Hoy

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A los amigos
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José María Fdez Chavero | 06-03-2017 | 17:58| 0

La palabra amigo procede del latín “Amicus” y es muy probable que derive del verbo amare, amar. Es un término con matices nuevos gracias a la comunicación virtual y a las redes sociales porque ahora solicitas amistad y los contamos por decenas y centenas, incluso millares. Estos amigos virtuales también lo son, pero en un nivel más de conocido que de lo que entendemos como verdadero amigo. Los amigos son esas personas a las que quieres porque son partes significativas de tu vida.

Amigo es ese alguien que deseas ver siempre, con el que intercambias infinitas noticias a diario, y es tanto lo compartido que no sabes dónde empiezas tú y donde comienza él. Es el depositario de tus mayores confidencias y secretos, conoce a la perfección tus gustos y limitaciones. Sabe, con solo mirarte la expresión de la cara, lo que te está pasando por la mente y por el corazón, por eso conocen a la persona que te atrae o tu postre preferido. No cuestionas nunca sus buenas intenciones y su confianza es inquebrantable por muchos momentos difíciles que puedan suceder. Se distinguen los amigos de los buenos compañeros porque nunca se quedan con la sospecha de la confusión y buscan aclarar los malos entendidos, de ahí que si ese amigo se aleja de ti por dudas, entonces debes pensar que no hablamos de amigos y sí de compañeros, en el mejor de los casos.

La amistad conlleva confianza y lealtad a prueba de dificultades, no exenta de críticas y de puntos de vistas diferentes. Ahora bien, cuando deciden algo se lleva el acuerdo hasta la tumba. La crítica y la disparidad de criterios forman parte de ese respeto y de la individualidad de dos que nunca pretenden ser uno porque ambos son necesarios para seguir creciendo y madurando. Nunca un amigo te hace renunciar a un derecho y tampoco te va a exigir el cumplimiento de un deber porque por encima de las leyes y de la moral se encuentra la solidaridad del que se siente correspondido desde la esencia de su ser.

Los amigos nacen sin saber muy bien cómo ni el por qué y nunca mueren, tan solo las circunstancias de la existencia humana los alejan físicamente. Los días de reencuentros son una fuente inagotable de nobles sentimientos y de alegrías y en pocos minutos vuelven sus diales a sintonizar con precisión las frecuencias vitales mutuas. Esto es la amistad y no otras sensaciones y si no se cumplen entonces nos encontramos con estupendos compañeros, o con personas que te caen bien, o con simples colegas…pero no amigos.

Los tenemos desde la más temprana infancia, desde la escuela primaria y de otras etapas de la vida, la mayoría separados por distancias kilométricas, pero las vivencias compartidas, los recuerdos, sus palabras y sus sentimientos los guardamos con cariño y a ellos les ocurre algo parecido porque la amistad es una reciprocidad simétrica y, al mismo tiempo, desigual y eso la hace imprescindible e inexplicable. A todos los amigos regalo mis palabras y recuerdos emocionados, que también me las dedico a mí, por ser amigo de mis amigos.

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Chismes y cómo superarlos
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José María Fdez Chavero | 01-03-2017 | 16:17| 0

Los seres humanos nacemos indefensos, sin posibilidad de sobrevivir por nosotros mismos y tardamos años hasta que lo logramos y eso es mérito del sujeto y de los demás. Los primeros años es la familia la que da forma a las potencialidades y capacidades, enseña a hablar, a controlar los esfínteres, a quererse y expresar afectos y amores, a afrontar los miedos, a contar éxitos y también los fracasos acumulados en el crecimiento.

Llega la guardería y el colegio, los iguales y profesores y de ellos iremos recibiendo enseñanzas positivas y algunas no apropiadas. Los años pasan y vamos añadiendo lugares y nombres a nuestras mentes y corazones. A muchos queremos y de otros nos alejamos porque no coincidimos en ideas, creencias o modos de enfocar la vida. Ese proceso de humanización no termina nunca y está en continuo cambio y adaptación.

Hay algunos principios básicos que aseguran un buen crecimiento y un desarrollo equilibrado. Entre ellos está el respeto al otro, a sus ideas e intereses, a sus gustos y a su modo de vivir, siempre que sean respetuosos con la vida de los demás. Un segundo es una actitud de confianza en el ser humano, con la precaución adecuada para que no se convierta en ingenuidad y foco de engaños y burlas. Otro es el diálogo, el intercambio de informaciones, pensamientos, sentimientos,  sin ser valoradas y juzgadas e invitando a los interlocutores a que se atiendan las nuestras con la misma actitud. Por último, la sinceridad y la honestidad adaptadas al lugar y momento para alcanzar la madurez y ser cada día un poco mejor.

La puesta en escena de estos principios no resulta nada fácil y muchas veces se enturbia la vida porque aparece el chisme, la palabra mal intencionada que enreda el ambiente y enaltece la mentira hasta transformarlo. El chisme es el comentario gratuito e hiriente, sin fundamento y genera confusión. Nos introduce en un mundo absurdo, alejado de lo sucedido y nos lleva a una improductiva y depresiva soledad. Anclan sus raíces en la inseguridad, en los complejos, en la envidia, en creerse superior. La inmensa mayoría padecemos la triste experiencia de haber sucumbido a él, pero gozamos de no habernos quedado en sus enfermizos laberintos. El chismoso se empobrece y se va aislando hasta quedarse en el olvido, con el único y engañoso consuelo de creer que son los otros los confundidos.

Sin chismes se vive mejor, se disfruta más de los semejantes porque te alegras de sus triunfos y ellos de los tuyos, sientes sus fracasos y ofreces tu apoyo, y así se logra el equilibrio de uno consigo mismo. El no meterse en el mundo del enredo social nos aporta tranquilidad y alegría.

Me atrevo a sugerir un sencillo consejo que puede ayudarnos a seguir creciendo. Si nos encontramos con alguien dominado por embustes, líos y falsas intrigas lo conveniente es dejarles, desde el respeto y con la paciencia suficiente para ayudarles a salir de ese enjambre de falsedad si se da cuenta y nos pide ayuda.

Les dedico estas líneas a los que viven con el deseo de crear un mundo más transparente y más sano, sin caer en las perniciosas habladurías, que tanto daño hacen a quien las protagoniza y a su entorno familiar y social.

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Disfraces interactivos
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José María Fdez Chavero | 21-04-2017 | 11:43| 0

 

Estas fiestas han sido controvertidas en diferentes momentos de la historia por su exagerada permisividad con los placeres carnales de la vida y por las continuas y desenfadadas críticas contra las instituciones, ya sean civiles, políticas, económicas, religiosas. Durante décadas  han sido cuestionadas, e incluso rechazadas y prohibidas, por sus excesos y desvergüenzas consentidas. Craso error el anular las festividades del pueblo, sin más explicaciones que una moral no bien entendida.

En los orígenes de estas celebraciones se encontraba el deseo de decir adiós a los errores del pasado, a las confusiones y maldades, con la aspiración legítima de convertirse en mejores personas. Los tambores y disfraces avisan de que el hombre viejo, egoísta y centrado en sí mismo, se va a transformar, después de un tiempo de sacrificio y esfuerzo, en un hombre nuevo, entregado a los demás y dirigidos hacia la santidad. Me gusta su sentido.

Muchos se disfrazan con el interés legítimo de pasar unas horas alegres y divertidas con sus amigos, compañeros y conocidos, con la familia. Se ven trajes de todo tipo, desde los inspirados en inocentes dibujos animados para los más pequeños, a los más burlones y críticos sobre políticos o futbolistas o famosos. Están los clásicos de superhéroes y princesas, los de hombres para mujeres y la estrella de todos los tiempos y lugares, el de mujer para los hombres, que son los más deseados. Serán el personaje de sus sueños e ilusiones, aquello que la imaginación tantas veces nos presenta por gustos o antipatías y de ahí que los caricaturicemos.

Lo importante es caracterizarse de lo que desee cada uno, siempre desde el respeto a los demás y el buen gusto. También disfrutamos con chirigotas y murgas, comparsas y desfiles.

Hay situaciones actuales preocupantes y desearía fueran disfraces de mal gusto que nos pudiéramos quitar, como si fuesen simples caretas. Hablo del corrupto, ese que roba el dinero de todos y vende su dignidad y honorabilidad y el de su familia, no para tener lo necesario, sino para vivir en el exceso de la desvergüenza. Está el de los niños y no tan niños que se burlan y menosprecian a quién le resulta difícil defenderse. El del maltratador, que convierte el sufrimiento y horror del prójimo, en su momento de gloria, de sin razón. Mi pena es saber que no son máscaras de quita y pon, son aspectos de una realidad macabra que llena excesivo tiempo los medios de comunicación.

Me encantaría diseñar un disfraz interactivo por el cual cada persona padeciera durante unos minutos el mal que él causa. No lo digo desde la estéril venganza, ni desde el castigo y sí como medio para que aprendiéramos a valorar la vida de los demás. Buen momento para enterrar, junto a la sardina, los aspectos propios que no nos gustan. Espero que sean días de alegría, risas, bromas y ocurrencias desde el afecto y la sana convivencia.

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Miradas de la vida
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José María Fdez Chavero | 21-02-2017 | 11:03| 0

 

Tenemos infinidad de miradas grabadas en las memorias y en los sentimientos que corresponden a vivencias personales, familiares y sociales. Recordar algunas nos devolverá por unos segundos al reino de los sentimientos, en medio de tanta perplejidad actual. Comienzo por la de cariño de los abuelos el día que ibas a verlos, cargada de ternura y mimos proporcionados por un amor gratuito y por las arrugas de los años vividos. Recuerdo la de preocupación de la madre ante la fiebre alta que no baja y deja al hijo impotente y con deseos de que no se vaya de su lado o la de satisfacción del padre tras el abrazo del hijo a las puertas del colegio. Me emociona recordar la mirada fatigada de mi madre y la de alegría de mi padre después del nacimiento de los dos hermanos pequeños.

Tengo grabado el brillo de unos ojos enfadados ante la metedura de pata y que, con rapidez salvífica, acompañábamos con una petición de perdón. Ese brillo transmitía disgusto pero también el perdón y una nueva oportunidad. Nos invaden los recuerdos de las miradas apagadas de nuestros familiares que, por culpa de las enfermedades o de los años cumplidos, se despedían convencidos de un amor recíproco y siempre presente. Tenemos los ojos llorosos de la familia, con las miradas perdidas, ante el cuerpo sin vida del ser querido. Esa mirada encerraba la impotencia del sufrimiento, la rabia de la separación, pero mucha admiración y la esperanza en un futuro unidos.

Repasamos las de amigos y parejas. Está la cómplice del amigo que te avisa de la llegada de tus padres o de profesores cuando estás haciendo algo que no debieras. Contamos la que acompaña al guiño sonriente de la confidencia compartida, cargada de infinitas emociones y de no menos disparates graciosos y cercanos. Y qué decir de esas pupilas dilatadas y apasionadas del amor declarado y que han inspirado tantas canciones y poesías.

Termino con las de los hijos, esos seres que cautivan y marcan la existencia de quién los tiene. Está la acobardada ante la dificultad, a la que se debe corresponder con sosiego y calma, con gestos que invitan al abrazo y a dar ánimos. Permanecen todas las que te recuerdan tu etapa de hijo y que intentas responder de manera parecida a como lo hicieron tus padres, si acertaron. Existe una mirada que no tuve en mi etapa de hijo y ahora sí la tengo como padre y es la de la hija al que se le deben adaptar los objetivos y demandas porque necesita más tiempo para alcanzarlos. Ésta es de búsqueda, mezcla de intentos y de pequeños logros, y ante ella la única respuesta posible es la que combina pequeñas dosis de cansancio, inmensas cantidades de apoyos y un querer incondicional y eterno. Su mirada es la que mejor refleja la nobleza del alma.

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La religión y sus mensajeros. Bondades y maldades.
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José María Fdez Chavero | 19-02-2017 | 21:22| 0

Llevamos días, meses y años con noticias de sacerdotes y religiosos que son escandalizadoras por enfermas y delictivas. Son una pequeña minoría dentro de un colectivo que trabaja por los demás, con especial dedicación para los pobres y necesitados. Hago esta reflexión desde mis creencias religiosas y con una profunda tristeza y dolor. La paidofilia es un trastorno de la identidad sexual recogido en las clasificaciones internacionales de los trastornos mentales y es la atracción sexual de la persona adulta hacia niños de su mismo o de distinto sexo. Estas conductas enfermas son reprobables y condenables desde el derecho y la moral y corresponde a la justicia civil y a la jerarquía eclesiástica actuar con rapidez por el mucho daño que causan.

Hemos de preguntarnos por qué se dan estas conductas en personas, que libres y voluntariamente, escogen el celibato, pero esta reflexión corresponde a los órganos competentes de la Iglesia. Anosotros nos toca denunciarlos, condenarlos, pedir que se haga justicia y seguir colaborando con la inmensa mayoría de sacerdotes y religiosos que, día a día entregan sus vidas, para lograr una humanidad más solidaria. Es mucho el bien realizado por las religiones y sus miembros, en una sociedad tendente a la desigualdad e injusticia.

La religión es encuentro con la Divinidad, es común unión con el creador de todo, es trascendencia, proyección al futuro desde el amor. Es concordia interpersonal con el prójimo,  sea como fuere, tenga mucho o poco, sea sabio o ignorante, siempre por el que tiene más dificultades y necesidades, por el débil.

La religión está en el mismo proceso evolutivo de la persona y de la humanidad, no podríamos entendernos sin ella. Ciencia, cultura, arte, filosofía de la vida, atenciones a los más desfavorecidos son algunas de sus facetas. Muchos hombres y mujeres han puesto sus vidas al servicio del necesitado y siguen hoy comprometidos con la búsqueda y propagación de sistemas de vida justos, partiendo del compromiso con Dios. La religión nos impulsa a querer ser mejores, a comprometernos con nosotros y con los demás, saltando las barreras de nuestras casas, ciudades, países… y ello porque hemos encontrado el gran motor que impulsa la vida, que nos hizo libre y seres vivos y que recibe diversos nombres. Es fundamental ser respetuoso y tolerante con los que piensan o sienten de forma diferente.

El Dios de la vida, del compromiso, de la libertad, del encuentro interpersonal es el que está ahí, a veces se hace presente con su propia voz y otras desde la acogida silenciosa. La pena y la grandeza es que se vale del ser humano para predicar su mensaje y nos encontramos con mensajeros de muy diversas condiciones. Los más son buenos que desean construir un mundo mejor, pero también padecemos casos que hacen del delito y la maldad el eje de su labor y son los tribunales civiles y eclesiásticos los responsables de juzgarlos.

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San Valentín, celebramos el amor
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José María Fdez Chavero | 13-02-2017 | 21:19| 0

El 14 de febrero nos invita a celebrar el amor de pareja de manera especial, aunque sabemos que está presente en los 365 días del año, 366 si es bisiesto. No es una cursilada, ni es el patrón de tiendas y grandes almacenes. Tampoco es sinónimo de tarjetas cariñosas, o de flores, joyas, viajes o veladas románticas, aunque no son incompatibles. San Valentín, 14 de febrero, nos permite prestar especial atención al amor en pareja. Ésta no discrimina sexos, ni edades, ni razas, ni credos, ni clases sociales o partidos políticos. Amarse no necesita contratos escritos ni verbales, ni ceremonias religiosas ni civiles para tener sentido y prosperar, aunque es cierto que la expresión pública y el compromiso ante la sociedad y, en el caso de los creyentes, ante Dios tiene su importancia y añade a los enamorados un sentido especial de vivencias y unión.

Hay varios elementos fundamentales en la pareja. Son el respeto mutuo, la confianza, el compartir la vida y la atracción física y psíquica. Cuando alguno se debilita puede recuperase con esfuerzo y gratuidad pero si desaparece entonces la separación puede hacerse presente en no mucho tiempo. La falta de respeto destroza la paridad tan necesaria para amarse, a partir de ese momento uno explota la intimidad del otro, lo debilita en su identidad y lo anula.

La pérdida de confianza desintegra la tranquilidad, imprescindible cuando se comparte tiempo, espacio y existencia. Sin confianza nos introducimos en el mundo de la sospecha, de las dudas sobre la exclusividad, de los celos. Si cada uno hace lo que le apetece, sin tener en cuenta al otro, entonces iniciamos el camino hacia la pregunta de qué hacemos juntos y de ahí a la ruptura el trayecto es corto. La atracción física y psíquica son los primeros elementos desde el punto de vista cronológico, aunque las hayamos recogidos en último lugar. El sentirse deseado y el desear son emociones nobles y de gran fuerza, lleva a la conexión, a fundirse ambos en uno.

Estos elementos van combinándose y enriqueciéndose, cimentando una convivencia libre y comprometida que nos ayuda a crecer y a madurar como individuos y como parejas. Muchas veces el querer y los afectos se desvanecen sin poder encontrar culpables y no por ello esas personas deben renunciar a un futuro en el que haya nuevas relaciones de amor.

Si bien estos elementos cimentan la unión, el amor es mucho más. Posee la cualidad de convertir lo que toca en algo maravilloso, digno de dedicarle este día de febrero. Es uno de los temas más tratados a lo largo de la historia de la humanidad en libros y escritos, en canciones y melodías, en obras de teatros y películas y en todas las actividades diarias. El amor es paciencia y silencio, son risas y lágrimas, dolores y sufrimientos, encuentros y despedidas, perdón y vuelta a empezar. Supone no desesperar ante los problemas de cada jornada y es mirarse sin esperar nada a cambio. El permanecer en esta realidad de la pareja no se improvisa, no se fuerza ni se deja al libre albedrío, se busca. Dedico estas líneas a nuestros padres que nos dieron la vida y a las personas que queremos y con las que vamos creciendo y disfrutando, a pesar de las dificultades.

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Ser mejor persona
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José María Fdez Chavero | 09-02-2017 | 08:01| 0

Mi salud es buena, al menos en apariencia, y no sé cuántos años me quedan de vida física, ni los que le quedan a mis familiares, amigos, compañeros. Deseo que la muerte suceda con la lógica de los años para que el sufrimiento no sea descomunal, pero el final de esta existencia obedece muchas veces a caprichos de la naturaleza, difíciles de entender. Me pregunto por el futuro incierto de mis alumnos y de mis hijos. Esto del futuro es desconcertante, pero en el tema de la existencia humana sabemos que nos espera la muerte.

Hoy es un estupendo día para realizar, en unos minutos, un sencillo ejercicio de imaginación y de afectos. Es fácil si tenemos algo de paciencia y nos dejamos acompañar pero entiendo que algunos prefieran quedarse en la lectura sin más.

El primer paso consiste en sentarnos cómodamente, en un lugar tranquilo y, a ser posible, con pocas interferencias. Cerramos los ojos, respiramos con serenidad, alternando inspiraciones y espiraciones, sin prisas. Después de varias, nos imaginamos nuestro propio entierro y funeral. Vemos con los ojos de la imaginación a los seres queridos que escuchan, entre sollozos y suspiros, las palabras del sacerdote en la homilía. Entre ellos se encuentran los padres, mujeres y maridos, hijos y hermanos, nietos, amigos, etc. que lloran y se consuelan entre ellos. Al finalizar la eucaristía, se sitúan detrás de nuestro féretro para recibir los pésames. Se recrudecen unos llantos cargados de infinita tristeza, de recuerdos y sentimientos. El dolor es intenso y desgarrador.

Escuchamos lo que dicen de nosotros. Oímos comentarios variados. Nos vamos deteniendo en ellos, en si fuimos buenos hijos o si complicamos en exceso la existencia de nuestros padres. Escuchamos a las parejas sobre cómo fuimos durante los años compartidos. Llega el turno para los hermanos, hijos, amigos y compañeros de colegios, de ocios y trabajos.

Ojalá nos guste lo escuchado durante este breve ejercicio, pero si no es así, y han sido más las críticas que las alabanzas entonces hemos de cambiar. Existe la posibilidad de reorientar la manera de estar en este mundo. Si lo que hemos imaginado coincide con lo que queremos ser, entonces tenemos la inmensa fortuna de andar centrados en la vida.

Termino con una frase de un santo vasco y español, San Ignacio de Loyola. Estaba convencido de que “no el mucho saber harta y satisface el ánima sino el gustar de las cosas internamente”. Es una magnífica enseñanza que debemos aplicarnos si ambicionamos la felicidad terrenal y la eterna. Mientras el corazón siga latiendo disponemos de tiempo para transformar lo que no nos agrade de nosotros y alcanzar el sueño de convertirnos en ese hombre o esa mujer que anhelamos ser. Abandonemos las miserias y limitaciones que nos anclan en la mediocridad y caminemos hacia la bondad. A veces, es preciso vivir como locos para morir como cuerdos, al igual que don Quijote de la Mancha que hizo del amor y la compasión la esencia de don Alonso Quijano.

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Dinero y vida
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José María Fdez Chavero | 05-02-2017 | 19:37| 0

Decimos que ‘el dinero no hace la felicidad, pero ayuda a conseguirla’. No resulta fácil situarse ante el dinero porque, si bien no hace la felicidad, su total ausencia dificulta en demasía el desarrollo normal de la vida. Abraham Maslow afirmó que para alcanzar la felicidad, la plena realización personal, es preciso ir satisfaciendo una serie de necesidades escalonadas desde lo fisiológico hasta lo espiritual, pasando por lo afectivo y la propia seguridad. Sabemos, por propia experiencia, lo difícil, por no decir imposible, que resulta estudiar o trabajar cuando se tiene hambre o sueño o frío o una enfermedad.

En todas esas situaciones es imprescindible el dinero; no como algo de lo que vanagloriarse ante los demás, sino como medio para solventar las necesidades planteadas. El uso que hagamos de él posibilitará acercarnos a ese objetivo de encontrarse realizado como ser en el mundo, en relación consigo mismo, con los demás y con Dios, sea cual sea su nombre. Nos proporcionará el sustento para nuestro cuerpo, la formación intelectual y afectiva, la salud al  enfermo y el consuelo al que no goza de las mismas capacidades. A esas ventajas debemos aspirar, aunque no todos lo lograrán, injusticias de este especie humana.

El dinero es una herramienta de la convivencia humana y es bueno en la medida que la facilita. Desde un punto de vista moral, no tiene valoración, es neutro, no así el uso que se haga de él. Al igual que el buen manejo nos ayuda a avanzar en el camino de la vida, también su mal uso ha tenido y tiene consecuencias negativas y perjudiciales para la persona, pudiendo modificar el sentido de la felicidad y pasar a convertirse en un sinsentido por la mucha frustración que acarrea.

Por el dinero se explota al débil, se vende la propia dignidad, se extorsiona, se engaña y confunde, se comercializan las intimidades físicas y espirituales, se priva de libertad, se invaden países, se maltrata y asesina. Por un puñado de billetes se pierde la confianza de los que un día creyeron en sus buenas intenciones y propósitos y le votaron, de esto tenemos cientos de penosos ejemplos en la política española.

Y qué decir de las muchas familias destrozadas y rotas por herencias mal compartidas, o los amigos perdidos por préstamos no devueltos, o relaciones laborales amañadas por malos  administradores que llevaron al despido de los débiles o al cierre de los pequeños negocios.

El dinero es tan poderoso que marca el signo de las relaciones nacionales e internacionales, las negociaciones entre empresarios y trabajadores y de él es imposible escapar. Estamos dentro de sus tentáculos y a él se sucumbe con suma facilidad, tanto los de arriba como los de abajo, ya sean de orientaciones políticas mal llamadas conservadoras o progresistas, o residan en el norte o en el sur, sean agnósticos o ateos o creyentes, laicos o religiosos. Es tanto su poder que puede hacer cambiar votos, gustos, perdones, principios, valores, incluso la capacidad de pensar y de querer con tal de obtener sus beneficios. Ahora bien, es la herramienta que tenemos en nuestras relaciones sociales y hemos de aprender a utilizarlo de forma que todos podamos beneficiarnos. Deseo que la noticia reciente de que el patrimonio de los 200 más ricos de España crece en 31.400 millones y se complete algún día con algo parecido a “es una realidad en España el pleno empleo”.

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PAZ
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José María Fdez Chavero | 29-01-2017 | 20:00| 0

 

Hablamos y escribimos sobre la paz y sus infinitas ventajas y continuamos padeciendo los horrores de guerras absurdas y destructivas, como si obedeciéramos a una mente perversa y dividida. Se ha fijado el 30 de enero para tomar conciencia y deliberar, niños y jóvenes, sobre la paz, la tolerancia y los derechos humanos. Se celebra desde 1964 y surgió de la iniciativa del profesor Llorenç Vidal. La hizo coincidir con la muerte de Mahatma Gandhi, asesinado a tiros en 1948. La ONU lo reconoció en 1993.

Hoy es un magnífico día para darnos cuenta que la paz es la mejor forma de crecer y desarrollarse. Cuando los países o comunidades gozan de concordia se produce crecimiento económico y progreso social. En la Ilustración, siglo XVIII, se propugna la educación como camino idóneo para que niños y jóvenes lleguen a ser adultos sanos y maduros. Se apunta a una formación que nos ayude a ser críticos, a no dejarnos llevar por deseos ni impulsos ajenos a la razón.

Mucha armonía en la mente y en los labios y enormes desavenencias en las calles. Afirmo, con tristeza y pesar, nuestra incapacidad para compartir espacios y tiempos sin pelearnos, respetando al otro en lo que es y tiene. Nos agredimos por diferencias de color de piel, de credos, por situaciones sociales o económicas, por pensamientos e intereses, por capacidades intelectuales, por rasgos psicológicos y físicos, incluso, por diferencias deportivas. Las tenemos de un país contra otro, de varios países a la vez, las mundiales y las de hermanos contra hermanos o civiles. El resultado es el mismo: millones de personas muertas, pero ni aprendemos ni queremos aprender.

Estamos presos de una macabra pesadilla. Algo tenemos en los genes, en la razón y en los sentimientos de la especie humana para no alcanzar lo que tanto defendemos. Una verdadera contradicción.

La paz puede ser una realidad si cada individuo logra el equilibrio entre su mente y su corazón, entre sus ideas y afectos, ilusiones y miedos, capacidades y deficiencias. El amarse a sí mismo es el primer paso y eso requiere aceptar lo que no podemos cambiar o nos disgusta de nosotros, erradicando lo malo, potenciando y manteniendo los aciertos. Si nos queremos será más fácil apreciar a los demás. El segundo escalón es darse cuenta que el aprecio mutuo se transforma en ayudas y es más fácil crecer y prosperar y el tercer punto es mirar a los demás en lo que son y no en las apariencias ni en las posesiones.

Este camino de crecimiento se inicia en la cuna y ha de estar presente siempre. La familia es la fuente de concordia, de sosiego y tolerancia, de no violencia y aceptación. La guardería, el colegio, el instituto, la universidad, las academias como continuadores. Todos convencidos de que la razón han de prevalecer sobre la irracionalidad, la búsqueda de soluciones sobre las imposiciones totalitarias, la diversidad sobre la uniformidad, el encuentro sobre la división. La educación es la encargada de conducirnos a esa paz que tanto deseamos y no alcanzamos: la Paz, palabra de tres letras que resume el anhelo de la humanidad. Ojalá conozcamos la Paz.

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¿Por qué me discriminas?
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José María Fdez Chavero | 25-01-2017 | 11:59| 0

 

Reedito este artículo como defensa de una persona que no conocí, que ha fallecido y es atacada en las redes sociales por ser como fue, en lo que nadie nunca debió meterse porque somos libres y diversos.

“A lo largo de la historia son muchos los grupos y colectivos discriminados por el resto de la sociedad, viviendo a la sombra de una mayoría que no entendía o no comprendía sus particularidades. Pasaban a ser personas de segunda clase o de tercera, incluso se ha llegado a cuestionar, si había que considerarlas como tal. Son causas de exclusión el lugar de nacimiento, las ideas políticas, el sexo, la orientación sexual, las costumbres y tradiciones, las creencias religiosas, el aspecto físico, las capacidades cognitivas y un lago etcétera. A los marginados se les separaban del resto, se les limitaban sus derechos, se les aislaba. En ocasiones se les encerraba en cárceles, o eran el centro de burlas, incluso de torturas y crímenes. Hoy siguen dándose porque siempre hay individuos con mentes acomplejadas y sentimientos pobres.

Son muchas las razones y por ello deseo y espero que las leyes educativas, cambiantes con cada gobierno, no sigan reduciendo determinadas áreas de conocimientos. Es fundamental que nuestros niños y jóvenes conozcan la historia de la humanidad y del pensamiento para conseguir un sano y equilibrado proceso de formación, de crecimiento y maduración. Les aclarará bastante sobre cómo hemos llegado al estado actual, lo que somos y los medios empleados. Ese recorrido dará la posibilidad de analizar los logros y las barbaridades de la humanidad y se podrá trabajar para potenciar los primeros y erradicar las miserias.

Me pregunto el porqué se ha silenciado a colectivos que no suponían amenaza para nadie y una de las razones para explicarlo, no justificarlo, es el pánico a lo diferente, a lo que se sale de la norma, a no ser como yo. Otra es el vernos reflejado en ellos y como no me acepto entonces lo mejor es rechazarlo. Corremos el riesgo de convertirnos en personas uniformadas y acríticas, iguales en ideas y creencias, en rasgos físicos y mentales, en sentimientos y sensaciones porque nos proporciona seguridad. Eso es señal de inmadurez y complejos, de baja autoestima y de miedos. Bastaría con fijarnos en los líderes de los discriminadores, en dictadores y tiranos para confirmar mis palabras. En una tribu, en un clan, en peñas y asociaciones, agrupaciones y comparsas, aulas y familias encontramos miembros marginados por otros inseguros y confundidos, desconfiados.

Hace unos años leí a Tomas More y habla de un lugar llamado Utopía para vivir, una isla inexistente pero que podríamos hacerla realidad. Defendía los ideales de amor, respeto, justicia, paz y afecto por encima de todo lo demás y sólo podían florecer donde reinara la sinceridad y no la hipocresía ni la envidia. Soy consciente de que es imposible de alcanzar, pero siento que cada vez somos más los que nos mostramos tolerantes y receptivos con los que no cumplen los parámetros del grupo mayoritario. Existen hombres y mujeres que han luchado, y lo siguen haciendo, desde la razón y los sentimientos, para obtener un mundo más justo en el que desaparezca la lacra de la exclusión, de la incomprensión, del destierro y del rechazo por ser diferente. Ojalá estemos en  este grupo”.

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La solidaridad, la tolerancia y la justicia son valores imprescindibles para lograr una sociedad mejor para todos. Somos ciudadanos del mundo con el derecho a vivir y a ser respetado. Este blog quiere ser lugar de encuentro entre la Psicología y la Vida de todos los que lo deseen. Es posible hacer un mundo más justo.