El luto era un cuervo torvo con la cara amarillenta nevado de plumas negras como ligeras pavesas que lentas se iban posando sobre un silencio de plomo. Una clausura de angustias llena de suspiros hondos que se escapaban al aire por las rendijas azules de las puertas entreabiertas.
Tronera
Recuerdos, impresiones, poemas, críticas.
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Volver.
Ya ni el tango me sirve. Que si veinte años no son nada, cuarenta sí lo son y aunque las estrellas parpadean en lo alto ya nadie espera mi regreso. Son otros los cuerpos que duermen a cobijo de las casas cerradas en esta noche lejana de aquel añorado tiempo. Tampoco quise el regreso, pero, sin
Pobre funcionario.
Cuando lleguen las fiestas entrañables de la blanca y alegre navidad tendréis a un funcionario taciturno vagando solitario en la ciudad que al ver un luminoso escaparate pegará su nariz en el cristal contemplando las cestas de manjares que este año no podrá comprar. La banda de políticos ineptos y un grupo de banqueros con
A la orilla del río.
La negra mirla canta en el olivo y en la espesa chopera el chamariz. Huele a cantueso y a tomillo y el agua resbala silenciosa rozando del arroyo sus riberas. Se cuela el sol cribado entre las hojas que mueve un leve vientecillo esta tarde veraniega. Si yo pudiera pararía el transcurso de las horas
Al fresco.
Una cálida noche de verano el grillo pespuntea su negra pena y luce esplendorosa luna llena derramada de plata sobre el grano. Llega el canto monótono y lejano de ranas que entre junco y agua suena. En los chopos el viento se serena a esperar el rojizo sol temprano. Al fresco de la calle los
Charla de bar.
Un lugar de humo y macilenta luz acoge melancólicas veladas de añorantes borrachos trasnochados que farfullan confusas parrafadas de lamentos y amores que han perdido sin haberlos siquiera disfrutado. Fuera, la madrugada se dispersa en el difuso espacio sin contornos que la niebla ha tejido silenciosa entre el brillo frío de las estrellas. Con los
A un hijo.
Para el grana de tu cara traigo tibias aguas claras de jazmines. A tus pies, caminos sin hollar sembrados de tiernas margaritas para que el frágil lirio de tu talle no soporte la brega de inhóspitos caminos. Mi capa llegará hasta donde pueda, pero no cubre todo el recorrido. Es más
El recuerdo.
Queda noche y queda pena, así que llena el vaso con el turbio licor de las heridas. Y si me acuerdo de ella que bajen las candelas del olvido a quemar el rastro de su estela. ¡Qué más da! Ya el indómito potro del deseo se montó en el viento
Dominio.
La roca en campo abierto, altiva, resistente, agreste y dura, refugio de rapaces voladoras, abrigo de ganado, cobijo de pastores al soplo helado del temible cierzo. Sombra amable en el ábrego caliente con horas de calinas cegadoras. Aquí baten solanos, ventiscas, turbonadas, vendavales. Es punta de diamante al sol primero,
Guapeza altiva.
Para escalar la cima de tu altura necesito la ayuda del destino y una luz que ilumine mi camino para poder andar esa largura. Has llevado tan lejos tu hermosura que el intento revierte en desatino sin que pueda cambiar mi tenaz sino de no poder gozar de tu figura.

