Hoy

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Piensa mal, y sufrirás
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Lucía Madera del Río | 22-04-2016 | 19:56

El pensamiento crea la realidad más importante que existe, la de uno mismo.

Existe una realidad más objetiva, seguramente una más justa y ecuánime, pero esa realidad, la mayoría de las veces no nos interesa demasiado. Convivimos con la realidad que sentimos, con aquella que nos emociona, con la que verbalizamos y la que interiorizamos, la que nos hace reflexionar, y relacionarnos de una manera u otra con el mundo, con la que marca nuestras experiencias vitales; nuestra realidad, aquella que nos forma como personas, esa que pensamos. Por ello,  es importante trabajar la manera de pensar.

La mayoría de nuestros pensamientos están marcados por multitud de variables personales, sociales, culturales, educacionales, emocionales, afectivas; además cada pensamiento está influenciado por todas las experiencias vitales que hemos experimentado a lo largo de nuestra existencia. Por lo que nuestros esquemas mentales son individuales, propios de cada persona, y esperar que otro piense, por tanto sienta o actúe de la misma manera en la que lo hacemos nosotros es aumentar la probabilidad de sufrir ante una expectativa poco viable.

Pero lo cierto es que aunque el pensamiento de cada uno difiera en muchos aspectos, también encontramos distintos errores que repetimos con bastante frecuencia.

Estos errores, las llamadas distorsiones cognitivas, son creencias o esquemas mentales erróneos que al procesarlos nos crea una carga emocional negativa innecesaria.

Hay diferentes tipos de distorsiones cognitivas, saber detectarlas es necesario para poder desmontarlas. El fin es liberar esa carga negativa que nos proporciona y así poder procesar la realidad de una manera más justa, libre y positiva.

Hoy, me gustaría explicaros algunas de ellas.

 

El perfeccionismo y la exigencia


Esta es una de las distorsiones más frecuentes en la actualidad. Estamos inmersos en un sistema que normaliza las presiones y las auto-exigencias de tal manera que interiorizamos las normas de una forma rígida en cuanto al cómo deberían darse ciertas situaciones.

La forma en la que se expresa este tipo de pensamiento suele ser con las expresiones tipo “debería”, “tendría”, “habría que”, “tendría que”… etc. Por ejemplo:

-          Debería ser el mejor.

-          No debo cometer errores.

-          Tengo que ser feliz.

-          La vida tendría que ser más fácil.

Todas estas afirmaciones, pueden provocar una consecuencia emocional negativa, basada en la culpa, la rabia e ira o el resentimiento con uno mismo. Este tipo de creencias inflexibles se convierten en autocríticas constantes que sólo conllevan a frustraciones internas.

La manera de desmontar este tipo creencias es buscando una alternativa basada en la racionalidad, en la lógica y en la realidad. Es muy beneficioso que cambiemos los términos de “tengo que “o “debo” por “me gustaría” o “preferiría”.

Ser exigente con actitudes, comportamientos o formas de ser de los demás sólo puede causar en ti, emociones negativas tales como la frustración, la irritabilidad o la rabia. Es necesario entender que cada uno tenemos un sistema de valores y que éstos son internos y personales, no universales; que aquello que consideramos correcto o acertado puede no serlo para los demás.

De la misma manera, ser exigente con uno mismo también crea sentimientos de fracaso y frustración. Ser flexible y tolerante contigo es la única vía para conseguir aceptar quién eres, y poder llegar a conseguir de una manera más saludable aquellas metas que te marques, sin exigencias ni instrucciones dañinas ni nocivas para tu mente.

 

El catastrofismo

 

¿Y si este dolor de cabeza que tengo es causado por un cáncer?

A muchos esta pregunta les sonará ridícula, a muchos otros, normal. Este tipo de distorsión se da cuando tendemos a percibir catástrofes sin motivos reales, sin fundamentos objetivos ni razonables para hacerlo. Por ello, se desarrollan emociones vinculadas a la preocupación excesiva, al miedo o a la ansiedad.

Para detectarlos con facilidad, podemos decir que normalmente suelen comenzar por “y si…”

El catastrofismo debe de ser desmantelado utilizando la reflexión, la lógica, la evaluación de la realidad y siendo honestos y justos con la situación que estamos viviendo. Analizar con objetividad la situación reducirá de manera significativa la ansiedad al comprobar que la probabilidad de que ocurra esa catástrofe que temes es realmente pequeña.

 

- La negación

 

La negación se produce cuando predisponemos a esquivar nuestros problemas, cuando no admitimos nuestros errores o cuando no reconocemos nuestras debilidades.  Expresiones tales como “me da igual”, “a mí no me pasa nada” o “yo paso de esto” caracterizan este tipo de distorsiones, ya que aunque verbalicemos este discurso, la realidad es que negamos los sentimientos y emociones que ciertas situaciones o circunstancias nos crean.

Se debe ser consciente de los sentimientos que se tienen en cada momento, es beneficioso para nosotros saber reconocerlos, detectarlos, revisarlos y, aunque duelan, tomar conciencia de su existencia para poder trabajar con ellos y ser más honestos con nosotros mismos.

Reconocer estas emociones, detectar estos sentimientos y ser conscientes de nuestra realidad emocional es la única manera que tenemos de aceptar o afrontar las situaciones difíciles que se nos presenten con mayor efectividad y fortaleza emocional y así, superar obstáculos que antes negábamos encontrar.

 

Sobre-generalización

 

“No me ha ido bien en esta relación, jamás me irá bien con otros hombres”

“He suspendido este examen, nunca aprobaré esta asignatura”

La sobre-generalización es la tendencia a creer que ante un suceso negativo, le seguirán continuas derrotas o frustraciones sin fundamentos lógicos ni evidencia alguna. Las expresiones que acompañan a este tipo de pensamientos suelen ser términos dicotómicos y rígidos, tales como “nadie”, “nunca”, “siempre”, “jamás”…etc.

La única evidencia que tenemos es la realidad que hemos vivido, no sabemos lo que pasará en un futuro, darnos cuenta de lo irracional que es este tipo de pensamiento nos ayudará a rebajar la ansiedad que nos crea tener este tipo de creencias en nuestro interior. Intenta no utilizar esas expresiones que generalizan y que generan emociones negativas y nocivas basadas en un pensamiento distorsionado. Desmonta este pensamiento llevándolo a la lógica.

¿Estás completamente seguro de que por el hecho de que te haya pasado una vez te va a pasar siempre?

 

El negativismo

 

¿Cuántas veces entraste en un examen pensando que no aprobarías?

¿Cuántas veces hiciste una entrevista de trabajo con el pensamiento de que era imposible conseguir ese puesto?

En el negativismo se magnifican los sucesos negativos, desvalorizando así los positivos tanto en uno mismo como en los demás. También solemos realizar predicciones negativas sin evidencia alguna del hecho.

Este tipo de pensamiento marca una actitud de inseguridad frente a las diferentes situaciones que se nos presentan en nuestra vida. Trabajarlo es necesario para afrontar la vida de una manera más saludable y fuerte. Repasa tus debilidades para mejorarlas y ocuparte de ellas, pero no olvides recordar también todas tus fortalezas para hacerlo.

 

El pensamiento polarizado

 

Este tipo de pensamiento es uno de los más fáciles de detectar; se caracteriza por ser extremo y dicotómico. No existen las tonalidades en estos esquemas mentales, sólo el blanco y el negro, se utilizan constantemente las respuestas absolutas ante diferentes situaciones, sin hacer uso de matices intermedios que eviten pensamientos radicales.  Algunos ejemplos de este tipo de distorsiones pueden ser:

“Todo me sale mal”

“Siempre me pasa lo mismo”

“Nunca me haces caso”

Hacer este tipo de juicios es  ser injustos con la realidad que nos rodea. Debemos ser conscientes de estos pensamientos, detectarlos cuanto antes, para poder desmantelarlos y que no nos suponga sentimientos negativos infundados; no aceptemos este tipo de falsas creencias. Ninguna realidad es de una manera u otra totalmente, nos movemos en diferentes situaciones subjetivas, a lo largo de un continuo marcado por infinidad de matices y aspectos que hay que diferenciar y evaluar.

El mundo no sólo es blanco o negro, hay infinidad de colores que merecen la pena ser considerados.

 

La lectura del pensamiento

 

“Cree que no soy capaz”

“Lo que quiere es hacerme daño”

“Se está riendo de mi”

A menudo creemos tener la capacidad de saber lo que piensan los demás o las intenciones que les mueven; creemos sabemos por qué se comportan de una manera o de otra cuando es muy poco probable que tengamos información suficiente para tener una idea clara sobre ello.

Este es otro de los errores cognitivos más comunes que existen. Sin tener evidencia, ni confirmación, sacamos conclusiones arbitrarias basadas en variables personales y circunstanciales que la mayoría de la veces son erróneas y, sobre todo, negativas y dañinas.

Las consideraciones que puedas tener en cuanto a lo que piensan o al cómo y al por qué se comportan de una manera o de otra los demás no dejan de ser simples hipótesis, y esto es algo que no debemos olvidar. Tendremos que comprobar estas hipótesis con evidencias reales y lógicas para que esta opinión que tenemos se convierta en una conclusión cierta y entonces puedan tomar forma en nuestro mundo emocional.

 

 

Estas son algunas de las creencias erróneas que podemos encontrarnos. Suponen un lastre emocional del que a veces no somos conscientes a tiempo. Por ello es importante saber detectarlos, estar alerta e intentar desarmar estas creencias erróneas y nocivas que, lejos de proporcionarnos seguridad, confianza y verdad, producen alteraciones emocionales y conflictos en las relaciones con los que nos rodean, interpretaciones equivocadas de la realidad, luchas internas y emociones negativas en nuestro interior.

 

 

 

 

 

Sobre el autor Lucía Madera del Río
Lucía Madera del Río (@lmadelrio) es psicóloga y terapeuta de conducta emeritense especializada en temas de salud mental y nutricional. También es la ideóloga del proyecto Positiva-Mente, basado en la psicología positiva.

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