Hoy

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Preguntas y reflexiones bajo la luna
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José María Fdez Chavero | 14-08-2017 | 10:13| 0
luna

Algunas noches de verano me siento a observar el cielo con su infinidad de estrellas y lo primero que percibo es la inmensidad, el silencio y la armonía que te atrae y sumerge en sus inmensidades. Poco a poco va surgiendo la sensación de la propia pequeñez, de los límites espaciales y temporales del propio cuerpo y de la existencia. Ese mismo mundo supralunar, como afirmaba Aristóteles, que miraron nuestros antepasados y del que disfrutaron y se dejaron deslumbrar lo tengo ante mis ojos.

A eso le añadimos que podemos interactuar con él gracias a sus estrellas fugaces que las acompañamos con deseos que tenemos en la mente y en el corazón. Es una actividad sencilla, solo se necesita oscuridad, mirar hacia arriba y después de unos quince minutos de espera te encontrarás la magnitud de lo infinito y la pequeñez de lo limitado.

Me pregunto, sin ánimos de atormentados pesimismos, el porqué la evolución nos ha conducido hasta una existencia plagada de contradicciones. A veces pienso que al hombre le sobra el momento en el que toma consciencia de la propia vida y la de los demás. A un nacer doloroso, a una educación llena de esfuerzos no siempre recompensados, a una preparación académica y profesional costosa para un trabajo inexistente o no elegido con libertad, a unas necesidades e imposiciones sociales y culturales que pueden ahogar y angustiar se le unen  continuas despedidas y muertes. Se mueren los abuelos sin que nos demos prácticamente cuenta, también los padres, los tíos, los hermanos, vecinos y amigos, los desconocidos que aparecen en las esquelas o de los que nos hablan y están aquellos olvidados, de los que no se dice nada. Todas nos van dirigiendo con mano dura y sin titubeos a la nuestra.

Me pregunto si tantos sacrificios a lo largo de la vida merecen la pena porque terminamos en el absurdo de la muerte. Tanto para tan poco podría ser el resumen de lo escrito.

Si queremos entender esas sensaciones es preciso que nos situemos en lo que expresan las palabras y no vayamos a lo espiritual porque entonces sublimamos nuestras impotencias y limitaciones. Me pregunto, en ocasiones, si no hubiese sido más fácil la vida sin consciencia y al responderla encuentro una respuesta que me satisface profundamente. Si no tuviera consciencia tampoco tendría conocimiento del amor, ni de la amistad, o de la paternidad en su pleno sentido, ni del compañerismo, ni del gozo de la meta alcanzada o de la satisfacción de la recompensa recibida. Si me dieran a elegir entre no tener consciencia y ahorrarme el sufrimiento o poseerla y disfrutar de los logros, sin duda elegiría lo segundo porque el placer me llena más que el displacer.

En medio de estos pensamientos me sorprende una nueva estrella fugaz y formulo para mis adentros otro deseo difícil de que se cumpla, porque esa paz que deseo parece ir en  contra de una parte de la esencia del ser humano, como es la violencia y la guerra. Aún así pido la paz para todos.

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El Mar
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José María Fdez Chavero | 05-08-2017 | 08:06| 0
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Origen de la vida y fuente inagotable de las más diversas formas de existencias. Despensa agradecida y limitada que llena mesas y platos de sabrosos y suculentos manjares. Destino de muchos viajes de pasajeros ávidos de descanso estival y final de kilométricos recorridos de ríos. Hay personas que expresaron el peculiar deseo de que sus cenizas descansaran en sus misteriosas aguas y dejan en la orilla a familiares con los ojos llorosos y la voluntad cumplida.

Su belleza inspira a poetas y artistas que con sus palabras y pinturas nos deleitan. Es un buen amigo que entretiene con sus aguas chocando contra los castillos de arenas y los pies de sus pequeños constructores. Testigo discreto y buen confidente de apasionados enamorados que se declaran amores en sus orillas, con las miradas fijas en el rostro del amado y el corazón latiendo al ritmo de los sentimientos. Nunca fue a un conservatorio de música, pero es un habilidoso compositor de embriagadoras melodías con dulces notas que induce sosegados y reparadores sueños. Sus aguas saladas sanan la piel cuarteada con tan solo tocarla, como sabios dermatólogos preparados en las aulas de las más prestigiosas universidades.

De fuerte temperamento y caprichosa personalidad. Si se encuentra relajado es espejo de hermosas puestas de sol y de la tenue luz reflejada de la luna y si se enfada es un despiadado guerrero infalible con sus olas asesinas. A veces es un inmenso estanque de aguas tranquilas que mece barcas y cruceros y otras puede ser tsunami que destroza lo que encuentra a su paso. Gozamos de la suerte de sus dones y pagamos su capacidad destructiva.

Amante celoso de entregados pescadores y marineros que le dan su vida y nunca llegan a satisfacerle. Es fuente de continuos movimientos y energías que aún no sabemos aprovechar. Tiene la inmensa tristeza de ser recipiente de nuestras miserias convertidas en plásticos, colillas, papeles, latas y demás desperdicios que destrozan y afean su bello rostro y dañan su fondo. Su silencio nos cuestiona.

Muchos tesoros están depositados en su interior y sueñan con los ecos de la eternidad. Algunos desean ser encontrados y otros suspiran para continuar en sus aguas. Escenario de aventuras que inspiraron mentes y se convirtieron en entretenidas historias. Tan inmensos son sus límites que solo pudo ser creado por Dios y se lo regaló al hombre y a la mujer para que le acompañasen siempre, con el único compromiso de cuidarlo para futuras generaciones.

Todo esto y mucho más es el Mar o la Mar y tan importante es para la vida biológica, física, mental y espiritual que debemos cuidar con esmero. Si seguimos abusando de él, como hasta ahora, nos encontraremos con su deterioro, no habremos mantenido la herencia de nuestros hijos y la historia se acercará a su final. Ecología y supervivencia se unen y la vista ve lo que el oído oye y el olfato huele y el tacto toca y el gusto paladea y entre todos gritan desesperados que el Mar y la naturaleza nos necesitan y las necesitamos.

 

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Veranos, ayer y hoy
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José María Fdez Chavero | 24-07-2017 | 20:10| 0
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Una de sus hermosas calles

Tengo la inmensa suerte de pasar bastante tiempo con jóvenes que se adentran en la historia del pensamiento, en la psicología y en la sociología. Aprendo mucho de ellos, la mayoría de las veces con sus opiniones y comentarios y otras con las preguntas que hacen. En los últimos días de curso se generó un debate sobre las ventajas de las nuevas tecnologías para pasar las largas horas del calor extremeño. Se realizaban halagos a las variadas redes sociales. Unos decían lindezas del whatsapp que nos mantiene unidos a familiares y amigos y sin costes incómodos. Otros comentaban la posibilidad de vernos en los lugares de descanso a través del instagram. Algunos hablaban del twitter y del facebook. Casi había unanimidad en las alabanzas de juegos on line y con las playStantion en sus incontables versiones. Siendo sincero he de reconocer que también las uso y les agradezco la posibilidad de expresar y compartir inquietudes y pensamientos.

En un momento del debate, una alumna preguntó cómo fueron mis veranos en el pueblo, sin móviles ni internet. La miré con relajada sonrisa y le di las gracias por tan avispada pregunta. Comencé diciendo que se habían olvidado de un par de cosas, la primera es que la mayoría de las personas de mi pueblo, incluida mi familia, no salía de vacaciones y la segunda, que no había piscina pública, lo más una alberca en la que podías remojarte siempre que el dueño se compadeciera.

El whatsapp no lo necesitábamos para quedar porque ya habíamos fijado la hora antes de despedirnos o sencillamente ya nos veríamos o íbamos a las casas. Las horas de los actuales grupos virtuales las teníamos físicamente en directo, puedo asegurar que son más entretenidas y divertidas y lo sé porque pertenezco a varios de esos grupos. Horas enteras sentados en un banco o en el umbral de una casa compartiendo sueños e ilusiones era todo una pasada de placer social. Las fotografías nos gustaban y brillaban por su escasez, de ahí que prefiriésemos vernos. Aseguro, sin riesgo a confundirme, que esas visiones eran increíblemente bellas.

Pasábamos el tiempo libre de forma diferente según la edad. Del jugar al escondite, o a los juegos olímpicos o al fútbol, hasta contarnos la vida caminando paseo arriba y paseo abajo. A inicios de la adolescencia había un juego estrella que nos ayudaba a definir nuestra sexualidad y a alimentar la autoestima, el juego de las cerillas que además de no provocar ningún fuego ponía, al que se le había apagado, ante la obligación de responder a las preguntas de los compañeros. Recuerdo que la pregunta más frecuente era quién te gustaba. Cuántos resoplidos de satisfacción y cuántos de decepción según tu nombre apareciera o no. Y qué decir de esas entretenidas películas en el cine de verano, con el Oeste o nuestros cantaores como máximos protagonistas.

Mis estimados alumnos y gente joven, no envidio vuestro tiempo libre porque no habéis conocido la grandeza del tiempo con los amigos hasta rozar el más entretenido de los aburrimientos. Es cierto que tenéis otras ventajas de las que yo me beneficio en menor medida que vosotros, pero no cambio mis veranos en el pueblo con mis amigos por nada del mundo.

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De la página del Excelentísimo Ayuntamiento de Ribera del Fresno. Gracias

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18 de julio
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José María Fdez Chavero | 17-07-2017 | 19:47| 0
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Ni me sobra atrevimiento, ni me falta prudencia a la hora de poner título a las siguientes líneas. Que nadie busque en mis palabras ningún atisbo de color, ni de signo político, ni de progresismo o conservadurismo. Encuentren el deseo de concordia y de paz en un día que suena a enfrentamientos y guerra. El 18 de julio representa lo que nunca debe ocurrir a un pueblo y nos invita a trabajar para que no vuelva a suceder. Fue el fracaso de una sociedad y de unas personas en una época en la que la falta de diálogo y el quererse imponer a los demás imperaba. La guerra entre poblaciones limítrofes, entre vecinos de la misma calle, entre miembros de una misma familia, es lo más cruel que puede padecer una sociedad y la nuestra lo padeció.
Pertenezco a una generación que escuchó a personas que habían sufrido el horror de la guerra civil en sus vidas. Recuerdo una ocasión en la que mi padre me dijo que hasta que no muriese su generación no se superaría el trauma generado. Muchos de aquellos niños y niñas, hoy ancianos, no están con nosotros y lo que mi padre me decía no es aún realidad. Algunos continúan con la dinámica repetitiva de que estás conmigo o estás contra mí y es una manera irracional de estar en sociedad.
Ya se han realizado cientos de reflexiones de lo sucedido y no es momento de pararse en más estudios. Es tiempo de construir, de mirar hacia delante, de buscar lo que nos une y no lo que nos separa. Es respetar la idiosincrasia de las diferentes partes de España, de las diferencias y de lo que nos une.
Ya no es tiempo de mostrar los carnets militares de los muertos o las fotografías de Iglesias quemadas o las cruces recordatorios de los caídos o las tumbas anónimas. Esto no nos quita el derecho a conocer dónde se encuentran nuestros antepasados y darle los honores merecidos.
Estamos en una democracia en la que se puede opinar, dentro de unos organismos internacionales que proporcionan consistencia y equilibrio aunque falte consolidación. Vivimos en una sociedad con el poder sanamente dividido y repartido y en la que se valoran las instituciones, a pesar de que algunos han caído en las garras de la corrupción y del robo consentido. Lo peor de la corrupción no es el dinero robado, sino la desesperanza y la pérdida de ilusión que genera en la mayoría de la sociedad.
Las dificultades no faltan, pero tampoco sobran. Hemos de mejorar. Muchos padecen el desempleo, la lacra de un sistema económico no preparado para superar con rapidez las crisis que genera.
Dedico estas letras a los fallecidos en las guerras y a sus familias, hayan sido militares, policías o guardias civiles; monárquicos o republicanos; moderados o progresistas; empresarios o trabajadores; de derechas o de izquierdas; vascos o extremeños o de cualquier zona de España. Nadie se merece morir a manos de nadie por ningún motivo y en España y en Extremadura tenemos demasiados muertos por estos falsos e inexistentes motivos.

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Una tarde con mi profesor
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José María Fdez Chavero | 10-07-2017 | 17:12| 0

 

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Un punto de referencia

He tenido la inmensa fortuna de pasar una tarde con uno de mis antiguos profesores, de esos que marcan la vida de los alumnos y también la mía. Está a punto de jubilarse, canoso, igual de sabio, de prudente y con la serenidad de los años saboreados con autenticidad. Me contó que en la última semana del curso recibió tres cartas que le tocaron lo más profundo de su ser. La primera carta fue de toda una clase, la segunda de una alumna de bachillerato y la tercera, del padre de una alumna. Le pregunté por sus contenidos. Me miró fijamente y, tras unos segundos de silencio, comenzó el relato.

La primera fue entregada el último día de clases. Dos alumnos se levantaron del asiento y le dieron un sobre azul con una postal escrita, un estuche con un bolígrafo y una pequeña bolsa fría al tacto, era un vasito con su helado preferido. Del bolígrafo y del helado no me contó nada, sí del escrito. Le daban las gracias por lo transmitido durante el curso, por tratar los temas de la vida sin tapujos y con sinceridad, por darles claves para afrontar el día a día, por animarles a compaginar tolerancia y crítica y por valorar el esfuerzo. Se despedían dándoles las gracias por ayudarles a ser mejores personas. Al terminar, le pregunté por su respuesta. Les agradeció los deseos de aprender y de ser mejores personas, lo cual le animaba a ser mejor profesor. La clase terminó con un sonoro aplauso. Salió del aula con algo de vergüenza y una enorme satisfacción.

La segunda carta le llegó al correo electrónico. Fue más breve. Después de un saludo tuteado, le daba las gracias por el tiempo dedicado a ella y a sus compañeros. Le decía que deseaba verlo y que estaba muy contenta por la nota obtenida en la selectividad. De nuevo le pregunté por su respuesta. Les agradeció a ella y a los compañeros el trabajo realizado a lo largo del curso y, sobre todo, la actitud de aprendizaje. Terminó con un “gracias por ayudarme a querer ser mejor persona, mejor profesor”.

La tercera llegó en un mensaje privado de whatsapp. Tras un cariñoso saludo le mostraba su admiración por ser justo y su sincero reconocimiento, las gracias por su labor y su dedicación al alumnado. Además le decía que también él había aprendido de sus reflexiones. En este punto, le comenté que se sentiría muy orgulloso. Me miró por encima de sus gafas y de nuevo me encontré con la misma respuesta de agradecimiento al padre por esas palabras de ánimos para ser mejor persona y profesor.

Seguimos charlando y me dijo: “ese es mi trabajo y el premio al compromiso con mi profesión, la formación de jóvenes y el acompañarles en el camino de hacerse personas. No es mucho lo que les digo a mis alumnos: la importancia del esfuerzo, los deseos de ser mejor, la riqueza de la tolerancia y, a la vez, la de ser crítico y que tengan presentes que sus vidas dependerán de las decisiones que vayan tomando a lo largo de ella”. Al terminar hablamos de mi vida. Nos despedimos con un fuerte apretón de manos y mi mirada de profunda admiración.

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“Si tu hija es conflictiva…”
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José María Fdez Chavero | 03-07-2017 | 07:41| 0

 

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Expresión dicha por una madre a un padre, en la puerta del colegio, unos minutos antes de llegar el autobús en el que venían sus hijas de una excursión. Esa frase la completó con “no paró de llorar durante toda la noche, dígalo en el colegio para que la pongan sola porque no ha dejado dormir a la mía” A los pocos minutos llega el autobús con los niños cansados y deseosos de encontrarse con los padres después de día y medio fuera de casa. Besos y saludos cargados de sonrisas, con algunos churretes en las caras, manchas en las camisetas y los ojos rezumando innumerables y magníficas vivencias que nunca olvidarán.

Los padres de la llamada “niña conflictiva” comunicaron a los profesores encargados de la excursión lo sucedido y escucharon sus respuestas que ya intuían sin haberla oído antes, porque ellos sí conocen a su hija, saben que no es conflictiva y sí encantadora. Contaron que unos sollozos al acostarse y nada más, ese fue el inmenso drama de lo sucedido. El problema no son las niñas, sino los adultos cuando nos dejamos llevar por prejuicios cargados de ignorancias atrevidas. La sociedad y el colegio tendrán que continuar con la formación y la sensibilización para superar estas situaciones injustas.

No es la primera vez que escribo sobre este tema, ya lo hice años atrás cuando una guardería se negó a aceptar un niño con síndrome de Down, argumentando que no tenían personal cualificado para atenderlo. Animé a los padres a denunciar, pero influencias y algunas peticiones de perdones enterraron en el olvido tanta discriminación, pero al niño no le abrieron las puertas.

También recuerdo la negativa de una discoteca para que un grupo de chicos y chicas con síndrome de Down entrasen a bailar porque el foro estaba lleno mientras no dejaban de entrar otras personas. Incluso el dueño tuvo la desfachatez de quererles invitar a tomar algo en una cafetería cercana. Tengo más ejemplos, pero son suficientes para lo que pretendo.

Las personas con síndrome de Down llevan padeciendo durante todas sus vidas las lástimas de algunos, las valoraciones desde lo negativo de otros y la ignorancia de no pocos. Y lo peor es que esos tres grupos creen que sus actitudes reflejan la verdad. No me estoy refiriendo a sujetos mal intencionados ni de poca formación, a estos los dejo aparte. Me fijo en personas formadas, incluso universitarios, que han optado por mirar hacia otros lados, creyendo que los problemas se solucionan sin afrontarlos.

A las personas hemos de conocerlas desde lo que son y no desde lo que no poseen, más desde sus cualidades que desde sus limitaciones, más desde sus capacidades que desde las carencias y esto ha de ser así con todos. Una sociedad que no cuida a sus miembros con más necesidades vive en la mediocridad y muy por debajo de sus posibilidades y ya es hora de que cambie. Se puede conseguir desde la unión de los que pensamos así.

Agradezco a las personas con síndrome de Down y a las mal llamadas discapacitadas sus existencias, convencido de que son demasiados aún los que no captan sus grandezas, bondades y dificultades. El final de la historia es precioso, como no podía ser de otra manera teniendo tan grandiosa protagonista: la niña contaba a sus padres lo bien que se lo había pasado, con su voz entrecortada por la ronquera y por un sueño que terminó venciéndola.

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El tiempo en Política
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José María Fdez Chavero | 10-08-2017 | 14:46| 0
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Le recuerdo a los políticos que estamos esperando una ley de inclusión que permita a las personas con necesidad de adaptaciones curriculares disfrutar de sus derechos de igualdad. Para el ciudadano las horas tienen 60 minutos y las semanas 7 días, pero para los políticos esto es una incógnita difícil de resolver.

Sabemos que la vida política de un país, de una colectividad, tiene dos momentos diferentes en duración e intensidad, en sinceridad y confianza, los primeros años de mandato y el último, el que antecede a las votaciones. La primera parte, en el mejor de los casos, está formada por los esfuerzos para alcanzar lo prometido en la campaña electoral y en la segunda se pregona lo alcanzado y se matiza y justifica las razones por las que otras no se han conseguido.

Me permito ejercer un derecho reconocido en las democracias, el de dirigirme a los políticos para hacerles algunas peticiones. Lo hago acompañado de un grupo de jóvenes, inquietos intelectual y afectivamente, como procede cuando se está en la etapa apasionante y contradictoria de la adolescencia y se acercan a la ética y a la política.

Me dirijo a todos, sin salvedad ni acotando ideologías y siglas, por muy escasos que sean sus votos porque respeto profundamente cualquier opinión y porque detrás hay un hombre o una mujer convencidos de que esos políticos son los mejores. En mis palabras no hay atisbo de rabia, ni de críticas, ni ambiciones de estériles vanaglorias que, por suerte, nunca he tenido. Lo que existe es la sensibilidad de unas cuantas personas de distintas edades que compartimos inquietudes y sueños y deseamos expresarlo en público.

La Declaración de los Derechos Humanos, aprobada en 1948, nos abrió a la esperanza de tener una sociedad más justa, como ya deseaba Platón en el siglo IV a. C. o estos jóvenes del siglo XXI, pero los años pasan y persisten demasiados derechos incumplidos. Con excesiva frecuencia vemos en los medios de comunicación situaciones injustas y no hace falta salir de nuestras ciudades y pueblos. Vemos personas, paisanos, con los que compartimos calles y parques, rebuscar en los contenedores de basura, o pedir comida para satisfacer una boca hambrienta y un espíritu decaído, o dormir en las calles o padecer estrecheces y necesidades sin más culpa que la de vivir en una sociedad en la que el trabajo es un bien escaso, etc.

También nos preocupa que haya comunidades, ciudades, pueblos, barrios y ciudadanos de primera y de segunda. Unos se llevan más ayudas que otros con el consiguiente perjuicio para los que reciben menos y no debemos quedarnos con la conciencia tranquila pensando que siempre ha sido así o que no podemos cambiar la situación. Esto mismo le respondía yo a uno de esos jóvenes cuando me decía que “esta situación no hay quién la cambie”. Ojalá se confunda y acepte mi sugerencia de involucrarse más en la vida social porque tiene capacidad intelectual y sensibilidad suficiente para ello.

Deseo que formemos parte del grupo de ciudadanos que al entrar en casa se encuentre con la familia, con un plato de comida y unas comodidades que nos permitan seguir avanzando como personas. No es bueno, ni ético ni humano ni cristiano, quedarse anclados en nuestro pequeño mundo, mientras haya vecinos que no tienen ni lo mínimo para vivir dignamente. Dedicamos este escrito a los políticos y les animamos a convertir la política en camino de entendimiento y en plataforma para hacer un mundo más justo.

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Grandes seres humanos
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José María Fdez Chavero | 11-07-2017 | 07:54| 0

miguel-angel-blancoMuchos hombres y mujeres a lo largo de la historia han dado la vida por sus ideas, creencias, sentimientos. Sus verdugos los dejamos en el más absoluto de los anonimatos y olvidos porque ellos ya tuvieron su minuto de macabra gloria.

Estamos continuamente a merced de los medios de comunicación que nos saturan de información, la mayoría de ellas de carácter negativo para el ser humano y que nos sitúan en el dolor y en el sufrimiento, pero también las hay que nos hablan de personas que engrandecen la condición humana y que hacen de sus vidas verdaderos testimonios de heroicidad.

Las desgracias nos entristecen y nos duelen, pero también nos ponen en contacto con personas que hacen de la donación y de la entrega signos de su identidad. Son héroes, como diría Hegel, que nos van apuntando nuevos modelos de vivir y que nos hacen avanzar en la línea de la convivencia, de la esperanza y de la justicia.

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Educar en el Deporte
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José María Fdez Chavero | 27-06-2017 | 08:34| 0

baloncesto-femeninoMis más sinceras felicitaciones a la selección española femenina de Baloncesto por su ejemplo de equipo y por sus éxitos deportivos y humanos. Gracias.

Renunciamos a parte de los descansos de fines de semana para acompañarles en sus actividades deportivas y lo hacemos con gusto, con algo de sacrificio y siempre convencidos de que el deporte no ha de traer elementos negativos para su desarrollo físico, psíquico, social, conductual y afectivo.

El deporte es equipo. Son ilusiones, esfuerzos, silencios… mucho más que dinero y fama. Nos transforma en sujetos resistentes al cansancio, nos enseña la senda de la solidaridad con los del propio grupo, pule los estériles egoísmos y falsas vanaglorias. Nos convierte en personas disciplinadas con las estrategias ensayadas en los entrenamientos, nos prepara para obedecer al que marca el ritmo del equipo, y nos enseña el camino del compartir. Si nos detenemos en el comportamiento que se ha de tener con el contrario debemos señalar una serie de valores a inculcar como son el juego limpio, el reconocimiento de los aciertos hasta el punto de felicitarles, la discreción con sus fallos y la capacidad de reconocerles sus capacidades y habilidades.

Y con el encargado de aplicar las reglas de juego, o árbitro, se tiene que colaborar para que sea posible el desarrollo del encuentro y para eso hay que ser claro y transparente, nunca un simulador de faltas inexistentes que confunden y generan mal ambiente.

Esto y mucho más es lo que esperamos de los deportes que ejercitan nuestros hijos y de los deportistas que son sus héroes y modelos, pero no siempre es así. No doy nombres porque todos cometemos fallos y, además, porque no ayuda el demonizar a nadie. Ojalá se encuentren con familiares y compañeros que les hagan ver el error que cometen con ese tipo de actos.

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Conductas como pelearse con el contrario, escupirle, reírse de sus desaciertos y fallos, golpearles en el barullo del grupo, insultarles en el silencio a los oídos, pisarles con el único propósito de dañarles y provocarles para que se descontrolen no son comportamientos propios de sanos deportistas y sí lo son de jugadores sicarios que transforman el triunfo en el dios de sus vidas hasta llegar a confundirles y hacerles creer que la victoria se puede conseguir a base de engaños. Si a eso le añadimos que son personas con unos sueldos desorbitados para los tiempos que corren, entonces comenzamos a hablar de espectáculos que no educan y sí confunden a los más jóvenes.

En esta vida hay que estar convencidos de que no todo vale aunque suponga la victoria, y no es una buena filosofía el creer que el fin justifica los medios. El buen ejemplo para ser imitado es una de las formas más habituales de aprendizaje en nuestra sociedad, hagamos entre todos que sea una realidad. No hagamos del mal ejemplo una realidad a la que nos acostumbramos y vemos en los medios de comunicación con excesiva frecuencia.

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La grandeza es y será la unión
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José María Fdez Chavero | 22-06-2017 | 16:47| 0

 

La palabra maestro designa a la persona que domina una ciencia, un arte, un oficio y hay tantos como actividades o saberes teóricos y prácticos existen. Hablamos de maestros de primaria o de infantil o de educación física o de educación especial, y de la alfarería, de la pintura, de las artes gráficas o marciales, de la construcción y un largo etcétera. Siempre que se desea destacar el buen hacer de alguien se le denomina habilidoso del mismo que es igual que llamarle maestro. Entre sus muchas cualidades están la sabiduría, la templanza, la prudencia, el esfuerzo y la constancia. Suelen ser discretos en la ejecución de su destreza y humildes en los reconocimientos que les hacen los demás, aunque esta virtud no se da siempre.

En sus historias personales y familiares hay muchas horas de estudios, de soledad y  renuncias, de ensayos y entrenamientos, de prácticas, hasta llegar a ser especial en esa ocupación, pero esto no implica que lo sea en otras. Sobresalir en el desempeño de una actividad no supone, al no tratarse de vasos comunicantes, que se encuentre capacitado para opinar, valorar, catalogar, enjuiciar como perito en otras diferentes a la suya. El experto de las letras no tiene que serlo de los números, el conocer y dominar algún idioma no comprende la técnica de los pinceles y lienzos, el ser diestro del balón no incluye la aptitud de la que goza el de la raqueta y así podríamos recorrer el inmenso mundo de las habilidades humanas. Tampoco el afamado de los escenarios y celuloide ha de ser especialista en enseñanza o en sanidad o en economía.

En España tenemos la suerte ganada y merecida de disfrutar de libertad de prensa y de opinión que tanto ha costado, pero eso no le otorga el derecho a nadie de valerse del lugar que le proporciona su maestría para adentrarse vagamente y sin reflexión en el campo de otros. Somos muy dados a proclamarnos médicos sin haber estudiado medicina, o abogados sin saber a fondo el mundo del derecho, seleccionadores de fútbol sin tener un mínimo cursillo de entrenador, sacerdotes sin estudios de teología o cocineros sin saber distinguir el perejil del cilantro. Se precisan maestros sabedores de su dominio que exploten al máximo su habilidad para así avanzar más de lo que lo hacemos en la actualidad y no caer en un despotismo ideológico.

Tan cierto es el atrevimiento en la sociedad en general que el pueblo acuñó el acertado dicho de “la ignorancia es muy atrevida”,  hasta el punto de que el no saber se manifiesta en que no nos damos cuenta de nuestro desconocimiento en ese asunto. También el gran filósofo ilustrado francés, Voltaire, declara que la ignorancia afirma o niega rotundamente mientras que la ciencia duda. Claro que podemos opinar de los asuntos y temas que deseemos pero no lo hagamos creyéndonos expertos sin serlo. No aprovechemos el rango que me proporciona mi maestría para desprestigiar la de los demás aunque disfrutemos de micrófonos y de libertad. El riesgo que corremos es  confundir, desorientar o desanimar a los que confían en nosotros por lo que sabemos merecidamente y podríamos convertirnos en maestros del atrevimiento y del descaro.

España es una democracia joven que se asienta en el deseo de paz de los ciudadanos. Tiene errores y aciertos, y siempre presente el recuerdo de tiempos pasados en los que la sinrazón se adueñó de la vida privada y pública de los españoles. La grandeza es y será la unión.

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La solidaridad, la tolerancia y la justicia son valores imprescindibles para lograr una sociedad mejor para todos. Somos ciudadanos del mundo con el derecho a vivir y a ser respetado. Este blog quiere ser lugar de encuentro entre la Psicología y la Vida de todos los que lo deseen. Es posible hacer un mundo más justo.