Hoy

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18 de julio
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José María Fdez Chavero | 17-07-2017 | 19:47| 0
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Ni me sobra atrevimiento, ni me falta prudencia a la hora de poner título a las siguientes líneas. Que nadie busque en mis palabras ningún atisbo de color, ni de signo político, ni de progresismo o conservadurismo. Encuentren el deseo de concordia y de paz en un día que suena a enfrentamientos y guerra. El 18 de julio representa lo que nunca debe ocurrir a un pueblo y nos invita a trabajar para que no vuelva a suceder. Fue el fracaso de una sociedad y de unas personas en una época en la que la falta de diálogo y el quererse imponer a los demás imperaba. La guerra entre poblaciones limítrofes, entre vecinos de la misma calle, entre miembros de una misma familia, es lo más cruel que puede padecer una sociedad y la nuestra lo padeció.
Pertenezco a una generación que escuchó a personas que habían sufrido el horror de la guerra civil en sus vidas. Recuerdo una ocasión en la que mi padre me dijo que hasta que no muriese su generación no se superaría el trauma generado. Muchos de aquellos niños y niñas, hoy ancianos, no están con nosotros y lo que mi padre me decía no es aún realidad. Algunos continúan con la dinámica repetitiva de que estás conmigo o estás contra mí y es una manera irracional de estar en sociedad.
Ya se han realizado cientos de reflexiones de lo sucedido y no es momento de pararse en más estudios. Es tiempo de construir, de mirar hacia delante, de buscar lo que nos une y no lo que nos separa. Es respetar la idiosincrasia de las diferentes partes de España, de las diferencias y de lo que nos une.
Ya no es tiempo de mostrar los carnets militares de los muertos o las fotografías de Iglesias quemadas o las cruces recordatorios de los caídos o las tumbas anónimas. Esto no nos quita el derecho a conocer dónde se encuentran nuestros antepasados y darle los honores merecidos.
Estamos en una democracia en la que se puede opinar, dentro de unos organismos internacionales que proporcionan consistencia y equilibrio aunque falte consolidación. Vivimos en una sociedad con el poder sanamente dividido y repartido y en la que se valoran las instituciones, a pesar de que algunos han caído en las garras de la corrupción y del robo consentido. Lo peor de la corrupción no es el dinero robado, sino la desesperanza y la pérdida de ilusión que genera en la mayoría de la sociedad.
Las dificultades no faltan, pero tampoco sobran. Hemos de mejorar. Muchos padecen el desempleo, la lacra de un sistema económico no preparado para superar con rapidez las crisis que genera.
Dedico estas letras a los fallecidos en las guerras y a sus familias, hayan sido militares, policías o guardias civiles; monárquicos o republicanos; moderados o progresistas; empresarios o trabajadores; de derechas o de izquierdas; vascos o extremeños o de cualquier zona de España. Nadie se merece morir a manos de nadie por ningún motivo y en España y en Extremadura tenemos demasiados muertos por estos falsos e inexistentes motivos.

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Una tarde con mi profesor
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José María Fdez Chavero | 10-07-2017 | 17:12| 0

 

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Un punto de referencia

He tenido la inmensa fortuna de pasar una tarde con uno de mis antiguos profesores, de esos que marcan la vida de los alumnos y también la mía. Está a punto de jubilarse, canoso, igual de sabio, de prudente y con la serenidad de los años saboreados con autenticidad. Me contó que en la última semana del curso recibió tres cartas que le tocaron lo más profundo de su ser. La primera carta fue de toda una clase, la segunda de una alumna de bachillerato y la tercera, del padre de una alumna. Le pregunté por sus contenidos. Me miró fijamente y, tras unos segundos de silencio, comenzó el relato.

La primera fue entregada el último día de clases. Dos alumnos se levantaron del asiento y le dieron un sobre azul con una postal escrita, un estuche con un bolígrafo y una pequeña bolsa fría al tacto, era un vasito con su helado preferido. Del bolígrafo y del helado no me contó nada, sí del escrito. Le daban las gracias por lo transmitido durante el curso, por tratar los temas de la vida sin tapujos y con sinceridad, por darles claves para afrontar el día a día, por animarles a compaginar tolerancia y crítica y por valorar el esfuerzo. Se despedían dándoles las gracias por ayudarles a ser mejores personas. Al terminar, le pregunté por su respuesta. Les agradeció los deseos de aprender y de ser mejores personas, lo cual le animaba a ser mejor profesor. La clase terminó con un sonoro aplauso. Salió del aula con algo de vergüenza y una enorme satisfacción.

La segunda carta le llegó al correo electrónico. Fue más breve. Después de un saludo tuteado, le daba las gracias por el tiempo dedicado a ella y a sus compañeros. Le decía que deseaba verlo y que estaba muy contenta por la nota obtenida en la selectividad. De nuevo le pregunté por su respuesta. Les agradeció a ella y a los compañeros el trabajo realizado a lo largo del curso y, sobre todo, la actitud de aprendizaje. Terminó con un “gracias por ayudarme a querer ser mejor persona, mejor profesor”.

La tercera llegó en un mensaje privado de whatsapp. Tras un cariñoso saludo le mostraba su admiración por ser justo y su sincero reconocimiento, las gracias por su labor y su dedicación al alumnado. Además le decía que también él había aprendido de sus reflexiones. En este punto, le comenté que se sentiría muy orgulloso. Me miró por encima de sus gafas y de nuevo me encontré con la misma respuesta de agradecimiento al padre por esas palabras de ánimos para ser mejor persona y profesor.

Seguimos charlando y me dijo: “ese es mi trabajo y el premio al compromiso con mi profesión, la formación de jóvenes y el acompañarles en el camino de hacerse personas. No es mucho lo que les digo a mis alumnos: la importancia del esfuerzo, los deseos de ser mejor, la riqueza de la tolerancia y, a la vez, la de ser crítico y que tengan presentes que sus vidas dependerán de las decisiones que vayan tomando a lo largo de ella”. Al terminar hablamos de mi vida. Nos despedimos con un fuerte apretón de manos y mi mirada de profunda admiración.

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“Si tu hija es conflictiva…”
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José María Fdez Chavero | 03-07-2017 | 07:41| 0

 

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Expresión dicha por una madre a un padre, en la puerta del colegio, unos minutos antes de llegar el autobús en el que venían sus hijas de una excursión. Esa frase la completó con “no paró de llorar durante toda la noche, dígalo en el colegio para que la pongan sola porque no ha dejado dormir a la mía” A los pocos minutos llega el autobús con los niños cansados y deseosos de encontrarse con los padres después de día y medio fuera de casa. Besos y saludos cargados de sonrisas, con algunos churretes en las caras, manchas en las camisetas y los ojos rezumando innumerables y magníficas vivencias que nunca olvidarán.

Los padres de la llamada “niña conflictiva” comunicaron a los profesores encargados de la excursión lo sucedido y escucharon sus respuestas que ya intuían sin haberla oído antes, porque ellos sí conocen a su hija, saben que no es conflictiva y sí encantadora. Contaron que unos sollozos al acostarse y nada más, ese fue el inmenso drama de lo sucedido. El problema no son las niñas, sino los adultos cuando nos dejamos llevar por prejuicios cargados de ignorancias atrevidas. La sociedad y el colegio tendrán que continuar con la formación y la sensibilización para superar estas situaciones injustas.

No es la primera vez que escribo sobre este tema, ya lo hice años atrás cuando una guardería se negó a aceptar un niño con síndrome de Down, argumentando que no tenían personal cualificado para atenderlo. Animé a los padres a denunciar, pero influencias y algunas peticiones de perdones enterraron en el olvido tanta discriminación, pero al niño no le abrieron las puertas.

También recuerdo la negativa de una discoteca para que un grupo de chicos y chicas con síndrome de Down entrasen a bailar porque el foro estaba lleno mientras no dejaban de entrar otras personas. Incluso el dueño tuvo la desfachatez de quererles invitar a tomar algo en una cafetería cercana. Tengo más ejemplos, pero son suficientes para lo que pretendo.

Las personas con síndrome de Down llevan padeciendo durante todas sus vidas las lástimas de algunos, las valoraciones desde lo negativo de otros y la ignorancia de no pocos. Y lo peor es que esos tres grupos creen que sus actitudes reflejan la verdad. No me estoy refiriendo a sujetos mal intencionados ni de poca formación, a estos los dejo aparte. Me fijo en personas formadas, incluso universitarios, que han optado por mirar hacia otros lados, creyendo que los problemas se solucionan sin afrontarlos.

A las personas hemos de conocerlas desde lo que son y no desde lo que no poseen, más desde sus cualidades que desde sus limitaciones, más desde sus capacidades que desde las carencias y esto ha de ser así con todos. Una sociedad que no cuida a sus miembros con más necesidades vive en la mediocridad y muy por debajo de sus posibilidades y ya es hora de que cambie. Se puede conseguir desde la unión de los que pensamos así.

Agradezco a las personas con síndrome de Down y a las mal llamadas discapacitadas sus existencias, convencido de que son demasiados aún los que no captan sus grandezas, bondades y dificultades. El final de la historia es precioso, como no podía ser de otra manera teniendo tan grandiosa protagonista: la niña contaba a sus padres lo bien que se lo había pasado, con su voz entrecortada por la ronquera y por un sueño que terminó venciéndola.

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El tiempo en Política
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José María Fdez Chavero | 10-08-2017 | 14:46| 0
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Le recuerdo a los políticos que estamos esperando una ley de inclusión que permita a las personas con necesidad de adaptaciones curriculares disfrutar de sus derechos de igualdad. Para el ciudadano las horas tienen 60 minutos y las semanas 7 días, pero para los políticos esto es una incógnita difícil de resolver.

Sabemos que la vida política de un país, de una colectividad, tiene dos momentos diferentes en duración e intensidad, en sinceridad y confianza, los primeros años de mandato y el último, el que antecede a las votaciones. La primera parte, en el mejor de los casos, está formada por los esfuerzos para alcanzar lo prometido en la campaña electoral y en la segunda se pregona lo alcanzado y se matiza y justifica las razones por las que otras no se han conseguido.

Me permito ejercer un derecho reconocido en las democracias, el de dirigirme a los políticos para hacerles algunas peticiones. Lo hago acompañado de un grupo de jóvenes, inquietos intelectual y afectivamente, como procede cuando se está en la etapa apasionante y contradictoria de la adolescencia y se acercan a la ética y a la política.

Me dirijo a todos, sin salvedad ni acotando ideologías y siglas, por muy escasos que sean sus votos porque respeto profundamente cualquier opinión y porque detrás hay un hombre o una mujer convencidos de que esos políticos son los mejores. En mis palabras no hay atisbo de rabia, ni de críticas, ni ambiciones de estériles vanaglorias que, por suerte, nunca he tenido. Lo que existe es la sensibilidad de unas cuantas personas de distintas edades que compartimos inquietudes y sueños y deseamos expresarlo en público.

La Declaración de los Derechos Humanos, aprobada en 1948, nos abrió a la esperanza de tener una sociedad más justa, como ya deseaba Platón en el siglo IV a. C. o estos jóvenes del siglo XXI, pero los años pasan y persisten demasiados derechos incumplidos. Con excesiva frecuencia vemos en los medios de comunicación situaciones injustas y no hace falta salir de nuestras ciudades y pueblos. Vemos personas, paisanos, con los que compartimos calles y parques, rebuscar en los contenedores de basura, o pedir comida para satisfacer una boca hambrienta y un espíritu decaído, o dormir en las calles o padecer estrecheces y necesidades sin más culpa que la de vivir en una sociedad en la que el trabajo es un bien escaso, etc.

También nos preocupa que haya comunidades, ciudades, pueblos, barrios y ciudadanos de primera y de segunda. Unos se llevan más ayudas que otros con el consiguiente perjuicio para los que reciben menos y no debemos quedarnos con la conciencia tranquila pensando que siempre ha sido así o que no podemos cambiar la situación. Esto mismo le respondía yo a uno de esos jóvenes cuando me decía que “esta situación no hay quién la cambie”. Ojalá se confunda y acepte mi sugerencia de involucrarse más en la vida social porque tiene capacidad intelectual y sensibilidad suficiente para ello.

Deseo que formemos parte del grupo de ciudadanos que al entrar en casa se encuentre con la familia, con un plato de comida y unas comodidades que nos permitan seguir avanzando como personas. No es bueno, ni ético ni humano ni cristiano, quedarse anclados en nuestro pequeño mundo, mientras haya vecinos que no tienen ni lo mínimo para vivir dignamente. Dedicamos este escrito a los políticos y les animamos a convertir la política en camino de entendimiento y en plataforma para hacer un mundo más justo.

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Grandes seres humanos
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José María Fdez Chavero | 13-10-2017 | 07:31| 0
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Estamos continuamente a merced de los medios de comunicación que nos saturan de información, la mayoría de ellas de carácter negativo para el ser humano y que nos sitúan en el dolor y en el sufrimiento, pero también las hay que nos hablan de personas que engrandecen la condición humana y que hacen de sus vidas verdaderos testimonios de heroicidad.

Hoy mi sentido reconocimiento al Capitán del Ejército del aire Borja Aybar por dar su vida para salvar la de otras personas.

Las desgracias nos entristecen y nos duelen, pero también nos ponen en contacto con personas que hacen de la donación y de la entrega signos de su identidad. Son héroes, como diría Hegel, que nos van apuntando nuevos modelos de vivir y que nos hacen avanzar en la línea de la convivencia, de la esperanza y de la justicia.

Descansa en Paz y gracias.

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Educar en el Deporte
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José María Fdez Chavero | 27-06-2017 | 08:34| 0

baloncesto-femeninoMis más sinceras felicitaciones a la selección española femenina de Baloncesto por su ejemplo de equipo y por sus éxitos deportivos y humanos. Gracias.

Renunciamos a parte de los descansos de fines de semana para acompañarles en sus actividades deportivas y lo hacemos con gusto, con algo de sacrificio y siempre convencidos de que el deporte no ha de traer elementos negativos para su desarrollo físico, psíquico, social, conductual y afectivo.

El deporte es equipo. Son ilusiones, esfuerzos, silencios… mucho más que dinero y fama. Nos transforma en sujetos resistentes al cansancio, nos enseña la senda de la solidaridad con los del propio grupo, pule los estériles egoísmos y falsas vanaglorias. Nos convierte en personas disciplinadas con las estrategias ensayadas en los entrenamientos, nos prepara para obedecer al que marca el ritmo del equipo, y nos enseña el camino del compartir. Si nos detenemos en el comportamiento que se ha de tener con el contrario debemos señalar una serie de valores a inculcar como son el juego limpio, el reconocimiento de los aciertos hasta el punto de felicitarles, la discreción con sus fallos y la capacidad de reconocerles sus capacidades y habilidades.

Y con el encargado de aplicar las reglas de juego, o árbitro, se tiene que colaborar para que sea posible el desarrollo del encuentro y para eso hay que ser claro y transparente, nunca un simulador de faltas inexistentes que confunden y generan mal ambiente.

Esto y mucho más es lo que esperamos de los deportes que ejercitan nuestros hijos y de los deportistas que son sus héroes y modelos, pero no siempre es así. No doy nombres porque todos cometemos fallos y, además, porque no ayuda el demonizar a nadie. Ojalá se encuentren con familiares y compañeros que les hagan ver el error que cometen con ese tipo de actos.

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Conductas como pelearse con el contrario, escupirle, reírse de sus desaciertos y fallos, golpearles en el barullo del grupo, insultarles en el silencio a los oídos, pisarles con el único propósito de dañarles y provocarles para que se descontrolen no son comportamientos propios de sanos deportistas y sí lo son de jugadores sicarios que transforman el triunfo en el dios de sus vidas hasta llegar a confundirles y hacerles creer que la victoria se puede conseguir a base de engaños. Si a eso le añadimos que son personas con unos sueldos desorbitados para los tiempos que corren, entonces comenzamos a hablar de espectáculos que no educan y sí confunden a los más jóvenes.

En esta vida hay que estar convencidos de que no todo vale aunque suponga la victoria, y no es una buena filosofía el creer que el fin justifica los medios. El buen ejemplo para ser imitado es una de las formas más habituales de aprendizaje en nuestra sociedad, hagamos entre todos que sea una realidad. No hagamos del mal ejemplo una realidad a la que nos acostumbramos y vemos en los medios de comunicación con excesiva frecuencia.

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La grandeza es y será la unión
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José María Fdez Chavero | 22-06-2017 | 16:47| 0

 

La palabra maestro designa a la persona que domina una ciencia, un arte, un oficio y hay tantos como actividades o saberes teóricos y prácticos existen. Hablamos de maestros de primaria o de infantil o de educación física o de educación especial, y de la alfarería, de la pintura, de las artes gráficas o marciales, de la construcción y un largo etcétera. Siempre que se desea destacar el buen hacer de alguien se le denomina habilidoso del mismo que es igual que llamarle maestro. Entre sus muchas cualidades están la sabiduría, la templanza, la prudencia, el esfuerzo y la constancia. Suelen ser discretos en la ejecución de su destreza y humildes en los reconocimientos que les hacen los demás, aunque esta virtud no se da siempre.

En sus historias personales y familiares hay muchas horas de estudios, de soledad y  renuncias, de ensayos y entrenamientos, de prácticas, hasta llegar a ser especial en esa ocupación, pero esto no implica que lo sea en otras. Sobresalir en el desempeño de una actividad no supone, al no tratarse de vasos comunicantes, que se encuentre capacitado para opinar, valorar, catalogar, enjuiciar como perito en otras diferentes a la suya. El experto de las letras no tiene que serlo de los números, el conocer y dominar algún idioma no comprende la técnica de los pinceles y lienzos, el ser diestro del balón no incluye la aptitud de la que goza el de la raqueta y así podríamos recorrer el inmenso mundo de las habilidades humanas. Tampoco el afamado de los escenarios y celuloide ha de ser especialista en enseñanza o en sanidad o en economía.

En España tenemos la suerte ganada y merecida de disfrutar de libertad de prensa y de opinión que tanto ha costado, pero eso no le otorga el derecho a nadie de valerse del lugar que le proporciona su maestría para adentrarse vagamente y sin reflexión en el campo de otros. Somos muy dados a proclamarnos médicos sin haber estudiado medicina, o abogados sin saber a fondo el mundo del derecho, seleccionadores de fútbol sin tener un mínimo cursillo de entrenador, sacerdotes sin estudios de teología o cocineros sin saber distinguir el perejil del cilantro. Se precisan maestros sabedores de su dominio que exploten al máximo su habilidad para así avanzar más de lo que lo hacemos en la actualidad y no caer en un despotismo ideológico.

Tan cierto es el atrevimiento en la sociedad en general que el pueblo acuñó el acertado dicho de “la ignorancia es muy atrevida”,  hasta el punto de que el no saber se manifiesta en que no nos damos cuenta de nuestro desconocimiento en ese asunto. También el gran filósofo ilustrado francés, Voltaire, declara que la ignorancia afirma o niega rotundamente mientras que la ciencia duda. Claro que podemos opinar de los asuntos y temas que deseemos pero no lo hagamos creyéndonos expertos sin serlo. No aprovechemos el rango que me proporciona mi maestría para desprestigiar la de los demás aunque disfrutemos de micrófonos y de libertad. El riesgo que corremos es  confundir, desorientar o desanimar a los que confían en nosotros por lo que sabemos merecidamente y podríamos convertirnos en maestros del atrevimiento y del descaro.

España es una democracia joven que se asienta en el deseo de paz de los ciudadanos. Tiene errores y aciertos, y siempre presente el recuerdo de tiempos pasados en los que la sinrazón se adueñó de la vida privada y pública de los españoles. La grandeza es y será la unión.

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Homosexualidad y normalidad
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José María Fdez Chavero | 12-06-2017 | 15:18| 0
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La sexualidad impregna la vida y no es sólo una genitalidad, sino una manera de vivirse y autodefinirse. El hombre y la mujer se viven y se entienden como personas en comunicación con otras en un momento y lugar concreto y un aspecto de la misma es la sexualidad, la entrega corporal y afectiva. En esa entrega es donde alcanza su máxima expresión las distintas prácticas sexuales.

En cuanto a la homosexualidad decir que es una realidad y no una enfermedad, que homosexualidad y heterosexualidad no son polos opuestos, sino cuestión de grados. Se afirma en estudios españoles que entre un 3-5% de la población son homosexuales, viven su sexualidad como una fuerte atracción erótica, unas veces preferencial y otras en exclusiva hacia personas del mismo sexo. Se experimentan como tal y eligen seguir con esa identidad porque es en torno a ella como han definido su personalidad.

Traigo las siguientes líneas recogidas del testimonio de una persona totalmente integrada en la sociedad, con una psicología sana y una vida plena.

“¿Cómo contar  mi experiencia con la homosexualidad? ¿Cómo contar que tengo el pelo rizado o que uso zapatos del 42? Es una característica más de las muchas que forman parte de mi personalidad. La vivo con total naturalidad y no tiene más importancia que otras. Para mí, es una cosa normal.

¿Cómo y cuando me di cuenta de mi identidad sexual?  Creo que, de un modo latente, desde mi niñez, siempre lo percibí. Me sentía más atraído por los chicos que por las chicas, me parecía mucho más atractivo un chaval que una chavala. Sin embargo, no encontraba el modo de darle salida. Me limitaba a saberlo, no a explorarlo, hasta que llegó el amor a mi vida. Me enamoré de un amigo de la pandilla y permaneció oculto durante meses, hasta que un día, con la naturalidad y normalidad con la que me tomo las cosas, se lo dije. Pensé que, de no sentir lo mismo que yo, tampoco había razón por la que sentirse ofendido, sino que por el contrario, podría tomarlo como un halago puesto que yo no pretendía nada, solo poner voz a mis sentimientos. Mi sorpresa fue que al contarle lo que me ocurría, me encontré que él sentía lo mismo por mí… Yo entendía que cuando uno se comporta de forma natural, recibe de vuelta la misma naturalidad.

Mi vida transcurrió como la de cualquier joven: estudié, participé de mis aficiones y mantuve mis amoríos de un modo normal, siempre de forma oculta, solo la vivía con la pareja que tuviese… hasta que los amigos empiezan a formar parte de esta peculiaridad de mi personalidad. De la misma forma que aceptaban mis gustos musicales diferentes ¿por qué no iban a aceptar que me pudiera enamorar de alguien del mismo sexo?

La homosexualidad para mí es algo que afronto con sencillez, con franqueza, como un hecho diferencial más de mi personalidad y pienso que cuando tú te aceptas y te muestras tal como eres la gente te acepta sin más”.

Ojalá tengamos la madurez de esta persona y que los avances científicos nos ayuden a comprender mejor la naturaleza. Poner semáforos en los que las luces de los peatones representan parejas homosexuales no deja de ser una cuestión anecdótica y pido que no tengan que cambiarlos cuando venga el día dedicado al color de la piel, o a la diversidad funcional, a la mujer, o a la madre o al padre, o a los abuelos y un largo etcétera, entre otras cuestiones porque lo sacamos de la normalidad.

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Interpretar de nuevo la vida
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José María Fdez Chavero | 14-06-2017 | 16:03| 0
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NO todos llegamos a las mismas conclusiones. Es claro que no partimos de las mismas premisas. Vamos a ver dos sencillos ejemplos que nos ayuden a enfocar el tema. Me decía una persona que ha padecido fuertes depresiones durante años que cuando cumplió 45 se rindió, solicitó pasar por el tribunal médico y hoy se encuentra tristemente jubilada. Le escuché su historia y la interpretación que daba a los acontecimientos vividos con el congojo que genera cuando alguien te abre su mente y su espíritu. Mostré mi agradecimiento por su  confianza, con el compromiso de ayudarle a realizar un nuevo análisis.

Cuestioné su conclusión de rendirse porque no refleja adecuadamente lo ocurrido. Ella es una persona que lleva años con depresiones, tomando medicación y alternando consultas y profesionales. Logró terminar una formación académica y desempeñó un trabajo durante años, con mucho esfuerzo y sin rendirse. Sucede que todo tiene un principio y un fin y su cuerpo y mente comprendieron que había llegado el momento de finalizar esa etapa laboral para dar paso a otra en la que el cuidado personal, las actividades afectivas y sociales y las de ocio ocupasen su mayor tiempo. Así fue como recobró la tranquilidad de su infancia y adolescencia y hoy su vida tiene otros objetivos.

El segundo ejemplo es el de una joven con deseos de comerse el mundo. En un despiste yendo a la universidad tuvo un accidente de coche y ahora lleva meses en rehabilitación. Aunque todo parece negativo, no es así. Desde el ha comprendido la fragilidad de la vida y la necesidad de poner atención en las cosas que hace. Ha recuperado ilusiones que estaban difuminadas con respecto a sus estudios. De nuevo ha notado el amor incondicional de su familia y de su pareja y ahora valora más aún estas relaciones. Podemos decir que ha mejorado su existencia en la actualidad, viviendo más intensamente algunas facetas algo abandonadas, aunque se retrase el final en la facultad.

Son dos casos de los muchos que existen. No deseamos que ocurran, pero forman parte de la vida y son inherentes a ella. Suceden y no los podemos eliminar, por tanto, lo que nos queda es hacer otra interpretación que nos ayude a construir y no a destruir más. Aprender a releer nuestra historia personal en positivo nos ayudará a ser más felices porque todo, absolutamente todo, es susceptible de ser examinado desde ópticas diferentes. No queremos el dolor, ni la enfermedad, ni la muerte, ni las dificultades, pero somos limitados en el espacio y tiempo. Todas ellas pueden ayudarnos a descubrir matices en nuestras existencias y en las ajenas que nos humanicen, nos hagan más cercanos y dichosos.

El final de todo relato ha de reflejar lo se cuenta en él: la satisfacción por los años vividos. Que podamos decir, mirando el rostro de los demás, que nos hemos empleado a fondo en esta hermosa y dolorosa aventura de la vida. Algunas personas se encuentran con existencias fáciles de vivir, pero la inmensa mayoría nos pasaremos horas intentando ver los aspectos positivos de lo que nos pasa. No nos precipitemos en la valoración porque todo tiene perspectivas negativas y positivas, lo que es necesario es aprender a encontrar estas últimas y a reinterpretarlas. Ver lo positivo no es ingenuidad, es salud.

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Condicionales que conducen a contradicciones
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José María Fdez Chavero | 26-09-2017 | 15:59| 0

Son condicionales, por tanto, pueden o no darse. Si eres nacionalista y pides respeto a tus ideas y símbolos y no respetas los de los demás entonces eres fuente de conflicto y te encuentras muy alejado de la convivencia pacífica. Si tienes ideas y convicciones republicanas y no respetas a los monárquicos o viceversa, o si tu bandera tiene colores diferentes a la mía y la abucheas entonces corres el riesgo de que no respete la tuya.

Si vas por la vida de demócrata tolerante y conviertes la libertad de expresión en tu seña de identidad, pero no aceptas que yo también reclame mi derecho a expresar mis creencias entonces me desconciertas. Si vas de adalid de la anticorrupción y no te enteras de que muchos de tu mismo grupo son corruptos entonces debes abandonar la política, no por falta de honradez sino por incompetencia. Si haces de la sanidad pública y universal un baluarte de tu ideología humanitaria y social, económica y política, pero tu hijo nace en una de las clínicas privadas más cara de la sanidad mundial entonces pienso que no eres coherente con tus ideas.

Si defiendes a ultranza la educación gratuita en centros públicos, no así concertados, pero llevas a tus hijos a universidades privadas al alcance de unos pocos entonces estás inmerso en una mentira. Si calificas de salvajada la tauromaquia y recibes en tu casa a una persona incapaz de condenar un atentado terrorista en el que mueren seres humanos entonces es que tienes una escala de valores errónea y perversamente enferma y no porque defiendas al toro.

Si les dices a los militares que prefieres su ausencia de los actos públicos y te dejas financiar por regímenes totalitaristas, entonces es que vives instalado en la inmoralidad de la desfachatez. Si predicas un Dios Amor y no eres capaz de acoger al hermano diferente a ti entonces no eres digno de seguir a ese Dios. Si hablas de la lucha obrera con el puño en alto y evades lo que ganas. Si haces una crítica continua del capitalismo y vives placenteramente inmerso en él, disfrutando de sus ventajas, mientras otros padecen sus injusticias, pasándolo mal y con graves carencias, entonces no eres digno de ser de izquierdas.

Si pides respeto para tu ateísmo e insultas y te burlas de mis creencias, entonces me generas mucha perplejidad. Si eres un gran defensor de la integración social y laboral de los sectores de población menos capacitada o favorecida debes facilitarle los medios para que puedan conseguirlo.

Ser de derechas o de izquierdas, homosexual o bisexual o heterosexual, comunista o capitalista, ateo o creyente, nacionalista o independentista, demócrata o tecnócrata, son diferentes maneras de estar en la vida. Lo que no se puede ser nunca es lo contrario de lo que se predica y autoproclamarse salvador. Cuando eso sucede entramos en un sin sentido desconcertante y generador de desfachatez, no ayuda a nadie y da mucha pena. Dedico estas líneas a los españoles coherentes con sus ideales y creencias, coincidan o no con las mías. Nos definen nuestros actos y finalizo con unas palabras de Jean Paul Sartre: eres dueño y responsable de tus decisiones y son las que van definiendo y modelando tu existencia.

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La solidaridad, la tolerancia y la justicia son valores imprescindibles para lograr una sociedad mejor para todos. Somos ciudadanos del mundo con el derecho a vivir y a ser respetado. Este blog quiere ser lugar de encuentro entre la Psicología y la Vida de todos los que lo deseen. Es posible hacer un mundo más justo.