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¡Qué bello podría ser el mundo!
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José María Fdez Chavero | 07-11-2017 | 17:48

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Ese fue el comentario de un prisionero a otro en un campo de concentración durante la segunda guerra mundial al contemplar la puesta de sol tras un día entero cavando en el interior de una zanja, con los pies descalzos y el cuerpo destrozado. Tantas experiencias preciosas tenemos en nuestra vida diaria que resulta difícil entender tanta sinrazón como la que existe.

No hay que irse lejos de nuestro entorno para disfrutar del amanecer o del atardecer, de un árbol o una flor, de un pájaro volando o de un perro corriendo hacia el amo para sentir esa belleza de la que hablaba el anónimo prisionero. Tenemos la mirada del hijo agradecido, la del padre orgulloso o la de la madre pronunciando tu nombre o el olor del guiso de la abuela, o el del pan recién hecho o el césped recién cortado. Momentos inolvidables de encuentros con amigos, fiestas familiares, éxitos en los estudios o reconocimiento en el trabajo.

La belleza del mundo se ve empañada por enemistades y desencuentros de egoísmos, de avaricias que conducen a apropiarse de lo que les pertenece a los demás. Si tuviéramos más presentes la máxima de no hacer lo que no quieres que te hagan a ti, seguro estaríamos mejor, seríamos más felices, con menos dolores de cabeza y penas en el espíritu.

Pensamos que podemos hacer poco para mejorar la sociedad y es posible que sea cierto si nos vamos a lo grande, pero si nos quedamos en lo pequeño y cada uno se preocupa más de su espacio entonces nos encontraríamos con un sumatorio que nos regalaría una vida más placentera. A modo de ejemplo, me atrevo a dar algunos ejemplos sencillos.

Nos iría mejor si no dejáramos en el suelo la botella o la lata de refresco consumida o el papel utilizado e inservible, o el excremento del perro. Dormiríamos mejor si la música se escuchase al volumen adaptado a la hora del día y a la circunstancias. Nos haría más sensible ceder el asiento al anciano o a la mujer embarazada, erradicar las palabras malsonantes y los insultos al contrario.

Estaríamos más conformes con nosotros si no nos colásemos en la parada del autobús, ni engañásemos al profesor, ni tratáramos sin delicadeza al estudiante tras el error cometido por despiste o falta de estudio. Qué bello podría ser este mundo si diéramos más veces los buenos días, si pidiéramos las cosas por favor, si mostráramos más agradecimientos y pidiéramos más veces perdón. Si alguien duda de mis palabras tan solo le reto a practicar estas simples sugerencias, seguro que su vida mejora, sonríe más y su corazón late más alegre.

La solidaridad, la tolerancia y la justicia son valores imprescindibles para lograr una sociedad mejor para todos. Somos ciudadanos del mundo con el derecho a vivir y a ser respetado. Este blog quiere ser lugar de encuentro entre la Psicología y la Vida de todos los que lo deseen. Es posible hacer un mundo más justo.