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Yo también puedo salir
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José María Fdez Chavero | 08-11-2017 | 18:51

lagrimas

Las depresiones constituyen uno de los trastornos más frecuentes del siglo XXI. Engloban diferentes cuadros afectivos yse expresan en síntomas anímicos como tristeza, irritabilidad, ansiedad, inquietud, llantos frecuentes,… en síntomas motivacionales como pérdida de capacidad para sentir placer, apatía y desmotivación, falta de fuerza, en síntomas cognitivos como pensamientos y creencias irracionales y en síntomas físicos como dificultades para conciliar o mantener el sueño, fatiga, disminución del deseo sexual, molestias corporales, pérdidade apetito y de peso, aunque en ocasiones se produce un aumento.

Los síntomas cognitivos son fundamentales para entenderles porque les llevan a considerarse personas inútiles, a considerar que los demás desean evitarle y que no merecen ser felices. Sus expectativas de futuro son negativas y de desesperanza y no disfrutan como antes. Estas creencias provocan también errores de pensamientos como «no me entienden, no sirvo para nada».

Estas personas anticipan el fracaso sin desearlo, analizan la vida desde lo negativo y descalifican lo positivo. Estos errores de pensamientos les llevan a engrandecer los propios errores y a empequeñecer sus aciertos, a vivir desde la obligación que les produce la culpa y la ira. Estas personas se creen los causantes de los males que suceden a su alrededor, llegan a desear la muerte y se colocan la etiqueta de «soy un perdedor».

No es necesario ser un experto enpsicología ni en psiquiatría para saber que estos trastornos generan mucho sufrimiento en las personas que lo padecen y en los que comparten sus vidas.

Si queremos ayudar, lo primero es tener claro que ellos no pueden salir de la depresión por sí solos y que necesitan nuestro apoyo afectivo y paciencia. Si partimos de ahí, lo segundo es enseñarles qué es un pensamiento depresivo para que se den cuenta del problema y cómo les lleva a continuas confusiones y a interpretaciones erróneas de la realidad. Hay que ayudarles a reconocer que no es real y que les hace sentirse mal para cambiarlos por otros más adecuados a la realidad.

Expresiones como «no valgo para nada» se han de sustituir por otras como «el fallar es propio de humanos» o por «lo voy consiguiendo poco a poco». Tenemos que apoyarles y animarles a que tomen sus decisiones aunque sean pequeñas, a que aumenten el número de actividades que realizan en el día a día y que recuperen aquellas que antes de la depresión les proporcionaba placer. El día que pasan de la sensación de culpa por no poder hacer algo a ir haciendo algunas cosas sencillas se convierte en el principio del fin de esa manera grisácea de ver la subsistencia y comienzan a percibir los primeros colores de lo que será su nueva vida.

Dedico estas líneas a todas las personas que llevan meses e incluso años interpretando la propia existencia desde el monótono de las depresiones, con el convencimiento profesional y el deseo personal de que podrán salir adelante si les apoyamos y si aprenden a pronunciar las palabras «yo también puedo».

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La solidaridad, la tolerancia y la justicia son valores imprescindibles para lograr una sociedad mejor para todos. Somos ciudadanos del mundo con el derecho a vivir y a ser respetado. Este blog quiere ser lugar de encuentro entre la Psicología y la Vida de todos los que lo deseen. Es posible hacer un mundo más justo.