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Fecha: noviembre, 2017
Salgamos a las calles
José María Fdez Chavero hace 19 horas | 0

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Tenía la idea de sacar esta reflexión el día 3 de diciembre que es el día que nos han asignado aquellos que no saben lo que queremos. Dicen que es el día internacional de la discapacidad y no soy discapacitado, soy como soy, por eso esta reflexión la saco hoy y me niego a hacerme eco de ningún día discriminatorio. Gracias por darnos un día, pero los queremos todos.

Salgamos a las calles porque somos libres y con el derecho a hacerlo para gritar a los cuatro vientos que me quiero como soy y estoy feliz de ser así. Salgamos a las calles para sentarnos en una terraza a tomar algo o para ir a comprar lo que necesitemos o para coger el autobús que nos lleve al cine o a la pista del polideportivo.

Salgamos a las calles desde donde dirigirnos a las aulas del colegio o del instituto o de la universidad, del centro educativo que queramos y podamos por nuestros intereses y posibilidades. Caminemos por donde queramos, recemos si así lo sentimos, bailemos en las salas de fiestas, riamos en los parques o cantemos un cumpleaños feliz de algún amigo. Dejemos que nuestro corazón, nuestra mente y espíritu se enamoren y se ilusionen con otra persona. Miremos las tiendas para entrar y leamos las cartas de menú para pedir lo que nos apetezca.

Salgamos a las calles para apuntarnos al paro, para solicitar trabajo, para dirigirnos al empleo ganado con nuestros esfuerzos. Vayamos a los colegios electorales a ejercer nuestro derecho arrebatado al voto. Curiosa la preocupación de que seamos manipulados y no atienden a tanta manipulación como han padecido los pueblos a lo largo de la historia y en la actualidad.

No etiquetemos, ni valoremos con tanta superficialidad a los demás y exijamos que nos traten de igual manera. Yo soy un ser humano, hombre o mujer, con mis sueños e ilusiones, con miedos y dificultades, con deberes a cumplir y derechos a disfrutar, con familiares y amigos, con muchas positividades y algunas negatividades, con capacidades y deficiencias…como tú. No soy más que tú pero tampoco menos. No me das pena y yo tampoco quiero darte pena. Te respeto en lo que eres y quiero que me respetes en lo que soy.

Salgamos a las calles para volver a entrar porque en la vida se sale y se entra. Acompáñame en esta hermosa aventura de la vida y yo te acompaño, como dos seres libres que desean ser felices.

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Discrepar debe enriquecernos
José María Fdez Chavero 14-11-2017 | 10:15 | 0

discrepar

Discrepar según la Real Academia de la Lengua significa “no estar de acuerdo una persona con otra en un determinado asunto” y “no estar en armonía o correspondencia con otra”. Son infinitos los temas en los que podemos discrepar, al igual que son muchas las razones para ello. Nos diferenciamos en nuestros pensamientos, en las ideas y creencias. Percibimos la realidad de forma propia porque nuestros intereses, de alguna manera, condicionan el trabajo de nuestros sentidos. Es lógico que el análisis y reflexión que realizamos de los diferentes aspectos de la vida conlleva la subjetividad que los hace algo, o totalmente, diferentes.

Discrepamos por las emociones y los gustos. Siento frío cuando tú puedes estar estupendamente y ambos llevamos razón porque es lo que sentimos cada uno. Me gustan determinados colores y a ti te gustan otros, y también en comidas y ciudades y equipos de fútbol. En la discrepancia se encuentra uno de los motivos por lo que existe la variedad en el mundo. Si a todos nos gustase el azul nos encontraríamos sin el rojo o el verde; si solo viéramos los partidos de un determinado equipo, al poco tiempo desaparecía ese deporte porque no se podría mantener económicamente.

Discrepamos en el comportamiento, en las conductas y aficiones. Yo practico el senderismo y tú juegas al tenis; yo leo libros de historia y tú novelas románticas; yo disfruto paseando por las calles de mi pueblo y tú por las calles de las grandes ciudades… la grandeza de la variedad nos convierte en seres increíbles y grandiosos.

Discrepar nunca nos debe dar miedo ni nos debe hacer desconfiar de la otra persona. Discrepar nos lleva al diálogo, al debate, a las diferencias y a los matices. Nos hace avanzar en el análisis y en sus conclusiones. Nos abre a la multiplicidad, a la variedad y a las diferencias y similitudes. Nos da la posibilidad de ser más tolerante y cuidadosos con lo que decimos y con el cómo lo hacemos.

Discrepar no se debe hacer desde la imposición, ni desde la intolerancia del que aplasta al otro, ni del que silencia al diferente, ni desde el chantaje en cualquiera de sus versiones. Utilizar a los hijos, a los menores para imponer criterios personales nos desautoriza y nos deshumaniza.

Discrepar tiene unos requisitos que siempre se han de tener en cuenta: el respeto a las normas previamente establecidas y a los acuerdos llegados; el deseo de avanzar y mejorar la convivencia y que las minorías también existen para ser tenidas en cuenta. Discrepar ha de tener siempre en la base de su existencia el acuerdo del respeto y que si hemos de separarnos lo hagamos desde la grandeza de seguir creciendo ambos.

Esto se puede aplicar en cualquier ámbito de la vida privada y pública: familiar, de pareja, política, etc. Deseo profundamente que el discrepar nos enriquezca y nos convierta en personas más tolerantes e inteligentes. Nunca olvidemos que en la similitud y en las diferencias está la riqueza y siempre comenzar por los sectores con más necesidades.

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¡Qué bello podría ser el mundo!
José María Fdez Chavero 07-11-2017 | 6:48 | 0

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Ese fue el comentario de un prisionero a otro en un campo de concentración durante la segunda guerra mundial al contemplar la puesta de sol tras un día entero cavando en el interior de una zanja, con los pies descalzos y el cuerpo destrozado. Tantas experiencias preciosas tenemos en nuestra vida diaria que resulta difícil entender tanta sinrazón como la que existe.

No hay que irse lejos de nuestro entorno para disfrutar del amanecer o del atardecer, de un árbol o una flor, de un pájaro volando o de un perro corriendo hacia el amo para sentir esa belleza de la que hablaba el anónimo prisionero. Tenemos la mirada del hijo agradecido, la del padre orgulloso o la de la madre pronunciando tu nombre o el olor del guiso de la abuela, o el del pan recién hecho o el césped recién cortado. Momentos inolvidables de encuentros con amigos, fiestas familiares, éxitos en los estudios o reconocimiento en el trabajo.

La belleza del mundo se ve empañada por enemistades y desencuentros de egoísmos, de avaricias que conducen a apropiarse de lo que les pertenece a los demás. Si tuviéramos más presentes la máxima de no hacer lo que no quieres que te hagan a ti, seguro estaríamos mejor, seríamos más felices, con menos dolores de cabeza y penas en el espíritu.

Pensamos que podemos hacer poco para mejorar la sociedad y es posible que sea cierto si nos vamos a lo grande, pero si nos quedamos en lo pequeño y cada uno se preocupa más de su espacio entonces nos encontraríamos con un sumatorio que nos regalaría una vida más placentera. A modo de ejemplo, me atrevo a dar algunos ejemplos sencillos.

Nos iría mejor si no dejáramos en el suelo la botella o la lata de refresco consumida o el papel utilizado e inservible, o el excremento del perro. Dormiríamos mejor si la música se escuchase al volumen adaptado a la hora del día y a la circunstancias. Nos haría más sensible ceder el asiento al anciano o a la mujer embarazada, erradicar las palabras malsonantes y los insultos al contrario.

Estaríamos más conformes con nosotros si no nos colásemos en la parada del autobús, ni engañásemos al profesor, ni tratáramos sin delicadeza al estudiante tras el error cometido por despiste o falta de estudio. Qué bello podría ser este mundo si diéramos más veces los buenos días, si pidiéramos las cosas por favor, si mostráramos más agradecimientos y pidiéramos más veces perdón. Si alguien duda de mis palabras tan solo le reto a practicar estas simples sugerencias, seguro que su vida mejora, sonríe más y su corazón late más alegre.

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La solidaridad, la tolerancia y la justicia son valores imprescindibles para lograr una sociedad mejor para todos. Somos ciudadanos del mundo con el derecho a vivir y a ser respetado. Este blog quiere ser lugar de encuentro entre la Psicología y la Vida de todos los que lo deseen. Es posible hacer un mundo más justo.