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Riqueza de la variedad, seguridad de lo semejante
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José María Fdez Chavero | 06-12-2017 | 11:12

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Nadie goza de memoria ni de inteligencia suficiente como para conocer la infinidad de plantas, animales, razas, etnias, religiones, ciudades y pueblos, ríos o montañas, minerales, planetas etc.  Tanta diversidad supone una gran riqueza y es una muestra más de la grandeza de la evolución, esa que Charles Darwin nos presenta en su obra El origen de las especies publicado el 24 de noviembre de 1859. Lo conocido nos suscita agradecimientos, seguridad, comodidad, algunos desconciertos y muchas sensaciones de bienestar.

Lo desconocido nos transporta a la curiosidad y sorpresas, preguntas, dudas, dificultades y deseos de explicación. Nos pone en contacto con las propias inseguridades y limitaciones y surge el miedo. Esta multiplicidad, conocida y por conocer, es muestra de lo grande de la naturaleza y de lo pequeñez nuestra.

No todo es pluralidad y cambio.

También hay homogeneidad, similitud, rutina, serenidad. Cuando sabemos lo que la vida nos ofrece y aquello que podemos esperar y alcanzar nos sentimos tranquilos. Ser homogéneos, iguales a otros, nos envuelve en lo previsible y nos proporciona seguridad personal y colectiva, aunque conlleva el riesgo de caer en la comodidad y conformismo.

Diversidad es sinónimo de riqueza y homogeneidad lo es de seguridad, pero no siempre es así. Son muchas las situaciones en las que el deseo de la mayoría ha luchado para controlar y limitar la discrepancia. Se ha realizado con los seres humanos de diferentes color de piel, se han exterminado innumerables criaturas por los bienes que se obtenían de ellas o porque generaban miedo y pánico. Se han matado a pueblos enteros por ser de otras razas o creencias, se asesinaron a personas por poseer unas capacidades intelectuales más limitadas o por ser de orientaciones sexuales distintas a las de la mayoría. Qué barbaridad si contamos las atrocidades de guerras, de atentados terroristas, de violencias de géneros, acosos escolares o laborales…Todos tienen el denominador común de no soportar al distinto.

Los protagonistas de esas atrocidades y aberraciones no soportan su fragilidad humana, les da pavor su pobre vida y luchan por terminar con la de los demás. Seres dignos por ser humanos, que no respetan la dignidad de los demás, que hacen de su miseria la lanzadera para exterminar a los discordantes y se convierten en indignos. Son inseguros, de una autoestima tan baja que precisan de la agresión y de la violencia para soportarse. Son tan limitados de razón y sentimientos que desconocen su error, convencidos de que están en la cierto.

Diversidad y similitud se necesitan y complementan, no son excluyentes. Forman parte de la misma realidad. Entenderlo es objetivo de la humanidad desde tiempos remotos y para alcanzarlo se precisa una educación positiva, basada en la tolerancia y en el sentido crítico. Una tolerancia sin crítica sucumbe a la cobardía y a la permisividad con el daño a los demás, porque se puede ser injustamente condescendiente con el delito. Una crítica sin tolerancia nos conduce a totalitarismos y dictaduras, como las que se han padecido y padecen en medio mundo.

La educación en todas las etapas de la vida ha de combinar ambas actitudes, tolerancia y crítica, y desde esos dos parámetros descubrir la riqueza de la variedad y la seguridad de lo semejante. Amanecer y atardecer, cada uno encierra historias y bellezas.

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La solidaridad, la tolerancia y la justicia son valores imprescindibles para lograr una sociedad mejor para todos. Somos ciudadanos del mundo con el derecho a vivir y a ser respetado. Este blog quiere ser lugar de encuentro entre la Psicología y la Vida de todos los que lo deseen. Es posible hacer un mundo más justo.