Hoy

img
Fecha: marzo, 2017
Personas con Autismo
José María Fdez Chavero 31-03-2017 | 9:06 | 0

Hace unos días me pedía una buena amiga que le ayudara a escribir unas letras sobre las personas que tienen autismo y me contaba algunos comportamientos de una de ellas. El autismo, de manera breve y coloquial, es un trastorno que suele diagnosticarse en la niñez temprana y sus características más importantes son: problemas de socialización, de comunicación y frecuentes conductas repetitivas. Se presenta en cualquier grupo racial, étnico y social, y es cuatro veces más frecuente en los niños que en las niñas.

Si queremos entenderles debemos situarnos en una dimensión diferente a la habitual, en la que nos alejemos de los patrones prácticos de la vida y nos acerquemos más al mundo de la creatividad, de la fantasía e imaginación. Hemos de olvidarnos del porqué nos ha tocado a nosotros para centrarnos en cómo ir mejorando. Es fundamental adentrarnos en el mundo del presente, del aquí y ahora, del ir resolviendo los asuntos a medida que van sucediendo, procurando que no se acumulen porque nos generarían agobios. Y vivir con paciencia y constancia, convencidos de que llegaremos aunque algo más tarde, siempre adaptándonos a su ritmo y desde el esfuerzo diario y sin desfallecer. Así descubriremos la grandeza de lo diferente.

Algunos afirman que más dicha se siente en dar que en recibir y eso es lo que ocurre cuando estás con ellos, sin olvidarnos de las dificultades. Entre ellas se encuentra un  ritmo que no se adapta bien al de la sociedad, una autonomía personal menor porque sus capacidades y habilidades no siempre lo facilitan. Los padres son su sostén existencial y el futuro se impregna de infinidad de preguntas y desasosiegos. Estas dificultades son ciertas, pero también son ciertas mis siguientes afirmaciones.

El silencio de ellos es inquietante al principio, hasta que se percibe la inmensa paz que encierra. Sus “extravagancias” expresadas sin pudor no conocen la maldad ni la intencionalidad del daño, obedecen a espíritus y mentes libres de complejos. Sus deseos los expresan de tal manera que pueden parecer, sin serlo, caprichos a ojos de los demás.

La baja tolerancia a la frustración la combaten y vencen con su olvidadizo y pasajero rencor. Son frágiles y necesitados y ahí está la parte de la grandeza que le falta a lo ya expresado. Sus miradas limpias y huidizas señalan el camino a recorrer para acercarse a sus entrañas. El libro sagrado del Génesis afirma que “Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser vivo” y falta añadir que algunos conservan durante toda su vida el aroma y la inocencia de tal creación.

Ver Post >
Extremadura puede mucho más. Debería ser la región de la Inclusión
José María Fdez Chavero 26-03-2017 | 12:43 | 0

 

Nos hemos tristemente acostumbrando a un ejercicio de la política en las que prima la expresión ocurrente y, en ocasiones, grosera que desprestigia al rival y que está exenta de explicaciones sobre los asuntos debatidos. Esto lo vemos casi a diario en los debates sobre política.

Es frecuente que cuando una persona reflexiona sobre algún tema, lo primero es buscar una explicación sobre cómo se encuentra ese asunto y valoramos si está bien o está mal. Si concluimos que está bien los responsables somos nosotros y cuando está mal entonces los culpables son los demás: el anterior régimen, la democracia, tal o cual partido político, los empresarios o los sindicatos, la iglesia, etc. Posiblemente todos tengan parte de razón en su análisis porque depende, en gran medida, de las premisas o de la situación personal de partida.

Si ese es nuestro discurso, estaremos justificando nuestra incompetencia, nos libraremos de la realidad del presente y del reto del futuro para instalarlos en la resignación que empobrece, aunque tranquiliza y esto no debemos aceptarlo.

Que Extremadura ha avanzado es un hecho palpable, tan solo hay que darse un paseo por nuestras calles o plazas, o salir a las carreteras, o ir a los hospitales o universidades, etc. para darse cuenta, pero nos gustaría vivir en una región sin tanto desempleo, con condiciones de vida más dignas, con mejores medios de comunicación, con  fábricas y tejido industrial… Una región acogedora del necesitado y del que viene de fuera, que potenciase el desarrollo de todos sus miembros. En esto coincidimos y es un buen punto de partida. Quizás nos diferenciemos en cómo conseguirlo o en la prioridad que asignamos a cada uno de ellos y eso es cuestión de legitimidad política y de actitud de diálogo.

A mí, como extremeño, me preocupa vivir en una región de subvenciones, por otra parte, totalmente necesarias. Sería penoso si nuestro mayor esfuerzo lo dedicamos a la caza de la subvención para salir del paso y nos olvidamos de lo realmente importante: el presente que construye un futuro.

La historia demuestra nuestra capacidad de búsqueda, de integración en otras tierras y culturas, de acogida, de trabajo, de acomodación con lo que podemos conseguir, de espíritu de sacrificio… Nos encontramos en una tierra de encuentro y superación. Desde el poder que me da el ser uno más animo al diálogo, a la búsqueda de soluciones, a la realización de todos con condiciones de vida dignas.

No queremos limosnas ni subvenciones regaladas, queremos el reconocimiento de nuestro esfuerzo y el pleno desarrollo como región y como personas. En este desarrollo estamos todos, los que más tienen y los que menos, los que trabajan y los que están, por desgracia, desocupados, los más inteligentes y los menos, el sano y el enfermo. Y será en el reparto cuando debamos tener en cuenta las desigualdades para ayudar más al que más lo necesita y quiero mencionar la realidad de las personas con diversidad funcional o mal llamadas discapacitadas que ven año tras año cómo se les olvida. La inclusión no será una realidad hasta que no se les proporcione los medios para una formación integrada y digna, abierta al mercado laboral. Extremadura debería ser la región de la Inclusión.

 

Ver Post >
A tantos que nos enseñáis a vivir
José María Fdez Chavero 20-03-2017 | 3:02 | 0

En 1866 el médico inglés John Langdon Down describe sus características físicas y en 1959, el genetista francés Jerome Lejeune, descubre la trisomía del par cromosómico 21. Desde entonces se ha avanzado mucho en el conocimiento de este síndrome y en la integración de sus protagonistas, aunque resulta aún muy insuficiente.

Las familias en las que uno de sus miembros tiene este síndrome podrán contar la sorpresa que supuso el enterarse de que su hijo o hija venía al mundo con un cromosoma más y cómo comenzaron una lista grande de desvelos que trascendieron ese momento y se fueron a instalar en un futuro incierto, para después descubrir con más fuerza el presente en el que se desenvuelve la existencia. Sucede, con excesiva frecuencia, que esas sorpresas y preocupaciones primeras ocultan la inmensa magnitud del nuevo ser.

Los genetistas y biólogos han encontrado explicaciones a esta trisomía, pero eso no es lo importante, ni para la persona ni para la familia. La explicación real y  novelada es que se trata del capricho de una naturaleza enigmática. Es un regalo en el par veintiuno, que con el tiempo se convierten en una fuente inagotable de nobles sentimientos. Es amor desprendido del cielo, con ojillos rasgados y tiernos, con manos y pies pequeños transportando inmensos corazones enamorados.

Estos seres se expresan con espontaneidad y alegrías y se transforman, sin ellos pretenderlo, en brújulas que orientan a las familias hacia un camino de gratuidad y lucha. Llevan esperanzas a un mundo que deseamos renovado, en el que se pueda descubrir la grandeza del ser humano. Las leyes cuestionan su derecho a la vida y se han convertido en un bien cada vez más escaso y si antes eran algo extraordinario, ahora son un lujo al alcance de una minoría que cree en el derecho a vivir.

El 21 del mes tercero recordamos la trisomía del par 21 y celebramos el inicio de la bella primavera, del florecimiento y de la explosión de vida de la naturaleza. Es un magnífico día para declarar lo mucho que nos aportan estas criaturas, a mitad de camino entre el cielo y la tierra. Lo hago convencido, sin tapujos ni reparos. Consciente de que con ellos se inicia un camino de alegrías y satisfacciones, de miedos e intranquilidades, de risas y llantos. A bastantes he conocido a lo largo de mis años y con una vivo, a la que quiero y agradezco su amor y sus lecciones para hacer del cada día el centro de nuestras existencias.

Falta conseguir una educación inclusiva real, adaptada y práctica que les capacite para desenvolverse en la sociedad, disfrutando de sus derechos y, por supuesto, de sus deberes y obligaciones. Termino esta reflexión repitiendo las esencias de mis sentimientos: las personas con síndrome de Down son seres enviados desde la eternidad para instalarse entre nosotros, con ojos rasgados, manos y pies pequeños que poseen inmensos corazones enamorados. A Ángela, Victoria, Isabel, Elena, María, Alex, Alfredo y a tantos que nos enseñan a vivir. Gracias porque nos dais color a la vida.

Ver Post >
Padres, héroes y heroínas
José María Fdez Chavero 17-03-2017 | 8:57 | 0

 

Recuerdo especial para las personas que nos dieron la vida y se convirtieron en nuestros primeros héroes y heroínas de la infancia: los padres.

Agradezco los muchos esfuerzos realizados por los padres para transmitirnos sus principios, creencias y valores de la vida, por enseñarnos lo que sabían y por proporcionarnos los medios adecuados para aprender lo que ellos desconocían o habían olvidado y eso a costa de vivir, en muchas ocasiones, con austeridad personal y de pareja.

Agradecerles, con especial mención a las madres, que siguieran adelante con el embarazo a pesar de esos primeros miedos por lo nuevo que surgía y que afrontasen los dolores de un parto que no contaba con las ventajas proporcionadas por la anestesia actual. Agradezco sus continuos cuidados en las enfermedades, sus consuelos en las pesadillas, sus protecciones en los miedos, sus besos y abrazos desinteresados, sus muchas renuncias, sus consejos nacidos del amor y de la experiencia y no siempre escuchados.

Ellos son los que se encuentran con los brazos abiertos esperando el regreso del hijo que se retrasa o no llega. Ahí están, para alegrarse con nuestras alegrías y para consolarnos en nuestras tristezas y en nuestras penas. Nuestros sinsabores de la vida son los suyos, nuestros dolores también les duele, nuestra muerte prematura es su muerte en vida y nuestros logros les alimenta la idea de que “esto de ser padre y madre ha merecido la pena”.

Y escribo consciente de sus errores, de algunos castigos no justificados, de imposiciones no dialogadas, de palabras pronunciadas sin ser reflexionadas y que resultaron dolorosas, de criterios no compartidos, de valores no adaptados a los tiempos, de cabezonerías propias de los años cumplidos, de visiones trasnochadas sobre cuestiones actuales que tanto pudieron distanciar. Soy consciente de todo ello, pero eso forma parte de la vida y nunca justificará un posible olvido nuestro, o falta de respeto, o enfados por sus torpezas o por lo que ya no pueden asimilar como lo hacían antes.

Y si ellos tiene la obligación moral y humana de cuidarnos y de acompañarnos en la hermosa aventura de la vida, también llega el momento en el que seamos los hijos los que proporcionemos los cuidados que necesiten y, entonces, tendremos la obligación de cuidarlos en la medida que vayan perdiendo sus facultades, habilidades y capacidades.

En psicología decimos que una de las características de la inteligencia es la capacidad para adaptarse a los cambios que se suceden y hacerlo sacando provecho de todas las etapas que constituyen la vida, con sus aciertos y logros y también con sus errores y fracasos. Si aceptamos eso, entonces nos daremos cuenta que nuestros primeros héroes y heroínas de la infancia seguirán gozando de tan magnífico privilegio.

Es verdad que sus enfermedades y sufrimientos duelen y sus muertes desgarran nuestros sentimientos, secan nuestros lagrimales y nos dejan huérfanos y vacíos en los primeros momentos pero después renacen porque mucho de lo que pensamos, sentimos, creemos y actuamos se lo debemos a ellos. A todos ellos, a los que siguen en medio de nosotros y a los que se fueron a una nueva realidad eterna, mis palabras de reconocimiento, mis vivencias agradecidas por lo que somos y tenemos y deseo que nuestros hijos estén orgullosos de sus padres como podemos estar de los nuestros.

Ver Post >
Tu confianza me hace mejor
José María Fdez Chavero 13-03-2017 | 10:09 | 0

 

Recuerdo con cariño y admiración la historia real que te cuento en las siguientes líneas. Se trata de una alumna y su profesora. La alumna está iniciando la adolescencia, necesita adaptación curricular y más apoyos escolares por sus dificultades de aprendizaje. El último día de clases, la niña hizo un regalo a su profesora y ésta llamó al padre para agradecerle la carta y el obsequio recibido por la hija. El padre escuchó el agradecimiento sin tener ni idea de lo que le contaba, con la sensación de que la profesora se habría confundido y le estaba agradeciendo lo que correspondía a otro. Le despistó sobremanera que se dirigiera a él por su nombre, eso indicaba que no se trataba de un error.

Le leyó la carta y después de escucharle, preguntó por el contenido del regalo, lo cual extrañó a la profesora pero pensó que podía ser algo ideado por la madre de la niña. Le respondió que el regalo era un anillo metido en una cajita de papel y una hoja escrita. Tras aclararse mutuamente, la profesora supo que todo había sido planeado por su alumna y sintió una enorme satisfacción personal y profesional por tan hermoso obsequio. Los padres disfrutaron con lo sucedido y sumaron otra anécdota más a la vida de su hija.

Valga este breve relato real para introducir el tema de mi reflexión. La inmensa mayoría de los éxitos y de los buenos comportamientos del ser humano se deben a dos razones fundamentales. La primera es la presencia de una persona que confía en otra y la segunda es que sacamos lo mejor de nosotros cuando sentimos esa confianza. Desde ahí nacerá después la seguridad, el esfuerzo y el trabajo para lograr lo que nos propongamos. Es de vital importancia que aprendamos a reconocer y potenciar las capacidades y habilidades de los demás. Si lo conseguimos estaremos generando una actitud de entrega y de mayor gratuidad y disponibilidad.

Necesitamos que se fíen de nosotros, de lo que somos, hacemos o podemos conseguir y esto pasa en todas las actividades que llevamos a cabo. Confiar en alguien supone percatarse de lo que el otro es, sabiendo combinar exigencias con afectos, tareas y obligaciones con descansos, sonrisas con caras serias, con el convencimiento de que la inmensa mayoría de las personas cometemos errores y al mismo tiempo somos capaces de hacer el bien. Esto es lo que ocurría en las clases compartidas por ambas protagonistas de la historia y es lo que pasa siempre que alguien descubre el valor de un semejante y le anima a ser lo que es.

No seamos de los que dudan y cuestionan sistemáticamente las posibilidades de los demás o de los que profetizan el fracaso ajeno, con eso solo conseguiremos irnos adueñando de la más penosa soledad y no podremos disfrutar nunca del regalo espontáneo de alguien que nos hace ver que lo esencial no siempre es visible a los ojos. Podemos hacer las cosas mejory nos alegraremos si es así.

Tú puedes ayudar a que seamos mejores. También puedes entorpecer el crecimiento de los demás.
Quedémonos con lo primero.

Ver Post >
La solidaridad, la tolerancia y la justicia son valores imprescindibles para lograr una sociedad mejor para todos. Somos ciudadanos del mundo con el derecho a vivir y a ser respetado. Este blog quiere ser lugar de encuentro entre la Psicología y la Vida de todos los que lo deseen. Es posible hacer un mundo más justo.