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Fecha: diciembre, 2017
Flores en la vida
José María Fdez Chavero 15-12-2017 | 8:54 | 0

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Siempre me han parecido preciosas y encantadoras, llenas de vistosidad y plenas de embriagadoras fragancias. Las flores tienen muchos significados, nos ayudan a mostrar nuestros agradecimientos, a reconocer los méritos de los demás o sus penas y dolores. Las flores adornan las celebraciones en las que dos personas se prometen amor eterno y también dulcifican las tumbas de aquellos que quisimos y recordamos cada instante. Han jugado un papel importante en la celebración gozosa por el nacimiento de un hijo, en el amor declarado de la persona amada y en el llanto ante la muerte del familiar querido.

Las flores alegran el espíritu, dulcifican el ambiente distante de un desencuentro o de un malentendido. Su aroma nos alegra la vida y su colorido nos deslumbra. Si estuvieran más presentes en la existencia humana nos daríamos cuenta que las tensiones disminuyen, las amistades aumentan y se consolidan y las caras sonríen.

Yo he tenido varias ocasiones en las que me alegraron la vida y hoy deseo compartirlas en señal de agradecimiento. En una de mis clases en la universidad salió el tema del simbolismo en las relaciones sociales y puse varios ejemplos referidos a las flores. Cuál fue mi sorpresa a los pocos días cuando el bedel llamó a la puerta del aula y me pidió que saliera porque había una persona que me quería entregar algo. Pedí disculpas a los alumnos y salí para saber qué era eso que tanta urgencia parecía tener. Mi sorpresa fue mayúscula. Un chaval joven portaba un ramo de flores para mí, firmado por alumnos de esa asignatura. Me invadió una profunda satisfacción y alegría, con algo de nerviosismo y vergüenza. Al entrar con mi ramo de flores di las gracias. Me sobrepasaba la emoción. A los pocos minutos me detuve, les miré y volví a mostrar agradecimiento

También recuerdo el día que retomé las clases después de la muerte de mi padre. Al comenzar noté cierto revuelo y vi a un alumno y a una alumna que se dirigían a mí con una gran cartulina amarilla y un ramo de flores. La cartulina contenía la firma de todos ellos y la frase “probablemente no encontremos el camino, pero nos sobrarán las ganas de volar”. En un instante reviví la tristeza por la muerte de mi padre, pero también el gozo de tener alumnos sensibles, llenos de bondad y detalles. No sé si ellos fueron conscientes de lo mucho que me llegó al alma y al corazón lo que hicieron ese día. La cartulina la enmarqué y está adornando una de las paredes de mi casa.

El tercer hecho fue después de presentar a una ponente amiga a la que aprecio mucho en las II Jornadas formativo vivenciales celebradas en Badajoz. Es la fotografía que encabeza estas líneas. Su ponencia era sobre el cáncer de mama y la depresión. Al agradecerme la invitación a participar, su hija subió al escenario y  me entregó un bonito ramo de flores. Fueron minutos de máxima intensidad en nuestra relación, nos abrazamos sabiendo que la lucha contra el cáncer se plantea desde la unión de los buenos sentimientos.

Son tres anécdotas de historias muy diferentes y todas ellas plagadas de vida y de buenas vibraciones.

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Riqueza de la variedad, seguridad de lo semejante
José María Fdez Chavero 05-12-2017 | 7:01 | 0

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Nadie goza de memoria ni de inteligencia suficiente como para conocer la infinidad de plantas, animales, razas, etnias, religiones, ciudades y pueblos, ríos o montañas, minerales, planetas etc.  Tanta diversidad supone una gran riqueza y es una muestra más de la grandeza de la evolución, esa que Charles Darwin nos presenta en su obra El origen de las especies publicado el 24 de noviembre de 1859. Lo conocido nos suscita agradecimientos, seguridad, comodidad, algunos desconciertos y muchas sensaciones de bienestar.

Lo desconocido nos transporta a la curiosidad y sorpresas, preguntas, dudas, dificultades y deseos de explicación. Nos pone en contacto con las propias inseguridades y limitaciones y surge el miedo. Esta multiplicidad, conocida y por conocer, es muestra de lo grande de la naturaleza y de lo pequeñez nuestra.

No todo es pluralidad y cambio.

También hay homogeneidad, similitud, rutina, serenidad. Cuando sabemos lo que la vida nos ofrece y aquello que podemos esperar y alcanzar nos sentimos tranquilos. Ser homogéneos, iguales a otros, nos envuelve en lo previsible y nos proporciona seguridad personal y colectiva, aunque conlleva el riesgo de caer en la comodidad y conformismo.

Diversidad es sinónimo de riqueza y homogeneidad lo es de seguridad, pero no siempre es así. Son muchas las situaciones en las que el deseo de la mayoría ha luchado para controlar y limitar la discrepancia. Se ha realizado con los seres humanos de diferentes color de piel, se han exterminado innumerables criaturas por los bienes que se obtenían de ellas o porque generaban miedo y pánico. Se han matado a pueblos enteros por ser de otras razas o creencias, se asesinaron a personas por poseer unas capacidades intelectuales más limitadas o por ser de orientaciones sexuales distintas a las de la mayoría. Qué barbaridad si contamos las atrocidades de guerras, de atentados terroristas, de violencias de géneros, acosos escolares o laborales…Todos tienen el denominador común de no soportar al distinto.

Los protagonistas de esas atrocidades y aberraciones no soportan su fragilidad humana, les da pavor su pobre vida y luchan por terminar con la de los demás. Seres dignos por ser humanos, que no respetan la dignidad de los demás, que hacen de su miseria la lanzadera para exterminar a los discordantes y se convierten en indignos. Son inseguros, de una autoestima tan baja que precisan de la agresión y de la violencia para soportarse. Son tan limitados de razón y sentimientos que desconocen su error, convencidos de que están en la cierto.

Diversidad y similitud se necesitan y complementan, no son excluyentes. Forman parte de la misma realidad. Entenderlo es objetivo de la humanidad desde tiempos remotos y para alcanzarlo se precisa una educación positiva, basada en la tolerancia y en el sentido crítico. Una tolerancia sin crítica sucumbe a la cobardía y a la permisividad con el daño a los demás, porque se puede ser injustamente condescendiente con el delito. Una crítica sin tolerancia nos conduce a totalitarismos y dictaduras, como las que se han padecido y padecen en medio mundo.

La educación en todas las etapas de la vida ha de combinar ambas actitudes, tolerancia y crítica, y desde esos dos parámetros descubrir la riqueza de la variedad y la seguridad de lo semejante. Amanecer y atardecer, cada uno encierra historias y bellezas.

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