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Fecha: febrero, 2018
Dobles raseros
José María Fdez Chavero 23-02-2018 | 9:17 | 0

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Un buen amigo profesor me contaba hace unos días que algunos de sus alumnos le habían cuestionado las maneras de transmitir sus conocimientos y la metodología empleada para impartir las clases. Los escuchó, con paciencia y sana humildad, y tuvo en cuenta las dos consideraciones presentadas. La primera se refería a la rapidez de las exposiciones y no le resultó complicado ir algo más despacio y la segunda la solucionó también sin ningún esfuerzo porque consistía en aumentar el número de ejemplos. El ambiente en el aula mejoró, él estaba satisfecho y les pidió que planificaran el esfuerzo.

La sorpresa vino unos días después con motivo del examen escrito. El grupito de estudiantes que más críticas le presentaron obtuvieron unos resultados inferiores al resto de la clase. Antes de comentarlo abiertamente con ellos, analizó las posibles causas. Se preguntó si sería por una cuestión de capacidad intelectual o por una memoria más frágil o por un exceso de actividades extraacadémicas que le limitasen el tiempo de estudio.

Sus conclusiones coincidieron con las respuestas de los propios alumnos en una puesta en común que celebraron. Las razones eran simplemente de despistes. Se les echó el tiempo encima y las horas de estudio resultaron insuficientes. Supieron reconocerlo y prometieron que no volvería a ocurrir.

Aprovecho esta sencilla historia para reflexionar sobre algunas situaciones de nuestras vidas y actividades. Protestamos o cuestionamos a los demás cuando nosotros no somos mejores e, incluso, podemos estar por debajo. Reprochamos a los demás la falta de puntualidad sin preguntarles el porqué y no justificamos la propia tardanza, dudamos de la calidad del docente y no estudiamos lo suficiente, protestamos por las pocas atenciones recibidas en la sanidad y hacemos un uso excesivo de ella, cuestionamos a los compañeros y fomentamos el cuchicheo y mal ambiente, criticamos a nuestros padres y no colaboramos con ellos, corregimos a los hijos desde la incoherencia entre lo que decimos y hacemos, exigimos a los alumnos sin tener en cuenta sus peculiaridades.

Corremos el riesgo del doble rasero. El primero es ser muy exigente con los demás y poco con nosotros. Nos convertimos en intransigentes y en unos eternos insatisfechos que se van quedando solos porque todos huyen y nadie les aguanta. Existe un segundo tipo, la de aquellos que son muy exigentes consigo mismos y poco con los demás y viven agobiados porque nunca están contentos y viene el agotamiento, la tristeza de metas inalcanzadas por inalcanzables.

Ambas situaciones nos incapacitan para ser felices, anhelo del ser humano y llegamos a derroteros amargos y enfermizos. Nos alejamos de los demás para quedarnos ensimismados y reducidos a nuestro pequeño mundo en el que no se comparten actividades, ni ideas, ni sentimientos ni creencias. Cuando esto sucede dejamos el “nosotros” para instalarnos en el “egocentrismo absurdo” caracterizado por la falta de crecimiento. Un sano equilibrio entre lo que damos y pedimos, entre lo que exigimos a los demás y a nosotros mismos es fundamental para ser feliz.

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Ventajas de conocerse
José María Fdez Chavero 16-02-2018 | 8:56 | 0

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Conocerse es el primer paso para aceptarse y éste lo es para quererse. Así conseguimos una sana y alta autoestima. Conocerse supone un esfuerzo mental y afectivo, individual y social, sincero, sin prejuicios y el convencimiento profundo de que es un adecuado camino para crecer, desarrollarse y madurar como persona. Ese autoconocimiento se hará con los datos y sensaciones que nos proporcionamos nosotros mismos, con los que nos dan los miembros de la familia, los amigos, compañeros, profesores, y los que nos llegan desde el colegio, el trabajo, las diversiones, etc.

Toda esa información ha de ser integrada para constituir la propia personalidad. Algunas de esas confidencias coincidirán con lo que ya sabíamos y otras serán nuevas y desconocidas. Con las coincidentes será fácil estar de acuerdo y con las que no, se ha de iniciar un autoanálisis y valoración. El análisis tendrá en cuenta el contenido de las revelaciones, quién me las ha proporcionado, por cuántos y en qué contexto. Si son varias personas y pertenecen a mi círculo afectivo entonces debemos pensar que la probabilidad de que sean ciertas es muy elevada. Si es así, hemos de escucharlas con atención con el fin de que formen parte de nosotros lo antes posible y si no las consideramos ciertas, lo que procede es dar las gracias y mostrar nuestro desacuerdo con educación y respeto.

Se ha de huir de la idea de que yo sé todo y de que los demás no tienen nada que aportarme o de que están confundidos, eso es una señal inequívoca de pobreza intelectual y afectiva.

Si a lo que yo voy siendo le añado lo que me aportan los demás tengo mucha más posibilidad de hacernos mejores personas. Este camino de desarrollo personal se debe realizar con sosiego y coraje porque reconocer lo que no está bien, lo que es susceptible de transformación, no es fácil.

Conocerse para crecer supone potenciar lo positivo y quitar lo negativo, favorecer las capacidades y pulir las limitaciones, sonreír con las alegrías y llorar con las tristezas, acompañar a los demás en sus éxitos y también en los fracasos.

Por el contrario, resulta empobrecedor instalarse en el mí y aislarse de los demás. Cuando me quedo ensimismado en mi pequeño mundo dejo de ser trascendente y me atasco en la inmanencia de lo finito aunque siga celebrando fiestas de cumpleaños o aprobando cursos o disfrutando de descansos o consolidando el puesto de trabajo.

Nunca olvidemos que para quererse es preciso descubrir y aceptar que somos seres inacabados en continua evolución. Existen elementos de la cotidianidad y de los demás que nos engrandecen y es bueno incorporarlos y otros que se quedarán fuera. En la medida que nos vayamos completando nos sentiremos a gusto con nosotros y más integrado en la sociedad. Dedico estas líneas a las personas que viven con intensidad y autocrítica y que hacen del día a día la clave de la felicidad.

 

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Carnavales
José María Fdez Chavero 09-02-2018 | 8:43 | 0

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Estas fiestas han tenido diferentes valoraciones a lo largo de la historia por su exagerada permisividad con los placeres carnales de la vida y por las continuas y desenfadadas críticas contra las instituciones, ya sean civiles, políticas, económicas, religiosas. Durante décadas  han sido cuestionadas, e incluso rechazadas y prohibidas, por sus excesos y desvergüenzas consentidas. Craso error prohibir las fiestas populares, sin más explicaciones que una moral no bien entendida.

En sus orígenes se encontraba el deseo de decir adiós a los errores del pasado, a las confusiones y maldades, con la aspiración de convertirse en mejores personas. Los tambores y disfraces nos avisan que el hombre viejo, egoísta y centrado en sí mismo, se va a transformar, después de un tiempo de sacrificio y esfuerzo, en un hombre nuevo, entregado a los demás y dirigidos hacia la santidad. Me gusta este sentido.

Muchos se disfrazarán y lo harán con el deseo de pasar unas horas alegres y divertidas con sus amigos, compañeros y conocidos, con la familia. Veremos trajes de todo tipo, desde los inspirados en inocentes dibujos animados para los pequeños, a los más burlones y críticos sobre políticos o futbolistas o famosos. Estarán los superhéroes y princesas, los de hombres para mujeres y el de mujer para los hombres. Seremos el personaje de nuestros sueños e ilusiones, aquello que la imaginación tantas veces nos presenta por gustos o antipatías y de ahí que los caricaturicemos.

Lo importante es caracterizarse de lo que desee cada uno, siempre desde el respeto a los demás y el buen gusto. También disfrutaremos con chirigotas y murgas, comparsas y desfiles.

Hay situaciones actcarnavalesuales preocupantes y desearía que fueran disfraces que nos pudiéramos quitar, como si fuesen simples caretas. Violación de las leyes de convivencia, corrupción, desempleo, desigualdad de género y territorial, violencia en las aulas y en las casas, etc.

Me gustaría que todos tomásemos conciencia del mal que causamos a nuestro alrededor y que estos carnavales nos anuncien el final de este dañino comportamiento. Buen momento para enterrar, junto a la sardina, los aspectos propios que no nos gustan. Espero que sean días de alegría, risas, bromas y ocurrencias desde el afecto y la sana convivencia. Aprovecho para darles las gracias a los que trabajan estos días para que el resto podamos pasarlo bien.

Bromas con respeto es crítica y diversión, bromas sin respeto es burla y crispación. Quedémonos con lo primero.

 

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Burlas a los muertos del Chapecoense
José María Fdez Chavero 03-02-2018 | 11:41 | 0

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Escribo las siguientes líneas con pena y rabia. Hinchas del equipo Nacional de Uruguay imitaron la caída de un avión, en una clara provocación a los simpatizantes del Chapecoense, durante el partido que enfrentó a ambos equipos en la fase previa de la Copa Libertadores, según se ven en un vídeo publicado en la prensa brasileña.

Todos deberíamos saber que vida y muerte son los extremos de la existencia humana, con  duración indeterminada y dependiente de variables genéticas y ambientales. La vida nos habla de nacimiento, amor, gratuidad, esfuerzo, entrega y sacrificio, alegrías y sonrisas, sufrimiento y lágrimas y la muerte nos llena de tristeza, enfermedades, dolores, recuerdos y sueños, esperanzas y creencias en una realidad eterna prometida y desconocida.

Entre ambos puntos se consumen y desarrollan los años en este mundo, algunos llegarán a la vejez y los habrá que se queden antes, pero todos moriremos. La mayoría de las muertes llegan por agotamiento de la vida; muchas, como las que inspiran estas palabras, son por accidentes y otras, siempre excesivas, son porque unos desaprensivos nos la roban.

Por suerte no se encuentra la fórmula que nos diga los años que estaremos en este mundo, pero tenemos pasado y presente y un futuro incierto y entre lo que pensamos, sentimos y actuamos cometemos fallos y estupideces. Nadie se libra de cometerlas y es posible que esté en la esencia  de los hombres y mujeres. Me resulta evidente que las tonterías habladas, escritas o realizadas deben ser menores a medida que nos hacemos mayores, y cuando esto es al revés, y las estupideces aumentan con los años entonces nos encontramos ante personas inconscientes o malintencionadas.

Ni el lugar de nacimiento, ni el sexo, ni la profesión o el color de la piel son para hacer burlas o bromas y menos si el tema es la muerte, y mucho menos si es la muerte accidental de inocentes, como es el caso.

Creíamos avanzar como seres inteligentes y afectivos, pero entre los que hacen burlas a los muertos, o escriben macabras frases en las redes sociales mencionando atentados, o los que no respetan las reglas sociales es para desanimarse.

Cuando alguien no respeta a los muertos no es digno de sentarse con los demás, aunque sea para presenciar una competición deportiva. Dedico estas líneas a los 71 fallecidos y a los seis supervivientes del accidente del Chapecoense y a todas sus familias y amigos.

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La solidaridad, la tolerancia y la justicia son valores imprescindibles para lograr una sociedad mejor para todos. Somos ciudadanos del mundo con el derecho a vivir y a ser respetado. Este blog quiere ser lugar de encuentro entre la Psicología y la Vida de todos los que lo deseen. Es posible hacer un mundo más justo.