Hoy

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Homosexualidad y normalidad
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José María Fdez Chavero | 12-06-2017 | 15:18| 0
homosexualidad

La sexualidad impregna la vida y no es sólo una genitalidad, sino una manera de vivirse y autodefinirse. El hombre y la mujer se viven y se entienden como personas en comunicación con otras en un momento y lugar concreto y un aspecto de la misma es la sexualidad, la entrega corporal y afectiva. En esa entrega es donde alcanza su máxima expresión las distintas prácticas sexuales.

En cuanto a la homosexualidad decir que es una realidad y no una enfermedad, que homosexualidad y heterosexualidad no son polos opuestos, sino cuestión de grados. Se afirma en estudios españoles que entre un 3-5% de la población son homosexuales, viven su sexualidad como una fuerte atracción erótica, unas veces preferencial y otras en exclusiva hacia personas del mismo sexo. Se experimentan como tal y eligen seguir con esa identidad porque es en torno a ella como han definido su personalidad.

Traigo las siguientes líneas recogidas del testimonio de una persona totalmente integrada en la sociedad, con una psicología sana y una vida plena.

“¿Cómo contar  mi experiencia con la homosexualidad? ¿Cómo contar que tengo el pelo rizado o que uso zapatos del 42? Es una característica más de las muchas que forman parte de mi personalidad. La vivo con total naturalidad y no tiene más importancia que otras. Para mí, es una cosa normal.

¿Cómo y cuando me di cuenta de mi identidad sexual?  Creo que, de un modo latente, desde mi niñez, siempre lo percibí. Me sentía más atraído por los chicos que por las chicas, me parecía mucho más atractivo un chaval que una chavala. Sin embargo, no encontraba el modo de darle salida. Me limitaba a saberlo, no a explorarlo, hasta que llegó el amor a mi vida. Me enamoré de un amigo de la pandilla y permaneció oculto durante meses, hasta que un día, con la naturalidad y normalidad con la que me tomo las cosas, se lo dije. Pensé que, de no sentir lo mismo que yo, tampoco había razón por la que sentirse ofendido, sino que por el contrario, podría tomarlo como un halago puesto que yo no pretendía nada, solo poner voz a mis sentimientos. Mi sorpresa fue que al contarle lo que me ocurría, me encontré que él sentía lo mismo por mí… Yo entendía que cuando uno se comporta de forma natural, recibe de vuelta la misma naturalidad.

Mi vida transcurrió como la de cualquier joven: estudié, participé de mis aficiones y mantuve mis amoríos de un modo normal, siempre de forma oculta, solo la vivía con la pareja que tuviese… hasta que los amigos empiezan a formar parte de esta peculiaridad de mi personalidad. De la misma forma que aceptaban mis gustos musicales diferentes ¿por qué no iban a aceptar que me pudiera enamorar de alguien del mismo sexo?

La homosexualidad para mí es algo que afronto con sencillez, con franqueza, como un hecho diferencial más de mi personalidad y pienso que cuando tú te aceptas y te muestras tal como eres la gente te acepta sin más”.

Ojalá tengamos la madurez de esta persona y que los avances científicos nos ayuden a comprender mejor la naturaleza. Poner semáforos en los que las luces de los peatones representan parejas homosexuales no deja de ser una cuestión anecdótica y pido que no tengan que cambiarlos cuando venga el día dedicado al color de la piel, o a la diversidad funcional, a la mujer, o a la madre o al padre, o a los abuelos y un largo etcétera, entre otras cuestiones porque lo sacamos de la normalidad.

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Interpretar de nuevo la vida
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José María Fdez Chavero | 14-06-2017 | 16:03| 0
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NO todos llegamos a las mismas conclusiones. Es claro que no partimos de las mismas premisas. Vamos a ver dos sencillos ejemplos que nos ayuden a enfocar el tema. Me decía una persona que ha padecido fuertes depresiones durante años que cuando cumplió 45 se rindió, solicitó pasar por el tribunal médico y hoy se encuentra tristemente jubilada. Le escuché su historia y la interpretación que daba a los acontecimientos vividos con el congojo que genera cuando alguien te abre su mente y su espíritu. Mostré mi agradecimiento por su  confianza, con el compromiso de ayudarle a realizar un nuevo análisis.

Cuestioné su conclusión de rendirse porque no refleja adecuadamente lo ocurrido. Ella es una persona que lleva años con depresiones, tomando medicación y alternando consultas y profesionales. Logró terminar una formación académica y desempeñó un trabajo durante años, con mucho esfuerzo y sin rendirse. Sucede que todo tiene un principio y un fin y su cuerpo y mente comprendieron que había llegado el momento de finalizar esa etapa laboral para dar paso a otra en la que el cuidado personal, las actividades afectivas y sociales y las de ocio ocupasen su mayor tiempo. Así fue como recobró la tranquilidad de su infancia y adolescencia y hoy su vida tiene otros objetivos.

El segundo ejemplo es el de una joven con deseos de comerse el mundo. En un despiste yendo a la universidad tuvo un accidente de coche y ahora lleva meses en rehabilitación. Aunque todo parece negativo, no es así. Desde el ha comprendido la fragilidad de la vida y la necesidad de poner atención en las cosas que hace. Ha recuperado ilusiones que estaban difuminadas con respecto a sus estudios. De nuevo ha notado el amor incondicional de su familia y de su pareja y ahora valora más aún estas relaciones. Podemos decir que ha mejorado su existencia en la actualidad, viviendo más intensamente algunas facetas algo abandonadas, aunque se retrase el final en la facultad.

Son dos casos de los muchos que existen. No deseamos que ocurran, pero forman parte de la vida y son inherentes a ella. Suceden y no los podemos eliminar, por tanto, lo que nos queda es hacer otra interpretación que nos ayude a construir y no a destruir más. Aprender a releer nuestra historia personal en positivo nos ayudará a ser más felices porque todo, absolutamente todo, es susceptible de ser examinado desde ópticas diferentes. No queremos el dolor, ni la enfermedad, ni la muerte, ni las dificultades, pero somos limitados en el espacio y tiempo. Todas ellas pueden ayudarnos a descubrir matices en nuestras existencias y en las ajenas que nos humanicen, nos hagan más cercanos y dichosos.

El final de todo relato ha de reflejar lo se cuenta en él: la satisfacción por los años vividos. Que podamos decir, mirando el rostro de los demás, que nos hemos empleado a fondo en esta hermosa y dolorosa aventura de la vida. Algunas personas se encuentran con existencias fáciles de vivir, pero la inmensa mayoría nos pasaremos horas intentando ver los aspectos positivos de lo que nos pasa. No nos precipitemos en la valoración porque todo tiene perspectivas negativas y positivas, lo que es necesario es aprender a encontrar estas últimas y a reinterpretarlas. Ver lo positivo no es ingenuidad, es salud.

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Da respeto, recibe respeto
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José María Fdez Chavero | 06-06-2017 | 08:53| 0
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Son condicionales, por tanto, pueden o no darse. Si eres nacionalista y pides respeto a tus ideas y símbolos y no respetas los de los demás entonces eres fuente de conflicto y te encuentras muy alejado de la convivencia pacífica. Si tienes ideas y convicciones republicanas y no respetas a los monárquicos o viceversa, o si tu bandera tiene colores diferentes a la mía y la abucheas entonces corres el riesgo de que no respete la tuya.

Si vas por la vida de demócrata tolerante y conviertes la libertad de expresión en tu seña de identidad, pero no aceptas que yo también reclame mi derecho a expresar mis creencias entonces me desconciertas. Si vas de adalid de la anticorrupción y no te enteras de que muchos de tu mismo grupo son corruptos entonces debes abandonar la política, no por falta de honradez sino por incompetencia. Si haces de la sanidad pública y universal un baluarte de tu ideología humanitaria y social, económica y política, pero tu hijo nace en una de las clínicas privadas más cara de la sanidad mundial entonces pienso que no eres coherente con tus ideas.

Si defiendes a ultranza la educación gratuita en centros públicos, no así concertados, pero llevas a tus hijos a universidades privadas al alcance de unos pocos entonces estás inmerso en una mentira. Si calificas de salvajada la tauromaquia y recibes en tu casa a una persona incapaz de condenar un atentado terrorista en el que mueren seres humanos entonces es que tienes una escala de valores errónea y perversamente enferma y no porque defiendas al toro.

Si les dices a los militares que prefieres su ausencia de los actos públicos y te dejas financiar por regímenes totalitaristas, entonces es que vives instalado en la inmoralidad de la desfachatez. Si predicas un Dios Amor y no eres capaz de acoger al hermano diferente a ti entonces no eres digno de seguir a ese Dios. Si hablas de la lucha obrera con el puño en alto y evades lo que ganas. Si haces una crítica continua del capitalismo y vives placenteramente inmerso en él, disfrutando de sus ventajas, mientras otros padecen sus injusticias, pasándolo mal y con graves carencias, entonces no eres digno de ser de izquierdas.

Si pides respeto para tu ateísmo e insultas y te burlas de mis creencias, entonces me generas mucha perplejidad. Si eres un gran defensor de la integración social y laboral de los sectores de población menos capacitada o favorecida debes facilitarle los medios para que puedan conseguirlo.

Ser de derechas o de izquierdas, homosexual o bisexual o heterosexual, comunista o capitalista, ateo o creyente, nacionalista o independentista, demócrata o tecnócrata, son diferentes maneras de estar en la vida. Lo que no se puede ser nunca es lo contrario de lo que se predica y autoproclamarse salvador. Cuando eso sucede entramos en un sin sentido desconcertante y generador de desfachatez, no ayuda a nadie y da mucha pena. Dedico estas líneas a los españoles coherentes con sus ideales y creencias, coincidan o no con las mías. Nos definen nuestros actos y finalizo con unas palabras de Jean Paul Sartre: eres dueño y responsable de tus decisiones y son las que van definiendo y modelando tu existencia.

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Todos somos Barcelona
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José María Fdez Chavero | 17-08-2017 | 18:55| 0

 

Dedico esta reflexión a las víctimas de Barcelona y a sus familias. Los hombres y mujeres de paz hacéis grande al ser humano. Descansad en Paz y gracias por vuestras vidas.

No podía faltar la pena y la tengo. En los últimos meses y años se sucede la barbarie asesina de la intolerancia y de la locura asesina. Se ha escrito mucho en los últimos años sobre el integrismo islamista, salpicado cada cierto tiempo por actos terroristas abominables en una lista en continuo aumento. Londres, Manchester, Pakistán, Bruselas, París, Madrid, Irak, Nueva York, Siria y un largo etcétera son parte de esa barbarie en la que unos iluminados asesinos matan a inocentes en nombre de un dios que tan solo existe en sus mentes enfermas.

El Dios llamado Alá nos invita a atender al pobre y al necesitado, a rezar para ser mejores personas, a controlar las propias pasiones para sentirnos libres de ataduras internas y externas y, sobre todo, a amar y amar. Alá es grande, como lo es Dios. Las relaciones occidente y oriente, norte y sur han sido desiguales a lo largo de los siglos y hay épocas en las que los primeros han abusado de los segundos, pero eso no justifica la sinrazón de los actos terroristas.

La archiconocida frase de que “el tiempo pone a la gente en su sitio” no es cierta, es una patraña. Es una expresión inventada cuando no encontramos solución a una situación injustificable e incorrecta, que nos sobrepasa o hunde. El tiempo pasa y se termina y mientras tanto el ser humano experimenta infinidad de sensaciones, emociones y vivencias, adquiere habilidades y aprendizajes diversos, salen arrugas y canas y despedimos a demasiados seres queridos.

El tiempo en sí mismo es inerte, no hace nada, tan sólo es testigo del desgaste de la vida y del envejecimiento. Mientras eso ocurre los hombres y mujeres deberíamos crecer y adquirir madurez y capacidad para darnos cuenta de los errores propios y ajenos. Después buscar la manera de subsanar el fallo y mejorar lo que se esté realizando.

Si nos damos un paseo por la historia confirmaremos que el tiempo no la cambia, lo hace la especie humana. Las revoluciones surgen desde el descontento continuado por la injusta desigualdad, por las faltas de libertades de una mayoría causada por la dictadura de una minoría.

Se han padecido totalitarismos de todos los tipos y signos, porque la tiranía no tiene color ni ideología ni creencias, tan solo entiende del egoísmo descontrolado de los opresores. Cuando en una sociedad no se respeta la dignidad de los demás porque son más débiles o menos favorecidos o más pacíficos, entonces éstos adquieren el derecho a rebelarse y la obligación a defenderse y a velar por la supervivencia propia y de los suyos sin esperar que el tiempo pueda hacer algo para lo que no está capacitado. Ahora bien, la defensa debe conllevar educación, diálogo, búsqueda de soluciones.

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Ser humano y naturaleza: ecología integral
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José María Fdez Chavero | 23-05-2017 | 07:56| 0

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Fragmento de la charla impartida en Guadalupe con motivo del día del enfermo y de la ecología el 20 de mayo de 2017)

Nuestro cuerpo está formado por muchos órganos y miembros. Todos son necesarios para encontrarnos bien. Una pequeña y diminuta piedra en los zapatos nos obligaría a detenernos para quitarla. Sabemos que la cabeza, el corazón son fundamentales, pero también esas piernas que nos permiten caminar o esa sonrisa que nos abre el corazón del hermano. Todas y cada una de las partes de nuestro cuerpo son importantes y debemos cuidar. En medio se encuentra la enfermedad y la muerte, el día a día de nuestra existencia.

Al igual que sucede con nuestro cuerpo, sucede con la naturaleza. Si el grano de trigo no muere, no tendremos cosechas. Si no hay viento, los árboles no reciben el polen y no nacen los frutos. Si no hay sol, la humedad pudriría todo. Si no llueve, desaparece la vida. La naturaleza es un conjunto de seres, todos necesarios para que funcione bien y entre ellos se encuentra el hombre y la mujer.

Nos consideramos los dueños de la naturaleza, pero no es cierto. Ningún dueño maltrata Girasolessus propiedades como nosotros hacemos con la naturaleza. No se nos ocurre introducir una bolsa de plástico en nuestra botella de agua, ni esconder una lata vacía debajo de una alfombra y, sin embargo, sí lo hacemos en nuestro entorno. El hombre sin animales o sin plantas o sin agua o sol o viento no es nada. Somos una parte pequeña de la vida y la naturaleza.

Y en medio de ambas realidades, grandes y pequeñas a la vez, el ser humano y la naturaleza, existe una pregunta y una respuesta que da sentido y nos une: ¿Qué queremos en la vida? La respuesta es unánime: quiero ser feliz. Coincidimos en el deseo de ser felices y resulta grandioso tener algo que nos una.

Y ¿Qué es la felicidad? ¿Qué es ser feliz? Me atrevo a afirmar que podríamos consensuar que es estar en paz con uno mismo, con los demás, con el entorno y con Dios, si somos creyentes. Para que sea posible es necesario aceptar lo que somos y tenemos, con deseos de crecer como persona en medio de una sociedad necesitada de bondad, sabiendo poner límites a aspectos de la vida actual que no ayudan, como el consumismo sin sentido, la apatía, la falta de esfuerzo, el acomodamiento, la falta de crítica ante las injusticias, la pérdida de valores, el ensimismamiento.

La búsqueda de felicidad, ese estar en paz, depende de cada uno de nosotros, de nuestras familias y comunidades, de los países y organismos internacionales, cada uno debe asumir su responsabilidad desde lo que es.

La ecología integral analiza el planeta como una realidad de la que formamos parte y debemos cuidar. No somos propietarios de nada, somos usufructuarios, porque en la muerte perdemos tanto su uso como su propiedad. Ser el rico del cementerio es un título absurdo.

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¿Qué podemos hacer?:

Tomar conciencia de que somos grandes y limitados, únicos e irrepetibles, con grandes cualidades y algunas miserias, las primeras para desarrollarlas y las segundas para aprender de ellas e intentar cambiarlas.

Humanizar y ecologizar la vida. Educar en la responsabilidad ambiental que anime comportamientos saludables: evitar el uso de material plástico y de papel, reducir el consumo de agua, separar los residuos, cocinar sólo lo que razonablemente se podrá comer, tratar con cuidado a los demás seres vivos, plantar árboles, apagar las luces innecesarias, etc. Y tantas y tantas que sabemos.

Respetar a los demás en su dignidad y esencia. Con especial cuidado de los más desfavorecidos en capacidades, trabajos, compañías… Una sociedad que no cuida con esmero y cariño a sus miembros, en especial, a los más necesitados, está abocada a su destrucción.

Respetar a los demás seres vivos, animales y plantas. No caer en malos tratos, en abusos, en sobre abuso, en negligencias en el cuidado y protección. La biodiversidad es riqueza, pero cada día es menor.

No nos escudemos en no puedo hacer nada, esto no hay quien lo cambie, los culpables son los demás. La política, la ética, la filosofía, el derecho, la religión… no sirven para nada si no nos ayudan a hacer un mundo mejor y más habitable, teniendo especial cuidado de aquellos con más necesidades o que poseen menos capacidades. Salgamos a las calles y proclamemos la necesidad de dejar un mundo, al menos, como nos lo hemos encontrado.

Pidamos más veces perdón, demos más veces las gracias y digamos más veces te quiero.

 

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Salas de esperas de hospitales
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José María Fdez Chavero | 15-05-2017 | 10:44| 0

Son las 10 de la mañana de un día marcado por la cita hospitalaria. Lleva varias semanas aguardando y soñando con ella, aunque el miedo le invade por momentos. Estas son las únicas citas en las que se combina apetencia y rechazo. Por fin llegan al hospital, con unos minutos de adelanto, estacionan el coche y se dirigen a la entrada principal. Las puertas correderas se abren y sienten el bofetón de un aire caliente y con un olor penetrante a medicinas. Caminan unos pasos hasta la sala de espera, ni grande ni pequeña, tan solo una simple sala de espera. Hay  demasiadas personas, la mayoría están sentadas y mirando los móviles, algunas ojean revistas y periódicos. Otras están en la cola de la ventanilla, con ganas de que les toque el turno para anunciarse y los menos dan pequeños paseos.

Los segundos parecen minutos y el tiempo va haciendo mella en el ánimo de los presentes. Los acompañantes comienzan a entablar conversaciones intrascendentes con los vecinos de asientos y los que vienen de lejos dan pequeñas cabezadas que muestran cierto cansancio y aburrimiento. Los potenciales pacientes acechan, con algo de ansiedad y preocupación, escuchar su nombre en megafonía. Están con las miradas perdidas, ensimismados en sus pensamientos, casi todos teñidos de inquietante pesimismo. Los nombres suenan a lo largo y ancho de la sala y tras ellos se levanta el mencionado para dirigirse a la otra sala, la de pruebas. Por fin el suyo, mira a su acompañante y se despiden. En una media hora supone que estará de vuelta. Arroja la botella casi vacía a la papelera y en la entrada se encuentra con una auxiliar. Respira profundamente, se cruzan las miradas y desaparece tras la puerta. Ahora nota la tensión en su cuerpo y en su espíritu, convencido de que será una falsa alarma.

Llega a un despacho en el que le reciben la doctora y un enfermero. Saludos protocolarios y las indicaciones para la prueba. En menos de lo que pensaba, sin ser capaz de precisar la duración, ha terminado. Se reviste, segunda vez en las pocas horas que lleva levantado, y mira con agradecimiento a los dos profesionales. Estrecha sus manos y regresa a la sala. Le hace una señal a su acompañante y se van. Pocas palabras dialogadas y muchos pensamientos ocultos. Ya ha terminado y ahora a esperar los resultados, pero la impresión ha sido muy buena y se descartan los primeros temores. Se da cuenta de que la vida pende de un inconsistente hilo, de pequeños bultos que pueden hablarnos de quistes inofensivos o del temible cáncer. Dejan el hospital a sus espaldas, lo miran de reojo con una sonrisa de optimismo en las caras, convertidos en otras personas. La fragilidad de la vida nos invita a ser más agradecido, mejor pensado, menos preocupado por cuestiones intrascendentes, más atentos con los que tenemos a nuestro alrededor. Se compromete, para sus adentros, a decir más veces te quiero, a dudar menos de la palabra de los demás, a ser mejor. Las salas de los hospitales nos invitan a encontrar el sentido de la vida y éste es estar en paz con uno mismo, con los demás y el entorno y con Dios.

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Psicólogos
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José María Fdez Chavero | 09-05-2017 | 07:36| 0

 

No soy portavoz ni representante de nadie, acepto las discrepancias, pero me ayuda escribir en plural de mi profesión, de la que me siento muy satisfecho y cada día con más repercusión social e individual.

Escucho con cierta frecuencia la frase “no creo en los psicólogos”, a lo que suelo responder que yo tampoco. Es evidente, no creo ni se puede creer en los psicólogos, como tampoco en nadie que pueda confundirse y sea vulnerable a los aspectos  accidentales de la existencia humana. No es el verbo creer el que define las relaciones entre las personas. Entiendo que mi afirmación les pueda confundir, pero es sincera y bien sentida.

Se me viene a la mente recuerdos de mi etapa de estudiante de primeros cursos. El maestro me preguntó el resultado de un ejercicio de matemáticas y yo le respondí: “creo que son nueve”, a lo que replicó, con una ligera sonrisa y cierto  aplomo, “Chavero, se cree en Dios, en clase se afirma o niega o ambas a la vez, pero no se cree”. Me desconcertó esa respuesta, me ruboricé y después comprendí cuánta razón tenía y ahora aún la cuento.

El psicólogo no es Dios, ni pretende serlo, es una persona formada en las calles de la vida y en las aulas de la universidad para evaluar, valorar, acompañar, ayudar, proponer, diseñar estrategias de afrontamiento o de cambios, etc. con el único objetivo de que esa persona viva más integrada, ya sea consigo misma, con el entorno y, si es creyente, con Dios, sea cual fuere su nombre. Los psicólogos acertamos muchas veces y erramos algunas y cuando esto ocurre procuramos realizar los cambios adecuados para que no sucedan otras veces.

Todo eso forma parte de lo que somos, profesionales de la salud que afrontan dificultades, incapacidades, limitaciones y enfermedades. Lo hacemos desde el entendimiento y los sentimientos, con empatía y seriedad, muchas veces con cercanía y pocas con frialdad. No escatimamos esfuerzos, convencidos de la interdisciplinariedad, dispuestos a colaborar con otros profesionales y sabiendo cuál es nuestro lugar. No traspasamos los límites de nuestra disciplina por respeto a las demás y nos gusta conservar las señas de identidad. No sustituimos a nadie y compartimos responsabilidades.

Y puedo asegurar que ser psicólogo es mucho más que una profesión o un trabajo o un medio para ganarse la vida, es una manera de estar en el mundo porque te pone en contacto con lo más íntimo y nuclear de los demás. Considero un privilegio al alcance de pocos tener acceso a las confidencias y secretos mejor guardados y somos depositarios de llantos y frustraciones y de alegrías y logros. Es increíblemente humana y enriquecedora y con un gran contenido de bondad.

Cuántas personas grandes, sin saberlo que lo son, hemos conocidos y acompañados en estos años y a todos ellos damos las gracias por ayudarnos a vivir más intensamente nuestras vidas. Si los padres nos dieron la vida y nos enseñaron a crecer, los maestros y profesores nos ayudaron a interpretarla, los que nos piden ayudas nos dan las claves para la paz personal y la felicidad. Gracias.

 

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Madres
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José María Fdez Chavero | 05-08-2017 | 08:10| 0

Con el paso de los años y de la experiencia de hijos aprendimos que la perfección de la naturaleza alcanza su máxima expresión en la maternidad de todas las especies. Las madres son los seres que moldean en silenciosa paciencia a sus progenies durante el tiempo que dura el desarrollo embrionario, nueve largos meses de embarazo. Eso sucede con el celo de quien sabe que está haciendo una gran obra; no solo la de un hijo, sino también la de perpetuar la especie. Este proceso termina en el parto, en el que se mezclan el dolor y la dicha de regalar al mundo la nueva criatura que ha llevado en su más abultada y tierna intimidad.

A partir de ese instante, su entrega la expresa en el amamantamiento, en los continuos cuidados. Vendrán los desvelos en las enfermedades, en las salidas de los dientes o en las molestias causadas por las vacunas. También disponen de vitalidad para las alegrías que proporcionan las primeras palabras y pasos. Con los días irán apareciendo lágrimas de penas por los fracasos y de gozo por los aciertos y éxitos.

Las madres estarán acompañando al hijo aplicado en sus estudios y centrado en sus amistades, se mostrarán pacientes con el que se despista en su madurez y permanecerán en la lucha con el que no encuentra su sitio en la vida. Ellas son esas personas con las que es muy fácil discutir y enfadarse, pero lo es más el reconciliarse, sus comidas son las más sabrosas y exquisitas y sus abrazos los más tiernos.

Resultan machaconas con las repetidas frases «llámame cuando llegues o ten cuidado y no corras» y aunque nos incomodan, al mismo tiempo, nos transmiten esa constante preocupación que siempre tuvieron y tendrán. Las madres proporcionan el plus a nuestras existencias, se les quiere de forma especial, no más que a otros miembros de la familia, sino de manera diferente.

Y esa maravilla de la naturaleza envejece con la elegancia de quien trasciende el tiempo y un buen día culmina toda una sofisticada metamorfosis que le aporta el esplendor de ser abuela. Cuando una mujer combina ser madre y abuela entonces se garantiza que hijo y nieto se sientan queridos y un niño querido será, con alta probabilidad, un adulto maduro.

A todas ellas, a las que lo tuvieron fácil y a las que les supuso muchas dificultades y renuncias, les agradezco sus vidas y les deseo amores correspondidos. Si las abuelas las recordamos en los sentimientos, las madres las mantendremos vivas siempre, porque nunca mueren, son eternas, infinitas en sus posibilidades y en los recuerdos sentidos.

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Derecho al trabajo y trabajadores
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José María Fdez Chavero | 05-07-2017 | 07:47| 0

 

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El trabajo es un derecho y un deber, un reto y un sueño, algo para lo que nos formamos durante largos y no siempre entretenidos años. Es el medio al que nos remite la tradición para indicarnos que es el sudor de nuestra frente el que nos debe proporcionar los medios necesarios para vivir.

En los últimos años, demasiados ya, ha sucedido algo muy curioso. Hemos pasado de ese molesto sudor de la frente, del esfuerzo y del estar cansado de hacer todos los días lo mismo a desearlo desesperadamente. Ahora estamos en una situación en la que somos capaces de coger lo que nos ofrezcan, por muy precario e inhumano que pueda resultar. Curiosidades de la vida. Me comentaba una chica sudamericana que a ella le pagan 6 euros la hora por limpiar. Es consciente de que se está pagando más, pero no puede rechazarlo porque sus familiares esperan con impaciencia el dinero que ella les manda a final de mes para seguir adelante.

El trabajo también tiene otros aspectos, además de ser una manera de ganarse la vida y de ayudar a la familia. Es también un camino para madurar y crecer, para valorar el esfuerzo y hacerse mejor persona. El trabajo recompensado con un salario es del que más hablamos porque ser el que nos mantiene en la sociedad, pero hay otros muchos. España tiene que modificar las leyes educativas para que los estudiantes con adaptaciones curriculares también puedan capacitarse, mediante una formación profesional adaptada, para un futuro desempeño laboral.

Mencionar el del estudiante que hora a hora y examen a examen va formándose con la incertidumbre de su futuro profesional. Está el del abuelo que recoge con puntualidad exquisita al nieto para llevárselo a casa a comer porque los padres están trabajando. El del voluntario que transforma algunas de sus horas libres en un hermoso canto de gratuidad y se las regala a los demás con el único objetivo de ayudarles, y qué decir del continuo de los padres que no rehuyen ningún esfuerzo por los hijos.

Termino compartiendo mis deseos de que este derecho del que muchos miles de españoles y residentes en España no disfrutan se haga realidad en un futuro cercano. Será imprescindible la unión de todos, algo a lo que no siempre estamos dispuestos.

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Saber envejecer
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José María Fdez Chavero | 24-04-2017 | 16:04| 0

Envejecer es el resultado inevitable del cumplir años. Es un proceso que se inicia en el mismo momento del nacimiento y finaliza con la muerte. Es de duración limitada, de carácter individual, nunca se puede predecir y a su tiempo le denominamos existencia o vida. En ese proceso de vida interviene el propio sujeto, las personas que se relacionan con él y las condiciones socio ambientales. A medida que se van cumpliendo años se suceden etapas y cada una de ellas viene cargada de ilusiones, dificultades, objetivos y también de medios para irlas afrontando. Algunas se superan con facilidad y sirven para cimentar las siguientes y otras cuestan más, las hay que las recordamos con alegría y positividad y otras que están desdibujadas y llenas de recuerdos tintados de claroscuros.

Muchos logros alcanzados podremos utilizarlos y disfrutarlos a lo largo de toda la vida, como son las habilidades relacionales y comunicativas, las afectivas y profesionales… y otros se van perdiendo, se quedan obsoletos y trasnochados como determinados estilos comunicativos, o comportamentales, o facultades físicas o formas de la apariencia física, como el vestir, etcétera.

Saber envejecer es tomar conciencia, desde la mente y los afectos, que cada día trae nuevos retos, alegrías, metas… aspectos que pierden importancia, que desaparecen y otros que surgen nuevos o adquieren protagonismo en un momento determinado. Los adolescentes dicen adiós a ir a todos los sitios con los padres, los adultos dejan los  botellones, los treintañeros dijeron adiós a los exámenes en las aulas, los de cuarenta ya no hacen deportes de competición, y los de 50 no se plantean prepararse  oposiciones, ni los de 60 firman largas hipotecas y así cada etapa, hasta el final de la vida.

Saber envejecer es aceptar que todo tiene principio y fin, que se dicen muchos adioses pero también muchos saludos de bienvenidas. Se puede encontrar más sentido y goce al tiempo libre, al compromiso con los demás desde la gratuidad y el voluntariado. Saber envejecer es encontrar la satisfacción del deber cumplido, del compartir todo lo asimilado y conseguido en sus años vividos. Es disfrutar de cada momento, tanto del paseo como de la tertulia sosegada, del descanso merecido, de la lectura enriquecedora.

Envejecer supone seguir aprendiendo sin los agobios de antaño, es vivir desde el equilibrio personal, mental y espiritual, es no darse por vencido y es abrir nuevas vías de desarrollo. Envejecer no es hacerse viejo, porque lo viejo es caduco y empobrece y de lo que hoy escribimos supone dar vía libre a todas esas cosas que no se hicieron por falta de tiempo o de posibilidades.

Sí es cierto que asumir las pérdidas resulta difícil cuando no se vive desde la positividad que dan los nuevos descubrimientos. Mirar atrás nos lleva al tropiezo y a la caída y nos deja sumido en la impotencia del que no controla el paso de los años, por eso lo que nos queda es aceptar que la vida va siendo más plena a medida que se va viviendo y no al revés.Así es nuestra vida, nuestro mundo. Ambos mejorables y les invito y me invito a seguir trabajando para que podamos disfrutar de cada día que termina. Saber envejecer es dar gracias por cada atardecer y por cada amanecer.

Saber envejecer es estar en paz consigo mismo, con los demás, con el entorno y con Dios, si somos creyentes. Deseo para todos una feliz vida y un saber envejecer.

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La solidaridad, la tolerancia y la justicia son valores imprescindibles para lograr una sociedad mejor para todos. Somos ciudadanos del mundo con el derecho a vivir y a ser respetado. Este blog quiere ser lugar de encuentro entre la Psicología y la Vida de todos los que lo deseen. Es posible hacer un mundo más justo.