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José María Fdez Chavero

Psicología y Vida

Soledad y vida

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Se habla de la soledad como un estado intrínsecamente negativo porque supone no estar rodeado ni acompañado de ningún otro ser vivo, ya sea humano o animal y puede generar sentimientos de inutilidad y sensaciones de pérdida de sentido de la vida.

La soledad es muy difícil de soportar cuando no se atendió la propia existencia y cuando desaparece aquello a lo que la persona se dedicó, ya sea la familia, los demás, el mundo exterior o a una actividad profesional o a todas a la vez. Y siendo esa dedicación a los otros y ese salir de sí mismo una misión noble y que dignifica a quien lo hace, no es menos cierto que olvidarse de cuidar y fomentar la compañía del propio yo, en cuerpo y espíritu, nos enfrenta a un vacío vivencial difícil de aguantar.

No estamos solos, estamos siempre con nuestra mismidad, con nuestra propia biografía. Y en este estar con uno mismo es fundamental y de vital importancia que nos conozcamos y nos queramos, eso que ahora llamamos autoestima y autoconcepto.

Debemos aprender a vivir con el propio yo, con sus muchas grandezas y miserias, sin tener que huir a través del teléfono, de los mensajes del móvil, del ordenador y sus muchas variaciones de comunicaciones virtuales o mediante juegos informáticos o televisivos o, en el peor de los casos, a través del peligroso mundo del alcohol y la droga. Y este aprendizaje debe ser el objetivo principal de la educación dentro de la familia y en la sociedad si queremos tener hombres y mujeres comprometidos con el mundo.

¿Qué nos ocurre a las personas para que no soportemos el quedarnos con nuestra propia realidad y sintamos la necesidad de evadirnos de ella? Ya desde el principio de nuestra historia personal estamos acompañados de nuestras ideas y pensamientos, sustentados por un cuerpo que siente y orientados por unos valores y creencias.

La soledad impuesta, como puede ser la de muchas personas mayores y la de bastantes enfermos, genera inseguridad y miedo y es importante que la combatamos mediante la familia, los amigos, los voluntarios o las prestaciones sociales. Ahora bien, esta soledad no es la que hace más daño porque puede tener las soluciones indicadas.

La peor soledad es la del que no se soporta, que reniega de sí, que ha perdido el sentido de su existencia, que maldice el día de su nacimiento o ve absurda su presencia en el mundo. Ésta sí es dolorosa e insoportable y supone una amenaza para el propio sujeto porque no ve salida a esa situación. A todos los que la padecen les dedico mis palabras de aliento y de ánimo y mis deseos de que encuentren algún germen que pueda fructificar y proporcionar paz y sosiego a sus días.

La soledad del que se vive felizmente acompañado por sí mismo, en comunión con su entorno y abierto al encuentro con los demás y con Dios, si es creyente, es una de las vías más importante para disfrutar del sentido de la vida y hacerlo en toda su extensión y profundidad, porque siendo finita en el tiempo y en el espacio, es infinita en sus posibilidades y expectativas. Esa soledad deja de serlo porque supone el encuentro consigo y la proyección hacia la eternidad. La soledad dañina no es estar solo, es sentirse solo.

Temas

autoconcepto, Autoestima, compañía, Dios, enfermos, mayores, sentido de la vida, soledad

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Sobre el autor

La solidaridad, la tolerancia y la justicia son valores imprescindibles para lograr una sociedad mejor para todos. Somos ciudadanos del mundo con el derecho a vivir y a ser respetado. Este blog quiere ser lugar de encuentro entre la Psicología y la Vida de todos los que lo deseen. Es posible hacer un mundo más justo.

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