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José María Fdez Chavero

Psicología y Vida

Hijos

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En sus inicios

Tener un hijo con diversidad funcional conlleva dificultades en el diario de la vida. Por lo pronto vas a necesitar visitar más a los médicos, comenzará a caminar unos meses después que los otros niños de su edad y pedirás permisos en el trabajo para llevarle a las sesiones con los profesionales de la estimulación precoz. Las primeras palabras las pronunciarán varios meses después, serán casi ininteligibles y se iniciará una carrera larga de terapias de logopedas.

Esto es un breve muestrario de los primeros años, los menos complicados. Después viene la inclusión educativa, esa que depende, en gran medida, de la sensibilidad y preparación del profesional asignado. Si hay suerte avanzará y si no la hay entonces el avance será menor y habrá que buscarle apoyos exteriores y los padres multiplicarán el esfuerzo para cubrir ese vacío injustificable.

Los políticos y los medios de comunicación hablan de incluir, de ser uno más, de todos juntos aunque lleguemos más tardes y forman un conjunto de eslóganes preciosos para sacar conmovedores póster y sugerentes montajes de power point con el fondo musical de la canción Imagine de John Lennon. Llegamos a la ESO, esa etapa de la adolescencia en la que el trabajo y esfuerzo se expresa en un papel certificando los logros conseguidos. Son los únicos estudiantes de todo el sistema educativo español sin título oficial de sus años de estudios y de la etapa superada con adaptación.

Estas personas llevan muchos años, demasiados, padeciendo exabruptos de un vocabulario insensible con sus capacidades. Han vivido siempre en la segunda fila, esperando lo que caía de la mesa de los demás para poder ellos saciar su hambre y ya está bien de tanta marginación. La historia está hecha de grandes hombres y mujeres sabedores de que la justicia es una de las máximas que deben guiar la vida privada y pública: no son ciudadanos de segunda clase.

Es momento de decir otras verdades de estas personas y completamos el inicio de la presente reflexión. Proporcionan a la familia una visión más afectiva de la vida, con un sano sentido del error y del perdón. Transmiten y comparten una alegría espontánea, una sonrisa fresca y un humor limpio de dobles intenciones. Tener un hijo así es un acicate para ser mejor persona e inconformista con las injusticias de un mundo que ha abandonado el sentido de la gratuidad. Con ellos se pierde el miedo a la soledad y a la incomprensión y se aprende a mirar al frente.

Una sociedad mejor es posible, pero para ello es preciso que estas personas, nuestros hijos, ocupen su lugar y es estar al lado de los demás y gozar de sus derechos y de sus obligaciones. Nunca serán la lástima ni el olvido.

 

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Sobre el autor

La solidaridad, la tolerancia y la justicia son valores imprescindibles para lograr una sociedad mejor para todos. Somos ciudadanos del mundo con el derecho a vivir y a ser respetado. Este blog quiere ser lugar de encuentro entre la Psicología y la Vida de todos los que lo deseen. Es posible hacer un mundo más justo.


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