Cómo sobrevivir psicológicamente al desempleo?

Justo el martes celebrábamos el 1 de mayo, el Día del Trabajo, y durante todo el día no podía dejar de pensar en aquellas personas que en este momento están sin empleo. Miles de personas que, no solo sufren las estrecheces de una falta de ingresos económicos adecuados a la actividad diaria normal, sino que además sufren la presión psicológica de estar “parados”, mientras ven como su calidad de vida va descendiendo. 

El trabajo es un elemento fundamental en nuestras vidas.

El trabajo se ha convertido en una parte muy importante de la vida de todos nosotros, y más aún si desgraciadamente no lo tenemos. Es una forma de socialización imprescindible, una forma de evaluarnos a nosotros mismos, y por la que somos evaluados según la cultura actual. Tanto tienes, tanto vales, dice el refrán…, y para dar cumplimiento al “tanto tienes” es necesario trabajar. 

El trabajo es tan importante en nuestras vidas, que a veces permitimos que las gobierne por completo, y problemas asociados al ámbito laboral acaban afectando al personal, familiar y/o de pareja.

Para trata de ayudar a aquellos que están en esta situación, superar la tensión emocional de la situación de desempleo y de la búsqueda de empleo, me gustaría aportar un par de ideas que tal vez puedan ayudar:

  • Una de las cosas que hemos de empezar a hacer es tratar de segmentar bien, y que un problema a nivel laboral no afecte al resto de ámbitos. Sé que es complicado, pero un fracaso laboral no implica necesariamente un fracaso en lo personal, o no debería…
  • Por otro lado, es muy importante no asumir más responsabilidad de la que en realidad nos corresponde. En una situación de desempleo generalizado, es absurdo pensar que toda la culpa es nuestra. Efectivamente, habremos de hacer todo lo posible por mejorar nuestra situación personal, pero desde una óptica diferente cuando el nivel de desempleo supera el 30%. Si esta cifra fuera del 2%, tal vez sí deberíamos analizar si se trata de una responsabilidad exclusivamente personal.

 

En el momento de la búsqueda de empleo.

  • En la búsqueda de empleo, analicemos qué podemos aportar más allá de lo que somos o lo que hemos estudiado. La superespecialización ha pasado a la historia, y las empresas buscan compromiso, versatilidad y esfuerzo: todos podemos aportar eso.
  • Por otro lado, actualmente profesión y formación ya no coinciden de forma lineal en el mercado de trabajo, que evoluciona con una enorme rapidez, mucho más que los programas formativos de las universidades. De hecho, hoy las organizaciones valoran más las capacidades que las profesiones, los hechos que los títulos.
  • Aprendamos a hacer una buena búsqueda de empleo, y entendamos que no se trata de ejecutar acciones, sino de un proceso en el que vamos ganando posibilidades de encontrar empleo.
  • Finalmente, llega hasta donde puedas. Lo importante es que al final del día no puedas echarte en cara que “no hiciste todo lo posible”.

 

Si estás en situación de desempleo, piensa que tú eres tu mejor aliado en la búsqueda de tu nuevo empleo. Cuídate, fórmate, busca información, construye tu perfil, no tengas miedo a viajar y buscar en otros entornos. Tal vez consigas un trabajo, y sin quererlo, crecer en lo personal. Lo vemos a diario en nuestro Gabinete, en que trabajamos temas de Coaching y Desarrollo de Carreras. Y si no sabes cómo hacerlo, o no te ves con fuerzas, busca ayuda.

 

Un saludo a todos y todas

Julia Rodriguez Psicología

653 93 40 50

 

Qué nos motiva a vivir a solas?

Hola de nuevo:

La semana pasada hablábamos de las impresionantes cifras de personas que preferían vivir a solas. No aquellas que se ven obligadas a vivir solas, sino que han elegido hacerlo. La excusa era el libro del sociólogo Eric Klinenberg, titulado ‘Going Solo: The Extraordinary Rise and Surprising Appeal of Living Alone‘ (algo así como “el extraordinario auge y sorprendente atractivo de vivir solo”), y que deja datos del 50% de casas habitadas por una sola persona en Alemania, Francia, Reino Unido o Japón, llegando al 60% en Estocolmo.

Hoy comentaremos las razones que pudieran estar provocando esta situación, y asumo que la conversación girará en torno a temas que podrían ser polémicos… Os planteo algunas razones para vivir a solas:

  • El mercado laboral favorece a la gente que va “ligera de equipaje”, que no tiene problemas para mudarse, para desplazarse, para invadir parte de su tiempo personal en quehaceres profesionales. Personas que son flexibles con su tiempo, y aceptan horarios anti-familiares. Para una gran mayoria de jóvenes, los profesionales más ambiciosos, tener 20 ó 30 años es precísamente el momento en que no debes formar una familia. Hace unos años, en las entrevistas de trabajo gustaba que tuvieras una vida familiar sólida, ya que eso hablaba bien de tu estabilidad emocional, de tu capacidad para asumir compromisos y para alcanzar metas y objetivos. Ahora, vivir solo se está convirtiendo en un camino para medrar profesionalmente, ya que habla de tu capacidad para controlar tus propias circunstancias y te asegura un interés en tu trabajo, limpio de preocupaciones como guarderías, citas médicas y vacaciones de tu pareja.
  • Respecto de la crisis, se podría pensar…, qué sería de nosotros en España si no tuviéramos el soporte de una familia?. Evidentemente, la familia es un gran apoyo. Sin embargo, cuando vives solo y nadie depende económicamente de tí, tienes más resistencia a las dificultades económicas, pudiendo apretarte el cinturón con más fuerza que si tuvieras una familia detrás. Además, si vives solo y te quedas sin trabajo, las posibilidades de cambiar de lugar de residencia son mucho mayores.
  • Vivir bajo la tutela de los hijos es también una situación muy mal aceptada, que hace que queramos vivir a solas. De los 3,5 millones de personas que viven solas en España, 1,9 millones (más de la mitad) son jubilados. Es muy triste el alto número de personas mayores que viven solas en España, y en el resto del mundo, que viven y que muchas veces mueren a solas. Más allá de esta situación tan triste, hay otro tipo de viudos y viudas, o separados, que se resisten igual que los jóvenes, a abandonar su soledad, ya que a fuerza de años, es la vida que ellos han construido, con sus propias constumbres, hábitos y reglas.
  • Nuestra cultura promueve el culto al individualismo. Además de haber cambiado radicalmente nuestra opinión sobre la gente que vive sola, hoy la vida urbana está llena de ventajas para ellos (gimnasios, cafeterías, comida a domicilio, servicios de lavandería, plancha, paseantes de perros…). Se trata de servicios pensados para hacerle la vida más fácil a los que viven sin familia. Por otro lado, la evolución positiva de la mujer en el control de su propia vida, que les permite decidir sobre si incorporarse o no al mundo laboral, si tener o no una familia, si tener o no hijos, si casarse o no hacerlo, y si les sale mal divorciarse…, está contribuyendo a un número mayor de gente que vive su vida sin la necesidad de contar con una pareja de forma permanente. Por otro lado, hay que reconocer que “la idea de la pareja para toda la vida”, ya no es un ideal tan potente como para aguantar a alguién que no te guste, seas hombre o mujer, con lo que los divorcios siguen en aumento. Y finalmente, la revolución tecnológica, desde el teléfono al Facebook, aporta la posibilidad de poder comunicarte con más gente, sin necesidad de compartir el mismo espacio que ellos.

Todo lo anterior contribuye a elegir una vida en soledad. Eso sí, plenamente satisfactoria. Tenemos demasiado miedo a la soledad, y llevamos a cabo demasiadas acciones para evitarla. Aquellos/as que vivís solos…, qué elementos positivos le encontráis?, sentís presión por parte de la sociedad para que “hagáis lo correcto” y encontréis con quién compartir vuestras vidas?

Y los que vivís acompañados…, os imagináis en soledad?

Si os parece, lo vamos comentando a lo largo de lo que queda de semana, vale?  Un saludo a todos y todas.

 

Julia Rodriguez Psicología

653 03 40 50

 

¿Está de moda vivir a solas?

“Como decíamos ayer…”, no sé si lamentarme o felicitarme por vivir momentos de tanto cambio como estos. Por un lado, la incertidumbre es muy alta, y eso pone en dificultades a aquellas personas con menor seguridad personal o menor soporte social; pero por otro lado, dentro de unos años nos daremos cuenta de lo mucho que hemos vivido en tan poco tiempo, y de los procesos de cambio tan intensos que estamos experimentando.

Os pongo un ejemplo: os habéis dado cuenta de que cada vez más gente vive sola?, y no es que no encuentren con quién, sino que, simplificando, han decidido no compartir el sofá, esperar en la puerta del baño, o cambiar sus reglas y el modo de vida que han construido justo a su medida… Esto no siempre es negativo, verdad?, o sí?

Viene a cuento de la investigación que ha realizado el sociólogo de la Universidad de Nueva York Eric Klinenberg, que acaba de publicar “Going Solo: The Extraordinary Rise and Surprising Appeal of Living Alone” (algo así como “el extraordinario auge y sorprendente atractivo de vivir solo“). En este libro destaca como, por primera vez en la Historia de la Humanidad, un número importante de personas viven solas, con cifras tan llamativas como que en países como Alemania, Francia, Reino Unido o Japón cerca del 40% de las viviendas están ocupadas por una sola persona, o que en París (la ciudad del amor) el 50% de las personas viven solas, cifra que sube hasta el 60% en Estocolmo. En Estados Unidos, 31 millones de personas viven solas.

Y en España? Pues aquí hemos pasado de medio millón de personas que vivían solas en 1991, a la situación actual en que, pese a la crisis, más de 3 millones y medio de personas viven solas. O sea, que se ha multiplicado por 7 en los últimos 20 años.

Al autor, le llama la atención que el hecho de vivir solo se presente como una especie de fracaso social, viendo a la persona que vive sola como alguién necesitado de cariño, desgraciado por no tener con quién compartir su vida y sus cosas…, cuando en realidad, estas cifras son consecuencia de los ideales con los que nos están educando. La sociedad en general apuesta por el culto al individuo, y son muchos los mensajes que llegan invitándote a construir tu propio mundo, con tus propias reglas.

Sin embargo, vivir solo significa estar solo?, o precísamente quién está solo comparte su vida con más gente, desde el punto de vista de que la pareja lleva a “cierta exclusividad”?

Lo comentamos? Esperamos vuestras aportaciones, y así no sentiré que escribo “para mí sola” ;)

 

Un saludo a tod@s; estoy encantada de estar de vuelta.

Julia Rodríguez Psicología

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Luchar contra la tristeza es una obligación del ser humano

Hola a todos y todas:

Completamos esta semana en la que hablábamos de la tristeza con una afirmación que puede resultar polémica. ¿Creéis que debemos luchar contra la tristeza sí o sí?. Una cosa está clara, no hemos venido a este mundo a sufrir. Nuestro objetivo último es desarrollarnos plenamente como personas, y en este sentido la tristeza no deja de ser un lastre que lo impide.

Ojo, que no estamos hablando de un estado de ánimo, de la melancolía, o de algo pasajero. De hecho, de forma natural, todos experimentamos fluctuaciones en nuestro tono emocional que pueden estar provocadas por aspectos fisiológicos, factores relacionales, ritmos sociales, acontecimientos que suceden en la vida…, pero sin duda se trata de situaciones pasajeras.

El problema es cuando esa sensación de tristeza no pasa, y no es achacable a un periodo en que tenemos un tono emocional más bajo. Ningún estado de ánimo dura dos meses… Ahí debemos empezar a luchar, y si no podemos, pedir ayuda.

 

¿Qué debemos hacer frente a la tristeza?

El primer paso que debemos dar, es tomar la decisión de que, efectivamente, esa vida no es la que queremos. A partir de ahí, hay que tratar de identificar la causa de esa tristeza:

  • A veces, la tristeza está justificada (por ejemplo en casos de pérdida de un familiar, o de una ruptura de pareja), y ante eso, poco podemos hacer. Si es así, aceptemos la tristeza; lloremos si es necesario, busquemos un apoyo emocional, tomemos consciencia de lo que nos está ocurriendo, y démosle un tiempo. Pero no mucho…, entonces hay que remontar.
  • Otras veces, somos capaces de identificar claramente cuál es la causa de la tristeza, y sabemos que podemos intervenir o actuar sobre ella para solventar la situación (por ejemplo, si tuvimos una discusión con la pareja, pedir disculpas y hablarlo hará que nos sintamos mejor.

 

¿Cómo podemos superar la tristeza?

Sea cual sea su causa, la mejor opción es buscar apoyo en nuestra familia y amigos.

  • Expresemos la tristeza; la falta de la expresión de nuestra tristeza hace que aumente su intensidad, y nos priva de obtener el apoyo social.
  • Evita caer en la trampa de los pensamientos repetitivos en torno al problema, y busca soluciones.
  • Actúa…, aun cuando creas que no consigues nada. La falta de actividad potenciará tu tristeza.
  • Realiza actividades sosegadas y que te gratifiquen.
  • Reflexiona sobre tu forma de enfrentarte a las cosas y empieza a cambiarla.

 

La tristeza sin motivo es la antesala de la depresión.  

La intención principal de esta semana es alertaros sobre este tema. La tristeza a la que no sabemos ponerle motivos, es en muchas ocasiones el primer síntoma de la depresión. Y entonces estamos hablamos de cosas más serias, no de estados de ánimo o melancolías románticas y pasajeras.

La depresión parte de una tristeza generalizada, pero su destino es una ruptura del funcionamiento habitual de la persona. La tristeza extrema y profunda, alimentada por los pensamientos negativos sobre el pasado, el presente y el futuro genera un enorme sufrimiento, aun cuando la persona no sabe explicar cuál es la causa.

Las personas con depresión se sienten agotadas, apenadas, doloridas sin causa médica, enlentecidos, adomercidos, sin voluntad para llevar a cabo las tareas diarias, desvinculándose del mundo real… y por supuesto, viendo como la vida pasa a su alrededor sin disfrutarla.

La depresión es un trastorno psicológico grave, que tiene mejor pronóstico cuando se toma a tiempo. Para trabajarla, es necesario un proceso terapéutico que implica diagnóstico, autoconocimiento, un entrenamiento para el control emocional, y un restablecimiento de la estructura personal. Todo ello, con el adecuado apoyo psicológico.

Esperemos no llegar a eso, verdad?

Un saludo.

 

Julia Rodríguez Psicología

juliarodriguezcorreo@gmail.com

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El valor de la tristeza, y el peligro de la depresión

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Hola a todos y todas:

Fruto de la experiencia en nuestro Gabinete, a veces nos encontramos con personas que sufren una profunda tristeza, y que acuden a nosotros con la intención de poder seguir adelante, y sobretodo, sortear el peligro de la depresión que nos situaría ya en una posición mucho más complicada.

Por eso, he pensado que podríamos hablar de ello unos días, avanzando cuál es la función que tiene la tristeza y el desánimo, que la tiene y es muy importante, e igualmente, caracterizando a las personas tendentes a la tristeza.

 

¿Para qué sirve la tristeza?

Las emociones son una fuente de información, que nos ayudan a interpretar cómo incide sobre nosotros las cosas que sucecen a nuestro alrededor. Por eso, la alegría, la tristeza, el desánimo, la euforia, la sorpresa… tienen una función psicológica muy importante.

En concreto, la tristeza permite percibir que una situación es dolorosa emocionalmente y aprender de ello, obtener el apoyo o el consuelo de los demás, reorganizarnos psíquicamente a través del proceso de duelo, recuperarse de una pérdida, o incluso manejar la agresividad expresada por otros que, sin poder controlarla de otra forma, puedes reducir a partir de la expresión de la tristeza.

 

La tristeza, ¿puede ser un rasgo de la personalidad?

Pues parece que sí. De hecho, todos conocemos personas que expresan un continuo pesimismo, mostrando siempre sentimientos como la nostalgia, la apatía… incapaces de disfrutar de los hechos positivos. ¿Cómo reconocemos a estas personas?

  • Son personas cuyo clima emocional es la tristeza y el desánimo, incluso en ausencia de acontecimientos penosos.
  • Muestran escaso placer en las situaciones agradables.
  • En una situación cualquiera, siempre ven el lado desfavorable, potenciando lo negativo y atenuando lo positivo.
  • Incluso se perciben a sí mismos de forma desfavorable, aunque sean apreciados por los demás. Faltos de autoestima, se atribuyen la responsabilidad en todo aquello que no funciona, mediante el sentimiento de culpa.
  • Son personas que en la vida van con mucha prudencia, por temor a lo que pueda pasar.

 

Pero la tristeza puede abarcar diferentes grados, desde el abatimiento típico del domingo por la tarde tras pasar un fin de semana excelente, a la desazón de un desencuentro en la pareja, y finalmente la desesperación profunda ante acontecimientos que no podemos controlar. Por eso es muy importante diferenciar un estado de melancolía o tristeza pasajero, que tiene una determinada función y suele ser pasajero, de lo que es un sentimiento de tristeza crónica, y finalmente una depresión que requiere de una intervención de carácter psicológica.

 

¿Creéis que es fácil diferenciar entre la tristeza crónica y el estado depresivo?, ¿tenéis episodios frecuentes de tristeza?, ¿qué opináis sobre la función evolutiva que hemos comentado de la tristeza?

 

Bonito tema para terminar la semana.  Os apetece que lo comentemos?

 

Un saludo

 

Julia Rodríguez

653 93 40 50

Comunicarse¿una asignatura pendiente?

Hola a todos y a todas. Hoy toca comunicarnos, o al menos intentarlo, que no es poco.

La comunicación es una herramienta fundamental entre las personas, comunicar ideas y sentimientos es tan básico que en muchas ocasiones lo damos por supuesto, y debido a esto, no tenemos en cuenta que muchos de los problemas cotidianos, tanto a nivel individual como organizacional, están directamente relacionados con la comunicación.

Cada vez que nos comunicamos, se ponen en marcha numerosos procesos, semánticos, neurológicos, psicológicos, sociales y culturales.

La comunicación en sí, no es fácil ni difícil, depende de cómo la hagamos nosotros de complicada.

A la hora de comunicar hay que tener en cuenta:

La intención. Cuando comunicamos lo hacemos de manera intencionada, sea esta consciente o inconsciente.

La diferencia y la variabilidad. Entre nosotros somos diferentes, y tenemos determinados momentos y estados emocionales. Un mismo mensaje, dependiendo de quién te lo diga y de la manera que te lo diga te puede afectar de una forma u otra.

Distintos estilos afectivos. Cuando la comunicación, está relacionada con aspectos emotivos, hay que tener en cuenta que la expresividad, la intensidad y la manifestación de la emoción, es diferente en distintas personas.

La relación entre las personas que se están comunicando. Con cada persona nos relacionamos de una manera diferente, de ahí que en ocasiones logremos hacer con unos lo que no logramos hacer con otros.

La construcción que realizamos sobre nuestra propia realidad. Cuando comunicamos algo, estamos construyendo una determinada realidad desde nuestro punto de vista, esto no quiere decir que esta realidad sea objetiva. Por ejemplo, si dos personas van a una fiesta, una puede decir que la fiesta fue muy divertida y la otra persona sin embargo puede comentar que se aburrió soberanamente.

¿Qué tal lleváis esto de la comunicación? ¿Qué opináis sobre la comunicación a través de las redes sociales?¿Hay veces que sentís que no habláis el “mismo idioma”, con algunas personas?

¿Es mejor las palabras que se dicen, o aquellas que quedan en el tintero?

El consuelo, todo un arte

Cuando sufrimos una pérdida sea del tipo que sea, surgen sentimientos de aislamiento, soledad y vacío interior.

Y a pesar de todo hay que seguir hacia delante, pero si en este “camino”, encontramos personas que nos apoyen, los golpes de la vida, serán más fáciles de amortiguar, y no sentiremos más tranquilos y animados, de tal forma que recuperaremos la confianza en el futuro.

A veces a la hora de consolar, nos podemos sentir un tanto “torpes”, es cierto que no hay fórmulas matemáticas para esto del consuelo, pero si una serie de aspectos que pueden ser importantes para hacerlo de la mejor forma posible.

- Escuchar al otro es fundamental, dejar que la otra persona explique, lo que le ha sucedido y la manera en la que se ha sentido, escuchar, sin aconsejar, juzgar u opinar, es el mejor calmante para una persona que se siente afligida.

- Explicar lo importante que es para ti, y lo mucho que le quieres, que vas a estar a su lado en lo que necesite.

- Evitar frases cómo “no llores”, “no estés triste”, “todo va a pasar”, porque pueden causar incomodidad o malestar en la persona que atraviesa una situación difícil.

- Si la persona llora, sencillamente abrazarla fuertemente, y no decirla nada, en esos momentos, un abrazo sincero, puede ayudar más que mil palabras.

- Mostrarle que te tiene ahí, que tu interés es sincero y que cuando te necesite, solo tiene que llamar, que no se sienta solo/a en esos momentos.

En tal caso hay que tener en cuenta que incluso sin pasar situaciones delicadas, lo estados de ánimo se adueñan de nosotros e inclusos en ciertas ocasiones duran más que las situaciones que los desencadenaron. Cuando veamos que los estados de ánimo nos “atacan”, sería conveniente, intentar cambiar la forma que tenemos de pensar sobre una determinada situación o persona, si logramos esto, nuestras emociones también van a dar un giro y podemos enfrentar los vaivenes que nos da la vida, sin anclarnos en el sufrimiento.

¿Qué tal se os da esto de consolar? ¿Cuál fue aquel momento en el que necesitásteis de consuelo? ¿Os ayudó el apoyo de los demás?¿De las posibles ayudas, cuál fue con la que os sentistéis más reconfortados? ¿Os afectan mucho, vuestros estados de ánimo?

Adicciones en un mundo moderno

Hoy en día debido al ritmo de vida al que nos vemos sometidos, y al deseo de buscar el bienestar, estamos abocados a adentrarnos en una sociedad consumista que nos arrastra a una felicidad ficticia, que en ocasiones se consigue cuando nos esclavizamos a una persona, conducta o sustancia.

Cuando una persona tiene una adicción, domina su vida cotidiana, influye en el estado de ánimo, dificulta las relaciones personales, condiciona y modifica la conducta, hace que se sienta diferente, y que lleve en secreto aquello que le está perjudicando.

Una adicción es todo aquello que pasa a ser el eje de nuestra vida, sin que podamos ejerce un control sobre ello.

Hoy hablaré dos adicciones, entre las muchas que hay, que en ocasiones parecen que no son consideradas como tales, y que sin embargo, influyen en la vida de muchas personas.

La adicción a las malas relaciones: Hay personas que van de una mala relación a otra todavía peor, autodestruyéndose, perdiendo su ilusión y dejando rota su autoestima.

En ocasiones son conscientes que van cayendo en la misma trampa, una y otra vez, ya que hay indicadores que le muestran que se están equivocando de nuevo, pero por otro lado se siente atados a esta situación.

En el fondo de esto, lo que se encuentran son personas que piensan que no son merecedoras de ser queridas, que tienen que esforzarse y darlo todo en el amor, y que la única manera de ser felices es, en una relación de pareja, aunque sean personas exitosas en otros ámbitos de su vida.

En un momento dado, estas personas pueden caer enfermas a nivel físico o psíquico, y es en ese momento cuando se dan cuenta de su realidad y del esfuerzo que han realizado a lo largo de su vida, y cuando esto sucede, es cuando tienen la energía necesaria para resolver su situación y cambiar su forma de amar.

La adicción al trabajo: Hay personas que viven obsesionadas por el trabajo, su atención está centrada en conseguir más y mejores resultados, su jornada laboral es larga y agotadora, pero parecen que encuentran un cierto placer en esto, ya que les cuesta disfrutar, vivir y sentir si no es por y para el trabajo.

Su zona de confort es el trabajo, ya que es su manera de sentirse exitosos, porque controlan en todo momento lo que tienen que hacer y la manera de hacerlo.

Sus estados afectivos van en relación al trabajo, y todo lo emocional lo vinculan con aspectos profesionales.

La única forma en la que se siente bien es cuando se sienten competentes y eficaces a través del prisma que les ofrece el trabajo, ya que lo único importante para ellos es conseguir su objetivo profesional.

Frecuentemente desplazan a la familia, ya que no le dan a esta la suficiente importancia como para dejar de asistir a alguna reunión, o aplazar algún viaje, o todo lo que ellos consideren importante para su actividad laboral.

Si las personas más cercanas reclaman su atención, se pueden alejar más aún.

Y a pesar de todo esta adicción en la sociedad en la que estamos hoy en día es valorada, ya que una persona que se entrega tanto en el trabajo, puede ser considerada una persona de gran valía.

¿Conocéis a alguna persona que tenga estas adicciones? ¿Hay alguna cosilla que os cuesta controlar? ¿Qué otras cosas consideráis que pueden ser adicciones modernas?

Don enfado me acompaña

En ocasiones por cosas que no tienen importancia, en otras ocasiones si la tienen, o se la damos, el caso es que el enfado nos acompaña muchas veces en nuestro día a día, tocándonos por momentos o instalándose en nosotros.

El enfado es una emoción que nos ataca directamente, intentamos negar una realidad que es evidente, mediante un mal gesto, un grito, desahogándonos con alguna persona, o incluso arremetiendo contra nosotros mismos, ya que afecta a nuestro estado físico y mental.

Nos podemos enfadar por algo que nos pasó en nuestro trabajo, por alguna gestión que no pudimos terminar, por un pequeño contratiempo, por algo que ocurrió en nuestra casa, cuando no conseguimos lo que queremos, cuando tenemos que afrentarnos a algo que no nos gusta, y puestos a enfadarnos, también puede ser con personas, parejas, hijos, padres, compañeros,…..

El enfado tiene que ver con nuestras exigencias, expectativas, y con la capacidad de poder ejercer control en nuestras emociones.

Las consecuencias del enfado las hemos experimentado todos y lo que conseguimos es romper nuestro equilibrio, un terrible dolor de cabeza, sentir un gran malestar interior, pensamientos repetitivos en torno a la persona o situación que hace que nos sintamos de esa manera, y se además si nos hemos pasado con lo que hemos dicho o hecho, pesa sobre nosotros la culpa.

Y para manejar todo esto, los expertos recomiendan:

- Entender los motivos del enfado.

- En ocasiones hacer un tiempo fuera y salir de la discusión o de la situación.

- Mirar la cuestión que nos afecta con matices, no en blanco o negro.

- Respirar e intentar tranquilizarnos.

- Determinar, hasta aquí llegó y no seguir con el enfado.

- Paciencia y búsqueda de soluciones.

¿Cómo lleváis esto de los enfados? ¿Os enfadáis más con personas o situaciones?,¿Hace tiempo que os viene esta emoción? o por el contrario,¿Raro es el día que no las sentís?, ¿Cuáles serían vuestras recomendaciones para llevar a “ don enfado”, guardado en la mochila?

Ni me escuchas, ni me entiendes

Hola a todos y a todas. La semana pasada una amiga me comentó que le trataba de contar a su hermana, una situación difícil que está viviendo, y lo único que consiguió, fue sentirse fatal y discutir con su hermana.

Cuantas veces, hemos intentado hablar con alguien sobre lo que nos pasaba, sobre como no sentíamos, y esa conversación se ha convertido en sentirnos peor de lo que ya estábamos…

De entrada la gente te comenta “no te preocupes” “ya pasará” “no les des importancia” y precisamente, porque te preocupa, porque les das importancia y porque lo estás viviendo en presente, necesitas hablarlo y que te den otro punto de vista, pero el ser empático es algo que no va con todo el mundo, y mientras tú cuentas lo que te ocurre, la otra persona en un segundo puede dar solución, a lo que tú llevas pesando mucho tiempo.

Los mismos acontecimientos, a cada persona le afectan de una manera distinta, y mientras uno puede sufrir por el trabajo, otros lo hacen por la familia, otros por amor, y es que en cada persona el sufrimiento se reparte en un ámbito, bueno hay algunas vidas en la que parece que todos los ámbitos están tocados.

Y es precisamente en el momento en el que alguien, nos cuenta lo mal que se viene sintiendo, cuando tenemos que hacer alarde de esa empatía, y ponernos en el lugar del otro, para conseguir estar a la altura de las circunstancias.

Imprescindibles para ser empáticos, estos aspectos:

  • Escuchar; con todo el sentido de la palabra, atendiendo y entendiendo a la persona que nos está hablando.
  • Aconsejar puede ser fácil, pero no siempre conveniente, ya que puede ser que nuestro consejo resulte tan vehemente, que la otra persona se sienta mal, y piense “ con todas las vueltas que le he dado al tema, para ti es así de fácil”
  • Juzgar no es nada recomendable en estos casos, ya que decir si otro lo hizo mal o bien, en ocasiones no sirve de nada y por supuesto no soluciona el problema.
  • No relativizar el problema que presenta la otra persona, que no nos parezca importante en nuestro modo de entender la vida, no quiere decir que no lo sea para el otro.
  • Comprender, hace que los demás se sientan cómodos y expresen sus emociones, que es de lo que se trata, cuando nos sentimos mal.

¿Es fácil para vosotros escuchar? ¿Pensáis que sois empáticos? ¿Os habéis dado de bruces con algún “muro”, cuando intentabais desahogaros? ¿Encontráis personas que os escuchen y entiendan?

Supongo que todos en algunos momentos nos hemos sentido en ambos lados de la comunicación…., o no comunicación.

Hoy.es

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