Hoy

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Piensa mal, y sufrirás
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Lucía Madera del Río | 22-04-2016 | 19:56| 1

El pensamiento crea la realidad más importante que existe, la de uno mismo.

Existe una realidad más objetiva, seguramente una más justa y ecuánime, pero esa realidad, la mayoría de las veces no nos interesa demasiado. Convivimos con la realidad que sentimos, con aquella que nos emociona, con la que verbalizamos y la que interiorizamos, la que nos hace reflexionar, y relacionarnos de una manera u otra con el mundo, con la que marca nuestras experiencias vitales; nuestra realidad, aquella que nos forma como personas, esa que pensamos. Por ello,  es importante trabajar la manera de pensar.

La mayoría de nuestros pensamientos están marcados por multitud de variables personales, sociales, culturales, educacionales, emocionales, afectivas; además cada pensamiento está influenciado por todas las experiencias vitales que hemos experimentado a lo largo de nuestra existencia. Por lo que nuestros esquemas mentales son individuales, propios de cada persona, y esperar que otro piense, por tanto sienta o actúe de la misma manera en la que lo hacemos nosotros es aumentar la probabilidad de sufrir ante una expectativa poco viable.

Pero lo cierto es que aunque el pensamiento de cada uno difiera en muchos aspectos, también encontramos distintos errores que repetimos con bastante frecuencia.

Estos errores, las llamadas distorsiones cognitivas, son creencias o esquemas mentales erróneos que al procesarlos nos crea una carga emocional negativa innecesaria.

Hay diferentes tipos de distorsiones cognitivas, saber detectarlas es necesario para poder desmontarlas. El fin es liberar esa carga negativa que nos proporciona y así poder procesar la realidad de una manera más justa, libre y positiva.

Hoy, me gustaría explicaros algunas de ellas.

 

El perfeccionismo y la exigencia


Esta es una de las distorsiones más frecuentes en la actualidad. Estamos inmersos en un sistema que normaliza las presiones y las auto-exigencias de tal manera que interiorizamos las normas de una forma rígida en cuanto al cómo deberían darse ciertas situaciones.

La forma en la que se expresa este tipo de pensamiento suele ser con las expresiones tipo “debería”, “tendría”, “habría que”, “tendría que”… etc. Por ejemplo:

-          Debería ser el mejor.

-          No debo cometer errores.

-          Tengo que ser feliz.

-          La vida tendría que ser más fácil.

Todas estas afirmaciones, pueden provocar una consecuencia emocional negativa, basada en la culpa, la rabia e ira o el resentimiento con uno mismo. Este tipo de creencias inflexibles se convierten en autocríticas constantes que sólo conllevan a frustraciones internas.

La manera de desmontar este tipo creencias es buscando una alternativa basada en la racionalidad, en la lógica y en la realidad. Es muy beneficioso que cambiemos los términos de “tengo que “o “debo” por “me gustaría” o “preferiría”.

Ser exigente con actitudes, comportamientos o formas de ser de los demás sólo puede causar en ti, emociones negativas tales como la frustración, la irritabilidad o la rabia. Es necesario entender que cada uno tenemos un sistema de valores y que éstos son internos y personales, no universales; que aquello que consideramos correcto o acertado puede no serlo para los demás.

De la misma manera, ser exigente con uno mismo también crea sentimientos de fracaso y frustración. Ser flexible y tolerante contigo es la única vía para conseguir aceptar quién eres, y poder llegar a conseguir de una manera más saludable aquellas metas que te marques, sin exigencias ni instrucciones dañinas ni nocivas para tu mente.

 

El catastrofismo

 

¿Y si este dolor de cabeza que tengo es causado por un cáncer?

A muchos esta pregunta les sonará ridícula, a muchos otros, normal. Este tipo de distorsión se da cuando tendemos a percibir catástrofes sin motivos reales, sin fundamentos objetivos ni razonables para hacerlo. Por ello, se desarrollan emociones vinculadas a la preocupación excesiva, al miedo o a la ansiedad.

Para detectarlos con facilidad, podemos decir que normalmente suelen comenzar por “y si…”

El catastrofismo debe de ser desmantelado utilizando la reflexión, la lógica, la evaluación de la realidad y siendo honestos y justos con la situación que estamos viviendo. Analizar con objetividad la situación reducirá de manera significativa la ansiedad al comprobar que la probabilidad de que ocurra esa catástrofe que temes es realmente pequeña.

 

- La negación

 

La negación se produce cuando predisponemos a esquivar nuestros problemas, cuando no admitimos nuestros errores o cuando no reconocemos nuestras debilidades.  Expresiones tales como “me da igual”, “a mí no me pasa nada” o “yo paso de esto” caracterizan este tipo de distorsiones, ya que aunque verbalicemos este discurso, la realidad es que negamos los sentimientos y emociones que ciertas situaciones o circunstancias nos crean.

Se debe ser consciente de los sentimientos que se tienen en cada momento, es beneficioso para nosotros saber reconocerlos, detectarlos, revisarlos y, aunque duelan, tomar conciencia de su existencia para poder trabajar con ellos y ser más honestos con nosotros mismos.

Reconocer estas emociones, detectar estos sentimientos y ser conscientes de nuestra realidad emocional es la única manera que tenemos de aceptar o afrontar las situaciones difíciles que se nos presenten con mayor efectividad y fortaleza emocional y así, superar obstáculos que antes negábamos encontrar.

 

Sobre-generalización

 

“No me ha ido bien en esta relación, jamás me irá bien con otros hombres”

“He suspendido este examen, nunca aprobaré esta asignatura”

La sobre-generalización es la tendencia a creer que ante un suceso negativo, le seguirán continuas derrotas o frustraciones sin fundamentos lógicos ni evidencia alguna. Las expresiones que acompañan a este tipo de pensamientos suelen ser términos dicotómicos y rígidos, tales como “nadie”, “nunca”, “siempre”, “jamás”…etc.

La única evidencia que tenemos es la realidad que hemos vivido, no sabemos lo que pasará en un futuro, darnos cuenta de lo irracional que es este tipo de pensamiento nos ayudará a rebajar la ansiedad que nos crea tener este tipo de creencias en nuestro interior. Intenta no utilizar esas expresiones que generalizan y que generan emociones negativas y nocivas basadas en un pensamiento distorsionado. Desmonta este pensamiento llevándolo a la lógica.

¿Estás completamente seguro de que por el hecho de que te haya pasado una vez te va a pasar siempre?

 

El negativismo

 

¿Cuántas veces entraste en un examen pensando que no aprobarías?

¿Cuántas veces hiciste una entrevista de trabajo con el pensamiento de que era imposible conseguir ese puesto?

En el negativismo se magnifican los sucesos negativos, desvalorizando así los positivos tanto en uno mismo como en los demás. También solemos realizar predicciones negativas sin evidencia alguna del hecho.

Este tipo de pensamiento marca una actitud de inseguridad frente a las diferentes situaciones que se nos presentan en nuestra vida. Trabajarlo es necesario para afrontar la vida de una manera más saludable y fuerte. Repasa tus debilidades para mejorarlas y ocuparte de ellas, pero no olvides recordar también todas tus fortalezas para hacerlo.

 

El pensamiento polarizado

 

Este tipo de pensamiento es uno de los más fáciles de detectar; se caracteriza por ser extremo y dicotómico. No existen las tonalidades en estos esquemas mentales, sólo el blanco y el negro, se utilizan constantemente las respuestas absolutas ante diferentes situaciones, sin hacer uso de matices intermedios que eviten pensamientos radicales.  Algunos ejemplos de este tipo de distorsiones pueden ser:

“Todo me sale mal”

“Siempre me pasa lo mismo”

“Nunca me haces caso”

Hacer este tipo de juicios es  ser injustos con la realidad que nos rodea. Debemos ser conscientes de estos pensamientos, detectarlos cuanto antes, para poder desmantelarlos y que no nos suponga sentimientos negativos infundados; no aceptemos este tipo de falsas creencias. Ninguna realidad es de una manera u otra totalmente, nos movemos en diferentes situaciones subjetivas, a lo largo de un continuo marcado por infinidad de matices y aspectos que hay que diferenciar y evaluar.

El mundo no sólo es blanco o negro, hay infinidad de colores que merecen la pena ser considerados.

 

La lectura del pensamiento

 

“Cree que no soy capaz”

“Lo que quiere es hacerme daño”

“Se está riendo de mi”

A menudo creemos tener la capacidad de saber lo que piensan los demás o las intenciones que les mueven; creemos sabemos por qué se comportan de una manera o de otra cuando es muy poco probable que tengamos información suficiente para tener una idea clara sobre ello.

Este es otro de los errores cognitivos más comunes que existen. Sin tener evidencia, ni confirmación, sacamos conclusiones arbitrarias basadas en variables personales y circunstanciales que la mayoría de la veces son erróneas y, sobre todo, negativas y dañinas.

Las consideraciones que puedas tener en cuanto a lo que piensan o al cómo y al por qué se comportan de una manera o de otra los demás no dejan de ser simples hipótesis, y esto es algo que no debemos olvidar. Tendremos que comprobar estas hipótesis con evidencias reales y lógicas para que esta opinión que tenemos se convierta en una conclusión cierta y entonces puedan tomar forma en nuestro mundo emocional.

 

 

Estas son algunas de las creencias erróneas que podemos encontrarnos. Suponen un lastre emocional del que a veces no somos conscientes a tiempo. Por ello es importante saber detectarlos, estar alerta e intentar desarmar estas creencias erróneas y nocivas que, lejos de proporcionarnos seguridad, confianza y verdad, producen alteraciones emocionales y conflictos en las relaciones con los que nos rodean, interpretaciones equivocadas de la realidad, luchas internas y emociones negativas en nuestro interior.

 

 

 

 

 

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Desmontando pensamientos erróneos.
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Lucía Madera del Río | 24-02-2016 | 11:59| 0

Encontrar el equilibrio

¿Necesitas o prefieres?

La importancia de objetivar necesidades y preferencias.

¿Cuántas veces has sentido que tu situación debería ser de otra manera? ¿Cuántas veces al día sientes que tienes que seguir cierto camino y te frustra no estar a la altura de lo que supuestamente se espera o esperas de ti?

Exigencias, una tras otra.

En la actualidad vivimos rodeados de exigencias y deberes que, en muchos casos, conllevan a sentimientos y pensamientos catastrofistas y tóxicos, además de inútiles.

Luchar contra esto es enfrentarte a un sistema de creencias establecido del que no resulta fácil salir, pero es necesario hacerlo. Este sistema de creencias permite que afloren emociones totalmente exageradas, provocando así, el hecho de que enfrentarse a diversas situaciones sea mucho más complicado, además de producir sentimientos de fracaso y frustración continuos.

Y es que estamos acostumbrados a que se nos impongan diferentes pasos porque es lo que socialmente está aceptado, y a la larga esas imposiciones se vuelven propias, internas además de falsas. No llegar a estas expectativas, propias o externas, crea una red de emociones de insatisfacción y frustración que no son necesarias.

Y os preguntaréis, ¿cómo librarnos de estas cadenas?

La psicología cognitiva ha trabajado e investigado a fondo sobre este asunto y trata cada día de desmontar todas esas ideas distorsionadas y errores de nuestra mente que nos impiden vivir de una manera más ligera y objetiva. No se pretende eliminar radicalmente las emociones negativas, que en muchos casos es necesario sentir, trabajar y superar, o aceptar ciertas situaciones difíciles sino enfrentarnos de una manera más constructiva, sin hacer terrible aquello que no lo es.

¿Qué es lo que verdaderamente necesitamos? La realidad es que las necesidades del ser humano son relativamente escasas, pero nos empeñamos en agrandar los deseos de tal manera que se convierten en una necesidad falsa, creada e inventada por nosotros mismos y por la sociedad en la que estamos inmersos, esto nos crea un estado emocional que sólo conlleva a la frustración y a la insatisfacción personal continua.

Sentir y pensar que un deseo o preferencia es algo que necesitamos para ser felices es justo lo que nos hace infelices. Debemos desmontar esta idea, razonar qué es lo que necesitamos y qué es lo que deseamos nos liberará de una carga inmensa de presiones autoimpuestas.

Estas ideas creadas por influencia social e interiorizadas y autoimpuestas son creencias irracionales las cuales no tienen una base lógica ni coherente por la que mantenerse, sólo los miedos y las inseguridades las mantienen vivas y fuertes.

Para desmontar este tipo de creencias podemos utilizar diferentes técnicas. En primer lugar lo esencial es IDENTIFICAR esta idea dañina que no nos deja respirar con tranquilidad. Esa idea que sabes que está agrandada y exagerada en base a tus temores.

Al identificarla hemos dado un paso muy importante, pero ahora queda combatirla hasta ganar la batalla.

A continuación utilizaremos la lógica, la EVIDENCIA, la realidad más objetiva.

¿Cuánta evidencia real existe de este pensamiento? ¿Qué pruebas tengo de que esto va a salir así? ¿Está probado científicamente?

Éstas son algunas de las preguntas que podemos plantearnos  para conocer realmente la certeza del pensamiento.

Uno de los pensamientos que me encuentro habitualmente en consulta es ese que asegura un  “nadie me quiere”. Al trabajar esta afirmación nos damos cuenta de que es algo totalmente exagerado e influenciado por un mal momento vital. Pero pensemos qué emociones agarran de la mano a esta afirmación, emociones de soledad, frustración, tristeza y un sinfín de sentimientos negativos que se sienten a raíz de una idea completamente falsa y exagerada.

Pero a veces la idea no es completamente falsa, a veces sí encontramos la evidencia; entonces, las preguntas serían:

 ¿Es tan malo esto que está pasando? ¿Requiere tantas emociones negativas? ¿Realmente son coherentes mis sentimientos con esta situación? ¿Es tan horrible lo que me ha pasado?

Valorar la GRAVEDAD del problema nos ayudará a relativizar y objetivar nuestra vivencia de la realidad. Es probable que sientas que algo es terrible cuando en realidad no lo es, agrandar un problema hasta hacerlo problemón también es algo que se nos da muy bien.

Existen situaciones malas, muy malas y por supuesto, situaciones horribles y cada una de las situaciones requiere y conlleva una serie de emociones diferentes cualitativa y cuantitativamente. Lo que muchas veces hacemos es sentir las emociones de una situación horrible cuando la situación realmente no es tan mala.

Pero a veces, la situación SÍ es tan mala, y ¿qué hacemos cuando llegados a este punto me encuentro con una situación que además de evidente es realmente terrible?

Llegados a este punto sería conveniente que nos planteáramos la UTILIDAD de esos pensamientos.

¿De qué me sirve pensar así? ¿Me ayuda a solucionar algo? ¿Me hace sentir mejor?

Conseguir un estado emocional estable, constructivo y saludable, no es tarea fácil, hay que trabajarlo, alejarse de pensamientos inútiles para acercarse a esos que construyen y nunca destruyen. Pensar de manera provechosa y objetiva nos ayudará a enfrentar las situaciones con mayor fortaleza, por lo que no podemos permitir que nuestros propios pensamientos nos jueguen una mala pasada.

 

Estos sistemas de creencias están muy extendidos, es fácil caer en ellos pero también necesario saber librarse de todos los pensamientos que, lejos de ayudarnos a avanzar, nos estacan, manteniendo y fomentando emociones negativas inservibles. Con un poco de trabajo, salir de ellos es posible y compensa en todos los sentidos.

 

 

 

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Saber decir NO.
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Lucía Madera del Río | 09-01-2016 | 13:08| 0

 

 

El hecho de decir NO a cualquiera de las peticiones que se nos presentan cada día en nuestra vida cotidiana supone un esfuerzo importante para muchas personas en la actualidad.

 

¿Alguna vez dijiste sí, queriendo decir un no rotundo?

 

El poder quedar mal ante los demás, el que se le pueda juzgar de manera errónea o tener la necesidad imperiosa de evitar cualquier controversia con los demás son hechos que hacen de barrera o impedimento a la hora de poder poner nuestras prioridades y deseos por delante de las necesidades de los demás.

Hacer algo que realmente no se quiere hacer sólo por miedo a negarse nos hace replantearnos nuestra manera de comunicarnos, nuestro nivel de asertividad, nuestras prioridades y la seguridad que tenemos en nosotros mismos.

No hay que confundir la humildad o los favores con la presión, el chantaje y la obligación. La libertad de uno mismo debe permanecer intacta ante cualquier conducta o decisión.

Muchas veces nos hemos visto obligados o comprometidos a comportarnos de alguna manera determinada por miedo a las consecuencias de decir no y esto es lo que limita nuestra libertad y destruye el control que debemos tener sobre nuestros actos y sobre nuestra vida en general.

Actuar en base a nuestras propias convicciones es lo único que evitará sentimientos de culpa y rabia hacia nosotros mismos, por lo que hay que afrontar el hecho de que saber negarse a las peticiones de los demás no supone más que una decisión que hay que tomar para poder estar bien con uno mismo.

 

¿Cuáles son las características de este tipo de personas?

 

Cuando hablamos de personas incapaces de negarse a cualquier exigencia externa nos basamos en un perfil claro en el que se da un desequilibrio importante entre los propios deseos y los actos, es decir, no van de la mano el comportamiento con las propias necesidades, ya que este tipo de personas priorizan ante todo el agrado a los demás, dejando en un segundo plano sus propios deseos.

El problema de este perfil es que a largo plazo este tipo de motivación errónea que le impulsa a realizar conductas indeseadas conlleva a muchos problemas de control, autoestima y seguridad en uno mismo, además de la sensación continua de hacer cosas que van en contra de sus propias ideas y la frustración que eso produce.

Hay que diferenciar este perfil de aquel que decide libremente ayudar al prójimo, no por razones de miedo e inseguridad sino porque ello le hace sentir profundamente satisfecho con sus actos y sus decisiones, en el caso que tratamos no existe tal felicidad ni coherencia entre deseo y conducta, ya que ellos viven estas situaciones como un sacrificio que genera una enorme insatisfacción vital. 

 

¿Cómo decir NO?

 

En primer lugar hay que preguntarse y replantearse qué es lo que nosotros realmente deseamos hacer; hay que tomarse un tiempo en reflexionar si eso que nos piden o nos plantean es algo que deseamos nosotros mismos y si supone para nosotros una prioridad.

Como siempre, abogo por la afirmación de que el protagonista de tu vida eres tú, tú tomas la decisión, tú evalúas y tienes la última palabra de todo lo que a ti te atañe.

Por supuesto podemos llegar a un punto en común con la otra persona, negociar hasta que a los dos os compense la situación, así, evitamos cualquier desequilibrio en la relación, una relación en donde nadie ejerce el control sobre nadie, por lo que los dos a largo plazo saldréis beneficiados al tener una relación sana, sin presiones ni exigencias.

Si no se llega a un punto en común, no sólo debemos saber decir que no, sino también debemos aprender a decirlo de una manera empática, siendo honestos con nosotros mismos pero también con la otra persona y, por supuesto sin perder la educación ni la amabilidad en ningún momento.

Esto supone un tiempo de trabajo, hay que ponerlo en marcha practicando diferentes maneras hasta llegar a la más acertada y eficiente. 

 

Saber decir NO es algo necesario, no debe tener como consecuencia ningún sentimiento de culpa o remordimiento, no debe hacerse creando discusiones ni enfados; debe ser algo natural y comprensible; para ello hay que entender el NO de los demás y saber explicar los propios. 

 

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Una secuencia perfecta
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Lucía Madera del Río | 26-11-2015 | 18:34| 0

 

 

 

La plenitud en cualquiera de sus vertientes es un estado que se basa en la satisfacción y armonía con uno mismo, en un rebosante bienestar que conlleva mayoritariamente sentimientos y emociones positivas y que se alarga a lo largo del tiempo.

Es un estado de fortaleza y seguridad, en el que exploramos, desarrollamos y exprimimos todas nuestras herramientas y opciones para sacar el máximo partido a cada situación.

El camino a recorrer parar llegar a la plenitud personal no es fácil. Es un camino pedregoso que debemos recorrer paso a paso para llegar a la ansiada meta.

Hoy en día, estamos inmersos en una sociedad en la que la inmediatez y las presiones nos impiden pararnos a reflexionar y afrontar de manera constructiva las situaciones que se nos presentan. Es fundamental que este proceso de enfrentamiento a la realidad se haga de una manera meditada, con unas metas claras, considerando el porqué y el cómo vamos a responder a estas diferentes situaciones que nos puedan resultar problemáticas o que nos afecten de manera negativa en algún ámbito de nuestra vida.

Cuando se nos presenta un problema, solemos buscar una rápida solución que consideramos como mejor opción. Actuamos directamente y, muchas veces no detenemos el reloj para pensar en las diferentes opciones y consecuencias que ese acto conlleva.

El caos y la incertidumbre psicológica que una situación complicada nos produce causa una sensación de incomodidad la cual necesitamos solventar, esta necesidad nos conduce muchas veces a la inmediatez, obviando así, muchas opciones y herramientas que tenemos a nuestro alcance.

Es importante que tomemos conciencia de la situación, analicemos nuestra realidad y consideremos diferentes puntos de vista.

La toma de conciencia es un proceso en el que meditamos cómo hemos llegado a este punto, qué factores han causado esta situación y hasta qué punto nos está afectando tanto social como afectiva y emocionalmente.

Ser conscientes de nuestra realidad, nos ayudará a conocer mejor las causas y los componentes que rodean al problema. Por lo que es necesario mirarse al espejo con la mente abierta, sin miedos ni inseguridades. 

El siguiente paso se basa en la organización. Ya tenemos claro qué nos pasa y porqué nos pasa, ahora es el momento de analizar diferentes opciones y herramientas de afrontamiento para solucionar el problema de la mejor manera posible, de la manera más constructiva y beneficiosa.

Este paso supone un tiempo de reflexión, es aconsejable apuntar opciones y meditar hacia dónde nos lleva cada camino. Debemos tener en cuenta que esa solución debe crearnos un equilibrio emocional con nosotros mismos, es decir, debe ser coherente y congruente. Actuar como otra persona lo haría no hará que te sientas mejor, cada persona tiene unos pensamientos, ideas o creencias que debe respetar, unos sentimientos y emociones que deber escuchar y una forma de comportarse que tiene que valorar. Por lo que este proceso es individual e interno.

Llegar a este equilibrio es llegar a un punto de satisfacción bastante alto, mantenerlo a lo largo del tiempo producirá un crecimiento personal exponencial.

Este crecimiento y desarrollo fortalecerá nuestros pasos, aumentará seguridad y autoestima, fomentará nuestra autonomía y nos hará tomar el control emocional de nuestra vida, consiguiendo así la plenitud psicológica.

 

 

 

 

 

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Bullying: detectarlo y romper el silencio.
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Lucía Madera del Río | 09-01-2016 | 10:46| 0

El bullying no es cosa de niños.

Siempre hemos destacado el nivel de crueldad que, de manera inocente en la mayoría de los casos, pueden alcanzar nuestros niños en la sociedad actual. Hoy en día esta crueldad y el comportamiento asociado a ella tiene un nombre: Bullying.

El bullying es un concepto que hace referencia no sólo al acoso escolar sino también a las diferentes formas de maltrato (tanto físico, como verbal o psicológico) que se produce en el entorno escolar de manera constante y reiterada y que además se extiende en el tiempo de manera continuada y significativa. Por lo general se suele presentar a nivel primario y en los primeros años del colegio secundario.

Es importante conocer la diferencia entre peleas aisladas o riñas y disputas entre nuestros niños, que aunque no se toleren tampoco este tipo de comportamientos y no aprobemos la agresividad como conducta apropiada, hay que diferenciarlos de los abusos escolares ya que éstos son reiterados en el tiempo y conllevan otro tipo de comportamientos que están asociados a una problemática a niveles no sólo físicos, sino también psicológicos.

Este tipo de violencia en las aulas se ha convertido en una de las principales preocupaciones de los padres actualmente, por ello considero importante señalar algunos de los signos que nuestro niños pueden mostrar si sufrieran algún tipo de abuso escolar para poder prestar atención y afrontar y erradicar el problema con la mayor brevedad posible para evitar consecuencias graves a largo plazo. Nos encontramos ante un problema que suele presentarse de manera clandestina, es decir, la mayoría de las veces nos será difícil detectarlo, ya que la víctima suele guardar silencio y no denunciar su situación. Enumero algunos de estos indicios a continuación para que nos ayuden a localizar un problema si lo hubiera.

1. Miedo intenso a ir a clase.

2. Cambios bruscos de humor o de comportamiento.

3. No habla demasiado o evita el tema de conversación cuando le preguntamos por su día.

4. Cambios en el rendimiento académico.

5. Cambios en los hábitos de sueño y alimentación (por ejemplo, falta de apetito o pesadillas)

6. Tristeza, llantos o irritabilidad sin motivo aparente.

7. Dolores somáticos como dolores de cabeza o de estómago.

8. Apatía y desgana por acudir a excursiones o actividades que realice con sus compañeros de clase.

9. Pérdida o deterioro de manera frecuente de sus pertenencias escolares.

10. Inexistencia de relaciones con sus compañeros de clase.

Una vez detectado el problema es imprescindible que se ataje inmediatamente ya que estos acosos pueden provocar en el niño inseguridad, falta de autoestima, conductas guiadas por el miedo, ansiedad o aislamiento. Por lo que en el momento en el que se identifique un abuso de estas características nos debemos poner en contacto con el centro para trabajarlo conjuntamente y erradicarlo lo antes posible.

No hay que mostrar alarma desmedida ante del niño que sufre estos abusos, hay que actuar con prudencia y tranquilidad, empezar un camino de búsqueda de soluciones transmitiendo seguridad, apoyo y comprensión al niño. Debemos mantener un estado emocional apaciguador y constructivo, nunca destructivo.

Es indispensable romper el silencio del abuso y denunciarlo, aunque la víctima crea que no es la mejor opción, es fundamental denunciar y comunicar el problema al centro para que nos ayuden a solventar la situación; además ante en este tipo de acosos y maltratos todos estamos involucrados a la hora de mantenerlo o erradicarlo, por lo que lo ideal es que entre todos, padres, niños y centro escolar, colaboremos para que se adopten las medidas necesarias. No hacer nada sería convertirnos en cómplices del maltrato sufrido y estaríamos aprobando una situación realmente problemática.

Actuar para proteger a nuestros niños implica educarlos también para prevenir este tipo de abusos.

Educar la mente sin educar el corazón no es educar en absoluto” Aristóteles. 

 

 

 

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Lucía Madera del Río | 21-10-2015 | 09:41| 0

Tu vida merece ser vivida

1.      Tú, que has logrado llegar hasta aquí sobreviviendo a todas tus primeras veces.

2.      Tú, que no puedes vivir sin hacer esas locuras, inyecciones de vida.

3.      Tú, que sabes disfrutar de un camino estrecho y a veces sin opciones.

4.      Tú, que pensaste que el mundo se acababa y no había hecho más que empezar.

5.      Tú, preciosa criatura terrestre, única e irrepetible.

6.      Tú, que creas calma con tu sonrisa.

7.      Tú, pieza insustituible de este puzzle.

8.      Tú, que completas la humanidad con tu presencia.

9.      Tú, que te diste cuenta de que la edad, el peso o la altura eran sólo números.

10.Tú, especial para muchos, esencial para todos.

11.Tú, que sentiste como perdía sentido tu vida y ahora sabes que el sentido sólo lo perdías tú.

12.Tú, que encaraste el miedo y le ganaste todas las partidas.

13.Tú, que no te has cansado de jugar.

14.Tú, que ya no lloras a escondidas.

15.Tú, que has decidido mirarte al espejo y querer esa imagen que refleja.

16.Tú, que tienes presente que sólo estamos de paso.

17.Tú, que no dejas escapar ni un solo tren más.

18.Tú, que formas parte de un todo y lo eres todo para alguien.

19.Tú, que añoras la ignorancia del niño que fuiste.

20.Tú, que a pesar de todos los planes fallidos, sueños empañados, y parcelas de tu realidad tintadas de dolor negro, has sabido saborear el jugo de tu existencia.

“Ojalá vivas todos  los días de tu vida.”

 

 

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Enfrentar la pérdida
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Lucía Madera del Río | 09-09-2015 | 08:34| 0

Hoy quiero hablar sobre dolor, finales y maneras de sobrellevar la impotencia y desesperación que implica la última fase de la vida: la muerte.

La muerte de un ser querido es una de las situaciones más dolorosas que el ser humano experimenta.

 En la actualidad, la muerte continúa siendo un tema tabú; un tema que evitamos porque nos hace sentir incómodos. ¿Qué podemos decir? ¿Qué podemos sentir? A decir verdad, el silencio no hará más esquiva esta realidad.

La “no vida”, en general, nos provoca un temor irracional y la capacidad de enfrentar y aceptar la muerte como algo natural es casi inexistente. Esta actitud puede ser desadaptativa y poco inteligente pero, sin duda, es una actitud muy humana. La desnaturalización a la hora de abordar la muerte nunca nos llevará hacia la plenitud de nuestras vidas pero, como ya dije, la mente humana, por muy racional que sea, actúa de maneras muy poco razonables en ciertas situaciones.

¿Cómo superar el fin de la vida de alguien a quien quieres? ¿Cómo superar el vacío que produce esa pérdida? La respuesta es fácil: no tenemos porqué superarlo. Es necesario que en un proceso de duelo no nos presionemos con el concepto de superarlo. Aprendemos o debemos aprender a vivir con ello. Aferrarse a la vida y apreciar el tiempo que tenemos aquí es complicado pero, con un poco de perspectiva, se puede llegar a ello.

La vida es una sucesión continua de pequeñas y grandes pérdidas y el duelo es la reacción ante cualquier pérdida o separación. Estamos acostumbrados desde que nacemos a sobrellevar pérdidas. Antes que nosotros, millones de seres humanos han enfrentado la muerte de sus seres queridos. El proceso de adaptación hace que podamos contar con los recursos psicológicos necesarios para enfrentar estas situaciones.

La muerte no se para a pensar en razones ni justificaciones. No es justa; simplemente existe y duele. Buscar una explicación a algo que no la tiene no sirve absolutamente de nada. Asumir y aprender es lo único que podemos hacer ante una batalla perdida, una batalla que provoca un cambio sustancial en nuestra vida.

Poco a poco, el recuerdo nos hará cambiar esas lágrimas por sonrisas.

El ser humano tiene, en general, formas muy similares de afrontar la pérdida: las conocidas como “fases del duelo”. Se trata de cinco estados por los que solemos pasar ante la pérdida de algún ser querido. Son fases que cambian de orden y duración según la persona, y que os describo a continuación.

  1. Negación o aislamiento.
    En esta fase, el ser humano activa un mecanismo de defensa que actúa como colchón ante el duro golpe para amortiguar el choque. Sirve para postergar el impacto de una noticia tan dura y de lo que esa noticia implica en tu vida. La negación o aislamiento se caracterizan por la incredulidad y la perplejidad ante la situación, y son necesarios, ya que conceden una tregua a tu mente de la realidad.
  2. Ira o culpa. Aquí, solemos sustituir la negación por rabia o resentimiento. Es una etapa en la que tu cabeza no deja de preguntarse por qué ha pasado o cómo ha pasado. La ira se desplaza en todas las direcciones de una manera injusta y desencadena sentimientos negativos, ya sea por la crítica constante de todo lo que te rodea, o por el sentimiento de culpa que te invade.
  3. Pacto o negociación
    El pacto es un paso hacia la aceptación, un intento de llegar a un acuerdo contigo mismo que te permite poder continuar con tu vida. Ante la dificultad de afrontar una pérdida, se intenta sobrellevar la situación. Para ello, negocias, contigo mismo o con las personas que te rodean, acuerdos para mejorar.
  4. Depresión
    Cuando se llega a esta etapa, se produce una invasión de profunda tristeza. Tu cuerpo y tu mente se debilitan de tal forma que la desgana te domina y pierdes el sentido de tu vida. Esta etapa puede alargarse hasta límites desesperantes.
  5. Aceptación
    En la aceptación, contemplas tu vida de una forma mucho más tranquila. La tristeza mengua y aumentan los buenos recuerdos; la vida se impone. En esta fase, solemos buscar estímulos externos que nos ayuden (apoyo, actividades…) y percibimos todo desde un prisma mucho más positivo. En definitiva, vuelve la esperanza.

El proceso vital del ser humano se completa con la muerte. Y, aunque esto lo entendamos perfectamente, no va a dejar de doler. Sin embargo, el dolor puede sentirse en diversas dimensiones y puede hacernos más fuertes o más débiles.
Esa decisión depende sólo de uno mismo.

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Cómo encontrar el equilibrio
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Lucía Madera del Río | 07-09-2015 | 08:24| 0

 

Reconciliarse consigo mismo, ese es el objetivo.

 

En muchas ocasiones tenemos la sensación de no dominar nuestros actos o comportamientos; el dejarse llevar es bueno y necesario hasta un cierto punto. Esta pérdida de control ocurre cuando existe una disonancia entre lo que tu razón te dice y lo que tu corazón te dicta.

Por ello debemos buscar una consonancia, cierto equilibrio que nos permita dominar la situación a la vez que afrontamos la incertidumbre de arriesgarnos a sentir.

En la contradicción entre lo que deseas y lo que debe ser podemos encontrar la manera en donde las dos partes de ti salgan ganando, la manera para encontrar la armonía y el equilibrio contigo mismo.

La razón y las emociones forman una parte fundamental de uno mismo, ambas son necesarias, por lo que ambas deben ser escuchadas con atención por ti mismo. No debemos apartar nuestras razones para escuchar sólo a nuestro corazón, al igual que no podemos alejar nuestros sentimientos para hacer caso únicamente a nuestra mente; ninguna de la dos opciones te hacer ser tú mismo por completo.

Para encontrar un equilibrio debemos sopesar las razones sin sentido y los sentimientos sin razones, debemos acercar posturas. Lo esencial es poder reflexionar sobre el porqué de tus acciones, dar un sentido lógico a tu comportamiento te hará consciente de buena parte de tus sentimientos.

Nuestra mente cree saberlo todo, a veces nos cuesta hacer parar esos pensamientos que nos hacen dudar de todo lo que nos rodea. La reflexión a la que me refiero no es ni parecido a esto. Hay que evitar pensamientos intrusos para dejar paso a una razón que trabaje para nosotros, y no al revés.

¿Actúas en la misma línea que sientes?

¿Sientes en consonancia con tu pensamiento?

Hacerte esas preguntas y contestártelas con sinceridad te ayudará a acercarte a tu realidad. No temas si las respuestas no te gustan, es fácil que los dos caminos difieran en algún punto, pero debemos encontrar una reconciliación, ya que nuestro sentimiento se vive más plena e intensamente cuando está en paz con nuestra mente. Para ello es necesario tener un punto de vista de la situación lo más amplio y realista posible.

Una vez tus conclusiones sean consistentes, cuando seas plenamente consciente de la situación, de tu realidad, será mucho más fácil dar la mano a tu corazón. Los sentimientos se encargan de hacernos saber si la situación que vivimos es la situación que realmente queremos vivir, este radar no podemos desaprovecharlo, pero tampoco podemos dejarnos dominar por él. El impulso que nuestro corazón nos dicta es un aspecto que debe ir en equilibrio con aquello que nuestra razón sugiere.

Sentir sin sentido, no tiene sentido. Lo que realmente nos equilibra es sentir con el corazón y con la cabeza y con cada célula de nuestro cuerpo, pero para ello tenemos que hacer un trabajo de reflexión sincera con uno mismo. Este trabajo nos hará crecer personal y emocionalmente, nos ayudará a saber si lo que estamos haciendo nos acerca a donde realmente queremos estar. 

 

 

 

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Dependencia emocional
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Lucía Madera del Río | 25-06-2015 | 10:39| 0

El amor es ausencia de miedos.

 

Una de las características que definen al ser humano es el hecho de poseer un gran componente social. Tendemos a buscar conexiones afectivas continuamente pero, cuando esta necesidad se convierte en continua e, incluso, extrema, hablamos de la dependencia emocional; o dicho de otro modo, adicción afectiva. Este tipo de conexión inapropiada, suele darse en relaciones de pareja.

El comportamiento de una persona dependiente emocionalmente se aleja bastante de las expectativas que uno mismo tenía con respecto a las relaciones de pareja, pero se ve inmiscuido en una situación en la que vive sólo por y para una persona en concreto.
La dependencia emocional está considerada un trastorno, ya que crea un malestar significativo en el sujeto, malestar que afecta a todos los ámbitos de su vida.

Esta situación convierte al sujeto en víctima de la propia relación. Es por eso que no se debe confundir la dependencia emocional con el amor; en el amor, nunca hay víctimas.

El sujeto dependiente muestra una autoestima baja, se adentra en una fase en la que sus propios criterios dejan de tener sentido e importancia; una fase en la que sólo muestra un sometimiento inapropiado hacia otra persona. En resumen, se trata de una súplica afectiva constante. La consecuencia es una situación de desequilibrio que va minando poco a poco la relación, en general, y al sujeto dependiente, en particular.

No se debe asociar este tipo de trastorno con una dependencia económica ni una dependencia materialista, sino a una dependencia exclusivamente emocional o afectiva.
A pesar de que esta dependencia pueda aparecer en un momento puntual, lo natural es que tendamos a repetir este tipo de conexiones a lo largo de nuestra vida afectiva.
En la actualidad, la dependencia emocional es un trastorno frecuente que ocupa entre el 7 y el 10% de las consultas psicológicas en España.

Combatir este tipo de sentimientos requiere, en primer lugar, ser consciente de que se tiene un problema; un problema que no te deja avanzar ni ser feliz, y un problema que destruye cualquier sentimiento positivo que tienes en tu camino.

Date cuenta de que tú mismo eres el propio motor de tu vida y de que la dirección y el camino que elijas sólo y exclusivamente dependen de ti.
Tienes que intentar crear un vínculo mucho más fuerte, un vínculo con alguien con el que siempre vas a poder contar: un vínculo contigo mismo.

Pregúntate qué beneficios puedes obtener, qué aportan en ti… El objetivo es percatarse de algo que no sólo no necesitas sino que no lo quieres para tu vida.

Actúa para conseguir tu felicidad. Quiérete.

“No podemos vivir sin afecto; nadie puede hacerlo. Pero sí podemos amar sin esclavizarnos.”

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Enseñando a dormir a nuestros niños
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Lucía Madera del Río | 15-05-2015 | 06:16| 2

 

La proporción de tiempo que pasa un ser humano durmiendo va disminuyendo según crecemos. En la infancia, el sueño ocupa un importante lugar que debemos cuidar y trabajar para que se convierta en un hábito saludable, ya que es un pilar fundamental para el correcto desarrollo del niño.

En la actualidad, observamos diferentes dificultades o problemas en el sueño durante la infancia. La falta de sueño en un niño no provoca somnolencia, como suele ocurrir en el adulto, sino todo lo contrario. El niño se activa para no dormirse y aumenta la irritabilidad y la inquietud, por lo que es necesario saber llevar y trabajar el descanso óptimo en nuestros pequeños para evitar posibles dificultades a la larga.

Para ello os quiero presentar diferentes pautas para la adquisición de unos buenos hábitos de sueño.

En primer lugar es fundamental la creación de una especie de ritual en momentos previos a irse a la cama. El mantenimiento de estos rituales nos beneficiará significativamente a la hora de la adquisición de la rutina que queremos instaurar. La hora del baño, la cena y los momentos previos a irse a la cama deben de ser rutinarios y con horarios regularizados.

Estos horarios deben ser siempre los mismos e iremos modificándolos según lo requiera la edad del niño.

Debemos señalar estos momentos con avisos verbales para facilitar la anticipación del niño a esta secuencia de momentos previos a irse a la cama.

Otro pilar importante a la hora de cuidar esta faceta es asegurarnos de que el ejercicio físico o cualquier tarea que pueda aumentar la actividad del niño sean durante el día y nunca en momentos previos al sueño.

Es fundamental crear un ambiente agradable y asociarlo al momento de ir a dormir, podemos utilizar juguetes, cuentos o una luz ambiental adecuada. Pero debemos evitar alargar demasiado la rutina de irse a dormir, tenemos que establecer un tiempo adecuado para la rutina establecida.

Debemos hacer que el niño se acostumbre a dormir en su propia habitación, en su cama y que no necesite que un adulto le duerma. Ser firmes en estos aspectos evitará a la larga distintos problemas.

Si el niño protesta o llora podremos entrar en su habitación en intervalos de tiempos programados, alargando estos intervalos gradualmente, pero para hacerle saber que estás ahí, darle confianza pero no debemos cogerle o acariciarle para que se calle, debemos indicar con tacto y suavidad que es la hora de dormir.

Si en mitad de la noche el niño llora o se queja, es mejor que esperemos un poco antes de responder, ya que es posible que vuelva a dormirse sin necesidad de nuestra atención.

Es importante conocer los temores de nuestros niños, hablar de ellos durante el día y reducir las ansiedades de una manera divertida a la vez que educativa, utilizando cuentos o representando situaciones que le asusten con las posibles soluciones basadas en el humor y el cariño.

Si ya estuviera alguna rutina inadecuada instaurada, se debe de ir sustituyendo por conductas más adecuadas poco a poco para que se vaya desvaneciendo dicha rutina.

Los riesgos de dormir mal en la infancia están vinculados al aumento en el riesgo de sufrir problemas de sobrepeso u obesidad o alteraciones tanto en el crecimiento como en el comportamiento del niño. Es muy importante mantener una higiene del sueño firme y evitar posibles problemas asociados. Esta firmeza debe estar respaldada por muestras de cariño, tacto y paciencia.

 

 

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Sobre el autor Lucía Madera del Río
Lucía Madera del Río (@lmadelrio) es psicóloga y terapeuta de conducta emeritense especializada en temas de salud mental y nutricional. También es la ideóloga del proyecto Positiva-Mente, basado en la psicología positiva.

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