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Dinero y vida
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José María Fdez Chavero | 05-02-2017 | 19:37

Decimos que ‘el dinero no hace la felicidad, pero ayuda a conseguirla’. No resulta fácil situarse ante el dinero porque, si bien no hace la felicidad, su total ausencia dificulta en demasía el desarrollo normal de la vida. Abraham Maslow afirmó que para alcanzar la felicidad, la plena realización personal, es preciso ir satisfaciendo una serie de necesidades escalonadas desde lo fisiológico hasta lo espiritual, pasando por lo afectivo y la propia seguridad. Sabemos, por propia experiencia, lo difícil, por no decir imposible, que resulta estudiar o trabajar cuando se tiene hambre o sueño o frío o una enfermedad.

En todas esas situaciones es imprescindible el dinero; no como algo de lo que vanagloriarse ante los demás, sino como medio para solventar las necesidades planteadas. El uso que hagamos de él posibilitará acercarnos a ese objetivo de encontrarse realizado como ser en el mundo, en relación consigo mismo, con los demás y con Dios, sea cual sea su nombre. Nos proporcionará el sustento para nuestro cuerpo, la formación intelectual y afectiva, la salud al  enfermo y el consuelo al que no goza de las mismas capacidades. A esas ventajas debemos aspirar, aunque no todos lo lograrán, injusticias de este especie humana.

El dinero es una herramienta de la convivencia humana y es bueno en la medida que la facilita. Desde un punto de vista moral, no tiene valoración, es neutro, no así el uso que se haga de él. Al igual que el buen manejo nos ayuda a avanzar en el camino de la vida, también su mal uso ha tenido y tiene consecuencias negativas y perjudiciales para la persona, pudiendo modificar el sentido de la felicidad y pasar a convertirse en un sinsentido por la mucha frustración que acarrea.

Por el dinero se explota al débil, se vende la propia dignidad, se extorsiona, se engaña y confunde, se comercializan las intimidades físicas y espirituales, se priva de libertad, se invaden países, se maltrata y asesina. Por un puñado de billetes se pierde la confianza de los que un día creyeron en sus buenas intenciones y propósitos y le votaron, de esto tenemos cientos de penosos ejemplos en la política española.

Y qué decir de las muchas familias destrozadas y rotas por herencias mal compartidas, o los amigos perdidos por préstamos no devueltos, o relaciones laborales amañadas por malos  administradores que llevaron al despido de los débiles o al cierre de los pequeños negocios.

El dinero es tan poderoso que marca el signo de las relaciones nacionales e internacionales, las negociaciones entre empresarios y trabajadores y de él es imposible escapar. Estamos dentro de sus tentáculos y a él se sucumbe con suma facilidad, tanto los de arriba como los de abajo, ya sean de orientaciones políticas mal llamadas conservadoras o progresistas, o residan en el norte o en el sur, sean agnósticos o ateos o creyentes, laicos o religiosos. Es tanto su poder que puede hacer cambiar votos, gustos, perdones, principios, valores, incluso la capacidad de pensar y de querer con tal de obtener sus beneficios. Ahora bien, es la herramienta que tenemos en nuestras relaciones sociales y hemos de aprender a utilizarlo de forma que todos podamos beneficiarnos. Deseo que la noticia reciente de que el patrimonio de los 200 más ricos de España crece en 31.400 millones y se complete algún día con algo parecido a “es una realidad en España el pleno empleo”.

La solidaridad, la tolerancia y la justicia son valores imprescindibles para lograr una sociedad mejor para todos. Somos ciudadanos del mundo con el derecho a vivir y a ser respetado. Este blog quiere ser lugar de encuentro entre la Psicología y la Vida de todos los que lo deseen. Es posible hacer un mundo más justo.