Hoy

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Autor: Jmfch
Da respeto, recibe respeto
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José María Fdez Chavero | 29-05-2017 | 1:11| 0

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Son condicionales, por tanto, pueden o no darse. Si eres nacionalista y pides respeto a tus ideas y símbolos y no respetas los de los demás entonces eres fuente de conflicto y te encuentras muy alejado de la convivencia pacífica. Si tienes ideas y convicciones republicanas y no respetas a los monárquicos o viceversa, o si tu bandera tiene colores diferentes a la mía y la abucheas entonces corres el riesgo de que no respete la tuya.

Si vas por la vida de demócrata tolerante y conviertes la libertad de expresión en tu seña de identidad, pero no aceptas que yo también reclame mi derecho a expresar mis creencias entonces me desconciertas. Si vas de adalid de la anticorrupción y no te enteras de que muchos de tu mismo grupo son corruptos entonces debes abandonar la política, no por falta de honradez sino por incompetencia. Si haces de la sanidad pública y universal un baluarte de tu ideología humanitaria y social, económica y política, pero tu hijo nace en una de las clínicas privadas más cara de la sanidad mundial entonces pienso que no eres coherente con tus ideas.

Si defiendes a ultranza la educación gratuita en centros públicos, no así concertados, pero llevas a tus hijos a universidades privadas al alcance de unos pocos entonces estás inmerso en una mentira. Si calificas de salvajada la tauromaquia y recibes en tu casa a una persona incapaz de condenar un atentado terrorista en el que mueren seres humanos entonces es que tienes una escala de valores errónea y perversamente enferma y no porque defiendas al toro.

Si les dices a los militares que prefieres su ausencia de los actos públicos y te dejas financiar por regímenes totalitaristas, entonces es que vives instalado en la inmoralidad de la desfachatez. Si predicas un Dios Amor y no eres capaz de acoger al hermano diferente a ti entonces no eres digno de seguir a ese Dios. Si hablas de la lucha obrera con el puño en alto y evades lo que ganas. Si haces una crítica continua del capitalismo y vives placenteramente inmerso en él, disfrutando de sus ventajas, mientras otros padecen sus injusticias, pasándolo mal y con graves carencias, entonces no eres digno de ser de izquierdas.

Si pides respeto para tu ateísmo e insultas y te burlas de mis creencias, entonces me generas mucha perplejidad. Si eres un gran defensor de la integración social y laboral de los sectores de población menos capacitada o favorecida debes facilitarle los medios para que puedan conseguirlo.

Ser de derechas o de izquierdas, homosexual o bisexual o heterosexual, comunista o capitalista, ateo o creyente, nacionalista o independentista, demócrata o tecnócrata, son diferentes maneras de estar en la vida. Lo que no se puede ser nunca es lo contrario de lo que se predica y autoproclamarse salvador. Cuando eso sucede entramos en un sin sentido desconcertante y generador de desfachatez, no ayuda a nadie y da mucha pena. Dedico estas líneas a los españoles coherentes con sus ideales y creencias, coincidan o no con las mías. Nos definen nuestros actos y finalizo con unas palabras de Jean Paul Sartre: eres dueño y responsable de tus decisiones y son las que van definiendo y modelando tu existencia.

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¿Hasta cuándo?
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José María Fdez Chavero | 25-05-2017 | 9:08| 0

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Lugar santo

Dedico esta reflexión a Ignacio Echeverría asesinado en Londres el tres de junio por unos asesinos yihadistas cuando fue a defender a una mujer. Personas como tú, Ignacio, hacéis grande al ser humano. Descansa en Paz y gracias por tu vida.

No podía faltar la pena y la tengo. En los últimos meses y años se sucede la barbarie asesina de la intolerancia y de la locura asesina. Se ha escrito mucho en los últimos años sobre el integrismo islamista, salpicado cada cierto tiempo por actos terroristas abominables en una lista en continuo aumento. Londres, Manchester, Pakistán, Bruselas, París, Madrid, Irak, Nueva York, Siria y un largo etcétera son parte de esa barbarie en la que unos iluminados asesinos matan a inocentes en nombre de un dios que tan solo existe en sus mentes enfermas.

El Dios llamado Alá nos invita a atender al pobre y al necesitado, a rezar para ser mejores personas, a controlar las propias pasiones para sentirnos libres de ataduras internas y externas y, sobre todo, a amar y amar. Alá es grande, como lo es Dios. Las relaciones occidente y oriente, norte y sur han sido desiguales a lo largo de los siglos y hay épocas en las que los primeros han abusado de los segundos, pero eso no justifica la sinrazón de los actos terroristas.

La archiconocida frase de que “el tiempo pone a la gente en su sitio” no es cierta, es una patraña. Es una expresión inventada cuando no encontramos solución a una situación injustificable e incorrecta, que nos sobrepasa o hunde. El tiempo pasa y se termina y mientras tanto el ser humano experimenta infinidad de sensaciones, emociones y vivencias, adquiere habilidades y aprendizajes diversos, salen arrugas y canas y despedimos a demasiados seres queridos.

El tiempo en sí mismo es inerte, no hace nada, tan sólo es testigo del desgaste de la vida y del envejecimiento. Mientras eso ocurre los hombres y mujeres deberíamos crecer y adquirir madurez y capacidad para darnos cuenta de los errores propios y ajenos. Después buscar la manera de subsanar el fallo y mejorar lo que se esté realizando.

Si nos damos un paseo por la historia confirmaremos que el tiempo no la cambia, lo hace la especie humana. Las revoluciones surgen desde el descontento continuado por la injusta desigualdad, por las faltas de libertades de una mayoría causada por la dictadura de una minoría.

Se han padecido totalitarismos de todos los tipos y signos, porque la tiranía no tiene color ni ideología ni creencias, tan solo entiende del egoísmo descontrolado de los opresores. Cuando en una sociedad no se respeta la dignidad de los demás porque son más débiles o menos favorecidos o más pacíficos, entonces éstos adquieren el derecho a rebelarse y la obligación a defenderse y a velar por la supervivencia propia y de los suyos sin esperar que el tiempo pueda hacer algo para lo que no está capacitado. Ahora bien, la defensa debe conllevar educación, diálogo, búsqueda de soluciones.

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Ser humano y naturaleza: ecología integral
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José María Fdez Chavero | 23-05-2017 | 9:04| 0

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Fragmento de la charla impartida en Guadalupe con motivo del día del enfermo y de la ecología el 20 de mayo de 2017)

Nuestro cuerpo está formado por muchos órganos y miembros. Todos son necesarios para encontrarnos bien. Una pequeña y diminuta piedra en los zapatos nos obligaría a detenernos para quitarla. Sabemos que la cabeza, el corazón son fundamentales, pero también esas piernas que nos permiten caminar o esa sonrisa que nos abre el corazón del hermano. Todas y cada una de las partes de nuestro cuerpo son importantes y debemos cuidar. En medio se encuentra la enfermedad y la muerte, el día a día de nuestra existencia.

Al igual que sucede con nuestro cuerpo, sucede con la naturaleza. Si el grano de trigo no muere, no tendremos cosechas. Si no hay viento, los árboles no reciben el polen y no nacen los frutos. Si no hay sol, la humedad pudriría todo. Si no llueve, desaparece la vida. La naturaleza es un conjunto de seres, todos necesarios para que funcione bien y entre ellos se encuentra el hombre y la mujer.

Nos consideramos los dueños de la naturaleza, pero no es cierto. Ningún dueño maltrata Girasolessus propiedades como nosotros hacemos con la naturaleza. No se nos ocurre introducir una bolsa de plástico en nuestra botella de agua, ni esconder una lata vacía debajo de una alfombra y, sin embargo, sí lo hacemos en nuestro entorno. El hombre sin animales o sin plantas o sin agua o sol o viento no es nada. Somos una parte pequeña de la vida y la naturaleza.

Y en medio de ambas realidades, grandes y pequeñas a la vez, el ser humano y la naturaleza, existe una pregunta y una respuesta que da sentido y nos une: ¿Qué queremos en la vida? La respuesta es unánime: quiero ser feliz. Coincidimos en el deseo de ser felices y resulta grandioso tener algo que nos una.

Y ¿Qué es la felicidad? ¿Qué es ser feliz? Me atrevo a afirmar que podríamos consensuar que es estar en paz con uno mismo, con los demás, con el entorno y con Dios, si somos creyentes. Para que sea posible es necesario aceptar lo que somos y tenemos, con deseos de crecer como persona en medio de una sociedad necesitada de bondad, sabiendo poner límites a aspectos de la vida actual que no ayudan, como el consumismo sin sentido, la apatía, la falta de esfuerzo, el acomodamiento, la falta de crítica ante las injusticias, la pérdida de valores, el ensimismamiento.

La búsqueda de felicidad, ese estar en paz, depende de cada uno de nosotros, de nuestras familias y comunidades, de los países y organismos internacionales, cada uno debe asumir su responsabilidad desde lo que es.

La ecología integral analiza el planeta como una realidad de la que formamos parte y debemos cuidar. No somos propietarios de nada, somos usufructuarios, porque en la muerte perdemos tanto su uso como su propiedad. Ser el rico del cementerio es un título absurdo.

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¿Qué podemos hacer?:

Tomar conciencia de que somos grandes y limitados, únicos e irrepetibles, con grandes cualidades y algunas miserias, las primeras para desarrollarlas y las segundas para aprender de ellas e intentar cambiarlas.

Humanizar y ecologizar la vida. Educar en la responsabilidad ambiental que anime comportamientos saludables: evitar el uso de material plástico y de papel, reducir el consumo de agua, separar los residuos, cocinar sólo lo que razonablemente se podrá comer, tratar con cuidado a los demás seres vivos, plantar árboles, apagar las luces innecesarias, etc. Y tantas y tantas que sabemos.

Respetar a los demás en su dignidad y esencia. Con especial cuidado de los más desfavorecidos en capacidades, trabajos, compañías… Una sociedad que no cuida con esmero y cariño a sus miembros, en especial, a los más necesitados, está abocada a su destrucción.

Respetar a los demás seres vivos, animales y plantas. No caer en malos tratos, en abusos, en sobre abuso, en negligencias en el cuidado y protección. La biodiversidad es riqueza, pero cada día es menor.

No nos escudemos en no puedo hacer nada, esto no hay quien lo cambie, los culpables son los demás. La política, la ética, la filosofía, el derecho, la religión… no sirven para nada si no nos ayudan a hacer un mundo mejor y más habitable, teniendo especial cuidado de aquellos con más necesidades o que poseen menos capacidades. Salgamos a las calles y proclamemos la necesidad de dejar un mundo, al menos, como nos lo hemos encontrado.

Pidamos más veces perdón, demos más veces las gracias y digamos más veces te quiero.

 

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Salas de esperas de hospitales
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José María Fdez Chavero | 15-05-2017 | 12:44| 0

Son las 10 de la mañana de un día marcado por la cita hospitalaria. Lleva varias semanas aguardando y soñando con ella, aunque el miedo le invade por momentos. Estas son las únicas citas en las que se combina apetencia y rechazo. Por fin llegan al hospital, con unos minutos de adelanto, estacionan el coche y se dirigen a la entrada principal. Las puertas correderas se abren y sienten el bofetón de un aire caliente y con un olor penetrante a medicinas. Caminan unos pasos hasta la sala de espera, ni grande ni pequeña, tan solo una simple sala de espera. Hay  demasiadas personas, la mayoría están sentadas y mirando los móviles, algunas ojean revistas y periódicos. Otras están en la cola de la ventanilla, con ganas de que les toque el turno para anunciarse y los menos dan pequeños paseos.

Los segundos parecen minutos y el tiempo va haciendo mella en el ánimo de los presentes. Los acompañantes comienzan a entablar conversaciones intrascendentes con los vecinos de asientos y los que vienen de lejos dan pequeñas cabezadas que muestran cierto cansancio y aburrimiento. Los potenciales pacientes acechan, con algo de ansiedad y preocupación, escuchar su nombre en megafonía. Están con las miradas perdidas, ensimismados en sus pensamientos, casi todos teñidos de inquietante pesimismo. Los nombres suenan a lo largo y ancho de la sala y tras ellos se levanta el mencionado para dirigirse a la otra sala, la de pruebas. Por fin el suyo, mira a su acompañante y se despiden. En una media hora supone que estará de vuelta. Arroja la botella casi vacía a la papelera y en la entrada se encuentra con una auxiliar. Respira profundamente, se cruzan las miradas y desaparece tras la puerta. Ahora nota la tensión en su cuerpo y en su espíritu, convencido de que será una falsa alarma.

Llega a un despacho en el que le reciben la doctora y un enfermero. Saludos protocolarios y las indicaciones para la prueba. En menos de lo que pensaba, sin ser capaz de precisar la duración, ha terminado. Se reviste, segunda vez en las pocas horas que lleva levantado, y mira con agradecimiento a los dos profesionales. Estrecha sus manos y regresa a la sala. Le hace una señal a su acompañante y se van. Pocas palabras dialogadas y muchos pensamientos ocultos. Ya ha terminado y ahora a esperar los resultados, pero la impresión ha sido muy buena y se descartan los primeros temores. Se da cuenta de que la vida pende de un inconsistente hilo, de pequeños bultos que pueden hablarnos de quistes inofensivos o del temible cáncer. Dejan el hospital a sus espaldas, lo miran de reojo con una sonrisa de optimismo en las caras, convertidos en otras personas. La fragilidad de la vida nos invita a ser más agradecido, mejor pensado, menos preocupado por cuestiones intrascendentes, más atentos con los que tenemos a nuestro alrededor. Se compromete, para sus adentros, a decir más veces te quiero, a dudar menos de la palabra de los demás, a ser mejor. Las salas de los hospitales nos invitan a encontrar el sentido de la vida y éste es estar en paz con uno mismo, con los demás y el entorno y con Dios.

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Psicólogos
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José María Fdez Chavero | 09-05-2017 | 9:36| 0

 

No soy portavoz ni representante de nadie, acepto las discrepancias, pero me ayuda escribir en plural de mi profesión, de la que me siento muy satisfecho y cada día con más repercusión social e individual.

Escucho con cierta frecuencia la frase “no creo en los psicólogos”, a lo que suelo responder que yo tampoco. Es evidente, no creo ni se puede creer en los psicólogos, como tampoco en nadie que pueda confundirse y sea vulnerable a los aspectos  accidentales de la existencia humana. No es el verbo creer el que define las relaciones entre las personas. Entiendo que mi afirmación les pueda confundir, pero es sincera y bien sentida.

Se me viene a la mente recuerdos de mi etapa de estudiante de primeros cursos. El maestro me preguntó el resultado de un ejercicio de matemáticas y yo le respondí: “creo que son nueve”, a lo que replicó, con una ligera sonrisa y cierto  aplomo, “Chavero, se cree en Dios, en clase se afirma o niega o ambas a la vez, pero no se cree”. Me desconcertó esa respuesta, me ruboricé y después comprendí cuánta razón tenía y ahora aún la cuento.

El psicólogo no es Dios, ni pretende serlo, es una persona formada en las calles de la vida y en las aulas de la universidad para evaluar, valorar, acompañar, ayudar, proponer, diseñar estrategias de afrontamiento o de cambios, etc. con el único objetivo de que esa persona viva más integrada, ya sea consigo misma, con el entorno y, si es creyente, con Dios, sea cual fuere su nombre. Los psicólogos acertamos muchas veces y erramos algunas y cuando esto ocurre procuramos realizar los cambios adecuados para que no sucedan otras veces.

Todo eso forma parte de lo que somos, profesionales de la salud que afrontan dificultades, incapacidades, limitaciones y enfermedades. Lo hacemos desde el entendimiento y los sentimientos, con empatía y seriedad, muchas veces con cercanía y pocas con frialdad. No escatimamos esfuerzos, convencidos de la interdisciplinariedad, dispuestos a colaborar con otros profesionales y sabiendo cuál es nuestro lugar. No traspasamos los límites de nuestra disciplina por respeto a las demás y nos gusta conservar las señas de identidad. No sustituimos a nadie y compartimos responsabilidades.

Y puedo asegurar que ser psicólogo es mucho más que una profesión o un trabajo o un medio para ganarse la vida, es una manera de estar en el mundo porque te pone en contacto con lo más íntimo y nuclear de los demás. Considero un privilegio al alcance de pocos tener acceso a las confidencias y secretos mejor guardados y somos depositarios de llantos y frustraciones y de alegrías y logros. Es increíblemente humana y enriquecedora y con un gran contenido de bondad.

Cuántas personas grandes, sin saberlo que lo son, hemos conocidos y acompañados en estos años y a todos ellos damos las gracias por ayudarnos a vivir más intensamente nuestras vidas. Si los padres nos dieron la vida y nos enseñaron a crecer, los maestros y profesores nos ayudaron a interpretarla, los que nos piden ayudas nos dan las claves para la paz personal y la felicidad. Gracias.

 

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La solidaridad, la tolerancia y la justicia son valores imprescindibles para lograr una sociedad mejor para todos. Somos ciudadanos del mundo con el derecho a vivir y a ser respetado. Este blog quiere ser lugar de encuentro entre la Psicología y la Vida de todos los que lo deseen. Es posible hacer un mundo más justo.