Hoy

img
Autor: Jmfch
Hijos
img
José María Fdez Chavero | 15-11-2016 | 10:17| 0

Hijos

Recuerdo las palabras de dolor y desesperanza de una madre antes de fallecer su hija, pedía a Dios y a la vida morir antes que ella, pero hay ocasiones en las que la naturaleza humana tiene sus caprichos diabólicos. También se me viene a la memoria la expresión de rabia de un padre, cuando el médico que operó a su hijo le dijo que el cáncer estaba bastante extendido y que el pronóstico era malo. Ambos sucesos marcaron profundamente sus vidas y abrieron dolorosas heridas en sus psicologías y en sus almas que no han cicatrizado después de varios años. Ya nada volvió a ser como antes en estas personas y en sus familias, las celebraciones y los encuentros familiares pasaron a tener expresiones de recuerdos que atraían lágrimas a los ojos de los padres.

Estos dos ejemplos suelen ser frecuentes cuando es un hijo el que muere y no lo es tanto cuando muere el padre o un hermano, aunque también se producen desgarros en lo más íntimo del ser. La aparente lógica de la vida se vuelve ilógica y nuestras inteligencias no son capaces de explicarlo y aceptarlo.

Un hijo es mucho más de lo que imaginamos y fantaseamos durante los nueve largos meses de embarazo, es el que desde su llegada organiza los horarios de la familia, dice cuándo se puede dormir y cuando hay que comer, no respeta los momentos de nadie y hace sus necesidades evacuatorias cuando le viene en gana y, por supuesto, que no pide permiso para hacer lo que le apetece. Decimos que esto es durante los primeros tres años y creemos que a partir de los 4 ó 5 cambiarán, y sí es verdad que comienzan a hacerse más independientes, pero empiezan las tareas de los colegios, las actividades extraescolares, las fiestas de cumpleaños y los continuos cambios de ropas.

Los años pasan rápidos y vienen las preocupaciones por los estudios, por los amigos, y sobre todo por las salidas y entradas en las largas noches de los fines de semana. Llegarán los primeros amores y los consiguientes fracasos, la preparación profesional y las entrevistas de trabajo y el primer contrato, después nos contarán sus experiencias con los jefes y compañeros y sus precarias nóminas. Y a todo esto hay que añadir los quebraderos de cabeza con sus dolores físicos y espirituales, con sus frustraciones por lo que no son capaces de conseguir. Viviremos con intensidad sus penas y compartiremos sus alegrías.

Por nuestros hijos nos quitamos los pocos caprichos que nos quedaban y, si es preciso, también lo necesario para vivir, en sus vidas nos gustaría proyectarnos y con ellos lloramos y reímos. Nos preocupa el hijo débil por su presente e intentamos suavizarle el futuro, nos obsesiona el que hace de la apatía y la vagancia el sentido de su vida, nos enorgullece el que está encauzado y se va haciendo adulto y nos quita el sueño el enfermo o el que está descontrolado por culpa del alcohol o de la droga.

Siempre están en nuestras mentes y corazones, en nuestras conversaciones y también en los bolsillos, por ellos hay padres que perdieron durante minutos la razón y llegaron a matar y por supuesto estamos dispuestos a darles nuestra vida, ellos dan sentido a la existencia y también lo quitan y gracias a ellos la humanidad camina sin poderse detener.

Ver Post >
Educar supone querer
img
José María Fdez Chavero | 10-11-2016 | 9:19| 0

Educar es querer

Se escribe mucho de la formación de niños y jóvenes, de los logros y deficiencias de las leyes educativas, de las jornadas y vacaciones de maestros y  profesores. Se dice que los alumnos saben menos que hace unos años y que los padres y profesores estamos perdiendo la autoridad o que la hemos perdido ya, a pesar de que las aulas tienen menos alumnos que hace años.

Ahora cada estudiante posee su propia mesa de estudio y no tiene que compartirla con varios hermanos que intentan hacerse un hueco donde posar libro y cuaderno. El flexo ilumina perfectamente, con una luz adaptada al espacio y se cuenta con bolígrafos y rotuladores que dejan los apuntes listos para diferenciar las ideas principales de las secundarias con una simple mirada. Nos beneficiamos de ordenadores y de otros avances informáticos. Se asiste a clases particulares cuando aparecen las dificultades de aprendizaje o se consultan las dudas en internet.

Los libros son claros, con infinidad de actividades y estrategias para ser entendidos y asimilados. Se están menos horas en los colegios pero se complementan con las pasadas en centros privados o en actividades extraescolares. Los docentes están en continua formación y reciclaje, gozando de mejores medios y con posibilidad de aprender idiomas y estrategias comunicativas como no se había tenido antes. Se dispone de  plataformas educativas para estar en continuo contacto colegio y familia aunque no siempre se usan de manera efectiva. Y al hablar de resultados es preciso señalar que no son buenos. Los fracasos escolares son demasiados a pesar de todo. No hay ironía en mis palabras.

Afirmo lo que considero verdades, pero no son las únicas, son las mías. Atiendo a no pocos niños y jóvenes que tienen problemas con los estudios y señalo algunas cuestiones, sin ánimos de ofender, ni con deseos de buscar culpables o de generar estériles controversias.

Algunos aspectos no me gustan, como el no diferenciar autoridad de arrancadas impulsivas que llevan a decirle a un estudiante o a un hijo que es un payaso o gentuza. Tampoco es de mi agrado que no controlemos más los espacios comunes en los que los desaprensivos se ríen y burlan del resto como queda demostrado en tantos estudios realizados sobre el acoso escolar. Los padres podemos caer, sin ser consciente, en esa estúpida carrera de creerse padres “súper modernos” que dejan sin referentes de autoridad a sus hijos. Y profesores que con sus voces no solo no logran que se callen los alumnos si no que se introducen en la misma dinámica escandalosa y estridente de ellos.

Llegar al alumno, al hijo, es el primer objetivo. Lograr que confíe en el adulto es fundamental para que puedan creer nuestro mensaje de esfuerzo y entrega, de sinceridad y honradez en el trabajo. Cuidar las relaciones de profesores y padres supondría unos inmejorables cimientos para alcanzar mejores resultados. Corremos el peligro de caer presos de tanta burocracia y programaciones que nos restan un preciado tiempo para compartir con el niño y el joven.

El mejor equipo de orientación, a mi modo de ver, es el que está con padres, alumnos y estudiantes, conociéndoles y animándoles a que mejoren la actitud y trabajo. Aquellos centros educativos en los que se ha conseguido obtienen mejores resultados. La educación es un proceso largo, costoso para el Estado y la familia y requiere mucho esfuerzo al estudiante, al docente y a los padres. Es preciso la unión y  mutua colaboración. Me entristece que no sea así. Nunca olvidemos que educar supone querer.

Ver Post >
Afrontar la envidia para mejorar
img
José María Fdez Chavero | 06-11-2016 | 1:21| 0

Envidia

Envidiar significa querer adueñarse de lo que le pertenece a otra persona con la idea de disfrutarlo él mismo, pero como no le pertenece ni puede quedarse con eso entonces aparece esa sutil o descarada sensación incómoda que se transforma en el deseo de que si no puede disfrutarlo tampoco lo pueda hacer el propietario. Es tan intensa esa percepción de impotencia ante lo que no puede y desea que el sujeto lo pasa mal y sufre, se entristece, se enrabieta e irrita, incluso, hasta llega un momento en el que le duele todo el cuerpo y el espíritu.

La envidia no es patrimonio de ninguna raza, ni sexo, ni clase social ni situación económica, ni edad, etc. Se puede dar en todas ellas en cualquier momento y lugar y lleva a quien la padece a un profundo empobrecimiento y, con el tiempo, incomprensión y soledad.

Diferente es el deseo que me despierta lo que la otra persona me muestra. En este caso no me entristece sino que disfruto con él, le animo y le empujo a vivirlo con intensidad y le manifiesto con sinceridad y sin rubor ni tapujos que me alegro con él y que me gustaría tener esa misma suerte. Eso no es envidia sana ni enferma, es desear, es ilusión, goce con la vida, es reconocer que hay experiencias y tenencias de los demás que me gustaría tener pero que disfruto con que lo tengan ellos y no yo.

Una buena forma de hacer frente a la envidia es reconocer que se padece, así estaremos separando los dos aspectos de la misma, por una parte de deseo y, por otra, de que no le vaya bien en el disfrute. Una vez aislados tomo conciencia de lo que me apetece y eso no solo es malo sino que puede motivarme para esforzarme más para conseguirlo. También al tomar conciencia de esos aspectos puedo captar otros que sí poseo y que dan sentido a mi vida.

Nadie quiere tener envidia porque es fuente de sufrimientos estériles, pero si surge debemos aprovecharla para mejorar y depurar nuestras limitaciones y miserias y nunca instalarnos en ella. Si envidio un buen trabajo puede ser el primer paso para que me forme mejor, si envidio el coche del vecino puede ser el primer paso para dar gracias por el piso en el que vivo o la familia que poseo. La envidia se afronta y nos mejora si logramos que se evapore, al igual que hacemos con la ignorancia o con la violencia. Si darme cuenta de mi ignorancia me lleva a estudiar o si percibir mi carácter violento me conduce a fomentar la paz entonces estaré sublimando una limitación, de las que todos podemos dar sobradas muestras en nuestras vidas, o ¿no?

Ver Post >
Aprendemos de nuestros difuntos
img
José María Fdez Chavero | 01-11-2016 | 8:09| 0

 

Nacer, vivir y morir (G. Calle)

Les dedico mis palabras a nuestros seres queridos fallecidos con el deseo de que hayan encontrado la felicidad eterna.LA muerte nos genera inquietud y a nadie deja indiferente, hasta tal punto que puede agobiarnos su mera pronunciación. De ella tenemos experiencias, porque a todos se nos han muerto seres queridos: abuelos, padres, hermanos. Hay quien, incluso, ha tenido la enorme desgracia de enterrar a un hijo. Es personal e intransferible y aunque deseemos dar la vida por alguien, no le ahorraremos ese trance. Es un acontecimiento que afecta al sujeto, a la familia y a su sociedad, es algo natural, común a todo ser vivo y la afrontamos acompañados, pero el tránsito lo hacemos solos. La muerte nos inquieta, no estamos preparamos para afrontarla y de esto tratamos hoy.

Un día fuimos óvulos fecundados que nuestros padres tuvieron a bien dejarnos crecer y al nacer recibimos dos regalos. El primero fue la sociabilidad, nos dieron un nombre desde el que nos  relacionamos con el mundo y éste con nosotros, y el segundo fue nuestra cartilla del cómputo del tiempo y nos convertimos en «seres moribundos» como diría M. Heidegger. Esta realidad física tiene una existencia limitada que puede ser de 10, 30 ó 91 años. Pocas personas superan la barrera de los cien. La dimensión social se va desarrollando en relación con los otros humanos, con los animales, la naturaleza en su conjunto y también con Dios, que nos transciende y acompaña y nos proporciona placeres, dolores, momentos agradables y desagradables.

Si volvemos a la muerte hay que destacar que ningún animal tiene conciencia de la misma porque su condición, eminentemente física, conlleva el fin temporal. El ser humano, como realidad social, se resiste a aceptarla porque lo propio de esta dimensión son los afectos y estos no mueren. Estas relaciones afectivas son las que hacen de la muerte algo que nos da miedo porque nos aleja de las personas que queremos, de los proyectos inacabados, de las ilusiones, y de un largo etcétera. Si combinamos el final físico con los sentimientos que no tienen fin, entonces nos produce desconcierto. Enterramos a nuestros seres queridos y les seguimos queriendo, les echamos de menos, les percibimos en los recuerdos, en el aire. Nos duele la muerte porque no desaparece nuestro amor y tendremos que aprender a encararla desde aquí.

Debemos crear un estilo de vida basado en los sentimientos, en la confianza, viviendo desde el presente. Sabiendo admitir las pérdidas y los cambios, aceptando lo que no se puede modificar y sustituyendo lo que sí podamos. Hay que buscar el sentido a lo que uno hace y es, aunque sea algo sencillo y sin importancia, con la esperanza de que nuestra realidad social, afectiva y espiritual transcienda el tiempo y viva en los demás. Un estilo de vida basado en ayudar, en el que se valore el esfuerzo y la solidaridad. Es crear una vida en la que se comprenda al que lo pasa mal con la esperanza en una vida mejor.

Hoy es un buen día para comenzar a poner en práctica este estilo que nos proporciona una adecuada preparación para la muerte física. En la vida somos nosotros los que decidimos qué hacer ante cada situación, intentemos hacer nuestras elecciones desde una perspectiva positiva, que nos lleve a estar mejor con nosotros mismos y con los demás, y si nos confundimos entonces rectificamos y volver a intentarlo. Difícil, ¿verdad? Pero no imposible. Muchos hombres y mujeres, algunos conocidos por nosotros, nos dieron las claves con sus vidas y sus despedidas físicas para afrontar este tema difícil de la muerte y a ellos les pertenecen estas palabras mías y estos recuerdos nuestros, además de la eternidad.

Ver Post >
“Paciencia hijo, el tiempo pone a cada uno en su sitio”
img
José María Fdez Chavero | 30-10-2016 | 10:37| 0

 

¿Somos tan diferentes?

Cuando era pequeño, mi madre me enseñó que no me tenía que fiar de las primeras impresiones y que no podía juzgar a una persona sin haberla conocido primero.  Pero desgraciadamente todo el mundo no hace lo mismo. Soy un hombre que ha sufrido durante muchos años el desprecio y la humillación por parte de muchísima gente que ni siquiera me conocía. Cuando eres pequeño te coges una rabieta, lloras y se te pasa rápido. Pero llega una edad en la que no todo te da igual, que te afecta realmente.

Me ahorraré citar la retahíla de calificativos que me han puesto por peinarme distinto, por juntarme más con niñas que con niños cuando era pequeño, porque no me gustaba el fútbol y me encantaba la gimnasia rítmica, por ser buen estudiante y un largo etcétera. Además, tengo un problema urinario que después de siete intervenciones quirúrgicas aún no se ha resuelto y lo único que han hecho ha sido deformarme el pene. Esto me ha impedido hacer cosas tan corrientes como ducharme en un vestuario común. No me atrevía, bastante tenía yo como para aguantar más todavía. Es una simple hipospadia, pero como en los pueblos se tiende a la invención, se llegó a decir que no tenía pene. Era lo que faltaba para el insulto que más daño podía hacerme: maricón.

Yo pedía a mis padres que por favor me dejaran venir a terminarla ESO en Badajoz. Pero ellos me reiteraron una y otra vez que esperara, que el tiempo y Dios ponen a cada uno en su sitio. Fue entonces cuando José María entró en mi vida. He de reconocer que al principio me costaba contarle todas estas cosas (no es agradable recordar todo el daño que me hicieron). Pero gracias a todo lo que le conté, me ayudó a salir del bache y a enfrentarme a una nueva etapa de mi vida.

Se acercaba el final de mi etapa como estudiante en mi colegio de toda la vida y cambiarme al instituto (al cual van chicos de otros pueblos de alrededor). Mi temor era que los y las chicas me insultaran tanto como siempre. Y efectivamente así pasó. Gente que era la primera vez que me veía me insultaba y yo lo único que hacía era preguntarme ¿por qué sin ni siquiera conocerme como soy me insultan y me humillan?

Pero gracias a los apoyos que he tenido, conseguí tirar para adelante, terminar mis dos años de bachillerato en el pueblo y hacer la selectividad. Llega un momento en el que parece que nos volvemos un poco más sensatos, y gente que me insultaba se me acercó, me conoció realmente y me llegaron a decir: “te hemos juzgado sin conocerte, y nos hemos dado cuenta de que eres una gran persona”.

A lo largo de todo este tiempo aprendí que las cosas que realmente me tenían que importar eran aquellas que me decían las personas que me quieren, no las palabras, insultos o humillaciones provenientes de personas que ni siquiera se saben mi nombre!

Mi vida no ha sido precisamente un camino de rosas. He sufrido muchísimo, pero creo que gracias a ello soy la persona que soy, he alcanzado el grado de madurez que tengo y he aprendido muchas cosas (aunque a veces haya sido a base de lágrimas). A día de hoy llevo dos años viviendo en Badajoz, estoy estudiando una carrera que me gusta y una futura profesión que adoro, y estoy rodeado de gente a la que quiero muchísimo y sé con total seguridad que ellos me quieren a mí tal y como soy.

Ver Post >
La solidaridad, la tolerancia y la justicia son valores imprescindibles para lograr una sociedad mejor para todos. Somos ciudadanos del mundo con el derecho a vivir y a ser respetado. Este blog quiere ser lugar de encuentro entre la Psicología y la Vida de todos los que lo deseen. Es posible hacer un mundo más justo.