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Autor: Jmfch
Tu felicidad en tres respuestas
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José María Fdez Chavero | 27-12-2016 | 8:52| 0

El general romano Másimo, siendo gladiador, decía a otros compañeros antes de saltar a las arenas del circo que lo que se hace aquí en la tierra tiene sus ecos en la eternidad. En ese breve monólogo no se identificaban creencias ni dioses, tan solo la realidad de que lo que se hace en esta vida tiene proyección en el más allá, que nada pasa desapercibido, que el presente repercute y va definiendo el futuro. Dicho de otra forma, pocas son las cuestiones del día a día que se quedan en el anonimato y olvido y es misión de todos los días irse abriendo el mañana.

De esta existencia humana se hacen muchas afirmaciones, como que vivimos en un continuo valle de lágrimas, que tenemos que ganarnos la vida con el sudor de nuestras frentes, que venimos a sufrir, que somos moribundos desde la cuna o que se tienen los hijos con el dolor del parto, pero no me identifico con esta visión de la vida por ser incompleta, aunque es cierto que contiene muchas lágrimas, sudores, dolores y una muerte segura.

Para ser algo justos con la vida debemos reconocer que también hay infinidad de  sonrisas y de momentos de goce y plenitud, como aprobar ese examen que se resistía, o el nacimiento de un hijo o el beso de la persona amada o las miradas cariñosas de los padres o el permiso incondicional de los abuelos o la llamada cómplice de un amigo o la firma de un contrato de trabajo o simplemente el plato preferido en un día de descanso. Y hay más y muchos más de esos momentos y cada persona tiene los suyos, todos los tenemos y el encontrarlos nos anima a seguir generándolos, de ahí que sea prioritario ponernos en disposición personal para que así sea. Es bueno que nos preguntemos ¿cuáles son nuestros momentos?

Si queremos acercarnos a los llamados ecos de eternidad del general romano venido a gladiador hay que cuidar lo que hacemos en la tierra. Tenemos una misión y somos libres para hacerla y también responsables. Cada vez que un ser humano ayuda a otro a hacer un mundo más justo y solidario o siempre que facilitamos la vida a alguien, o cada vez que hacemos el entorno más saludable estamos subiendo peldaños en la larga escala evolutiva descrita por Darwin. Llega la segunda pregunta que nos conduce a la felicidad, ¿qué puedo hacer yo por la familia, los amigos, los compañeros, los demás?

Esto de ayudar, facilitar, cuidar, tiene pleno sentido en el presente y en el futuro y cuando el futuro es para siempre entonces encontramos la felicidad. Para algunas personas será la realización personal y social, para otros será el amor verdadero o el encuentro con uno mismo o con la naturaleza y para muchos será el encuentro con la divinidad en cualquiera de sus innumerables nomenclaturas.  Y llega la tercera y última, ¿dónde tengo puesta la ilusión de ser feliz?

En tus respuestas se encuentra el sentido de tu existencia. Deseo seamos felices. Deseo seas feliz.

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Navidad con esperanza y algunas lágrimas
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José María Fdez Chavero | 19-12-2016 | 10:31| 0

Disfrutamos de días de fiestas y familias, de vacaciones y descansos, de encuentros con las personas que más queremos y lo hacemos con regalos y platos elaborados con cariño y esmero. Para muchos es momento de recordar la grandeza de un Dios que se hace hombre desde el amor y la humildad, con el deseo de que hagamos un mundo más justo y solidario, en el que la tolerancia y la esperanza sean signos de identidad. Son días de sonrisas y alegrías, de ciertas prisas y agobios para adquirir los últimos detalles para esa celebración que llevamos días soñando y preparando. Días de gozos.

También están las Navidades de aquellos a los que les invaden los recuerdos por los que ya dijeron adiós, la de los que padecen alguna enfermedad y sufren la impotencia de un cuerpo frágil, la de los incomprendidos por los demás, la de los que buscan de manera infructuosa la llegada de un trabajo que no llega o no satisface. Continúan las luces de colores y los ruidos estridentes de las ambulancias, de los coches de bomberos y de policías que mantienen con fidelidad el servicio a los ciudadanos. Días de lágrimas.

Se repiten las campañas de recogidas de alimentos, ropas y juguetes para ayudar a los menos favorecidos y siguen las manos extendidas de los que no tienen nada para comer y buscan la ayuda del que pasa a su lado. Está el que cierre la puerta de casa para encontrarse solo o del que sube a su coche cargado de alcohol o de drogas que dinamitarán sus vidas y la de los otros viajeros. Demasiados hombres, mujeres y niños miran al cielo, no para ver la luz del sol, sino para ocultarse del bombardeo incesante. No podemos olvidar tampoco a los que se toman el somnífero para que la noche pase sin darse cuenta y lo antes posible. Se entristecen los padres que no pudieron reunir a la familia y recuerdan con nostalgia las celebraciones de años anteriores.

Las Navidades son fiestas de infinitas emociones y sentimientos, de recuerdos alegres y algunos tristes, de renovados sueños y de ilusiones difuminadas por el paso del tiempo, de sinceras promesas para el año que viene. Son días de niños perplejos por las fantasías de unos mayores que luchan a diario para que sean felices. Deseo que descubramos y reencontremos en estos días el ánimo para ser mejores personas, para cuidar y querer a los que tenemos a nuestro alrededor, para facilitar la vida a los que de alguna manera dependen de nosotros y para cuidar este planeta en el que habitamos.

Mis recuerdos especiales para los habitantes del Aleppo, para las mujeres asesinadas por quienes le robaron violentamente sus vidas y para las víctimas del terrorista. Navidades muy duras para ellos, y en parte para todos. Deseo abramos los ojos y el corazón y recobremos la esperanza en el ser humano, entonces sí será Navidad y para eso todos somos necesarios. Feliz Navidad y 2017.

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Prueba a vivir sin enfermedad. Anorexia
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José María Fdez Chavero | 16-12-2016 | 11:02| 0

Con 15 años empezó mi infierno. A mi padre lo trasladaron a trabajar al pueblo donde veraneábamos y aunque retomé viejas amistades no me sentía integrada. Comencé a compararme, me sentía inferior, no encajaba… En 3º dela E.S.O. empecé a ir mal en los estudios, me pasaba el día tirada en el sofá viendo la tele, escribiendo e inventándome excusas para no salir con mis amigos. Aunque aprobé el curso, ese verano algo cambió en mi cabeza. Me quité el pan, usaba productos desnatados… En 4º me obsesioné con los estudios, me pasaba la tarde estudiando y haciendo ejercicio. Ahora me sentía mejor, estaba más delgada,  sacaba buenas notas, pero muy pronto mi carácter cambió.

Me volví más irritable, broncas en casa a la hora de comer, buscaba excusas para no ir a comidas, pasaba las 24 horas del día pensando lo que había comido, lo que tenía que comer, las calorías, el peso, la culpabilidad cuando me obligaban a comer… Al año siguiente me ingresaron en el hospital, yo no entendía por qué estaba allí. Fue el Endocrino el que me habló de la Anorexia. Yo lo negaba, “yo comía, lo que pasa es que me cuidaba, ¡qué estaban diciendo, no me dejaban en paz!”; me pusieron la sonda, cada vez iba peor. Me llevaron a Psiquiatría y de ahí al Niño Jesús de Madrid donde tuve numerosos ingresos. A los 20 años mi madre me hablo de una clínica donde no tenías que llevar pijama todo el día. Era una casa con terapias de grupo e individuales. Yo tenía conciencia de enfermedad.

Estuve 1 año en la clínica y 9 meses en pisos terapéuticos. Allí mi psicóloga, me dijo una frase que cambiaría mi vida “Prueba a vivir sin enfermedad, si no te gusta siempre puedes volver”. Allí aprendí que la Anorexia es la punta del iceberg, que en la base, ocultos, están los verdaderos problemas, los que la comida enmascara y los que no puedes ver si no resuelves el síntoma. Actualmente vuelvo a disfrutar comiendo, como de todo sin sentirme culpable y me di cuenta que no soy un globo que se hincha cuando come. Ya no me preocupa el peso. Es cierto que nunca puedes bajar la guardia y que todavía me quedan cosas por resolver, la baja autoestima, inseguridad… cosas que la Anorexia no me permitía trabajar, pero  soy mucho más feliz y lo más importante ¡¡Estoy Viviendo!! Estudié, estoy trabajando y la relación con mis padres ha mejorado.

Es cierto que cuesta muchísimo, es una lucha feroz contra ti misma, pero creedme, compensa. La Anorexia me robó muchos años y no le voy a dar un minuto más. Trajo mucho sufrimiento a mi familia y a la gente que me quería. Y bueno, sigo trabajando temas de inseguridad pero desde mi casa. Si estáis en una situación similar o conocéis a alguien que lo esté, recordad esta frase “PRUEBA A VIVIR SIN ENFERMEDAD, SEGURO QUE NO QUIERES VOLVER”

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La vida en unos segundos
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José María Fdez Chavero | 12-12-2016 | 5:53| 0

Dedico estas líneas a ese joven y a su familia.

Son las doce de la noche. El trayecto se recorre en unos treinta minutos y han pasado dos horas. Le he mandado varios whatssapp y no los ha leído. Intento controlar la mente para no entrar en la espiral del nerviosismo. Recuerdo sus palabras cuando me llamó: “El turno bien, ya salgo” y mi respuesta de siempre, “cuidado y no corras”.

Siento el silencio, interrumpido por el tic tac del reloj y por mi respiración. Deseo permanecer sentado, pero las piernas las noto nerviosas y me levanto sin rumbo definido. Cada paso lo  acompaño de palabras como tranquilidad, se habrá entretenido, o tendrá silenciado el móvil. Siento el miedo que me va invadiendo. Miro por enésima vez a través de la ventana y veo pasar unos amigos charlando animadamente. Compruebo si ha leído los mensajes y nada de nada. En este instante oigo el ascensor. Le pido a Dios que sea ella. Los segundos pasan con lentitud desesperante. El latido de mi corazón se dispara, mi mente se queda pendiente solo del oído. El ascensor se ha detenido y escucho la llave entrar en la cerradura.

Al abrir la puerta la miro a la cara y veo en sus ojos el brillo del dolor vivido. Me abraza y le abrazo y nos transmitimos sensaciones similares; yo, de preocupación y ella de miedo y pena. No quiero agobiarla con preguntas y dejo que me cuente con lágrimas en los ojos y la voz entrecortada. Me dice que al salir del pueblo, le adelantaron unos jóvenes. Los mismos que unos kilómetros después yacían fuera de la carretera por una curva mal tomada. Ya se habían detenido varios coches, y ella también lo hizo. Eran tres, dos estaban dentro del coche y eran conscientes de lo sucedido. El tercero estaba fuera, unos metros separados e inmóvil, sangraba por nariz y boca. En unos minutos pararon más coches y llegó la guardia civil que transmitió serenidad y orden. Los chicos del interior tenían rasguños en rostros y brazos y el tercero permanecía inconsciente. La ambulancia se detuvo y comenzaron los primeros auxilios. Subieron al que estaba inconsciente y marchó a toda prisa, con luces y sirenas intentando añadir rapidez a una vida detenida para siempre.

En este momento suspiró, dejó de hablar y fue a la habitación para ver a los hijos que dormían desde hacía un par de horas. Cuánto dolor sentirán los padresdel joven fallecido esta noche y el resto de sus días. En unos segundos la vida se fue y el dolor de la desesperación se instaló en esa familia. Proyectos inacabados, sentimientos rotos, amores partidos por un estúpido y caprichoso accidente. Somos poco conscientes de nuestra fragilidad porque si lo fuéramos no perderíamos tiempo en envidias, en chismes, en anhelar bienes innecesarios. Si supiéramos que la existencia se puede truncar en segundos entonces nos daríamos más besos y estaríamos más sonrientes, seríamos más agradecidos, viviríamos con menos prisas, con más cuidados y atenciones. Diríamos más veces te quiero y con mayor intensidad.

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Carta de una persona con síndrome de Down
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José María Fdez Chavero | 08-12-2016 | 12:03| 0

 

Dedico esta carta a los políticos para que se den cuenta que a los mal llamados discapacitados los necesitamos para construir un mundo mejor.

“Lleváis toda la vida dándonos calificativos marcados por el tono compasivo y lastimero de los mismos. Nos habéis denominado de muchas maneras. Nos dijisteis subnormales y tenía cierta coherencia con vuestras ideas porque creéis que estamos por debajo de vosotros. En otros momentos os inventasteis eso de mongolitos, tan solo porque tenemos los ojos rasgados y la nariz pequeña. Sacasteis lo de deficientes mentales porque tenemos un déficit de inteligencia. Ahora nos llamáis discapacitados y disfuncionales y me pregunto el porqué no nos llamáis por nuestros nombres. Os perdono vuestra poca sensibilidad. Nunca se me ocurriría identificar a los demás por lo que no tienen tan desarrollado, pero paso.

Habláis mucho de inclusión en los últimos años, de que compartamos espacios y tiempos y para mí es otro sinsentido. Es cierto que estamos en las aulas con compañeros llamados normales y estudiamos y llevamos las tareas hechas y a ellos les dais un título al finalizar sus estudios y a nosotros no. Nos invitáis a seguir estudiando una formación profesional básica para darnos lo que a ellos le dais antes. Ellos pueden estudiar  bachillerato y formación profesional y qué difícil lo tenemos nosotros. Y qué decir del límite de los 21 años, ellos podrán estudiar todos los años que quieran y nosotros terminamos por ley. Además, nos encontramos con algunos profesores que no saben y se quedan en reducir y no en adaptar lo que nos vendría bien aprender. Eso si no te entregan una fotocopia al principio de clases para que la colorees y poco más. Menos mal que de estos últimos hay pocos. Eso no es incluir, eso es seguir marginando en medio de los demás. Si todos los profesores apostasen por la formación adaptada, otro gallo cantaría.

A medida que cumplo años me voy dando cuenta que somos bastantes las personas que no cumplimos eso que denomináis normalidad. Existen asociaciones preocupadas por solventar problemas planteados por el llamado Estado de Bienestar. Unas asociaciones buscan subvenciones para pagar carísimos tratamientos y medicinas, otras planifican actividades para que no nos pasemos todo el día encerrados en las casas porque a nosotros nos echan pronto del sistema educativo. Otras montan talleres y pequeñas empresas para que podamos ganar algo de dinero y las hay que organizan actividades de ocio. Me pregunto qué ocurriría si se uniesen y exigieran una ley de inclusión real en la que se recogieran los aspectos educativos, sanitarios, laborales, de vivienda, etc. Nos harían caso porque somos millones de votos, si contamos a nuestras familias.

En los medios de comunicación nunca he visto a ningún denominado discapacitado montar un ataque terrorista, ni maltratar a compañeros, ni diseñar armas de destrucción masiva, ni ordenar bombardeos de ciudades, ni vender drogas asesinas que trastornan la mente de los jóvenes. No roban el dinero público de las instituciones, ni dejan sin casa a los que perdieron el trabajo o fueron engañadas por desalmados normales…Creo que nos iría mejor si se nos conociera un poco mejor y se nos imitase

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La solidaridad, la tolerancia y la justicia son valores imprescindibles para lograr una sociedad mejor para todos. Somos ciudadanos del mundo con el derecho a vivir y a ser respetado. Este blog quiere ser lugar de encuentro entre la Psicología y la Vida de todos los que lo deseen. Es posible hacer un mundo más justo.