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Javier Alarcón Domingo

Pensamiento Eficaz

Autotiranía aprendida

¿Somos unos tiranos para con nosotros?

Obviamente no, pero a veces nos comportamos como tales por la sencilla razón que desde pequeños hemos aprendido ideas que, lejos de ayudarnos a funcionar de forma fluida, nos complican enormemente la existencia provocando emociones no deseables. A este tipo de ideas se les conoce como distorsiones cognitivas y, haciendo un símil con la informática, equivalen a los fallos de procesamiento o fallos de sistema de nuestro pensamiento.

Una de estas distorsiones del pensamiento tiene que ver con lo que en la psicología cognitiva se denomina “pensamiento debería” ¿En qué consiste? Es la confusión que establecemos cuando  las diversas opciones, preferencias, deseos, conveniencias, que tenemos en la vida, las trasformamos por arte de magia (magia=educación) en obligaciones y necesidades.

Cuantas veces en la vida nos decimos a nosotros mismos frases que contienen expresiones tales como “tengo que”, “necesito”, “debo”, “hay que”, que nos llevan irremediablemente a experimentar ansiedad, angustia, enfado, ira, agobio, etc., cuando desde una perspectiva más interesante podríamos ser conscientes de que no tenemos la más mínima obligación de hacer nada (¡Sí hombre…! Pensarán muchos) y las necesidades que tenemos son muy poquitas.

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Podemos realizar un ejercicio ilustrativo siguiendo estos pasos:

Paso 1

Rellena la siguiente frase “Esta semana he tenido que __________ obligatoriamente”. (por ejemplo realizar tal reunión o pasar una oposición o pagar la hipoteca, algo que realmente consideréis un deber)

Paso 2

Tapa la nariz y la boca hasta que no puedas más (con una hora es más que suficiente)

Paso 3

Ahora imagina que cuando has soltado la mano de la nariz y de la boca para poder respirar no entra ni una burbuja de aire en tus pulmones, como si permanecieses bajo el agua

Paso 4

Escribe ¿Qué sentirías? __________

Paso 5

 Balance: si tuvieras que elegir entre lo que escribiste en el punto 1 y el aire que no te está entrando, ¿Con qué te quedarías?

En mis veintitantos años de vida profesional todavía no he encontrado a nadie que rechazase el aire (y hay quien habría contestado en el punto 1 mi novio o novia). El aire sí es una necesidad, lo que hayas escrito en el paso 1 es un deseo, una preferencia, algo que te conviene, pero definitivamente no es una necesidad.

Observemos que cuando un deseo lo transformamos en necesidad u obligación (por ejemplo “tengo que aprobar este examen como sea”) y éste se ve atacado por cualquier razón (no tengo tiempo suficiente para…) nos sentiremos igual de agobiados que si una necesidad real se ve atacada (Paso 4). Nuestra vulnerabilidad emocional es mayor cuanto más incrementemos la frecuencia de pensamientos que incluyan “deberías”.

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Analicemos una frase muy común en nuestra sociedad que, en este caso,  le dice la madre de Manolete, otro de nuestros protagonistas, tras recibir las notas:

Madre:-  “en nuestra casa tu padre trabaja, yo trabajo y tu única obligación es estudiar”.

Esto dista mucho de ser cierto, ya que, hasta donde sabemos, estudiar más que una obligación es un privilegio social conseguido hace bastante tiempo y, sobre el que a veces perdemos la perspectiva. Esta manera de pensar tiene consecuencias: de un lado, probablemente aumente el grado de frustración y enfado de la madre y, de otro,  se favorecerá el nivel de presión sobre los estudios de Manolete, lo que sin duda, no son buenas noticias para las condiciones de estudio de su hijo. Indudablemente, ante la amenaza (en este caso moral= “si no cumplo mi obligación no soy bueno”) que reciben todos los Manoletes, habrá algunos que cumplan los deseos de sus padres soportando la ansiedad y estudien con alto rendimiento. Lo que pongo en duda es que sea el método más adecuado para conseguirlo, porque aunque obtenga algunos logros, la amenaza está balanceándose en el aire, como la espada de Damocles, y en el momento en que Manolete tenga algún tipo de “fracaso” o no cumpla su “deber”, el pensamiento de “no soy bueno” golpeará con toda su fuerza y originará consecuencias emocionales negativas.

Seguramente si se sustituye la segunda parte de la frase y, queda como “En nuestra casa tu padre trabaja, yo trabajo, estudiamos porque vimos que era una buena salida y creemos que para ti sería una buena opción, pero es algo que  tú decides”, el nivel de tensión emocional dentro de la casa baje,  el nivel de control de los padres sobre el estudio de Manolete sea el mismo (ninguno porque es una ilusión) y la responsabilidad de la decisión pasa a ser de Manolete, siendo así que el camino que elija no está directamente relacionado con su valor como persona. Pero sobre todo, se está educando a Manolete a que tome sus decisiones basándose más en un análisis racional, de las ventajas e inconvenientes, de hacer esto y/o aquello, que desde un punto de vista moral donde un ser superior decide por él qué es lo que le conviene y que le amenaza con castigarle de forma ejemplar si no cumple: obligado a decirse durante un tiempo en un sentido amplio que no es una buena persona, que es irresponsable, que es inútil, en suma a convertirse en un tirano para sí mismo.

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Albert Ellis, psicólogo norteamericano creador de la Terapia Racional Emotiva planteaba la importancia de rebelarse contra esta forma de tiranía e introducir en tu vocabulario “me apetece” “me interesa”, “me conviene”, “me va bien” frente a las diversas maneras de maltratarnos con los “debería”, de hecho, hacía un juego de palabras con el verbo en ingles To must (deber, obligación) y denominaba a los pensamientos que contenían este verbo, pensamientos mastubartorios. Trata de evitar juzgar e intenta practicar el entender al otro, la aceptación incondicional del que tenemos en frente, en lugar de ponerles “deberías…”, nos permite buscar la autoaceptación incondicional propia, (yo no soy ni bueno, ni malo, soy Manolete y me interesa estudiar esto, o no). Son estrategias que pueden ayudarnos a mantener una relación  equilibrada con el entorno, pero sobre todo con nosotros mismos.

Y como va a seguir siendo habitual os dejo una nueva canción que podéis (o no) escuchar

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Sobre el autor

Javier Alarcón Domingo, es Psicólogo Especialista en Psicología Clínica. Tras la licenciatura y Máster, recibió formación en Estados Unidos y en Reino Unido, siempre ocupado en tratar de aprender de los mejores profesionales en su campo. Este blog pretende ser un lugar en que trasladar en forma de pequeñas píldoras conceptuales algunas herramientas, estrategias, reflexiones, experiencias que puedan servir a los lectores. Pretende que sea un espacio de comunicación útil donde el lector pueda hacer comentarios, sugerir temas, preguntar cualquier duda en relación con la psicología, tanto clínica como de la vida cotidiana. Y, puesto que la psicología es la ciencia que estudia la conducta, no solo humana sino también animal, de vez en cuando hablaremos de perros.


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