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César Hernández

Pensamientos de Luz

PREGUNTARME QUIÉN SOY Y NO SABER QUÉ CONTESTAR

Una de las reflexiones que considero más interesante es la de preguntarse a uno mismo: ¿quién soy?

Una pregunta sencilla, directa y aparentemente fácil de responder… o no. Es asombroso con qué facilidad somos capaces de describir a cualquier persona de nuestro entorno, con gran cantidad de adjetivos, sin mayor esfuerzo. Pero cuando se trata de uno mismo la cosa cambia y puede convertirse en un ejercicio harto complicado a la par que gratificante.

Y de esto tratan mis soliloquios de estos días, de lo que es, lo que percibimos que es, las múltiples interpretaciones, de la influencia de nuestro entorno y de tantas y tantas cosas que influyen en la identidad de las cosas y personas.

Describir a otra persona puede resultar sencillo, pues se trata de la imagen que percibimos de esa persona, es una información unidireccional, recibida e interpretada por nuestros pensamientos y sentimientos. Ya sea su apariencia, su forma de hablar o actuar, su inteligencia o sus gustos, esa persona “es” como la percibimos y las reacciones que provoca en nosotros. Ahora bien, es posible que la descripción que realice otra persona no coincida en nada o casi nada con la nuestra.

En cambio, cuando se trata de definirnos a nosotros mismos, la cosa se complica. Dejamos de ser receptores de información unidireccional para convertirnos en receptores de información multidireccional en distintos ámbitos de nuestra vida, en cada uno de los cuales seremos “personas distintas” aunque conservemos nuestra esencia, pues no te diriges igual a tu jefe que a tu sobrino de cinco años, no te comportas igual en un funeral que yendo de tapeo con los amigos. Al menos eso espero, pues no se trata de otra cosa que sensibilidad social.

Esta afirmación me lleva a replantearme la pregunta… ¿Quién soy? ¿Quién de “todos” soy? Y cada día confirmo que soy todos y ninguno. Todos somos más allá de nuestra propia imagen, de nuestro mejor conocimiento de nosotros mismos; somos más allá de nuestro cuerpo y nuestros actos y, por supuesto, de las palabras que utilizamos para definirnos.

Se trata de aquella teoría de que el observador afecta lo observado y de que nuestro YO superior, al sobrepasar los límites de nuestra propia consciencia, solo se muestra a través de reflejos.

Reflejos… tan solo conocemos los reflejos del mundo que nos rodea, tan solo conocemos nuestro propio reflejo. Unos tendrán más consciencia de sí mismos, otros menos y a otros ni siquiera les importará, pero lo cierto es que nunca llegaremos a conocer el mundo como es, igual que no podemos mirar al Sol a los ojos, conformándonos con conocerlo por su reflejo.

Conocemos el mundo a través de sus reflejos

Conocemos el mundo a través de sus reflejos

Hay quien dice que yo soy papá, para otros soy hijo; unos dirán de mí que soy cariñoso, pero para otros seré distante; para algunos soy el ingeniero y para otros bloguero; algunos piensan que soy serio y recto, otros dicen que soy un cachondo; algunos dicen que soy buena persona, pero habrá quien diga que soy un gilipollas. Lo grande es que todos tienen razón, aunque sea todos y ninguno y ni yo conozca mi verdadero YO. Cada uno me definirá en función de lo que conoce, que no es más que un reflejo de mí. Y al igual que no es lo mismo la imagen que devuelve un espejo que un cristal, una chapa o el agua de un charco, cada persona reflejará una imagen nuestra distinta.

Y por si fuera poco, no solo depende sobre qué nos reflejamos, sino que además habrá que considerar las circunstancias que lo rodean, del mismo modo que la luna no se refleja igual sobre aquel charco si tiramos una piedra al agua. Del mismo modo, el reflejo que cada uno de nosotros percibimos se ve condicionado por nuestro estado de ánimo y recuerdos intrínsecos, al margen de nuestra consciencia.

Seguro que recordarás aquello de “Dime con quien andas y te diré quien eres”. Si bien, al hilo de lo comentado, no se trata de una afirmación absoluta, nos debe llevar a reflexionar sobre qué o quién nos estamos reflejando y si es lo que quiero para mí o no, pues el entorno en el que nos encontramos va a devolver una imagen nuestra y esa imagen será el conocimiento que tengamos de nosotros mismos, condicionando en muchas ocasiones nuestra identidad, nuestra existencia.

Tengo la suerte de tener la mujer que tengo y soy consciente de que la imagen que refleja de mí me engrandece. También sé que en otros lugares, mi reflejo es diminuto y distorsionado. Gracias a Dios soy consciente de ello, lo que me permite poder seleccionar con quién quiero estar y a quién prefiero no ver. Frecuentar personas o situaciones que amplifican nuestro reflejo nos hace conocernos y, por tanto, crecer ilimitadamente.

No te equivoques, no se trata de rodearse de quien te adula y regala el oído, eso lo único que engrandece es el ego. Se trata de rodearse de quien vibra en tu misma frecuencia, de quien refleja una imagen fiel, sea lo que sea lo que refleje. Si es algo que nos gusta lo que debe reflejar, pues mejor, pero si se trata de algo no tan bueno, mejor que mejor, pues nos permitirá enfrentarnos a nuestros defectos, que es donde se encuentra el verdadero aprendizaje.

En cambio, si nos guiamos por un reflejo distorsionado, nunca llegaremos a conocernos e incluso tendremos un conocimiento equivocado, nos llenará de creencias limitantes y atrofiará nuestro desarrollo personal.

Seas quien seas, por muy convencido que estés de ello, te invito a que lo pongas en duda, pon en duda cuanto acontece y comprueba sobre qué se está reflejando. Sé consciente de que todo cuanto conoces no es más que una imagen, un reflejo sobre ti, de lo que realmente es. Es posible que entonces veas el mundo con otros ojos, es posible que incluso algún día llegues a conocerte.

Temas

conocimiento, creencia, distorsión, espejo, imagen, mundo, percepción, reflejo, reflexiones, ser, yo

Pensamientos de Luz

Sobre el autor

Ingeniero por vocación, coach por devoción, con el coaching y el Reiki he encontrado el equilibrio perfecto entre lo empírico y tangible con lo imperceptible y espiritual. Mi fascinación por la capacidad de la mente, generadora de realidades, y sus efectos sobre el mundo material, es la excusa perfecta para desgranar cualquier frase, sentimiento o pensamiento.Este blog nace con la simple intención de compartir mis soliloquios y divagaciones, sin más, así es que, si te gusta lo que ves, entra y coge lo que quieras.

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