Hoy

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Fecha: febrero, 2017
Disfraces interactivos
José María Fdez Chavero 24-02-2017 | 8:00 | 0

 

Estas fiestas han sido controvertidas en diferentes momentos de la historia por su exagerada permisividad con los placeres carnales de la vida y por las continuas y desenfadadas críticas contra las instituciones, ya sean civiles, políticas, económicas, religiosas. Durante décadas  han sido cuestionadas, e incluso rechazadas y prohibidas, por sus excesos y desvergüenzas consentidas. Craso error el anular las festividades del pueblo, sin más explicaciones que una moral no bien entendida.

En los orígenes de estas celebraciones se encontraba el deseo de decir adiós a los errores del pasado, a las confusiones y maldades, con la aspiración legítima de convertirse en mejores personas. Los tambores y disfraces avisan de que el hombre viejo, egoísta y centrado en sí mismo, se va a transformar, después de un tiempo de sacrificio y esfuerzo, en un hombre nuevo, entregado a los demás y dirigidos hacia la santidad. Me gusta su sentido.

Muchos se disfrazarán en estos días y lo harán con el interés legítimo de pasar unas horas alegres y divertidas con sus amigos, compañeros y conocidos, con la familia. Veremos trajes de todo tipo, desde los inspirados en inocentes dibujos animados para los más pequeños, a los más burlones y críticos sobre políticos o futbolistas o famosos. Estarán los clásicos de superhéroes y princesas, los de hombres para mujeres y la estrella de todos los tiempos y lugares, el de mujer para los hombres, que son los más deseados. Seremos el personaje de nuestros sueños e ilusiones, aquello que la imaginación tantas veces nos presenta por gustos o antipatías y de ahí que los caricaturicemos.

Lo importante es caracterizarse de lo que desee cada uno, siempre desde el respeto a los demás y el buen gusto. También disfrutaremos con chirigotas y murgas, comparsas y desfiles. Aprovecho para darles las gracias a los que trabajan estos días para que el resto podamos pasarlo bien.

Hay situaciones actuales preocupantes y desearía fueran disfraces de mal gusto que nos pudiéramos quitar, como si fuesen simples caretas. Hablo del corrupto, ese que roba el dinero de todos y vende su dignidad y honorabilidad y el de su familia, no para tener lo necesario, sino para vivir en el exceso de la desvergüenza. Está el de los niños y no tan niños que se burlan y menosprecian a quién le resulta difícil defenderse. El del maltratador, que convierte el sufrimiento y horror del prójimo, en su momento de gloria, de sin razón. Mi pena es saber que no son máscaras de quita y pon, son aspectos de una realidad macabra que llena excesivo tiempo los medios de comunicación.

Me encantaría diseñar un disfraz interactivo por el cual cada persona padeciera durante unos minutos el mal que él causa. No lo digo desde la estéril venganza, ni desde el castigo y sí como medio para que aprendiéramos a valorar la vida de los demás. Buen momento para enterrar, junto a la sardina, los aspectos propios que no nos gustan. Espero que sean días de alegría, risas, bromas y ocurrencias desde el afecto y la sana convivencia.

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Miradas de la vida
José María Fdez Chavero 21-02-2017 | 12:03 | 0

 

Tenemos infinidad de miradas grabadas en las memorias y en los sentimientos que corresponden a vivencias personales, familiares y sociales. Recordar algunas nos devolverá por unos segundos al reino de los sentimientos, en medio de tanta perplejidad actual. Comienzo por la de cariño de los abuelos el día que ibas a verlos, cargada de ternura y mimos proporcionados por un amor gratuito y por las arrugas de los años vividos. Recuerdo la de preocupación de la madre ante la fiebre alta que no baja y deja al hijo impotente y con deseos de que no se vaya de su lado o la de satisfacción del padre tras el abrazo del hijo a las puertas del colegio. Me emociona recordar la mirada fatigada de mi madre y la de alegría de mi padre después del nacimiento de los dos hermanos pequeños.

Tengo grabado el brillo de unos ojos enfadados ante la metedura de pata y que, con rapidez salvífica, acompañábamos con una petición de perdón. Ese brillo transmitía disgusto pero también el perdón y una nueva oportunidad. Nos invaden los recuerdos de las miradas apagadas de nuestros familiares que, por culpa de las enfermedades o de los años cumplidos, se despedían convencidos de un amor recíproco y siempre presente. Tenemos los ojos llorosos de la familia, con las miradas perdidas, ante el cuerpo sin vida del ser querido. Esa mirada encerraba la impotencia del sufrimiento, la rabia de la separación, pero mucha admiración y la esperanza en un futuro unidos.

Repasamos las de amigos y parejas. Está la cómplice del amigo que te avisa de la llegada de tus padres o de profesores cuando estás haciendo algo que no debieras. Contamos la que acompaña al guiño sonriente de la confidencia compartida, cargada de infinitas emociones y de no menos disparates graciosos y cercanos. Y qué decir de esas pupilas dilatadas y apasionadas del amor declarado y que han inspirado tantas canciones y poesías.

Termino con las de los hijos, esos seres que cautivan y marcan la existencia de quién los tiene. Está la acobardada ante la dificultad, a la que se debe corresponder con sosiego y calma, con gestos que invitan al abrazo y a dar ánimos. Permanecen todas las que te recuerdan tu etapa de hijo y que intentas responder de manera parecida a como lo hicieron tus padres, si acertaron. Existe una mirada que no tuve en mi etapa de hijo y ahora sí la tengo como padre y es la de la hija al que se le deben adaptar los objetivos y demandas porque necesita más tiempo para alcanzarlos. Ésta es de búsqueda, mezcla de intentos y de pequeños logros, y ante ella la única respuesta posible es la que combina pequeñas dosis de cansancio, inmensas cantidades de apoyos y un querer incondicional y eterno. Su mirada es la que mejor refleja la nobleza del alma.

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La religión y sus mensajeros
José María Fdez Chavero 19-02-2017 | 10:01 | 0

Podemos tener puntos de vistas diferentes sobre los diferentes aspectos de la vida, pero el respeto mutuo debe presidir nuestras relaciones. Soy creyente, me siento parte de la Iglesia y reconozco sus bondades y también sus fallos. Llevamos días, meses y años con noticias de sacerdotes y religiosos que son escandalizadoras por enfermas y delictivas. Son una pequeña minoría dentro de un colectivo que trabaja por los demás, con especial dedicación para los pobres y necesitados. Hago esta reflexión desde mis creencias religiosas y con una profunda tristeza y dolor. La paidofilia es un trastorno de la identidad sexual recogido en las clasificaciones internacionales de los trastornos mentales y es la atracción sexual de la persona adulta hacia niños de su mismo o de distinto sexo. Estas conductas enfermas son reprobables y condenables desde el derecho y la moral y corresponde a la justicia civil y a la jerarquía eclesiástica actuar con rapidez por el mucho daño que causan.

Hemos de preguntarnos por qué se dan estas conductas en personas, que libres y voluntariamente, escogen el celibato, pero esta reflexión corresponde a los órganos competentes de la Iglesia. Anosotros nos toca denunciarlos, condenarlos, pedir que se haga justicia y seguir colaborando con la inmensa mayoría de sacerdotes y religiosos que, día a día entregan sus vidas, para lograr una humanidad más solidaria. Es mucho el bien realizado por las religiones y sus miembros, en una sociedad tendente a la desigualdad e injusticia.

La religión es encuentro con la Divinidad, es común unión con el creador de todo, es trascendencia, proyección al futuro desde el amor. Es concordia interpersonal con el prójimo,  sea como fuere, tenga mucho o poco, sea sabio o ignorante, siempre por el que tiene más dificultades y necesidades, por el débil.

La religión está en el mismo proceso evolutivo de la persona y de la humanidad, no podríamos entendernos sin ella. Ciencia, cultura, arte, filosofía de la vida, atenciones a los más desfavorecidos son algunas de sus facetas. Muchos hombres y mujeres han puesto sus vidas al servicio del necesitado y siguen hoy comprometidos con la búsqueda y propagación de sistemas de vida justos, partiendo del compromiso con Dios. La religión nos impulsa a querer ser mejores, a comprometernos con nosotros y con los demás, saltando las barreras de nuestras casas, ciudades, países… y ello porque hemos encontrado el gran motor que impulsa la vida, que nos hizo libre y seres vivos y que recibe diversos nombres. Es fundamental ser respetuoso y tolerante con los que piensan o sienten de forma diferente.

El Dios de la vida, del compromiso, de la libertad, del encuentro interpersonal es el que está ahí, a veces se hace presente con su propia voz y otras desde la acogida silenciosa. La pena y la grandeza es que se vale del ser humano para predicar su mensaje y nos encontramos con mensajeros de muy diversas condiciones. Los más son buenos que desean construir un mundo mejor, pero también padecemos casos que hacen del delito y la maldad el eje de su labor y son los tribunales civiles y eclesiásticos los responsables de juzgarlos.

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San Valentín, celebramos el amor
José María Fdez Chavero 13-02-2017 | 10:19 | 0

El 14 de febrero nos invita a celebrar el amor de pareja de manera especial, aunque sabemos que está presente en los 365 días del año, 366 si es bisiesto. No es una cursilada, ni es el patrón de tiendas y grandes almacenes. Tampoco es sinónimo de tarjetas cariñosas, o de flores, joyas, viajes o veladas románticas, aunque no son incompatibles. San Valentín, 14 de febrero, nos permite prestar especial atención al amor en pareja. Ésta no discrimina sexos, ni edades, ni razas, ni credos, ni clases sociales o partidos políticos. Amarse no necesita contratos escritos ni verbales, ni ceremonias religiosas ni civiles para tener sentido y prosperar, aunque es cierto que la expresión pública y el compromiso ante la sociedad y, en el caso de los creyentes, ante Dios tiene su importancia y añade a los enamorados un sentido especial de vivencias y unión.

Hay varios elementos fundamentales en la pareja. Son el respeto mutuo, la confianza, el compartir la vida y la atracción física y psíquica. Cuando alguno se debilita puede recuperase con esfuerzo y gratuidad pero si desaparece entonces la separación puede hacerse presente en no mucho tiempo. La falta de respeto destroza la paridad tan necesaria para amarse, a partir de ese momento uno explota la intimidad del otro, lo debilita en su identidad y lo anula.

La pérdida de confianza desintegra la tranquilidad, imprescindible cuando se comparte tiempo, espacio y existencia. Sin confianza nos introducimos en el mundo de la sospecha, de las dudas sobre la exclusividad, de los celos. Si cada uno hace lo que le apetece, sin tener en cuenta al otro, entonces iniciamos el camino hacia la pregunta de qué hacemos juntos y de ahí a la ruptura el trayecto es corto. La atracción física y psíquica son los primeros elementos desde el punto de vista cronológico, aunque las hayamos recogidos en último lugar. El sentirse deseado y el desear son emociones nobles y de gran fuerza, lleva a la conexión, a fundirse ambos en uno.

Estos elementos van combinándose y enriqueciéndose, cimentando una convivencia libre y comprometida que nos ayuda a crecer y a madurar como individuos y como parejas. Muchas veces el querer y los afectos se desvanecen sin poder encontrar culpables y no por ello esas personas deben renunciar a un futuro en el que haya nuevas relaciones de amor.

Si bien estos elementos cimentan la unión, el amor es mucho más. Posee la cualidad de convertir lo que toca en algo maravilloso, digno de dedicarle este día de febrero. Es uno de los temas más tratados a lo largo de la historia de la humanidad en libros y escritos, en canciones y melodías, en obras de teatros y películas y en todas las actividades diarias. El amor es paciencia y silencio, son risas y lágrimas, dolores y sufrimientos, encuentros y despedidas, perdón y vuelta a empezar. Supone no desesperar ante los problemas de cada jornada y es mirarse sin esperar nada a cambio. El permanecer en esta realidad de la pareja no se improvisa, no se fuerza ni se deja al libre albedrío, se busca. Dedico estas líneas a nuestros padres que nos dieron la vida y a las personas que queremos y con las que vamos creciendo y disfrutando, a pesar de las dificultades.

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Ser mejor persona
José María Fdez Chavero 09-02-2017 | 9:01 | 0

Mi salud es buena, al menos en apariencia, y no sé cuántos años me quedan de vida física, ni los que le quedan a mis familiares, amigos, compañeros. Deseo que la muerte suceda con la lógica de los años para que el sufrimiento no sea descomunal, pero el final de esta existencia obedece muchas veces a caprichos de la naturaleza, difíciles de entender. Me pregunto por el futuro incierto de mis alumnos y de mis hijos. Esto del futuro es desconcertante, pero en el tema de la existencia humana sabemos que nos espera la muerte.

Hoy es un estupendo día para realizar, en unos minutos, un sencillo ejercicio de imaginación y de afectos. Es fácil si tenemos algo de paciencia y nos dejamos acompañar pero entiendo que algunos prefieran quedarse en la lectura sin más.

El primer paso consiste en sentarnos cómodamente, en un lugar tranquilo y, a ser posible, con pocas interferencias. Cerramos los ojos, respiramos con serenidad, alternando inspiraciones y espiraciones, sin prisas. Después de varias, nos imaginamos nuestro propio entierro y funeral. Vemos con los ojos de la imaginación a los seres queridos que escuchan, entre sollozos y suspiros, las palabras del sacerdote en la homilía. Entre ellos se encuentran los padres, mujeres y maridos, hijos y hermanos, nietos, amigos, etc. que lloran y se consuelan entre ellos. Al finalizar la eucaristía, se sitúan detrás de nuestro féretro para recibir los pésames. Se recrudecen unos llantos cargados de infinita tristeza, de recuerdos y sentimientos. El dolor es intenso y desgarrador.

Escuchamos lo que dicen de nosotros. Oímos comentarios variados. Nos vamos deteniendo en ellos, en si fuimos buenos hijos o si complicamos en exceso la existencia de nuestros padres. Escuchamos a las parejas sobre cómo fuimos durante los años compartidos. Llega el turno para los hermanos, hijos, amigos y compañeros de colegios, de ocios y trabajos.

Ojalá nos guste lo escuchado durante este breve ejercicio, pero si no es así, y han sido más las críticas que las alabanzas entonces hemos de cambiar. Existe la posibilidad de reorientar la manera de estar en este mundo. Si lo que hemos imaginado coincide con lo que queremos ser, entonces tenemos la inmensa fortuna de andar centrados en la vida.

Termino con una frase de un santo vasco y español, San Ignacio de Loyola. Estaba convencido de que “no el mucho saber harta y satisface el ánima sino el gustar de las cosas internamente”. Es una magnífica enseñanza que debemos aplicarnos si ambicionamos la felicidad terrenal y la eterna. Mientras el corazón siga latiendo disponemos de tiempo para transformar lo que no nos agrade de nosotros y alcanzar el sueño de convertirnos en ese hombre o esa mujer que anhelamos ser. Abandonemos las miserias y limitaciones que nos anclan en la mediocridad y caminemos hacia la bondad. A veces, es preciso vivir como locos para morir como cuerdos, al igual que don Quijote de la Mancha que hizo del amor y la compasión la esencia de don Alonso Quijano.

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La solidaridad, la tolerancia y la justicia son valores imprescindibles para lograr una sociedad mejor para todos. Somos ciudadanos del mundo con el derecho a vivir y a ser respetado. Este blog quiere ser lugar de encuentro entre la Psicología y la Vida de todos los que lo deseen. Es posible hacer un mundo más justo.