Cuando sólo se podían presentar al remedo de elecciones que se celebraban en tiempos en que el caciquismo cabalgaba libremente por nuestras tierras, mejor dicho, por las tierras de esos caciques, y se alternaban descaradamente con pactos tácitos los liberales y conservadores en el poder, la mezcla de lo público y lo privado era tan patente que en cada legislatura se aprovechaban los del turno que tocaba para arrimar leña a sus candelas respectivas. Al menos ahora hay una ley que regula, aunque incompleta y sujeta a variadas interpretaciones las incompatibilidades en el desempeño de ciertos cargos públicos.(Angela Murillo La Ley de Incompatibilidades de Extremadura no establece sanciones | Mis líos legales – Blogs hoy.)
Pero da la sensación que algunos no conocían esta normativa. Si ayer fue el consejero de sanidad, cargo incompatible con una consulta de médico en el país vecino, ahora es el delegado del gobierno por regentar una farmacia en el centro de Badajoz, posteriormente la directora general de transporte también ha dimitido por incompatibilidad. Existe una ley y hay que cumplirla.
Si los designados para esos cargos sabían que no podían ejercerlos hicieron mal en aceptarlos siguiendo con sus actividades y el que los nombró, si lo sabía, actuó mal designándolos. Otra cosa es que la normativa sea la adecuada.
Es normal que quien tiene en sus manos el poder de legislar o regular las actividades económicas no desarrolle al mismo tiempo negocios en las mismas que regula. Eso es ser juez y parte. Pero el político normalmente volverá a la actividad que dejó cuando optó por la carrera política.
¿Se priva a la ciudadanía de la colaboración de personas valiosas que pueden aportar sus conocimientos y experiencias a la sociedad y que desisten de ello porque pierden poder económico? ¿No existe también el peligro de que sin estar durante el tiempo de mandato ejerciendo una actividad económica espere a la finalización del mismo para ocupar un puesto en el ramo o actividad que ha favorecido durante su mandato político? ¿Qué decir de los fichajes que realizan grandes empresas energéticas y bancarias de personalidades que han ocupado cargos de altísima responsabilidad? ¿Puede un político abstraerse, aislarse como en una burbuja inmune a toda presión o influencia de la sociedad a la que pertenece?


