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Autor: Jmfch
“Si tu hija es conflictiva…”
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José María Fdez Chavero | 03-07-2017 | 9:41| 0

 

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Expresión dicha por una madre a un padre, en la puerta del colegio, unos minutos antes de llegar el autobús en el que venían sus hijas de una excursión. Esa frase la completó con “no paró de llorar durante toda la noche, dígalo en el colegio para que la pongan sola porque no ha dejado dormir a la mía” A los pocos minutos llega el autobús con los niños cansados y deseosos de encontrarse con los padres después de día y medio fuera de casa. Besos y saludos cargados de sonrisas, con algunos churretes en las caras, manchas en las camisetas y los ojos rezumando innumerables y magníficas vivencias que nunca olvidarán.

Los padres de la llamada “niña conflictiva” comunicaron a los profesores encargados de la excursión lo sucedido y escucharon sus respuestas que ya intuían sin haberla oído antes, porque ellos sí conocen a su hija, saben que no es conflictiva y sí encantadora. Contaron que unos sollozos al acostarse y nada más, ese fue el inmenso drama de lo sucedido. El problema no son las niñas, sino los adultos cuando nos dejamos llevar por prejuicios cargados de ignorancias atrevidas. La sociedad y el colegio tendrán que continuar con la formación y la sensibilización para superar estas situaciones injustas.

No es la primera vez que escribo sobre este tema, ya lo hice años atrás cuando una guardería se negó a aceptar un niño con síndrome de Down, argumentando que no tenían personal cualificado para atenderlo. Animé a los padres a denunciar, pero influencias y algunas peticiones de perdones enterraron en el olvido tanta discriminación, pero al niño no le abrieron las puertas.

También recuerdo la negativa de una discoteca para que un grupo de chicos y chicas con síndrome de Down entrasen a bailar porque el foro estaba lleno mientras no dejaban de entrar otras personas. Incluso el dueño tuvo la desfachatez de quererles invitar a tomar algo en una cafetería cercana. Tengo más ejemplos, pero son suficientes para lo que pretendo.

Las personas con síndrome de Down llevan padeciendo durante todas sus vidas las lástimas de algunos, las valoraciones desde lo negativo de otros y la ignorancia de no pocos. Y lo peor es que esos tres grupos creen que sus actitudes reflejan la verdad. No me estoy refiriendo a sujetos mal intencionados ni de poca formación, a estos los dejo aparte. Me fijo en personas formadas, incluso universitarios, que han optado por mirar hacia otros lados, creyendo que los problemas se solucionan sin afrontarlos.

A las personas hemos de conocerlas desde lo que son y no desde lo que no poseen, más desde sus cualidades que desde sus limitaciones, más desde sus capacidades que desde las carencias y esto ha de ser así con todos. Una sociedad que no cuida a sus miembros con más necesidades vive en la mediocridad y muy por debajo de sus posibilidades y ya es hora de que cambie. Se puede conseguir desde la unión de los que pensamos así.

Agradezco a las personas con síndrome de Down y a las mal llamadas discapacitadas sus existencias, convencido de que son demasiados aún los que no captan sus grandezas, bondades y dificultades. El final de la historia es precioso, como no podía ser de otra manera teniendo tan grandiosa protagonista: la niña contaba a sus padres lo bien que se lo había pasado, con su voz entrecortada por la ronquera y por un sueño que terminó venciéndola.

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El tiempo en Política
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José María Fdez Chavero | 26-06-2017 | 12:24| 0

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Le recuerdo a los políticos que estamos esperando una ley de inclusión que permita a las personas con necesidad de adaptaciones curriculares disfrutar de sus derechos de igualdad. Para el ciudadano las horas tienen 60 minutos y las semanas 7 días, pero para los políticos esto es una incógnita difícil de resolver.

Sabemos que la vida política de un país, de una colectividad, tiene dos momentos diferentes en duración e intensidad, en sinceridad y confianza, los primeros años de mandato y el último, el que antecede a las votaciones. La primera parte, en el mejor de los casos, está formada por los esfuerzos para alcanzar lo prometido en la campaña electoral y en la segunda se pregona lo alcanzado y se matiza y justifica las razones por las que otras no se han conseguido.

Me permito ejercer un derecho reconocido en las democracias, el de dirigirme a los políticos para hacerles algunas peticiones. Lo hago acompañado de un grupo de jóvenes, inquietos intelectual y afectivamente, como procede cuando se está en la etapa apasionante y contradictoria de la adolescencia y se acercan a la ética y a la política.

Me dirijo a todos, sin salvedad ni acotando ideologías y siglas, por muy escasos que sean sus votos porque respeto profundamente cualquier opinión y porque detrás hay un hombre o una mujer convencidos de que esos políticos son los mejores. En mis palabras no hay atisbo de rabia, ni de críticas, ni ambiciones de estériles vanaglorias que, por suerte, nunca he tenido. Lo que existe es la sensibilidad de unas cuantas personas de distintas edades que compartimos inquietudes y sueños y deseamos expresarlo en público.

La Declaración de los Derechos Humanos, aprobada en 1948, nos abrió a la esperanza de tener una sociedad más justa, como ya deseaba Platón en el siglo IV a. C. o estos jóvenes del siglo XXI, pero los años pasan y persisten demasiados derechos incumplidos. Con excesiva frecuencia vemos en los medios de comunicación situaciones injustas y no hace falta salir de nuestras ciudades y pueblos. Vemos personas, paisanos, con los que compartimos calles y parques, rebuscar en los contenedores de basura, o pedir comida para satisfacer una boca hambrienta y un espíritu decaído, o dormir en las calles o padecer estrecheces y necesidades sin más culpa que la de vivir en una sociedad en la que el trabajo es un bien escaso, etc.

También nos preocupa que haya comunidades, ciudades, pueblos, barrios y ciudadanos de primera y de segunda. Unos se llevan más ayudas que otros con el consiguiente perjuicio para los que reciben menos y no debemos quedarnos con la conciencia tranquila pensando que siempre ha sido así o que no podemos cambiar la situación. Esto mismo le respondía yo a uno de esos jóvenes cuando me decía que “esta situación no hay quién la cambie”. Ojalá se confunda y acepte mi sugerencia de involucrarse más en la vida social porque tiene capacidad intelectual y sensibilidad suficiente para ello.

Deseo que formemos parte del grupo de ciudadanos que al entrar en casa se encuentre con la familia, con un plato de comida y unas comodidades que nos permitan seguir avanzando como personas. No es bueno, ni ético ni humano ni cristiano, quedarse anclados en nuestro pequeño mundo, mientras haya vecinos que no tienen ni lo mínimo para vivir dignamente. Dedicamos este escrito a los políticos y les animamos a convertir la política en camino de entendimiento y en plataforma para hacer un mundo más justo.

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Grandes seres humanos
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José María Fdez Chavero | 20-06-2017 | 12:39| 0

miguel-angel-blancoMuchos hombres y mujeres a lo largo de la historia han dado la vida por sus ideas, creencias, sentimientos. Sus verdugos los dejamos en el más absoluto de los anonimatos y olvidos porque ellos ya tuvieron su minuto de macabra gloria.

Estamos continuamente a merced de los medios de comunicación que nos saturan de información, la mayoría de ellas de carácter negativo para el ser humano y que nos sitúan en el dolor y en el sufrimiento, pero también las hay que nos hablan de personas que engrandecen la condición humana y que hacen de sus vidas verdaderos testimonios de heroicidad.

Las desgracias nos entristecen y nos duelen, pero también nos ponen en contacto con personas que hacen de la donación y de la entrega signos de su identidad. Son héroes, como diría Hegel, que nos van apuntando nuevos modelos de vivir y que nos hacen avanzar en la línea de la convivencia, de la esperanza y de la justicia.

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Educar en el Deporte
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José María Fdez Chavero | 19-06-2017 | 12:15| 0

baloncesto-femeninoMis más sinceras felicitaciones a la selección española femenina de Baloncesto por su ejemplo de equipo y por sus éxitos deportivos y humanos. Gracias.

Renunciamos a parte de los descansos de fines de semana para acompañarles en sus actividades deportivas y lo hacemos con gusto, con algo de sacrificio y siempre convencidos de que el deporte no ha de traer elementos negativos para su desarrollo físico, psíquico, social, conductual y afectivo.

El deporte es equipo. Son ilusiones, esfuerzos, silencios… mucho más que dinero y fama. Nos transforma en sujetos resistentes al cansancio, nos enseña la senda de la solidaridad con los del propio grupo, pule los estériles egoísmos y falsas vanaglorias. Nos convierte en personas disciplinadas con las estrategias ensayadas en los entrenamientos, nos prepara para obedecer al que marca el ritmo del equipo, y nos enseña el camino del compartir. Si nos detenemos en el comportamiento que se ha de tener con el contrario debemos señalar una serie de valores a inculcar como son el juego limpio, el reconocimiento de los aciertos hasta el punto de felicitarles, la discreción con sus fallos y la capacidad de reconocerles sus capacidades y habilidades.

Y con el encargado de aplicar las reglas de juego, o árbitro, se tiene que colaborar para que sea posible el desarrollo del encuentro y para eso hay que ser claro y transparente, nunca un simulador de faltas inexistentes que confunden y generan mal ambiente.

Esto y mucho más es lo que esperamos de los deportes que ejercitan nuestros hijos y de los deportistas que son sus héroes y modelos, pero no siempre es así. No doy nombres porque todos cometemos fallos y, además, porque no ayuda el demonizar a nadie. Ojalá se encuentren con familiares y compañeros que les hagan ver el error que cometen con ese tipo de actos.

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Conductas como pelearse con el contrario, escupirle, reírse de sus desaciertos y fallos, golpearles en el barullo del grupo, insultarles en el silencio a los oídos, pisarles con el único propósito de dañarles y provocarles para que se descontrolen no son comportamientos propios de sanos deportistas y sí lo son de jugadores sicarios que transforman el triunfo en el dios de sus vidas hasta llegar a confundirles y hacerles creer que la victoria se puede conseguir a base de engaños. Si a eso le añadimos que son personas con unos sueldos desorbitados para los tiempos que corren, entonces comenzamos a hablar de espectáculos que no educan y sí confunden a los más jóvenes.

En esta vida hay que estar convencidos de que no todo vale aunque suponga la victoria, y no es una buena filosofía el creer que el fin justifica los medios. El buen ejemplo para ser imitado es una de las formas más habituales de aprendizaje en nuestra sociedad, hagamos entre todos que sea una realidad. No hagamos del mal ejemplo una realidad a la que nos acostumbramos y vemos en los medios de comunicación con excesiva frecuencia.

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La grandeza es y será la unión
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José María Fdez Chavero | 13-06-2017 | 9:58| 0

 

La palabra maestro designa a la persona que domina una ciencia, un arte, un oficio y hay tantos como actividades o saberes teóricos y prácticos existen. Hablamos de maestros de primaria o de infantil o de educación física o de educación especial, y de la alfarería, de la pintura, de las artes gráficas o marciales, de la construcción y un largo etcétera. Siempre que se desea destacar el buen hacer de alguien se le denomina habilidoso del mismo que es igual que llamarle maestro. Entre sus muchas cualidades están la sabiduría, la templanza, la prudencia, el esfuerzo y la constancia. Suelen ser discretos en la ejecución de su destreza y humildes en los reconocimientos que les hacen los demás, aunque esta virtud no se da siempre.

En sus historias personales y familiares hay muchas horas de estudios, de soledad y  renuncias, de ensayos y entrenamientos, de prácticas, hasta llegar a ser especial en esa ocupación, pero esto no implica que lo sea en otras. Sobresalir en el desempeño de una actividad no supone, al no tratarse de vasos comunicantes, que se encuentre capacitado para opinar, valorar, catalogar, enjuiciar como perito en otras diferentes a la suya. El experto de las letras no tiene que serlo de los números, el conocer y dominar algún idioma no comprende la técnica de los pinceles y lienzos, el ser diestro del balón no incluye la aptitud de la que goza el de la raqueta y así podríamos recorrer el inmenso mundo de las habilidades humanas. Tampoco el afamado de los escenarios y celuloide ha de ser especialista en enseñanza o en sanidad o en economía.

En España tenemos la suerte ganada y merecida de disfrutar de libertad de prensa y de opinión que tanto ha costado, pero eso no le otorga el derecho a nadie de valerse del lugar que le proporciona su maestría para adentrarse vagamente y sin reflexión en el campo de otros. Somos muy dados a proclamarnos médicos sin haber estudiado medicina, o abogados sin saber a fondo el mundo del derecho, seleccionadores de fútbol sin tener un mínimo cursillo de entrenador, sacerdotes sin estudios de teología o cocineros sin saber distinguir el perejil del cilantro. Se precisan maestros sabedores de su dominio que exploten al máximo su habilidad para así avanzar más de lo que lo hacemos en la actualidad y no caer en un despotismo ideológico.

Tan cierto es el atrevimiento en la sociedad en general que el pueblo acuñó el acertado dicho de “la ignorancia es muy atrevida”,  hasta el punto de que el no saber se manifiesta en que no nos damos cuenta de nuestro desconocimiento en ese asunto. También el gran filósofo ilustrado francés, Voltaire, declara que la ignorancia afirma o niega rotundamente mientras que la ciencia duda. Claro que podemos opinar de los asuntos y temas que deseemos pero no lo hagamos creyéndonos expertos sin serlo. No aprovechemos el rango que me proporciona mi maestría para desprestigiar la de los demás aunque disfrutemos de micrófonos y de libertad. El riesgo que corremos es  confundir, desorientar o desanimar a los que confían en nosotros por lo que sabemos merecidamente y podríamos convertirnos en maestros del atrevimiento y del descaro.

España es una democracia joven que se asienta en el deseo de paz de los ciudadanos. Tiene errores y aciertos, y siempre presente el recuerdo de tiempos pasados en los que la sinrazón se adueñó de la vida privada y pública de los españoles. La grandeza es y será la unión.

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La solidaridad, la tolerancia y la justicia son valores imprescindibles para lograr una sociedad mejor para todos. Somos ciudadanos del mundo con el derecho a vivir y a ser respetado. Este blog quiere ser lugar de encuentro entre la Psicología y la Vida de todos los que lo deseen. Es posible hacer un mundo más justo.