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Autor: Jmfch
¿Por qué me discriminas?
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José María Fdez Chavero | 25-01-2017 | 12:58| 0

 

Reedito este artículo como defensa de una persona que no conocí, que ha fallecido y es atacada en las redes sociales por ser como fue, en lo que nadie nunca debió meterse porque somos libres y diversos.

“A lo largo de la historia son muchos los grupos y colectivos discriminados por el resto de la sociedad, viviendo a la sombra de una mayoría que no entendía o no comprendía sus particularidades. Pasaban a ser personas de segunda clase o de tercera, incluso se ha llegado a cuestionar, si había que considerarlas como tal. Son causas de exclusión el lugar de nacimiento, las ideas políticas, el sexo, la orientación sexual, las costumbres y tradiciones, las creencias religiosas, el aspecto físico, las capacidades cognitivas y un lago etcétera. A los marginados se les separaban del resto, se les limitaban sus derechos, se les aislaba. En ocasiones se les encerraba en cárceles, o eran el centro de burlas, incluso de torturas y crímenes. Hoy siguen dándose porque siempre hay individuos con mentes acomplejadas y sentimientos pobres.

Son muchas las razones y por ello deseo y espero que las leyes educativas, cambiantes con cada gobierno, no sigan reduciendo determinadas áreas de conocimientos. Es fundamental que nuestros niños y jóvenes conozcan la historia de la humanidad y del pensamiento para conseguir un sano y equilibrado proceso de formación, de crecimiento y maduración. Les aclarará bastante sobre cómo hemos llegado al estado actual, lo que somos y los medios empleados. Ese recorrido dará la posibilidad de analizar los logros y las barbaridades de la humanidad y se podrá trabajar para potenciar los primeros y erradicar las miserias.

Me pregunto el porqué se ha silenciado a colectivos que no suponían amenaza para nadie y una de las razones para explicarlo, no justificarlo, es el pánico a lo diferente, a lo que se sale de la norma, a no ser como yo. Otra es el vernos reflejado en ellos y como no me acepto entonces lo mejor es rechazarlo. Corremos el riesgo de convertirnos en personas uniformadas y acríticas, iguales en ideas y creencias, en rasgos físicos y mentales, en sentimientos y sensaciones porque nos proporciona seguridad. Eso es señal de inmadurez y complejos, de baja autoestima y de miedos. Bastaría con fijarnos en los líderes de los discriminadores, en dictadores y tiranos para confirmar mis palabras. En una tribu, en un clan, en peñas y asociaciones, agrupaciones y comparsas, aulas y familias encontramos miembros marginados por otros inseguros y confundidos, desconfiados.

Hace unos años leí a Tomas More y habla de un lugar llamado Utopía para vivir, una isla inexistente pero que podríamos hacerla realidad. Defendía los ideales de amor, respeto, justicia, paz y afecto por encima de todo lo demás y sólo podían florecer donde reinara la sinceridad y no la hipocresía ni la envidia. Soy consciente de que es imposible de alcanzar, pero siento que cada vez somos más los que nos mostramos tolerantes y receptivos con los que no cumplen los parámetros del grupo mayoritario. Existen hombres y mujeres que han luchado, y lo siguen haciendo, desde la razón y los sentimientos, para obtener un mundo más justo en el que desaparezca la lacra de la exclusión, de la incomprensión, del destierro y del rechazo por ser diferente. Ojalá estemos en  este grupo”.

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Abuelos
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José María Fdez Chavero | 23-01-2017 | 4:22| 0

Son entrañables, aseguran el amor y el cariño, suelen estar dispuestos para ayudar y echar una mano y hacen cosas con los nietos que no hicieron con los hijos. El tener menos responsabilidad directa en la educación de los pequeños les permite vivir más desde lo que son y sienten. Como dice Cicerón “los hombres son como los vinos; la edad agría a los malos y mejora a los buenos” o como dice el sabio Quijote “las canas son el fundamento y la base que da la agudeza y la discreción”.

Los abuelos siempre han tenido una misión muy importante dentro de las familias, pero es aún mayor en los tiempos actuales, dado lo complejo del momento que nos ha tocado vivir. Esa misión no solo consiste en llevarlos o recogerlos de las guarderías o de los colegios o darles de comer, sino como estrechos y valiosos colaboradores en la educación de los nietos y cuentan para ello con una dilatada experiencia. Los abuelos tuvieron dificultades similares a las que tienen ahora sus hijos y ya entonces dieron soluciones adecuadas algunas y mejorables otras, en relación a su época y a sus circunstancias personales y de pareja. Han adquirido una experiencia valiosa, digna de toda consideración que ponen al servicio de los hijos y de los nietos.

Si nos fijamos en los apoyos prestados a los hijos se encuentra el económico cuando su jubilada economía se lo permite, pero no es esa ayuda la más importante aunque a veces pueda parecerlo, lo fundamental es que colaboran en la educación de los nietos. Ese dicho de que los padres educan y los abuelos maleducan es, a mi parecer y con todo el respeto que me merece el refranero español, una soberana bobería. Es imposible estar de acuerdo con eso. No nos podemos creer que unas personas con tanta capacidad para querer deseen hacer algo perjudicial para el nieto.

Los abuelos garantizan que el nieto se sienta querido y un niño querido será, con alta probabilidad, un adulto maduro. Sin embargo, otro rodeado de continuos cuidados materiales pero sin afecto será, con mucha probabilidad, un adulto desconfiado e inseguro. Deben colaborar en la educación desde el diálogo y el respeto, estableciendo límites y valorando el esfuerzo como medio para conseguir avanzar en la vida, haciéndoles sentir la satisfacción de lo bien hecho y todo ello porque han sabido mirar de frente a la vida, superando dificultades y sinsabores de la vida.

No olvidemos que en estos aspectos mencionados tienen largas y destacadas experiencias. Crecieron como hijos, se desarrollaron como parejas, después como padres, o como amigos o compañeros de trabajo. Y aunque algunas de sus capacidades físicas y mentales puedan estar mermadas por el paso y el desgaste de los años, se merecen el más sincero y eterno agradecimiento de los nietos, pero sobre todo de los hijos. Los abuelos permitirán seguir viviendo y alimentando la esperanza, hoy y mañana, de seguir teniendo buenos hijos y nietos.

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Políticos y el arte de gobernar
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José María Fdez Chavero | 18-01-2017 | 12:13| 0

Dedico esta reflexión a los políticos y al arte de gobernar o hacer política. En los últimos meses he tenido la oportunidad de tratar con bastantes de ellos y les agradezco el trato dispensado y la sensibilidad mostrada para que todos los alumnos del sistema educativo español tengan los mismos derechos en cuanto a reconocimiento de sus estudios y al acceso a una formación profesional adecuada y adaptada. Ahora deseamos que se concreten sus buenas palabras e intenciones. No menciono nombres porque me dejaría a muchos en el tintero del anonimato aunque no del olvido. También me he topado con unos pocos que transforman el bien público en el deseo particular de llevarse él los méritos y niegan el sí a una propuesta justa porque la han presentado otros. Son los menos y no me enfada, me entristece y deseo que cambien o dejen la política.

Los políticos o personas dedicadas a gestionar los asuntos públicos han de tener muy claro el principal objetivo de su noble misión: mejorar la vida social y particular de los ciudadanos a los que representan. Han de propugnar la justicia social, la igualdad, la ayuda a la persona con más necesidades, el pleno empleo y la vivienda digna. Una sanidad universal y gratuita, el acceso a la buena formación, consolidando la libertad de opinión y de prensa en toda la extensión del país y un largo etcétera.

Algunas de estas metas se consiguen y otras aún están lejos. Hay promesas reiteradamente incumplidas y se han de analizar, con honradez y honestidad, las causas, ya sea para promover un cambio de paradigmas e incluso de personas. Debemos caminar hacia un sistema con leyes más eficaces y eficientes, en el que se premie la calidad y la educación, la ayuda, el esfuerzo y el trabajo. Si nos situamos en esta perspectiva más global y sin tantos localismos podríamos acercarnos a una sociedad de todos y para todos.

Un concepto central de cualquier modelo gubernativo es la responsabilidad y eso supone tomar conciencia de que formamos parte de una red de relaciones, de que dependemos unos de otros, de que no nos vale el papel regulador de la reciprocidad (‘tanto me das, tanto te doy’) existente en la sociedad actual. La responsabilidad no trata de que si yo te doy tanto es para que tú me des exactamente lo mismo, porque eso dependerá de las necesidades y de las capacidades de cada uno. Este dar atendiendo a las necesidades y exigir según las capacidades ya se reconoce y se aplica en el ámbito de la familia, de los amigos y de la pareja, pero debemos aspirar a que no se quede restringido a esos ámbitos privados y se incorpore también al público, a la sociedad en su conjunto, a la administración, a la vida comunitaria. Si lo lográsemos estaríamos asegurando un presente enriquecedor y un futuro prometedor.

Estas afirmaciones no entienden de derechas ni izquierdas, ni de progresistas o moderados, ni de constitucionalistas o nacionalistas, ni de edades o razas y sí de una actividad propia del ser humano que se pone al servicio de una ética universal, con el propósito de generar una sociedad justa. Esta justicia fija sus raíces en la mismidad de la persona, en su esencia. El problema es el  centrarse en intereses personales o de grupos, transformando la política en una actividad  pobre y mediocre. Eso no debemos permitirlo. Es preciso recuperar un Parlamento y un pueblo ilusionados con el diálogo y los acuerdos, buscando la felicidad de sus ciudadanos y en la que participemos todos, sin excepción alguna.

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¿Y si tu hijo padece maltrato escolar?
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José María Fdez Chavero | 14-01-2017 | 10:46| 0

Es interminable el listado de comunidades, ciudades, pueblos que escriben historias de maltratos de unos niños violentos y desalmados hacia semejantes que padecen sus agresiones. Siento un profundo malestar personal cada vez que unos desalmados, aunque sean menores de edad, aprovechan su fortaleza física y numérica para castigar y maltratar a otros que son más débiles. Mis años de docencia y de consulta me han permitido conocer a personas que lo padecieron en su infancia y adolescencia y he visto cómo arrastran sus negativas consecuencias.

Se produce en todos los colegios, da igual que sean privados, concertados o públicos. Los tenemos entre los varones, entre las chicas y entre ambos. Casi siempre se genera en las aulas durante el intercambio de clases y en los patios, y los maltratadores violentos suelen ser los propios compañeros. Unos pegan y otros ríen y muchos callan por miedo a esos que se sienten los mejores del grupo y es curioso ver cómo entre ellos los hay que cuentan con las sonrisas y el beneplácito pasivo de algunos adultos. Lo sufren en el silencio de sus mentes, cabizbajos acuden al colegio y a las aulas, pierden la alegría de la edad ante tanta impotencia. Los padres no siempre se enteran porque no son capaces de decírselo a nadie y así pasan las noches soñando que llegará el viernes y podrán descansar unas horas, pero de nuevo el domingo termina y los deja desnudos ante tanta adversidad.

Comparto los testimonios de unos jóvenes que padecieron maltrato en su etapa escolar con el objetivo de sensibilizar y pedir soluciones reales a este impresionante problema. Lo comparten desde el dolor, la indefensión y nunca desde el rencor o el odio. “Soy un hombre que ha sufrido durante muchos años el desprecio y la humillación por parte de muchísimas personas que ni siquiera me conocían. Cuando eres pequeño te coges una rabieta, lloras y se te pasa rápido, pero llega una edad en la que no todo te da igual, que te afecta realmente. Se valen de insultos, vejaciones, amenazas, golpes y un infinito de acciones a cual más despiadada. Te destrozan, convierten en pedazos tu autoestima, tu valía, tus ganas de vivir, acrecientan tus inseguridades, miedos, te pisotean y desgraciadamente solo piensas en el violento”.

“Curioso, no hubo psicólogos, pedagogos, tutores, profesores, director, nadie que me echara una mano, nadie, aunque sí fueron todos testigos de lo que me estaba ocurriendo. He sido acosada durante un largo período de tiempo, he callado por miedo a represalias, vi cómo mis objetivos en la vida se fueron por el desagüe de la desesperanza. Pido a los que tienen poder en los centros educativos que estén atentos y no se limiten a dar lecciones de matemáticas, lenguaje, idiomas…”

“Yo era un niño bueno y no tardaron en aprovecharse de mí. No me gustaba el fútbol y tenía poco que compartir con el resto. Puedo decir sin exagerar que he estado prácticamente solo contra un grupo de acosadores que transformaron mi vida en una mierda durante unos ocho años. Mucho tiempo he arrastrado las consecuencias, algunas heridas han empezado a cerrarse hace poco y con otras he de convivir siempre”.

Valgan estas líneas para denunciar lo que puede estar ocurriendo a nuestro alrededor sin darnos cuenta, ya sea porque vivimos despistados o porque miramos para otro lado para no complicarnos la vida. Sea como fuere, estamos dejando que los débiles sigan estando a merced de los tiranos y violentos.

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Mitos y avisos sobre el suicidio
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José María Fdez Chavero | 08-01-2017 | 11:17| 0

El día que la familia emigraba a Madrid, les dijo a los padres que iba a la ermita a despedirse del santo y nunca más volvió. Dejar el pueblo y enfrentarse a la ciudad le sobrepasó y encontró la solución en la muerte. Han pasado unos años y deseo recordarle en estas líneas. Sus padres no se perdonaron el no darse cuenta de lo que vivía su hijo, pero es muy difícil saberlo y no debemos culparnos.

El suicidio es un grave problema, especialmente entre los adolescentes y por ello me detengo en este tema. No existe un único motivo para el suicidio, pero suele estar motivado por el deseo de terminar con el sufrimiento, la soledad y aislamiento. Piensan que da igual vivir o morir, que nadie lo notará. No pueden afrontar sus problemas y ven ahí la única vía de escape.

El suicidio está plagado de mitos que conviene desterrar. El primero es el de ‘las personas que hablan de suicidarse nunca lo harán’ porque casi el 80% han comentado previamente su intención. El segundo es ‘el hablar sobre el suicidio con una persona con esta tendencia provocará que lo intente’. El preguntar sobre las intenciones suicidas le hace ver que alguien se preocupa por él y su sufrimiento. Un tercero es ‘todos los suicidas desean morirse y nada se puede hacer’, pero lo cierto es que la mayoría se muestran indecisos entre morir o vivir y muchos buscan ayuda antes de cometer el acto suicida.

El mito de que es un acto impulsivo no es cierto porque casi todos son planificados. No debemos creer que si una persona ha intentado suicidarse no lo volverá a intentar, porque la mayoría tenía antecedentes. También es incierto que cuando la persona mejora en su estado de ánimo, el peligro de suicidio desaparece, porque casi todos los actos suicidas ocurren con la mejoría; es como si hubiese conseguido las energías para intentarlo.

Los mitos debemos desterrarlos y sustituirlos por las señales de aviso. Entre ellas, el haberlo intentado previamente, el hablar de suicidio como una manera de afrontar las dificultades, el suicidio de un amigo, la relación con drogas o alcohol. El suicidio puede estar cerca cuando habla mucho de esta posibilidad, cuando regala sus posesiones, hace testamento, escribe sobre la muerte, escucha continuamente música triste, lee historias trágicas, realiza planes sobre cómo cometerlo.

Ante esto, ¿qué hacer? Lo primero es tomar el asunto seriamente, responder a la petición de ayuda, ofrecer apoyo y comprensión sin minimizar el problema que le agobia. Si se tienen sospechas, lo más adecuado es interesarse por sus sentimientos, por su estado de ánimo y si se consigue su confianza, preguntarle si ha pensado en suicidarse. No hay que temer la posibilidad de hablar de ello porque es un paso adelante.

Escúchale, demuestra interés, no ofrezcas sermones moralistas ni hables del daño que puede causar. No parecer asombrado ni despreciar la situación y no decir frases del tipo ‘deberías estar agradecido por lo que tienes’ porque aumentarías el sentimiento de culpa. En esos momentos no se le puede dejar solo y pedir ayuda a un profesional.

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La solidaridad, la tolerancia y la justicia son valores imprescindibles para lograr una sociedad mejor para todos. Somos ciudadanos del mundo con el derecho a vivir y a ser respetado. Este blog quiere ser lugar de encuentro entre la Psicología y la Vida de todos los que lo deseen. Es posible hacer un mundo más justo.