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César Hernández

Pensamientos de Luz

Yo también quiero que me regalen flores

Los niños juegan con muñecas, las niñas sueñan con ser toreras, listas paritarias y colores ajenos al sexo, pero a los hombres siguen sin regalarnos flores.

Ahora que tan de moda está la canción “Sin pijima”, después de leer cómo se justificaba el autor diciendo algo parecido a que la gente fumaba marihuana antes de que escribiese esa letra, me he acordado de Miguel Bosé y “sus chicos no lloran, tienen que pelear”.

Es pronto para medir el aumento en la venta de marihuana y la quiebra de los fabricantes de pijamas, pero tenemos cierta perspectiva sobre los chicos que pelean en lugar de llorar. Por supuesto que un par de canciones no condicionan la voluntad de toda la humanidad, pero sí creo que son el reflejo de lo que la sociedad es y su tendencia. Si bien, lejos de tomarlo con temor, como un adoctrinamiento a nuestros pequeños y lamentarnos del mundo que les espera, está en nuestra mano tomarlo como una oportunidad de aprendizaje para ellos, aprovechar que las cartas se encuentran sobre la mesa para enseñarles a discernir sobre qué cartas quieren jugar en sus vidas.

Deja que cien flores florezcan. Mao Zedong

Deja que cien flores florezcan. Mao Zedong

Hoy puedo decir con orgullo que siendo un chico, prefiero las lágrimas a los puños, a pesar de Miguel Bosé, a pesar de haber escuchado tantas y tantas veces aquello de “no llores”. Es normal, se trata de una frase casi instintiva para un padre que ve llorar a su hijo. Cómo culpar a nadie por ello.

Pero es así como en muchas ocasiones se transmiten esas creencias limitantes, como condicionamos a los demás. Lo hacemos sin querer, con palabras que apenas nos hemos parado a pensar, que en ocasiones ni siquiera creemos. Y es así como las interiorizamos al oírlas, sin tomarlas muy en serio, pero que, pronunciadas por tantas personas en tantas ocasiones, acaban grabadas en nuestro inconsciente.

Orgulloso de mi generación, agradecido de la educación recibida, de haber crecido con libertad de pensamiento, en una sociedad en plena apertura y expansión, pero que como no podía ser de otra manera, aún arrastra muchas barreras por salvar, para dar rienda suelta a un sinfín de ideas contenidas por los grandes diques del mundo, la política, la religión y la tradición.

Desde pequeño tuve la suerte de sentir curiosidad por la cocina, intentando quedarme con los secretos utilizados por la yaya para que el conejo que hacía fuera distinto a los demás, o la tarta de moca de mi madre o las tortillas de la tía Balbina. Quería saber cómo se planchaba una camisa o qué estropajo utilizar para la olla. Me preguntaba por qué limpiaban los cristales con un periódico o la técnica utilizada para pelar las patatas a una velocidad que a mí me hubiera costado los dedos de la mano. De pequeño tuve la suerte de ser bien acogido por grandes maestras y de no escuchar “¡no entres en la cocina, eso es de maricones!” o cosas similares que, por triste que parezca, son tan reales como la coartación que recibía ese niño en su desarrollo como persona autosuficiente.

Hay cosas que hoy en día son impensables (aunque seguro que nos sorprenderíamos en más de una ocasión) y estoy convencido de que si tu hija te pide un fuerte indio para su cumpleaños, no le darías la versión de las Pinypon, o si tu hijo te pide una Barbie, no le darás a Ken. También estoy seguro que intentas huir de los colores por sexo, del ballet para ellas y el judo para ellos, de que sean las niñas quienes ayuden a recoger la mesa o de que sean los niños quienes acompañen a papá a ver el fútbol… Pero a los hombres siguen sin regalarnos flores.

Soy hombre y puedo llorar y abrigarme en el regazo de una mujer, sin que mi gallardía se vea cuestionada por ello. Puedo hacer la compra y limpiar el pescado, puedo ver telenovelas y usar crema de noche, que (casi) nadie pestañearía lo más mínimo. Pero a los hombres, siguen sin regalarnos flores.

Aunque puede ser que a mis congéneres sí se las regalen. En ese caso, ya que a nadie he escuchado presumir de ello, el problema estaría en que, por mucho que alardeemos del avance en la erradicación del machismo en nuestra educación, seguimos teniendo tabiques de papel que nos cuesta derribar.

Si es el caso, querido amigo, y necesitas un apoyo para salir de ese armario, no temas y permímete que abra camino: a mi me gusta un ramo frondoso, colorido, con grandes gerberas, liliums o crisantemos, adornado con helechos u otras hojas verdes, envuelto en papel en vez de plástico, con un lazo grande a juego con el color de las flores y, por supuesto, una tarjeta con una frase que enamore.

Sí, soy hombre, hetero (o heterogay si así lo prefieres) y me gusta que me regalen flores.

¿Y tú? ¿Le has regalado flores alguna vez?

Pensamientos de Luz

Sobre el autor

Ingeniero por vocación, coach por devoción, con el coaching y el Reiki he encontrado el equilibrio perfecto entre lo empírico y tangible con lo imperceptible y espiritual. Mi fascinación por la capacidad de la mente, generadora de realidades, y sus efectos sobre el mundo material, es la excusa perfecta para desgranar cualquier frase, sentimiento o pensamiento.Este blog nace con la simple intención de compartir mis soliloquios y divagaciones, sin más, así es que, si te gusta lo que ves, entra y coge lo que quieras.


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