Para el grana de tu cara traigo tibias aguas claras de jazmines. A tus pies, caminos sin hollar sembrados de tiernas margaritas para que el frágil lirio de tu talle no soporte la brega de inhóspitos caminos. Mi capa llegará hasta donde pueda, pero no cubre todo el recorrido. Es más
Tronera
Recuerdos, impresiones, poemas, críticas.
Archivado en febrero, 2012
Los sogueros.
Hace más de cincuenta años venían por los pueblos sogueros gallegos. Colocaban sus pertrechos en una calle espaciosa. En un extremo fijaban al suelo el torno, que tenía unos ganchos a los que ataban uno de los cabos de las cuerdas. Enfrente del torno ponían una especie de carro al
Campesinos.
Como homenaje a los hombres y mujeres del campo de cuando se besaba el trozo de pan que se caía al suelo. “Son asina los cachorros de la raza de castúos labraores extremeños, que, inorantes de las cencias d´hoy en día, cavilando tras las yuntas , descubrieron que los
El recuerdo.
Queda noche y queda pena, así que llena el vaso con el turbio licor de las heridas. Y si me acuerdo de ella que bajen las candelas del olvido a quemar el rastro de su estela. ¡Qué más da! Ya el indómito potro del deseo se montó en el viento
Serenatas.
En los días de fiesta había baile por la mañana y por la noche y era habitual, una vez acabado, prolongar los horarios de las libaciones después de irse las mujeres a sus casas, pues ellas, en esta época, aún no se habían equiparado en el tiempo de holganza tabernaria
Dominio.
La roca en campo abierto, altiva, resistente, agreste y dura, refugio de rapaces voladoras, abrigo de ganado, cobijo de pastores al soplo helado del temible cierzo. Sombra amable en el ábrego caliente con horas de calinas cegadoras. Aquí baten solanos, ventiscas, turbonadas, vendavales. Es punta de diamante al sol primero,
Invención de los carnavales.
Cuentan que los hombres vivían encadenados en una caverna y condenados a ver en el fondo de la misma sus propias imágenes y las de los demás, proyectadas por el fuego que ardía a sus espaldas. No conocían la realidad, sólo las sombras que ella producía. Pero en cierta ocasión
El fin del pequeño comercio.
Muchas de las pequeñas tiendas de nuestros pueblos y barrios tienen los días de actividad contados, si no han cerrado ya. El comerciante de tejidos que enseñaba las piezas de raso, de pana, de terciopelo, de franela, de seda, de lino… extendiéndolas sobre el mostrador para que la clientela tocase
Guapeza altiva.
Para escalar la cima de tu altura necesito la ayuda del destino y una luz que ilumine mi camino para poder andar esa largura. Has llevado tan lejos tu hermosura que el intento revierte en desatino sin que pueda cambiar mi tenaz sino de no poder gozar de tu figura.

