Hoy
img
Autor: pensamientosdeluz
Lo que aprendí jugando con mi hija
img
César Hernández | 18-02-2018 | 9:43| 0

Jugaba con mi hija a algo parecido a las adivinanzas, cuando me lo puso difícil y necesité de ayuda.

Dame una pista -le pedí-.

“Eso” vive dentro de nosotros, en el centro del pecho…. Bueno, un poquito a la izquierda.

Lejos de intentar corregir su forma de describir el corazón, sentí cómo me estaba dando una lección que hoy me trae hasta aquí, haciéndoos partícipes de aquel sentimiento de nostalgia y envidia que sentí al descubrirme tan lejos de esa mágica forma de entender el mundo.

37205012 - little girl drowing heart on wet window

Dibujando un amor fugaz.

Juraría que entre los lectores de este blog no hay nadie de seis años, así que permitidme la primera persona del plural para afirmar que hace mucho tiempo que perdimos esa inocencia, que hace muchos años que nuestras mentes fueron invadidas por ese camalote llamado “educación”, más bien adoctrinamiento, con el que nos hicieron entender cómo es la vida, con el que intentamos enseñar a nuestros hijos cómo son las cosas para que puedan sobrevivir en este mundo.

El corazón VIVE dentro de nosotros…”. No deja de resonar en mi cabeza esa afirmación, además de imaginarme su respuesta si hubiera seguido tirando de ese hilo, algo así como: “somos nuestro cerebro” o “existimos nuestra alma”.

Si a un niño le pides que dibuje el amor, lo primero que hará será dibujar un corazón. ¿Os dais cuenta? En un instante tuve que desaprender que el corazón no es más que un órgano vital para entender que, en realidad, el corazón es vida, que el corazón es amor y, en definitiva, que la vida es amor; al mismo tiempo, la mente es pensamiento y somos lo que pensamos, por más que nos empeñemos en hacer creer al mundo que somos lo que hacemos, que somos nuestros actos o que somos lo que tenemos.

Y entre cerebro y corazón, entre pensamiento y amor, vivimos lo que somos y nuestra alma nos otorga la existencia. Superando el cuerpo, los órganos y la piel, nuestro amor y pensamientos se transforman en energía para trascender más allá de lo físico.

Nuestro amor y pensamientos otorgan existencia a las personas que se fueron, haciendo que vivan dentro de nosotros. Nuestro amor y pensamientos otorgan existencia a nuestros sueños, fantasías que nos habitan, convirtiéndose en el último resquicio de aquellos niños que fuimos, imaginando a nuestro antojo y disfrutando de aquellas realidades inventadas como si fueran verídicas. Y es que, ¿acaso no lo son?

Jugando con mi hija recordé que debía desaprender.

Jugando con mi hija aprendí lo que es la vida.

Jugando con mi hija descubrí que quiero jugar más con mi hija para aprender a vivir.

Ver Post >
ESTE SOY YO, SI TE GUSTA LO QUE VES, VEN Y COGE LO QUE QUIERAS
img
César Hernández | 22-01-2018 | 11:16| 0

Este blog es un nuevo comienzo. Hemos pasado de llamarnos “Pensamientos a media Luz” a “Pensamientos de Luz”. He seguido el consejo de una gran amiga, que me dijo hace poco: “Tus pensamientos no son de media luz. Yo diría que son pensamientos de luz”. He aceptado ese consejo y rebautizando este blog aprovechando el cambio de plataforma para dejar atrás la penumbra, y permitir que brillen los pensamientos con todo su esplendor.

Hoy comienza esta singladura a bordo de un nuevo velero, recordando el poder que tiene la mente sobre nosotros, nuestras creencias y nuestros retos. Se trata de esa fuerza que te lleva a pensar: “Este soy yo. Si te gusta lo que ves, ven y coge lo que quieras”.

Cada uno de nosotros somos únicos y valiosos, así es que ¿por qué quedártelo para ti? No siempre recordamos aquella palabra, aquel gesto o mirada que nos dejó huella e incluso condicionó el resto de nuestras vidas, mientras su emisor era ajeno al poder que estaba ejerciendo sobre nosotros, desconocedor de la trascendencia de aquella frase que estaba compartiendo en aquel momento. Debemos ser conscientes de que, otras veces, somos nosotros los que podemos dejar esa huella, sembrar nuestras palabras en cabezas ajenas donde podrán germinar en la inconsciencia de quien las escucha.

Uno de los motivos por los que inicié este blog fue la desazón que me producía pensar en toda aquella sabiduría y conocimiento que se ha perdido a lo largo de la historia (y que se seguirá perdiendo) porque su único conocedor se lo llevó consigo a la tumba. Recuerdo cómo la abuela Petra nos recitaba de niños una infinidad de versos trazados con los años, coplas que aprendió de sus abuelos siendo aún una niña, y estos de sus abuelos. Cuando me llega ese recuerdo siempre le persigue el sentimiento de impotencia al ser incapaz de reproducir un solo verso. No puedo culparme, pues tanta sabiduría llegaba oculta entre palabras inconexas para aquella mente inmadura.

Hace unos meses tuve una cliente de coaching, quien tras la segunda sesión decidió que no quería más. Yo le hubiera recomendado alguna sesión más a la vista de su situación, pero era su decisión. Quizá sintiera que no era lo que necesitaba, quizá no le gustó o no estaba preparada. Hoy sé que en esas dos sesiones encontró lo que necesitaba, lo que le faltaba para afrontar el giro que estaba dando su vida. No sé qué pregunta fue la que consiguió penetrar en sus entrañas, en qué palabra descubrió su fuerza o con qué silencio decidió derrumbar su castillo de naipes para empezar a construir nuevos cimientos.

Créeme, tú eres importante y tienes mucho que enseñar. No coartes tu luz que a tantos podrían guiar. ¿Vanidad, petulancia, altivez? No te confundas, eso es de quien se cree poseedor de la verdad y pretende imponerla a los demás. Déjate de excusas, tan sólo hablo de entrega, sinceridad, sencillez y humildad. Hablo de seguridad, fuerza y confianza. Sí, eres importante, un ser de luz, una estrella más que completa el firmamento viviendo ajena a los ojos que, desde la distancia, la observan y contemplan su belleza.

Ánimo, es fácil, tan solo tienes que desnudarte, abrirte el pecho con las manos. Atrévete, te estamos esperando.

Mientras tanto, este soy yo; si te gusta lo que ves, coge lo que quieras.

Ver Post >
TÚ DECIDES SER ROBLE O BAMBÚ
img
César Hernández | 22-01-2018 | 10:57| 0

La tormenta arranca del suelo al fornido roble, pero no al junco, porque éste se dobla. No calcules mi fuerza, sino mis debilidades.

Isabel Allende.

Árbol noble, macizo y robusto, el roble es sinónimo de fortaleza.

Grandes raíces que sustentan su tronco poderoso e inabarcable, capaz de lucir con gran semblante las cicatrices sufridas con los años. Fabulosos brazos interminables que soportan esa majestuosa silueta, cobijo de mil formas de vida, consigue proteger a todos de la lluvia primaveral incesante.

Valioso en vida, codiciado en su muerte, capaz de evolucionar a banqueta de zapatero, escritorio de letrado o convertirse en una gran mesa de banquetes testigo de grandes encuentros y jolgorios, que siendo el orgullo del anfitrión, le permite recordar con añoranza aquellos años de vida vistiendo los campos, ahora sin cicatrices, pulidas por unas manos diestras con la guimbarda y el cincel.

Toda mi vida me he esforzado por ser roble. No por su ornamenta y majestuosidad, para eso que estén otros que no es virtud que me corresponda. Me refiero al roble resistente y fuerte, capaz de proteger a mi familia, siendo el sustento de quien de mi cobijo depende, soportando las inclemencias y llevando con orgullo las cicatrices que la vida me regale. ¿Acaso no es lo que se espera de un buen padre de familia? Fortaleza, siempre en pie resistiendo las tormentas, refugio y referente de todos, no me puedo permitir caer.

Con cada vendaval, mayor resistencia, creciendo en raíces que me mantengan en pie, ensanchando el tronco para obtener mayor robustez. El viento va y viene y vuelve a venir, no para de soplar; el roble ahí sigue y debe seguir, aunque se puede agotar. Todo está en orden y así seguirá, pero un día llega la duda, el temor a que la tormenta se convierta en huracán ante el que todo está vendido al antojo de su curso.

Es aquí donde me digo: ¡Hay que evolucionar!

Y en estos quehaceres internos, una vez más, Oriente me muestra el camino. De la India nos llega el bambú, que ni siquiera se le puede catalogar como árbol, conformándose con ser una simple planta. ¿Acaso puede competir con el majestuoso roble? Humilde hasta en su forma de nacer, necesita de siete años para poder germinar. Fuente de burlas de todas esas flores tan bellas como efímeras, el bambú sigue fiel a su plan, creciendo en su interior, buscando en lo más profundo a la espera de su momento, sin prisa, sabedor de que lo mejor está por llegar y para cuyo momento se debe preparar. Y es que de repente, cuando todos se habían olvidado de él, un día decide conocer la luz del sol obrándose el milagro. Capaz de crecer más de treinta metros al mes, dicen que si lo observas podrías verlo ascender.

Flexible y resistente, ligero e inquebrantable, ni tormenta ni ventisca ni huracán pueden con él. Pero si así fuera, aunque lo cortes vuelve a crecer.

Y en estas preguntas internas, una vez más el coaching me muestra el camino, haciéndome cuestionar hasta la verdad más verdadera. ¿Quién soy yo? ¿Quién quiero ser? ¿Roble o bambú?

Y en estas preguntas internas, una vez más el coaching me muestra el camino: depende de mi objetivo.

Hoy me siento cansado y quiero respirar, las cicatrices me duelen, la brisa me irrita y temo el huracán. Decido ser bambú y dejarme llevar, olvidarme de la resistencia y aceptar las tormentas cuando quieran llegar, ser flexible para no romper.

Hoy decido evolucionar, ser centro de burlas de las flores efímeras, perder la categoría de majestuosidad, pues prefiero ser un simple junco que se enfrenta a la tempestad a una admirada mesa en la que ebrios incontrolables derramen su champán.

Ver Post >
MIS COSAS (V)
img
César Hernández | 22-01-2018 | 10:51| 0

Tantos borradores y ninguno me convence, ninguno te merece y ninguno te logra. No consigo describirte a pesar de respirarte cada día. ¿Cómo contarte sin menguar tu colosal grandeza? ¿Acaso no existen palabras que te definan? Seguro que sí, más bien soy yo, aprendiz de literato, acostumbrado a sentirte, pero al querer traducir ese sentimiento en palabras… Lo reconozco, en eso soy un novato.

Tiene que ser eso, no tengo ninguna duda, que tu eres sentimiento y por eso no encuentro esas palabras que engrandezcan tu existencia.

Eres frágil escalofrío fugitivo que igual que viene se va, dejando un torrente de endorfinas que invaden todo mi ser. ¡He dado con una palabra! Te juro que eres placer.

Mi vida ante tus ojos, tu historia en mi memoria, eres arte, eres vida, eres mi aire y mi alimento. Cuando estoy alegre te quiero a mi lado, así prolongas mi alegría; si estoy triste te busco, necesito tu presencia. Tú me cuidas, me abrazas y acaricias mi agonía. Mira por donde poco a poco van saliendo, ya tengo otra palabra, tú eres mi sustento.

Dulce, amarga, triste y alocada, todos tus vestidos me fascinan. Siempre dispuesta para cada ocasión, a veces un susurro y en otras alzas la voz.

Séptimo ritual de la felicidad, para mi eres la primera. En ti descubro la concordia de la Naturaleza acompasada, donde tierra, mar y aire armonizan sin igual.

La tierra dura y firme ejerce de tambor, como sangre el corazón, pulso a pulso marca el ritmo del latido imperceptible. Para el viento elijo el saxo, mi querido saxofón. Me conformo con quererte, admirar tu belleza y soñar que eres aire, disfrutarte cara al viento con los brazos en alto, sin más, dejándome envolver por tus notas que acarician mi piel. Y es el mar quien completa este concierto, Poseidón con su ternura crea olas que cautivan cual guitarra al vibrar, unas altas y otras bajas, según la intensidad que merezca la canción.

¡Mira! ¡Otra palabra más! No tengo ninguna duda, eres quintaesencia de mi vida.

Pocas cosas en la vida me hacen sentir como lo haces tú. En compañía eres el alma de las fiestas, pero a solas…. ¡ay a solas! Ahí es cuando despliegas tus encantos y te siento, te siento como si me arrancaras la piel y después me acariciaras en carne viva. Esas caricias que cuando estás a buenas me erizan la piel hasta doler, estremeciendo cada milímetro de mi ser, aire fresco en mis pulmones, lluvia del desierto y primer rayo del amanecer.

Mas a malas, a malas sí que tienes gran poder sobre mi, aunque sea yo quien se refugie en ti. Me arrancas lágrimas con tal facilidad, esas lágrimas que necesito echar y que contigo se transforman en agua bendita con la que mi cara poder lavar. O aquellas lágrimas sinceras al deslumbrarme con tu sol, al descubrir tu mensaje que me alcanza el corazón, que aunque siempre te repitas, cada día te descubro, para risas y alegrías o en mis noches sin dormir, siempre traes buenas nuevas y me das ganas de vivir.

… O SOBRE LA MÚSICA

Ver Post >
ROMPER TODAS NUESTRAS CREENCIAS A TRAVÉS DE CUATRO ACUERDOS
img
César Hernández | 22-01-2018 | 10:49| 0

En otro momento os contaré sobre el reto en el que estoy inmerso actualmente, pero como consecuencia de éste, me encuentro ante el ejercicio de aplicar Los Cuatro Acuerdos (Miguel Ruiz) al trabajo. Permítanme que no lo haga, en su lugar los aplicaré a la vida. Porque si estos acuerdos los integramos en nuestra vida, estarán en el trabajo y en cualquier otra faceta nuestra, porque son acuerdos que me hago a mí mismo, no a mi Yo profesional.

Miguel Ruiz nos propone estos acuerdos:

Sé impecable con tus palabras

No te tomes nada personalmente

No hagas suposiciones

Haz siempre lo máximo que puedas

Parece mentira que en tan pocas palabras se esconda gran parte de la felicidad, sin grandes secretos, sin ninguna retórica. Palabras simples, sencillas y de fácil comprensión. Y mucho tiene que ver con el primer acuerdo: la inmensidad de las palabras, la magia que esconden, el arma tan potente que suponen.

Continuamente nos comunicamos con los demás y la mayor parte del tiempo lo hacemos espontáneamente, sin meditar lo que vamos a decir y el poder que pueden tener nuestras palabras. Es normal, debemos interactuar de manera natural, sin controlar cada paso o cada palabra y por eso es necesario trabajar sobre nuestra manera de pensar, nuestra calidad de vida interior, de manera que en la medida de lo posible, nuestras palabras lleven a los demás al cielo y no al infierno.

No hay mejor manera que la espontaneidad y la improvisación para conocer realmente a una persona mediante sus palabras, pues en esos momentos te das cuenta de cómo es realmente. Si queremos ser impecables con las palabras, debemos empezar por nosotros mismos. Impecable, es decir, sin pecado, entendiendo como tal el daño hacia uno mismo. Hablemos en positivo, hablemos con respeto, ofrezcamos palabras de ánimo, de apoyo. Con un poquito de esfuerzo resulta tan fácil cumplir este acuerdo… y es tal la recompensa…

Aunque lo cierto es que, por mucho que lo intentemos (o en ocasiones nada), no siempre salen de nuestra boca palabras con magia, sino más bien de magia negra, pudiendo actuar sobre la otra persona como losas aplastando su ánimo, su vitalidad, su sueño… En ese caso, si te encuentras a alguien lanzando sobre ti este tipo de palabras, acude al segundo acuerdo, simplemente no te lo tomes personalmente. Porque tú debes ser tú, al margen de los demás y sus creencias. Muy probablemente esté lanzando sobre ti sus propios miedos, su ira o su impotencia. Incluso en ocasiones simplemente esas palabras no iban hacia ti, pero nuestro ego nos lleva a pensar que somos el centro de atención del resto de la humanidad y todo lo que dicen o hacen es por o para nosotros. Siento decirte que no es así, que ni tú ni yo le importamos tanto a la inmensa mayoría de las personas.

Y por favor, si un día te hieren mis palabras, dímelo. Procuraré que no suceda, en eso trabajo, y aunque es evidente que no siempre lo conseguiré, también es posible que no me haya explicado bien o que no hayas entendido lo que te quise decir. No hagas suposiciones, pregunta, duda de ti y tu interpretación de la realidad, porque ya sabes que hay tantas realidades como personas, tantas realidades como puntos de vista diferentes.

¡Ay, las suposiciones! ¡Cuánto daño hacen! Y lo más grave es el dolor que causan a pesar de tener fácil solución. Por un lado, como decía antes, pregunta, duda, indaga y sustituye la suposición por la certeza. Por otro lado, si decides suponer, bien porque no puedas llegar a la certeza, bien porque no lo consideres necesario, hazlo, supón, pero hazlo en positivo. Así, sin más, ¿por qué no? Por alguna extraña razón nos resulta más fácil creer al “no” en vez de al “sí”, al “negro” en lugar de al “blanco”, lo “malo” en vez de lo “bueno”, al “lo ha dicho para hacerme daño” en lugar del “no lo habré entendido bien”. En cambio, es tan solo una decisión que depende de nosotros y que podría ahorrarnos gran cantidad de disgustos, problemas, malestares y decepciones. Y si lo piensas todo son ventajas. Si aciertas, habrás evitado un malentendido con consecuencias imprevisibles; pero si te equivocas y en realidad iba contra ti, mejor aún, no habrás aceptado ese regalo envenenado que te quisieron dar, con la doble ventaja que ello conlleva: la de no tener en tus manos ese veneno y el hecho de que al no aceptarlo, se queda en las manos de quien te lo quiso dar. Lo dicho, todo son ventajas.

Y es tal la gratificación, que lo que podría aparentar un esfuerzo por querer dar siempre lo mejor de ti, se ve recompensado por el estímulo del saberse galardonado con el mayor de los beneficios, tu felicidad, tu paz, tu bienestar y equilibrio emocional. Por eso da siempre lo mejor de ti, haz siempre lo máximo que puedas hacer, sé la mejor versión de ti mismo y disfruta de sus consecuencias y la riqueza intangible que obtendrás.

Al final todo se limita al poder de las palabras, las que dirigimos a los demás, las que nos dedicamos a nosotros mismos y aquellas que recibimos y aceptamos como ciertas. Unas serán tesoros que nos hacen crecer por encima de nuestras limitaciones autoimpuestas, otras serán miserias que nos debilitan, generando nuevas creencias en nosotros.

Estas creencias actúan como grilletes, lastres de nuestra inmensidad que a lo largo de los años se han ido incorporando en nuestras vidas impidiéndonos alzar el vuelo para el que estábamos capacitados desde un principio y del que nunca fuimos conscientes.

Sí, eres ese águila imperial al que las creencias llevaron a nacer en un gallinero. Inconsciente de tu capacidad de volar y dominar el cielo, picoteas el suelo para conformarte con las migajas, esperando que llegue el día en que alguien te saque de tu error.

Creencias adoptadas desde niños, cuando nuestros padres marcaron nuestro futuro por sus propios miedos o sus propias creencias que nos hicieron heredar. Cuántos “tienes que”, “deberías”, “hay que” nos encadenamos unos a otros como algo natural, transformándolos en nosotros en “tengo que ser”, “debo hacer”.

Exigencias, perfeccionismo hacia nosotros; catastrofismo sin motivos; negación de nuestros problemas, debilidades o errores; sobregeneralización ante experiencias previas; etiquetas globales para identificar a una persona por un único rasgo; pensamiento polarizado que nos hace vivir en blanco y negro olvidándonos de la escala de grises; razonamientos emocionales que nos hace pensar que las cosas son tal y como nos hacen sentir; el sesgo confirmatorio que nos hace centrarnos en las cosas que nos interesan para que encajen con nuestro pensamiento; la lectura del pensamiento de los demás, por el que sabemos lo que piensan y por qué se comportan como lo hacen; la personalización de que todo lo dicen y hacen por nosotros; o el filtro selectivo por el que sólo nos quedamos con lo malo aunque lo bueno tenga mayor peso específico.

Creencias arraigadas desde nuestro alumbramiento que nos impiden conocer y desarrollar nuestro potencial, creencias educacionales tan difíciles de borrar desde el mismo momento en que son nuestros padres quienes nos las ofrecen, héroes de cualquier niño, entregadas con amor por nuestro bien… Inevitables, imposible e injusto culpar a esos padres que quieren lo mejor para sus hijos. Creencias adquiridas con el tiempo, efímeras o permanentes, que nos encadenan a la mediocridad, al acomodamiento o a la pesadumbre.

Más no desesperes, hay buenas noticias, ¡las creencias se pueden eliminar! Te propongo empezar por identificarlas, para ello no hay nada como cuestionarse todo, TODO. Tambalea todo tu conocimiento, pregúntate, cuestiónate, incomódate. Y a partir de ahí, confía en la palabra y en su poder supremo. Quiérete, háblate bien, mímate, confía, cree y sueña, porque si te tratas bien, creerás en ti; si crees en ti, empezarás a soñar, y si puedes soñarlo, puedes hacerlo.

Ver Post >
Sobre el autor César Hernández
Ingeniero por vocación, coach por devoción, con el coaching y el Reiki he encontrado el equilibrio perfecto entre lo empírico y tangible con lo imperceptible y espiritual. Mi fascinación por la capacidad de la mente, generadora de realidades, y sus efectos sobre el mundo material, es la excusa perfecta para desgranar cualquier frase, sentimiento o pensamiento.Este blog nace con la simple intención de compartir mis soliloquios y divagaciones, sin más, así es que, si te gusta lo que ves, entra y coge lo que quieras.