Hoy

img
Chismes y cómo superarlos
img
José María Fdez Chavero | 01-03-2017 | 16:17

Los seres humanos nacemos indefensos, sin posibilidad de sobrevivir por nosotros mismos y tardamos años hasta que lo logramos y eso es mérito del sujeto y de los demás. Los primeros años es la familia la que da forma a las potencialidades y capacidades, enseña a hablar, a controlar los esfínteres, a quererse y expresar afectos y amores, a afrontar los miedos, a contar éxitos y también los fracasos acumulados en el crecimiento.

Llega la guardería y el colegio, los iguales y profesores y de ellos iremos recibiendo enseñanzas positivas y algunas no apropiadas. Los años pasan y vamos añadiendo lugares y nombres a nuestras mentes y corazones. A muchos queremos y de otros nos alejamos porque no coincidimos en ideas, creencias o modos de enfocar la vida. Ese proceso de humanización no termina nunca y está en continuo cambio y adaptación.

Hay algunos principios básicos que aseguran un buen crecimiento y un desarrollo equilibrado. Entre ellos está el respeto al otro, a sus ideas e intereses, a sus gustos y a su modo de vivir, siempre que sean respetuosos con la vida de los demás. Un segundo es una actitud de confianza en el ser humano, con la precaución adecuada para que no se convierta en ingenuidad y foco de engaños y burlas. Otro es el diálogo, el intercambio de informaciones, pensamientos, sentimientos,  sin ser valoradas y juzgadas e invitando a los interlocutores a que se atiendan las nuestras con la misma actitud. Por último, la sinceridad y la honestidad adaptadas al lugar y momento para alcanzar la madurez y ser cada día un poco mejor.

La puesta en escena de estos principios no resulta nada fácil y muchas veces se enturbia la vida porque aparece el chisme, la palabra mal intencionada que enreda el ambiente y enaltece la mentira hasta transformarlo. El chisme es el comentario gratuito e hiriente, sin fundamento y genera confusión. Nos introduce en un mundo absurdo, alejado de lo sucedido y nos lleva a una improductiva y depresiva soledad. Anclan sus raíces en la inseguridad, en los complejos, en la envidia, en creerse superior. La inmensa mayoría padecemos la triste experiencia de haber sucumbido a él, pero gozamos de no habernos quedado en sus enfermizos laberintos. El chismoso se empobrece y se va aislando hasta quedarse en el olvido, con el único y engañoso consuelo de creer que son los otros los confundidos.

Sin chismes se vive mejor, se disfruta más de los semejantes porque te alegras de sus triunfos y ellos de los tuyos, sientes sus fracasos y ofreces tu apoyo, y así se logra el equilibrio de uno consigo mismo. El no meterse en el mundo del enredo social nos aporta tranquilidad y alegría.

Me atrevo a sugerir un sencillo consejo que puede ayudarnos a seguir creciendo. Si nos encontramos con alguien dominado por embustes, líos y falsas intrigas lo conveniente es dejarles, desde el respeto y con la paciencia suficiente para ayudarles a salir de ese enjambre de falsedad si se da cuenta y nos pide ayuda.

Les dedico estas líneas a los que viven con el deseo de crear un mundo más transparente y más sano, sin caer en las perniciosas habladurías, que tanto daño hacen a quien las protagoniza y a su entorno familiar y social.

La solidaridad, la tolerancia y la justicia son valores imprescindibles para lograr una sociedad mejor para todos. Somos ciudadanos del mundo con el derecho a vivir y a ser respetado. Este blog quiere ser lugar de encuentro entre la Psicología y la Vida de todos los que lo deseen. Es posible hacer un mundo más justo.