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José María Fdez Chavero

Psicología y Vida

Mis alumnos, mis compañeros de aula

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Somos muchos los profesores que escuchamos sus dudas, preocupaciones e ilusiones, e intentamos transmitir de forma adaptada a ellos los conocimientos aprendidos en nuestros años de estudios siempre con el objetivo de enseñarles a ser personas sanas y honradas. En la inmensa mayoría consiguen más logros que fracasos, pero también existen los desaciertos.

Los padres deseamos tener hijos buenas personas y buenos estudiantes y nos preocupamos por su felicidad, por ir favoreciendo un adecuado desarrollo moral, cognitivo, emocional y volitivo. También es cierto que hay padres sin el tiempo necesario para proporcionar un modelo educativo a los hijos y los hay que carecen de las habilidades y capacidades para proporcionar una buena educación, pero es una minoría.

Debemos procurar el no caer en generalizaciones que descalifican la labor de la mayoría de los padres y de los profesores, entre otras razones porque no ayuda en la labor conjunta de educar a nuestros jóvenes.

Hay algunas cuestiones a tener presente. La primera es que el niño querido tiene más probabilidad de llegar a ser un adulto maduro que otro rodeado de cuidados materiales pero sin afecto. La segunda es saber combinar límites y normas con no frenar continuamente las iniciativas y la capacidad de elegir, ni autoritarismo ciego ni el todo vale, ni límites rígidos y no razonados ni una exaltación enfermiza de una libertad mal entendida. Otra cuestión es la unión equilibrada de los elementos buenos del presente y del pasado, es necesario aprender de la historia y no tener que empezar siempre de cero. Es imprescindible que padres e hijos compartamos tiempo para conocernos mejor, aunque las condiciones laborales no siempre lo permiten, y este es un punto sobre el que debemos reflexionar.

Padres y profesores debemos intercambiar información y criterios y reflexionar sobre las exigencias a las que tenemos sometidos a nuestros hijos y alumnos. Diferenciar lo esencial de lo accesorio será fundamental si no queremos tenerlos estresados, antesala del fracaso escolar. Es fundamental animarles y ayudarles a que valoren el trabajo bien hecho, hacerles ver que con esfuerzos salen las cosas, aunque a veces se resistan. Esta es la clave para prepararles para el estudio y el trabajo posterior. Proporcionarles una enseñanza estimulante con niveles de exigencias adecuadas a las distintas edades, ni objetivos inalcanzables ni regalados. Y una educación basada en principios generales no cuestionados continuamente, principios como el respeto, ni violencia ni discriminación, el diálogo como base del entendimiento.

Si queremos tener alumnos que trabajen y maduren es fundamental que los adultos que estamos con ellos les proporcionemos una visión positiva de la vida, y que lo hagamos desde el optimismo y el refuerzo positivo y no desde el control desmesurado y el castigo continuo, entre otras razones porque se hacen resistentes al mismo.

 

 

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Sobre el autor

La solidaridad, la tolerancia y la justicia son valores imprescindibles para lograr una sociedad mejor para todos. Somos ciudadanos del mundo con el derecho a vivir y a ser respetado. Este blog quiere ser lugar de encuentro entre la Psicología y la Vida de todos los que lo deseen. Es posible hacer un mundo más justo.


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