Hoy

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Autor: Jmfch
Nos pertenece la Eternidad
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José María Fdez Chavero | 01-11-2016 | 8:09| 0

 

Les dedico mis palabras a nuestros seres queridos fallecidos con el deseo de que hayan encontrado la felicidad eterna.LA muerte nos genera inquietud y a nadie deja indiferente, hasta tal punto que puede agobiarnos su mera pronunciación. De ella tenemos experiencias, porque a todos se nos han muerto seres queridos: abuelos, padres, hermanos. Hay quien, incluso, ha tenido la enorme desgracia de enterrar a un hijo. Es personal e intransferible y aunque deseemos dar la vida por alguien, no le ahorraremos ese trance. Es un acontecimiento que afecta al sujeto, a la familia y a su sociedad, es algo natural, común a todo ser vivo y la afrontamos acompañados, pero el tránsito lo hacemos solos. La muerte nos inquieta, no estamos preparamos para afrontarla y de esto tratamos hoy.

Un día fuimos óvulos fecundados que nuestros padres tuvieron a bien dejarnos crecer y al nacer recibimos dos regalos. El primero fue la sociabilidad, nos dieron un nombre desde el que nos  relacionamos con el mundo y éste con nosotros, y el segundo fue nuestra cartilla del cómputo del tiempo y nos convertimos en «seres moribundos» como diría M. Heidegger. Esta realidad física tiene una existencia limitada que puede ser de 10, 30 ó 91 años. Pocas personas superan la barrera de los cien. La dimensión social se va desarrollando en relación con los otros humanos, con los animales, la naturaleza en su conjunto y también con Dios, que nos transciende y acompaña y nos proporciona placeres, dolores, momentos agradables y desagradables.

Si volvemos a la muerte hay que destacar que ningún animal tiene conciencia de la misma porque su condición, eminentemente física, conlleva el fin temporal. El ser humano, como realidad social, se resiste a aceptarla porque lo propio de esta dimensión son los afectos y estos no mueren. Estas relaciones afectivas son las que hacen de la muerte algo que nos da miedo porque nos aleja de las personas que queremos, de los proyectos inacabados, de las ilusiones, y de un largo etcétera. Si combinamos el final físico con los sentimientos que no tienen fin, entonces nos produce desconcierto. Enterramos a nuestros seres queridos y les seguimos queriendo, les echamos de menos, les percibimos en los recuerdos, en el aire. Nos duele la muerte porque no desaparece nuestro amor y tendremos que aprender a encararla desde aquí.

Debemos crear un estilo de vida basado en los sentimientos, en la confianza, viviendo desde el presente. Sabiendo admitir las pérdidas y los cambios, aceptando lo que no se puede modificar y sustituyendo lo que sí podamos. Hay que buscar el sentido a lo que uno hace y es, aunque sea algo sencillo y sin importancia, con la esperanza de que nuestra realidad social, afectiva y espiritual transcienda el tiempo y viva en los demás. Un estilo de vida basado en ayudar, en el que se valore el esfuerzo y la solidaridad. Es crear una vida en la que se comprenda al que lo pasa mal con la esperanza en una vida mejor.

Hoy es un buen día para comenzar a poner en práctica este estilo que nos proporciona una adecuada preparación para la muerte física. En la vida somos nosotros los que decidimos qué hacer ante cada situación, intentemos hacer nuestras elecciones desde una perspectiva positiva, que nos lleve a estar mejor con nosotros mismos y con los demás, y si nos confundimos entonces rectificamos y volver a intentarlo. Difícil, ¿verdad? Pero no imposible. Muchos hombres y mujeres, algunos conocidos por nosotros, nos dieron las claves con sus vidas y sus despedidas físicas para afrontar este tema difícil de la muerte y a ellos les pertenecen estas palabras mías y estos recuerdos nuestros, además de la eternidad.

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“Paciencia hijo, el tiempo pone a cada uno en su sitio”
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José María Fdez Chavero | 30-10-2016 | 10:37| 0

 

¿Somos tan diferentes?

Cuando era pequeño, mi madre me enseñó que no me tenía que fiar de las primeras impresiones y que no podía juzgar a una persona sin haberla conocido primero.  Pero desgraciadamente todo el mundo no hace lo mismo. Soy un hombre que ha sufrido durante muchos años el desprecio y la humillación por parte de muchísima gente que ni siquiera me conocía. Cuando eres pequeño te coges una rabieta, lloras y se te pasa rápido. Pero llega una edad en la que no todo te da igual, que te afecta realmente.

Me ahorraré citar la retahíla de calificativos que me han puesto por peinarme distinto, por juntarme más con niñas que con niños cuando era pequeño, porque no me gustaba el fútbol y me encantaba la gimnasia rítmica, por ser buen estudiante y un largo etcétera. Además, tengo un problema urinario que después de siete intervenciones quirúrgicas aún no se ha resuelto y lo único que han hecho ha sido deformarme el pene. Esto me ha impedido hacer cosas tan corrientes como ducharme en un vestuario común. No me atrevía, bastante tenía yo como para aguantar más todavía. Es una simple hipospadia, pero como en los pueblos se tiende a la invención, se llegó a decir que no tenía pene. Era lo que faltaba para el insulto que más daño podía hacerme: maricón.

Yo pedía a mis padres que por favor me dejaran venir a terminarla ESO en Badajoz. Pero ellos me reiteraron una y otra vez que esperara, que el tiempo y Dios ponen a cada uno en su sitio. Fue entonces cuando José María entró en mi vida. He de reconocer que al principio me costaba contarle todas estas cosas (no es agradable recordar todo el daño que me hicieron). Pero gracias a todo lo que le conté, me ayudó a salir del bache y a enfrentarme a una nueva etapa de mi vida.

Se acercaba el final de mi etapa como estudiante en mi colegio de toda la vida y cambiarme al instituto (al cual van chicos de otros pueblos de alrededor). Mi temor era que los y las chicas me insultaran tanto como siempre. Y efectivamente así pasó. Gente que era la primera vez que me veía me insultaba y yo lo único que hacía era preguntarme ¿por qué sin ni siquiera conocerme como soy me insultan y me humillan?

Pero gracias a los apoyos que he tenido, conseguí tirar para adelante, terminar mis dos años de bachillerato en el pueblo y hacer la selectividad. Llega un momento en el que parece que nos volvemos un poco más sensatos, y gente que me insultaba se me acercó, me conoció realmente y me llegaron a decir: “te hemos juzgado sin conocerte, y nos hemos dado cuenta de que eres una gran persona”.

A lo largo de todo este tiempo aprendí que las cosas que realmente me tenían que importar eran aquellas que me decían las personas que me quieren, no las palabras, insultos o humillaciones provenientes de personas que ni siquiera se saben mi nombre!

Mi vida no ha sido precisamente un camino de rosas. He sufrido muchísimo, pero creo que gracias a ello soy la persona que soy, he alcanzado el grado de madurez que tengo y he aprendido muchas cosas (aunque a veces haya sido a base de lágrimas). A día de hoy llevo dos años viviendo en Badajoz, estoy estudiando una carrera que me gusta y una futura profesión que adoro, y estoy rodeado de gente a la que quiero muchísimo y sé con total seguridad que ellos me quieren a mí tal y como soy.

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¿Condenados a ser pobres?
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José María Fdez Chavero | 26-10-2016 | 5:38| 0

NACÍ pobre, soy hijo de pobre y Dios quiera que no muera como un pobre». Lo dijo un inmigrante subsahariano cuando fue detenido tras cruzar el estrecho de Gibraltar en un cayuco. Es una de las muchas miles de personas que han arriesgado su vida buscando el sueño de vivir mejor y poder ayudar a su familia. Sus vidas valen tan poco que les merece la pena jugárselas para llegar al paraíso occidental. Si nosotros estamos mal, ellos ni están. En España hay cada vez más pobres y algo de pobreza, pero ellos la mastican a diario porque nacieron y viven en medio de ella, en esa miseria que supone el no tener nada, ni lo más básico para poder subsistir.

Se habla mucho de los pobres y de la pobreza en el mundo, tanto desde la religión, como desde la filosofía, la economía o la política. Predica la religión católica que le es más fácil a un camello pasar por el hueco de una aguja que a un rico entrar en el reino de los Cielos y en otro pasaje se dice venid benditos de mi padre porque tuve hambre y me distéis de comer, tuve sed y me distéis de beber Ambos textos forman parte de toda una doctrina en la que se hace del pobre el principal destinatario de la misma. Debe seguir siendo así, sin despistarse ni entretenerse en cuestiones secundarias, aunque no de palabras vive el hombre.

Decía Carlos Marx que la acumulación de riquezas por un lado significa la acumulación de pobreza por otro y que esta situación origina la lucha de clases. En esa lucha, los pobres perderían una y otra vez porque no es la mejor manera de salir de la pobreza. Se lucha para reducir las desigualdades y se acusa al liberalismo, no sin razón, de predicar una igualdad estrictamente jurídica ante la ley, mientras permanece impasible ante los contrastes sociales de riqueza y pobreza, de cultura y analfabetismo. Todas las opciones políticas que van en esta misma dirección han fracasado una y otra vez porque es muy difícil salir de la pobreza si no es generando mayores riquezas y en esto no han resultado ser muy versados. Es verdad que habría que modificar un reparto del capitalismo injusto; no puede ser que el 10% de la población se reparta el 80% de las riquezas mundiales, pero no creo que esto sea suficiente.

Aunque el neopositivismo prescinde de la idea de Dios y la doctrina marxista sitúa en la ignorancia y el miedo el origen de la idea de Dios y de toda religión, estoy convencido que sigue siendo el mensaje de igualdad y de liberación de la religión católica uno de los mejores antídotos que se debe seguir desarrollando ante una pobreza que se ha cronificado. También necesitamos políticos y nuevas doctrinas económicas que busquen soluciones reales y que no se queden en la satisfacción de las necesidades puntuales mediante escasas subvenciones y subsidios que a medio plazo empobrecen a la persona, incluso en sus pretensiones vitales. Seguir luchando por el derecho a tener un trabajo digno y bien remunerado es una de las mejores maneras de generar riquezas y de erradicar la pobreza y es el mejor camino para aspirar a la realización plena.

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El negocio del “Te quiero”
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José María Fdez Chavero | 23-10-2016 | 8:40| 0

El poder del amor

El buen negocio, según los expertos en economía, es aquel que requiere poca inversión para iniciar y mantener la actividad, sus gastos son escasos y sus ganancias son abundantes y rápidas de obtener. Este negocio del que hablo en estos tristes y penosos momentos de una crisis despótica no necesita materia prima, ni naves de almacén, ni maquinarias ni mucho personal. Todos podemos acceder a él y la actividad empresarial se realiza tanto en casa, como en la calle o en el supermercado, en cualquier lugar en el que haya un ser humano por el que sintamos verdadero aprecio.

Lo primero que debemos hacer es preguntarnos por cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que dijimos te quiero a una de esas personas y nos encontraremos posiblemente con una gran variedad de respuestas, según sean las circunstancias de cada uno. Si tenemos hijos pequeños habrán transcurrido unos segundos o escasos minutos desde la última vez, si se trata de hijos que hayan superado la barrera de la pubertad el número de veces disminuye para casi desaparecer en la juventud, y en el caso de la pareja todo dependerá del número de años que tenga la relación. A más años de la misma, menos veces se dice te quiero y mayor es el intervalo entre uno y otro.

Si nos referimos a los padres y ya hemos superado la edad de los diez años tendremos como respuesta, con un tanto por ciento cercano al cien, los años resultantes de restar a los que ahora tenemos los diez mencionados. Así, alguien con treinta años puede llevar veinte sin expresar con palabras sus sentimientos a las personas que están a su lado, en las alegrías y penas, risas y llantos, desvelos y satisfacciones, cuidados en la enfermedad. Esas personas son las que le dieron la vida y siguen dispuestos a hacerlo en cualquier momento y lugar desde la gratuidad del que ama.

En el caso de los hermanos sucede lo mismo. Es llamativo que tardemos tanto en expresar nuestros sentimientos a esos con los que compartimos padres y abuelos, juegos y alguna que otra pelea, cumpleaños y habitaciones, ropas y confidencias, navidades y funerales… Más difícil puede resultar con un amigo, aunque sea de esos que conocen nuestras más secretas intimidades y flaquezas, si bien los nuevos tiempos de tolerancia han suprimido algunos de los pudores.

Un te quiero no solo ayuda y engrandece a quien lo expresa, sino que hace sentirse bien y sube la autoestima de quien lo escucha. Un te quiero cambia la dinámica de la conversación que se va transformando en discusión, ayuda a aceptar las pobrezas propias y del otro, empuja a luchar, a sobreponerse y a afrontar las dificultades. Varios te quiero consuelan al que sufre, tranquiliza al inquieto, alienta al que no llega a la meta y anima al triste.

La inversión que se necesita efectuar es cero, el gasto es muy reducido y las ganancias se cuentan en plurales, en sonrisas, abrazos, agradecimientos, favores e incluso sorpresas agradables. Este es el negocio de toda la vida, el que hoy mismo animo a comenzar y al que abuelos, padres, hijos, hermanos, parejas y algunos amigos estamos invitados. Habrá que superar ciertas vergüenzas y absurdos pudores, como el que tiene el que firma estas líneas, pero es tanto lo que se gana que merece la pena unos segundos de cierto sonrojo que disminuye a medida que se repiten.

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Miramos de frente al cáncer
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José María Fdez Chavero | 18-10-2016 | 9:55| 0

cancer

Tengo la dicha de contar con el permiso de muchas personas para colarme en sus vidas y conocer sus interioridades y secretos más íntimos, los cuales me han enriquecido como profesional y, sobre todo, como persona. Unas me abrieron sus mentes y compartieron ideas y creencias, otras hicieron consultas relacionadas con el mundo de los sentimientos y la inmensa mayoría pusieron sus penas entre ellos y yo. En ese proceso de relación profesional se establecieron vínculos de todos los tipos, de cariño mutuo, de penas y tristezas, y también hubo algunos de cierta rabia, y todos ellos repletos de respeto y aceptación.

Y llega el momento de escribir una de esas historias de vida, sin miedos ni tapujos, con el rostro sonriente y mirando al frente. Son líneas de reconocimiento y de sencillo homenaje anónimo a todas las personas que están afrontando la enfermedad, cuyo nombre nos da miedo pronunciar, con coraje y valentía. El día que le diagnosticaron el cáncer de mama llegó a la consulta con mirada ausente y ojos llorosos, se sentó con lentitud diciendo que traía malas noticias de la biopsia. Se confirmaba de esta forma la sospecha inicial y esto le ocurría a una persona que ya tenía la pena y la tristeza arraigada en su espíritu desde hacía varios años. A partir de ese instante mágico, salieron palabras de fuerza y de ánimo, recuerdo su frase: “no va a poder conmigo y me tienes que ayudar”. Después vinieron las sesiones de quimioterapia con sus molestas náuseas y sus vómitos, con algunos hongos bucales que precisaron su propio abordaje médico, la temida y poco estética caída del pelo y un ingreso hospitalario por bajada de defensas. Terminaron esas sesiones con gran alegría para ella y consuelo para los muchos que le acompañamos durante ese tiempo. Llegaron las 33 sesiones de radioterapia, algo menos agresiva, pero que precisaron delicados y constantes cuidados de la piel con cremas y jabones especiales.

En este largo y penoso proceso se han experimentado las más variadas sensaciones, desde la impotencia del que se enfrenta a una enfermedad agresiva, pasando por las situaciones de gozo proporcionadas por las muchas muestras de afecto recibidas, hasta las lágrimas de dolor, las palabras afectivas de sus familiares, la sorpresa por la aparición de un sombreado de pelusa incipiente. Esta persona, joven y buena, tiene una familia que arropa y empuja, que acompaña y anima, con un marido que lleva desde el silencio su apoyo incondicional, y una hija que ha crecido varios años en pocos meses y se hizo una mujer responsable y sensible.

Su lucha en el presente, con esa inmensa capacidad mostrada para compartir con orgullo los momentos familiares y de los amigos, hace de esta mujer un ejemplo para todos los que la conocemos. Sus respuestas desde la aceptación y el afrontamiento son verdaderas lecciones de madurez y es una manera de decirle al cáncer que se le respeta pero que se le combate desde la esperanza en una vida que tiene sentido, aunque no siempre se encuentre. Esa enfermedad que a nadie discrimina y que atemoriza, podrá acabar con muchas sensaciones pero no con el poder del amor y de la vida. A todas esas personas que viven en la realidad de un cáncer que les ha cambiado su estilo de vida les dedico mis palabras de ánimo y les deseo, en medio del dolor, la dicha de sentirse querido.

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La solidaridad, la tolerancia y la justicia son valores imprescindibles para lograr una sociedad mejor para todos. Somos ciudadanos del mundo con el derecho a vivir y a ser respetado. Este blog quiere ser lugar de encuentro entre la Psicología y la Vida de todos los que lo deseen. Es posible hacer un mundo más justo.