Plata. Antiguos caminos pasaban desde siglos atrás por la zona, la elección del emplazamiento no fue, por tanto, fruto del azar ni de la casualidad.

Entorno ermita de Nª Sra. de Belén./ Víctor Gibello

Entorno ermita de Nª Sra. de Belén./ Víctor Gibello

 

Las galerías, compuestas por series de cinco arcos de medio punto sostenidos por pilares cuadrangulares, crean un pasillo perimetral cubierto con bóvedas de arista dispuestas entre arcos fajones. Se pavimenta el pasillo mencionado con losetas hidráulicas contemporáneas, que crean un peculiar damero corrido en el que el blanco y el negro se combinan en lo que pareciera un juego interminable.

Patio de acceso a templo./ Víctor Gibello

Patio de acceso a templo./ Víctor Gibello

 

Vista del área del albergue./ Víctor Gibello

Vista del área del albergue./ Víctor Gibello

 

Casi como si de una metáfora visual se tratara, el blanco y el negro, el Bien y el mal, se alternan en la base (el suelo, la tierra); al ascender solo el blanco permanece sobre muros y techo, cubriendo con su manto de pureza las bóvedas (el cielo). Tan solo el tramo existente ante la puerta del templo rompe la monotonía acromática con un entrelazado de volutas, vegetales y picas que resaltan con una pintura encarnada.

Interior de la galería perimetral./ Víctor Gibello

Interior de la galería perimetral./ Víctor Gibello

 

Galería perimetral./ Víctor Gibello

Galería perimetral./ Víctor Gibello

En el centro del lado sur se abre el acceso norte de la iglesia, un sencillo vano totalmente enjalbegado, adintelado al exterior y rebajado al interior. El templo es muy amplio y su cubrición elevada. Tiene una sola nave compartimentada en cuatro tramos, que se cubren con bóvedas de cañón con lunetos entre arcos fajones; estos arcos arrancan de pilares decorados entre los que se disponen hornacinas bajo bóvedas de cuarto de esfera preparadas para acoger retablos. Las bóvedas arrancan de una cornisa moldurada que está dotada de múltiples quiebros y curvas que conceden dinamismo al ritmo arquitectónico. En cada frente se abren cuatro ventanas que iluminan la nave.

Bóvedas de galería./ Víctor Gibello

Bóvedas de galería./ Víctor Gibello

 

Bóveda ante puerta del templo./ Víctor Gibello

Bóveda ante puerta del templo./ Víctor Gibello

 

A los pies se sitúan el coro bajo y el coro alto. En el lado opuesto se ubica la cabecera, diferenciada de la nave por los pilares situados en sus esquinas y por la gran cúpula hemisférica que la corona alzada sobre tambor octogonal. El testero es iluminado por dos ventanas situadas sobre los muros, una en el lado sur y otra en el norte, y por ocho aperturas dispuestas sobre el tambor de la cúpula.

Un vano abierto en la calle central del retablo del ábside permite la contemplación de la talla de la Virgen con el Niño acogida en un camarín creado ex profeso. El tono dorado de la iluminación y de los ornatos que acompañan la imagen hacen que el observador se centre exclusivamente en ella. El camarín también es coronado por una cúpula sobre tambor octogonal con desarrollo en altura menor a la del testero.

El altar se eleva por encima del solado de la nave gracias a una plataforma, a la que se sube mediante escalera.

Siendo el templo y las construcciones que lo envuelven realmente interesantes desde muchos puntos de vista, lo que más llama la atención del visitante de este magnífico ejemplo del barroco popular de la Baja Extremadura suele ser la existencia de una plaza de toros anexa. Así es, al este de la iglesia se sitúa un coso con una disposición formal que lo diferencia sustancialmente de la mayoría de las plazas españolas, pues su planta es rectangular y no circular.

Es precisamente esta conformación anómala la que ha conducido a numerosos estudiosos y aficionados a la tauromaquia y sus instalaciones a crear hipótesis sobre su construcción, determinando algunos de ellos que se trata de la plaza de toros conservada más antigua del mundo. Esta teoría se cimenta, principalmente, en la hipotética fundación de la ermita en el siglo XIV, entendiendo que plaza y templo se erigen a la vez, siguiendo un mismo programa constructivo.

Vista de la nave del templo./ Víctor Gibello

Vista de la nave del templo./ Víctor Gibello

 

Por diversos argumentos, que seguidamente expondré, discrepo de las conjeturas asumidas como verdaderas, pues carecen de bases sólidas en las que asentarse.

Veamos, por una parte, como ya he afirmado previamente, no hay rastros visibles del templo medieval elevado en honor a la Virgen, llevándonos la arquitectura de la edificación religiosa al siglo XVII, e, incluso, a la primera mitad del XVIII. Dado que la plaza se adosa a la ermita, la construcción del coso es, indudablemente, posterior a aquella: toril y chiqueros se anexan al lateral sur de la cabecera y del camarín de la Virgen, el tendido oeste está adosado al camarín, sacristía y ala este del patio de acceso a la iglesia. La secuencia constructiva es muy clara, por lo que no hay lugar a equívoco en la misma. En la parte superior del tendido oeste se dispone una galería techada, en ella se ubica la presidencia, su cubierta enlaza claramente con la de las construcciones previas. La arquería de esta iglesia podría retrotraerse, como muy pronto y siendo generosos, a fines del siglo XVII.

Cúpula en la cabecera y retablo./ Víctor Gibello

Cúpula en la cabecera y retablo./ Víctor Gibello

 

Por otra parte, en la plaza no se aprecia elemento formal alguno que pueda ser propio del medievo, hecho que desmonta plenamente adscripciones tan antiguas como las que han venido siendo propuestas hasta ahora de forma reiterativa. La arquitectura tiene la capacidad de hablarnos con un lenguaje simple y directo, pero ha de ser escuchado desde la observación detenida y metódica de las partes que la integran. Hubiera sido realmente interesante haber aplicado metodología arqueológica para el estudio paramental durante la fase de obras para la creación del albergue de peregrinos; dichos trabajos habrían permitido fijar con certera exactitud el controvertido origen y la antigüedad real del coso perano.

Si bien es cierto que la plaza de Puebla de Sancho Pérez tiene una disposición atípica que la aleja del canon formal, no es la única que carezca de la característica circunferencia en planta que todos asociamos con el espacio en el que se desarrollan las fiestas taurinas. Los cosos más antiguos conservados parecen ligarse precisamente con configuraciones no canónicas desde el prisma actual. Ejemplo de ello son las plazas de Santa Cruz de Mudela, Segura de la Sierra, El Castañar, en Béjar, obra de inicios del siglo XVIII, Rasines, en Cantabria, realizada a mediados del siglo XVIII, y, por supuesto, Cañadas de Obregón, en Jalisco, México, con arena redonda en un edificio rectangular erigido en 1687.

Parece una obviedad señalar que los cosos más antiguos se erigen siguiendo el modelo de las plazas públicas, cuyas plantas, siempre que era posible, tendían al cuadrado o al rectángulo. Es algo lógico si tenemos en cuenta que, inicialmente, los espectáculos taurinos tenían lugar en el centro de las villas y las ciudades, en sus espacios abiertos, de ahí que las primeras edificaciones se trazaran siguiendo el esquema conocido, y no pensando en los beneficios de los asistentes situados en el graderío, ni en el desarrollo del acontecimiento mismo. Es un hecho bien conocido.

En la plaza de Puebla de Sancho Pérez la irregularidad del diseño es notable: la esquina suroeste, en la que se ubica la puerta de los toriles, es ochavada; la opuesta, por el contrario, es completamente curva, en ella se abre el acceso a la enfermería. Resulta sorprendente la disposición cuando no parecen existir condicionantes topográficos ni otros elementos que lo coarten.

¿Se deberá al “capricho” de sus constructores, o, en realidad, está prefigurando la transición desde los ruedos cuadrangulares a los circulares? Parece esta una posibilidad muy sugerente que convertiría el coso de la ermita de Nuestra Señora de Belén en excepcional, en tanto que enlace entre modelos arquitectónicos diferentes y sucesivos en el tiempo.

Pudiera parecer sorprendente para quien desconoce la tauromaquia y su mundo la ligazón entre iglesias y plazas de toros. Sin embargo, es una relación sabida, y no solo porque cada ruedo aloje entre sus instalaciones una capilla propia, sino porque desde los primeros momentos las fiestas ligan la religiosidad popular con los divertimentos del gusto de las gentes. Por citar un ejemplo similar al perano, ya señalado con anterioridad, está el Santuario de las Virtudes de Santa Cruz de Mudela, en la provincia de Ciudad Real, cuyo coso parece estar datado en torno a 1641. Podrían situarse las plazas de Santa Cruz de Mudela y de Puebla de Sancho Pérez entre las más antiguas mantenidas en el tiempo, aún en uso.

Plaza de toros y ermita./ Víctor Gibello

Plaza de toros y ermita./ Víctor Gibello

 

A lo largo de la Baja Edad Media y la primera Edad Moderna se desarrollaron en España dos formas de entender la religiosidad: la ilustrada y la popular, que fueron distanciándose a lo largo del tiempo. La primera era minoritaria, propia de las élites civiles y religiosas, intimista y poco dada a las manifestaciones externas. La segunda, la más extendida, se ligaba a la costumbre y a los actos externos, era sentimentaloide y no siempre sujeta ni a la doctrina, ni a la teología cristiana establecida.

Las autoridades religiosas trataron de frenar o encauzar los excesos que tenían lugar en las fiestas y ritos que marcaban el ritmo anual con su secuencia interminable, aunque sus intentos fueron generalmente vanos. Multitud de cofradías (gremiales, asistenciales, penitenciales y devocionales) articularon la sociedad española con su trabajo social y soporte del culto. Romerías y ermitas estaban entrelazadas estrechamente con las cofradías y con las actividades por ellas desarrolladas.

Algunas ermitas alcanzaban fama milagrera y se convertían en santuarios cuya trascendencia sobrepasaba el ámbito puramente local. Tal es el caso de Nuestra Señora de Belén, iniciada con el prodigio de la aparición mariana. En torno al santuario tuvieron lugar romerías y fiestas patronales en las que el fenómeno religioso quedaba superado frecuentemente por el carácter festivo, circunstancia que alentaba el interés del pueblo y sumía en la preocupación a las autoridades religiosas, pues la acumulación de gentes favorecía la relajación de la moral dominante y el aumento de los altercados públicos. El poder fue redirigiendo estos acontecimientos mediante coacciones y represión controlada hasta convertirlas en festejos reglados y enteramente tutelados; así sucede con los festejos taurinos claramente vinculados a las directrices del poder establecido, ofreciendo al pueblo espectáculos que encajaban con el gusto generalizado.

El conjunto patrimonial de la ermita de Belén, pues así ha de ser considerado, se ubica en un paraje especial. El subsuelo posee abundante agua subterránea, hay pozos y norias tradicionales en su entorno que lo evidencian; la frondosa arboleda configura un parque público que conserva la idea de espacio abierto para la relación y la convivencia propias de las romerías. Ante el templo corre el tramo de la Vía de la Plata que desde Mérida se adentraba en dirección sur, hacia el occidente de la Bética.

Abundantes restos arqueológicos dispersos por los alrededores evidencian la existencia de asentamientos romanos. No hay casualidades, la elección del lugar responde a la necesidad de perpetuar un espacio sacralizado, probablemente desde antiguo, siendo esta larga tradición la que legitima su implantación y la devoción de los lugareños. Todo está aún sin estudiar en profundidad, como tantos espacios extremeños de gran valor histórico y cultural.

Regreso escuchando el disco Happenstance de Rachael Yamagata, suenan los acordes de I’ll find a way cuando dejo de ver las casas de Puebla de Sancho Pérez en el retrovisor. I’ll find a way to see you again, encontraré el modo de volver a verte.

Iglesia vista desde el patio./ Víctor Gibello

Iglesia vista desde el patio./ Víctor Gibello

Extremadura posee un patrimonio muy rico y diverso, quizá de los más destacables cualitativa y cualitativamente de la Península. El blog Paraísos olvidados pretende recuperar y dar a conocer la memoria de esta herencia de siglos, un legado compuesto por monumentos y yacimientos arqueológicos, pero también por paisajes, bosques, manantiales, restos de arquitectura vernácula, tradiciones, etc.

Sobre el autor

Arqueólogo, historiador, historiador del Arte, fotógrafo, escritor, emprendedor. Es Director de la empresa ARQVEOCHECK con la que ha realizado numerosos trabajos de investigación, excavación, restauración y puesta en valor del Patrimonio Cultural por toda España, así como diversos proyectos internacionales. Paraísos Olvidados es un recorrido diferente por el Patrimonio de Extremadura, un viaje a los espacios más singulares, atractivos y amenazados de nuestra tierra, un experimento de divulgación que pretende crear conciencia en la sociedad para su conocimiento, valoración, protección, conservación y disfrute


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