Hoy

img
Hijos
img
José María Fdez Chavero | 15-11-2016 | 09:17| 0

Hijos

Recuerdo las palabras de dolor y desesperanza de una madre antes de fallecer su hija, pedía a Dios y a la vida morir antes que ella, pero hay ocasiones en las que la naturaleza humana tiene sus caprichos diabólicos. También se me viene a la memoria la expresión de rabia de un padre, cuando el médico que operó a su hijo le dijo que el cáncer estaba bastante extendido y que el pronóstico era malo. Ambos sucesos marcaron profundamente sus vidas y abrieron dolorosas heridas en sus psicologías y en sus almas que no han cicatrizado después de varios años. Ya nada volvió a ser como antes en estas personas y en sus familias, las celebraciones y los encuentros familiares pasaron a tener expresiones de recuerdos que atraían lágrimas a los ojos de los padres.

Estos dos ejemplos suelen ser frecuentes cuando es un hijo el que muere y no lo es tanto cuando muere el padre o un hermano, aunque también se producen desgarros en lo más íntimo del ser. La aparente lógica de la vida se vuelve ilógica y nuestras inteligencias no son capaces de explicarlo y aceptarlo.

Un hijo es mucho más de lo que imaginamos y fantaseamos durante los nueve largos meses de embarazo, es el que desde su llegada organiza los horarios de la familia, dice cuándo se puede dormir y cuando hay que comer, no respeta los momentos de nadie y hace sus necesidades evacuatorias cuando le viene en gana y, por supuesto, que no pide permiso para hacer lo que le apetece. Decimos que esto es durante los primeros tres años y creemos que a partir de los 4 ó 5 cambiarán, y sí es verdad que comienzan a hacerse más independientes, pero empiezan las tareas de los colegios, las actividades extraescolares, las fiestas de cumpleaños y los continuos cambios de ropas.

Los años pasan rápidos y vienen las preocupaciones por los estudios, por los amigos, y sobre todo por las salidas y entradas en las largas noches de los fines de semana. Llegarán los primeros amores y los consiguientes fracasos, la preparación profesional y las entrevistas de trabajo y el primer contrato, después nos contarán sus experiencias con los jefes y compañeros y sus precarias nóminas. Y a todo esto hay que añadir los quebraderos de cabeza con sus dolores físicos y espirituales, con sus frustraciones por lo que no son capaces de conseguir. Viviremos con intensidad sus penas y compartiremos sus alegrías.

Por nuestros hijos nos quitamos los pocos caprichos que nos quedaban y, si es preciso, también lo necesario para vivir, en sus vidas nos gustaría proyectarnos y con ellos lloramos y reímos. Nos preocupa el hijo débil por su presente e intentamos suavizarle el futuro, nos obsesiona el que hace de la apatía y la vagancia el sentido de su vida, nos enorgullece el que está encauzado y se va haciendo adulto y nos quita el sueño el enfermo o el que está descontrolado por culpa del alcohol o de la droga.

Siempre están en nuestras mentes y corazones, en nuestras conversaciones y también en los bolsillos, por ellos hay padres que perdieron durante minutos la razón y llegaron a matar y por supuesto estamos dispuestos a darles nuestra vida, ellos dan sentido a la existencia y también lo quitan y gracias a ellos la humanidad camina sin poderse detener.

Ver Post >
Educar supone querer
img
José María Fdez Chavero | 10-11-2016 | 08:19| 0

Educar es querer

Se escribe mucho de la formación de niños y jóvenes, de los logros y deficiencias de las leyes educativas, de las jornadas y vacaciones de maestros y  profesores. Se dice que los alumnos saben menos que hace unos años y que los padres y profesores estamos perdiendo la autoridad o que la hemos perdido ya, a pesar de que las aulas tienen menos alumnos que hace años.

Ahora cada estudiante posee su propia mesa de estudio y no tiene que compartirla con varios hermanos que intentan hacerse un hueco donde posar libro y cuaderno. El flexo ilumina perfectamente, con una luz adaptada al espacio y se cuenta con bolígrafos y rotuladores que dejan los apuntes listos para diferenciar las ideas principales de las secundarias con una simple mirada. Nos beneficiamos de ordenadores y de otros avances informáticos. Se asiste a clases particulares cuando aparecen las dificultades de aprendizaje o se consultan las dudas en internet.

Los libros son claros, con infinidad de actividades y estrategias para ser entendidos y asimilados. Se están menos horas en los colegios pero se complementan con las pasadas en centros privados o en actividades extraescolares. Los docentes están en continua formación y reciclaje, gozando de mejores medios y con posibilidad de aprender idiomas y estrategias comunicativas como no se había tenido antes. Se dispone de  plataformas educativas para estar en continuo contacto colegio y familia aunque no siempre se usan de manera efectiva. Y al hablar de resultados es preciso señalar que no son buenos. Los fracasos escolares son demasiados a pesar de todo. No hay ironía en mis palabras.

Afirmo lo que considero verdades, pero no son las únicas, son las mías. Atiendo a no pocos niños y jóvenes que tienen problemas con los estudios y señalo algunas cuestiones, sin ánimos de ofender, ni con deseos de buscar culpables o de generar estériles controversias.

Algunos aspectos no me gustan, como el no diferenciar autoridad de arrancadas impulsivas que llevan a decirle a un estudiante o a un hijo que es un payaso o gentuza. Tampoco es de mi agrado que no controlemos más los espacios comunes en los que los desaprensivos se ríen y burlan del resto como queda demostrado en tantos estudios realizados sobre el acoso escolar. Los padres podemos caer, sin ser consciente, en esa estúpida carrera de creerse padres “súper modernos” que dejan sin referentes de autoridad a sus hijos. Y profesores que con sus voces no solo no logran que se callen los alumnos si no que se introducen en la misma dinámica escandalosa y estridente de ellos.

Llegar al alumno, al hijo, es el primer objetivo. Lograr que confíe en el adulto es fundamental para que puedan creer nuestro mensaje de esfuerzo y entrega, de sinceridad y honradez en el trabajo. Cuidar las relaciones de profesores y padres supondría unos inmejorables cimientos para alcanzar mejores resultados. Corremos el peligro de caer presos de tanta burocracia y programaciones que nos restan un preciado tiempo para compartir con el niño y el joven.

El mejor equipo de orientación, a mi modo de ver, es el que está con padres, alumnos y estudiantes, conociéndoles y animándoles a que mejoren la actitud y trabajo. Aquellos centros educativos en los que se ha conseguido obtienen mejores resultados. La educación es un proceso largo, costoso para el Estado y la familia y requiere mucho esfuerzo al estudiante, al docente y a los padres. Es preciso la unión y  mutua colaboración. Me entristece que no sea así. Nunca olvidemos que educar supone querer.

Ver Post >
Afrontar la envidia para mejorar
img
José María Fdez Chavero | 06-11-2016 | 12:21| 0

Envidia

Envidiar significa querer adueñarse de lo que le pertenece a otra persona con la idea de disfrutarlo él mismo, pero como no le pertenece ni puede quedarse con eso entonces aparece esa sutil o descarada sensación incómoda que se transforma en el deseo de que si no puede disfrutarlo tampoco lo pueda hacer el propietario. Es tan intensa esa percepción de impotencia ante lo que no puede y desea que el sujeto lo pasa mal y sufre, se entristece, se enrabieta e irrita, incluso, hasta llega un momento en el que le duele todo el cuerpo y el espíritu.

La envidia no es patrimonio de ninguna raza, ni sexo, ni clase social ni situación económica, ni edad, etc. Se puede dar en todas ellas en cualquier momento y lugar y lleva a quien la padece a un profundo empobrecimiento y, con el tiempo, incomprensión y soledad.

Diferente es el deseo que me despierta lo que la otra persona me muestra. En este caso no me entristece sino que disfruto con él, le animo y le empujo a vivirlo con intensidad y le manifiesto con sinceridad y sin rubor ni tapujos que me alegro con él y que me gustaría tener esa misma suerte. Eso no es envidia sana ni enferma, es desear, es ilusión, goce con la vida, es reconocer que hay experiencias y tenencias de los demás que me gustaría tener pero que disfruto con que lo tengan ellos y no yo.

Una buena forma de hacer frente a la envidia es reconocer que se padece, así estaremos separando los dos aspectos de la misma, por una parte de deseo y, por otra, de que no le vaya bien en el disfrute. Una vez aislados tomo conciencia de lo que me apetece y eso no solo es malo sino que puede motivarme para esforzarme más para conseguirlo. También al tomar conciencia de esos aspectos puedo captar otros que sí poseo y que dan sentido a mi vida.

Nadie quiere tener envidia porque es fuente de sufrimientos estériles, pero si surge debemos aprovecharla para mejorar y depurar nuestras limitaciones y miserias y nunca instalarnos en ella. Si envidio un buen trabajo puede ser el primer paso para que me forme mejor, si envidio el coche del vecino puede ser el primer paso para dar gracias por el piso en el que vivo o la familia que poseo. La envidia se afronta y nos mejora si logramos que se evapore, al igual que hacemos con la ignorancia o con la violencia. Si darme cuenta de mi ignorancia me lleva a estudiar o si percibir mi carácter violento me conduce a fomentar la paz entonces estaré sublimando una limitación, de las que todos podemos dar sobradas muestras en nuestras vidas, o ¿no?

Ver Post >
Aprendemos de nuestros difuntos
img
José María Fdez Chavero | 25-02-2017 | 08:18| 0

 

Nacer, vivir y morir (G. Calle)

Les dedico mis palabras a nuestros seres queridos fallecidos con el deseo de que hayan encontrado la felicidad eterna.LA muerte nos genera inquietud y a nadie deja indiferente, hasta tal punto que puede agobiarnos su mera pronunciación. De ella tenemos experiencias, porque a todos se nos han muerto seres queridos: abuelos, padres, hermanos. Hay quien, incluso, ha tenido la enorme desgracia de enterrar a un hijo. Es personal e intransferible y aunque deseemos dar la vida por alguien, no le ahorraremos ese trance. Es un acontecimiento que afecta al sujeto, a la familia y a su sociedad, es algo natural, común a todo ser vivo y la afrontamos acompañados, pero el tránsito lo hacemos solos. La muerte nos inquieta, no estamos preparamos para afrontarla y de esto tratamos hoy.

Un día fuimos óvulos fecundados que nuestros padres tuvieron a bien dejarnos crecer y al nacer recibimos dos regalos. El primero fue la sociabilidad, nos dieron un nombre desde el que nos  relacionamos con el mundo y éste con nosotros, y el segundo fue nuestra cartilla del cómputo del tiempo y nos convertimos en «seres moribundos» como diría M. Heidegger. Esta realidad física tiene una existencia limitada que puede ser de 10, 30 ó 91 años. Pocas personas superan la barrera de los cien. La dimensión social se va desarrollando en relación con los otros humanos, con los animales, la naturaleza en su conjunto y también con Dios, que nos transciende y acompaña y nos proporciona placeres, dolores, momentos agradables y desagradables.

Si volvemos a la muerte hay que destacar que ningún animal tiene conciencia de la misma porque su condición, eminentemente física, conlleva el fin temporal. El ser humano, como realidad social, se resiste a aceptarla porque lo propio de esta dimensión son los afectos y estos no mueren. Estas relaciones afectivas son las que hacen de la muerte algo que nos da miedo porque nos aleja de las personas que queremos, de los proyectos inacabados, de las ilusiones, y de un largo etcétera. Si combinamos el final físico con los sentimientos que no tienen fin, entonces nos produce desconcierto. Enterramos a nuestros seres queridos y les seguimos queriendo, les echamos de menos, les percibimos en los recuerdos, en el aire. Nos duele la muerte porque no desaparece nuestro amor y tendremos que aprender a encararla desde aquí.

Debemos crear un estilo de vida basado en los sentimientos, en la confianza, viviendo desde el presente. Sabiendo admitir las pérdidas y los cambios, aceptando lo que no se puede modificar y sustituyendo lo que sí podamos. Hay que buscar el sentido a lo que uno hace y es, aunque sea algo sencillo y sin importancia, con la esperanza de que nuestra realidad social, afectiva y espiritual transcienda el tiempo y viva en los demás. Un estilo de vida basado en ayudar, en el que se valore el esfuerzo y la solidaridad. Es crear una vida en la que se comprenda al que lo pasa mal con la esperanza en una vida mejor.

Hoy es un buen día para comenzar a poner en práctica este estilo que nos proporciona una adecuada preparación para la muerte física. En la vida somos nosotros los que decidimos qué hacer ante cada situación, intentemos hacer nuestras elecciones desde una perspectiva positiva, que nos lleve a estar mejor con nosotros mismos y con los demás, y si nos confundimos entonces rectificamos y volver a intentarlo. Difícil, ¿verdad? Pero no imposible. Muchos hombres y mujeres, algunos conocidos por nosotros, nos dieron las claves con sus vidas y sus despedidas físicas para afrontar este tema difícil de la muerte y a ellos les pertenecen estas palabras mías y estos recuerdos nuestros, además de la eternidad.

Ver Post >
“Paciencia hijo, el tiempo pone a cada uno en su sitio”
img
José María Fdez Chavero | 30-10-2016 | 21:50| 0

 

¿Somos tan diferentes?

Cuando era pequeño, mi madre me enseñó que no me tenía que fiar de las primeras impresiones y que no podía juzgar a una persona sin haberla conocido primero.  Pero desgraciadamente todo el mundo no hace lo mismo. Soy un hombre que ha sufrido durante muchos años el desprecio y la humillación por parte de muchísima gente que ni siquiera me conocía. Cuando eres pequeño te coges una rabieta, lloras y se te pasa rápido. Pero llega una edad en la que no todo te da igual, que te afecta realmente.

Me ahorraré citar la retahíla de calificativos que me han puesto por peinarme distinto, por juntarme más con niñas que con niños cuando era pequeño, porque no me gustaba el fútbol y me encantaba la gimnasia rítmica, por ser buen estudiante y un largo etcétera. Además, tengo un problema urinario que después de siete intervenciones quirúrgicas aún no se ha resuelto y lo único que han hecho ha sido deformarme el pene. Esto me ha impedido hacer cosas tan corrientes como ducharme en un vestuario común. No me atrevía, bastante tenía yo como para aguantar más todavía. Es una simple hipospadia, pero como en los pueblos se tiende a la invención, se llegó a decir que no tenía pene. Era lo que faltaba para el insulto que más daño podía hacerme: maricón.

Yo pedía a mis padres que por favor me dejaran venir a terminarla ESO en Badajoz. Pero ellos me reiteraron una y otra vez que esperara, que el tiempo y Dios ponen a cada uno en su sitio. Fue entonces cuando José María entró en mi vida. He de reconocer que al principio me costaba contarle todas estas cosas (no es agradable recordar todo el daño que me hicieron). Pero gracias a todo lo que le conté, me ayudó a salir del bache y a enfrentarme a una nueva etapa de mi vida.

Se acercaba el final de mi etapa como estudiante en mi colegio de toda la vida y cambiarme al instituto (al cual van chicos de otros pueblos de alrededor). Mi temor era que los y las chicas me insultaran tanto como siempre. Y efectivamente así pasó. Gente que era la primera vez que me veía me insultaba y yo lo único que hacía era preguntarme ¿por qué sin ni siquiera conocerme como soy me insultan y me humillan?

Pero gracias a los apoyos que he tenido, conseguí tirar para adelante, terminar mis dos años de bachillerato en el pueblo y hacer la selectividad. Llega un momento en el que parece que nos volvemos un poco más sensatos, y gente que me insultaba se me acercó, me conoció realmente y me llegaron a decir: “te hemos juzgado sin conocerte, y nos hemos dado cuenta de que eres una gran persona”.

A lo largo de todo este tiempo aprendí que las cosas que realmente me tenían que importar eran aquellas que me decían las personas que me quieren, no las palabras, insultos o humillaciones provenientes de personas que ni siquiera se saben mi nombre!

Mi vida no ha sido precisamente un camino de rosas. He sufrido muchísimo, pero creo que gracias a ello soy la persona que soy, he alcanzado el grado de madurez que tengo y he aprendido muchas cosas (aunque a veces haya sido a base de lágrimas). A día de hoy llevo dos años viviendo en Badajoz, estoy estudiando una carrera que me gusta y una futura profesión que adoro, y estoy rodeado de gente a la que quiero muchísimo y sé con total seguridad que ellos me quieren a mí tal y como soy.

Ver Post >
¿Condenados a ser pobres?
img
José María Fdez Chavero | 20-01-2017 | 15:33| 0

NACÍ pobre, soy hijo de pobre y Dios quiera que no muera como un pobre». Lo dijo un inmigrante subsahariano cuando fue detenido tras cruzar el estrecho de Gibraltar en un cayuco. Es una de las muchas miles de personas que han arriesgado su vida buscando el sueño de vivir mejor y poder ayudar a su familia. Sus vidas valen tan poco que les merece la pena jugárselas para llegar al paraíso occidental. Si nosotros estamos mal, ellos ni están. En España hay cada vez más pobres y algo de pobreza, pero ellos la mastican a diario porque nacieron y viven en medio de ella, en esa miseria que supone el no tener nada, ni lo más básico para poder subsistir.

Se habla mucho de los pobres y de la pobreza en el mundo, tanto desde la religión, como desde la filosofía, la economía o la política. Predica la religión católica que le es más fácil a un camello pasar por el hueco de una aguja que a un rico entrar en el reino de los Cielos y en otro pasaje se dice venid benditos de mi padre porque tuve hambre y me distéis de comer, tuve sed y me distéis de beber Ambos textos forman parte de toda una doctrina en la que se hace del pobre el principal destinatario de la misma. Debe seguir siendo así, sin despistarse ni entretenerse en cuestiones secundarias, aunque no de palabras vive el hombre.

Decía Carlos Marx que la acumulación de riquezas por un lado significa la acumulación de pobreza por otro y que esta situación origina la lucha de clases. En esa lucha, los pobres perderían una y otra vez porque no es la mejor manera de salir de la pobreza. Se lucha para reducir las desigualdades y se acusa al liberalismo, no sin razón, de predicar una igualdad estrictamente jurídica ante la ley, mientras permanece impasible ante los contrastes sociales de riqueza y pobreza, de cultura y analfabetismo. Todas las opciones políticas que van en esta misma dirección han fracasado una y otra vez porque es muy difícil salir de la pobreza si no es generando mayores riquezas y en esto no han resultado ser muy versados. Es verdad que habría que modificar un reparto del capitalismo injusto; no puede ser que el 10% de la población se reparta el 80% de las riquezas mundiales, pero no creo que esto sea suficiente.

Aunque el neopositivismo prescinde de la idea de Dios y la doctrina marxista sitúa en la ignorancia y el miedo el origen de la idea de Dios y de toda religión, estoy convencido que sigue siendo el mensaje de igualdad y de liberación de la religión católica uno de los mejores antídotos que se debe seguir desarrollando ante una pobreza que se ha cronificado. También necesitamos políticos y nuevas doctrinas económicas que busquen soluciones reales y que no se queden en la satisfacción de las necesidades puntuales mediante escasas subvenciones y subsidios que a medio plazo empobrecen a la persona, incluso en sus pretensiones vitales. Seguir luchando por el derecho a tener un trabajo digno y bien remunerado es una de las mejores maneras de generar riquezas y de erradicar la pobreza y es el mejor camino para aspirar a la realización plena.

Ver Post >
El negocio del “Te quiero”
img
José María Fdez Chavero | 23-10-2016 | 18:47| 0

El poder del amor

El buen negocio, según los expertos en economía, es aquel que requiere poca inversión para iniciar y mantener la actividad, sus gastos son escasos y sus ganancias son abundantes y rápidas de obtener. Este negocio del que hablo en estos tristes y penosos momentos de una crisis despótica no necesita materia prima, ni naves de almacén, ni maquinarias ni mucho personal. Todos podemos acceder a él y la actividad empresarial se realiza tanto en casa, como en la calle o en el supermercado, en cualquier lugar en el que haya un ser humano por el que sintamos verdadero aprecio.

Lo primero que debemos hacer es preguntarnos por cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que dijimos te quiero a una de esas personas y nos encontraremos posiblemente con una gran variedad de respuestas, según sean las circunstancias de cada uno. Si tenemos hijos pequeños habrán transcurrido unos segundos o escasos minutos desde la última vez, si se trata de hijos que hayan superado la barrera de la pubertad el número de veces disminuye para casi desaparecer en la juventud, y en el caso de la pareja todo dependerá del número de años que tenga la relación. A más años de la misma, menos veces se dice te quiero y mayor es el intervalo entre uno y otro.

Si nos referimos a los padres y ya hemos superado la edad de los diez años tendremos como respuesta, con un tanto por ciento cercano al cien, los años resultantes de restar a los que ahora tenemos los diez mencionados. Así, alguien con treinta años puede llevar veinte sin expresar con palabras sus sentimientos a las personas que están a su lado, en las alegrías y penas, risas y llantos, desvelos y satisfacciones, cuidados en la enfermedad. Esas personas son las que le dieron la vida y siguen dispuestos a hacerlo en cualquier momento y lugar desde la gratuidad del que ama.

En el caso de los hermanos sucede lo mismo. Es llamativo que tardemos tanto en expresar nuestros sentimientos a esos con los que compartimos padres y abuelos, juegos y alguna que otra pelea, cumpleaños y habitaciones, ropas y confidencias, navidades y funerales… Más difícil puede resultar con un amigo, aunque sea de esos que conocen nuestras más secretas intimidades y flaquezas, si bien los nuevos tiempos de tolerancia han suprimido algunos de los pudores.

Un te quiero no solo ayuda y engrandece a quien lo expresa, sino que hace sentirse bien y sube la autoestima de quien lo escucha. Un te quiero cambia la dinámica de la conversación que se va transformando en discusión, ayuda a aceptar las pobrezas propias y del otro, empuja a luchar, a sobreponerse y a afrontar las dificultades. Varios te quiero consuelan al que sufre, tranquiliza al inquieto, alienta al que no llega a la meta y anima al triste.

La inversión que se necesita efectuar es cero, el gasto es muy reducido y las ganancias se cuentan en plurales, en sonrisas, abrazos, agradecimientos, favores e incluso sorpresas agradables. Este es el negocio de toda la vida, el que hoy mismo animo a comenzar y al que abuelos, padres, hijos, hermanos, parejas y algunos amigos estamos invitados. Habrá que superar ciertas vergüenzas y absurdos pudores, como el que tiene el que firma estas líneas, pero es tanto lo que se gana que merece la pena unos segundos de cierto sonrojo que disminuye a medida que se repiten.

Ver Post >
Miramos de frente al cáncer
img
José María Fdez Chavero | 18-10-2016 | 19:55| 0

Cáncer de mama ABC

Gracias por tus lecciones

Tengo la dicha de contar con el permiso de muchas personas para colarme en sus vidas y conocer sus interioridades y secretos más íntimos, los cuales me han enriquecido como profesional y, sobre todo, como persona. Unas me abrieron sus mentes y compartieron ideas y creencias, otras hicieron consultas relacionadas con el mundo de los sentimientos y la inmensa mayoría pusieron sus penas entre ellos y yo. En ese proceso de relación profesional se establecieron vínculos de todos los tipos, de cariño mutuo, de penas y tristezas, y también hubo algunos de cierta rabia, y todos ellos repletos de respeto y aceptación.

Y llega el momento de escribir una de esas historias de vida, sin miedos ni tapujos, con el rostro sonriente y mirando al frente. Son líneas de reconocimiento y de sencillo homenaje anónimo a todas las personas que están afrontando la enfermedad, cuyo nombre nos da miedo pronunciar, con coraje y valentía. El día que le diagnosticaron el cáncer de mama llegó a la consulta con mirada ausente y ojos llorosos, se sentó con lentitud diciendo que traía malas noticias de la biopsia. Se confirmaba de esta forma la sospecha inicial y esto le ocurría a una persona que ya tenía la pena y la tristeza arraigada en su espíritu desde hacía varios años. A partir de ese instante mágico, salieron palabras de fuerza y de ánimo, recuerdo su frase: “no va a poder conmigo y me tienes que ayudar”. Después vinieron las sesiones de quimioterapia con sus molestas náuseas y sus vómitos, con algunos hongos bucales que precisaron su propio abordaje médico, la temida y poco estética caída del pelo y un ingreso hospitalario por bajada de defensas. Terminaron esas sesiones con gran alegría para ella y consuelo para los muchos que le acompañamos durante ese tiempo. Llegaron las 33 sesiones de radioterapia, algo menos agresiva, pero que precisaron delicados y constantes cuidados de la piel con cremas y jabones especiales.

En este largo y penoso proceso se han experimentado las más variadas sensaciones, desde la impotencia del que se enfrenta a una enfermedad agresiva, pasando por las situaciones de gozo proporcionadas por las muchas muestras de afecto recibidas, hasta las lágrimas de dolor, las palabras afectivas de sus familiares, la sorpresa por la aparición de un sombreado de pelusa incipiente. Esta persona, joven y buena, tiene una familia que arropa y empuja, que acompaña y anima, con un marido que lleva desde el silencio su apoyo incondicional, y una hija que ha crecido varios años en pocos meses y se hizo una mujer responsable y sensible.

Su lucha en el presente, con esa inmensa capacidad mostrada para compartir con orgullo los momentos familiares y de los amigos, hace de esta mujer un ejemplo para todos los que la conocemos. Sus respuestas desde la aceptación y el afrontamiento son verdaderas lecciones de madurez y es una manera de decirle al cáncer que se le respeta pero que se le combate desde la esperanza en una vida que tiene sentido, aunque no siempre se encuentre. Esa enfermedad que a nadie discrimina y que atemoriza, podrá acabar con muchas sensaciones pero no con el poder del amor y de la vida. A todas esas personas que viven en la realidad de un cáncer que les ha cambiado su estilo de vida les dedico mis palabras de ánimo y les deseo, en medio del dolor, la dicha de sentirse querido.

Ver Post >
No acostumbrarse a la violencia de género
img
José María Fdez Chavero | 17-10-2016 | 07:37| 0

Es violencia. ABC

Una nueva muerte se ha producido en Olivares, provincia de Sevilla. En esta ocasión se trata de una mujer de 26 años y con dos hijos pequeños. Me gustaría que no se convirtiera en una más de tantas, pero me temo que habrá nuevas muertes de mujeres inocentes. Es un crimen deleznable y horroroso, sin sentido y absurdo, nada puede explicarlo y siempre estará presente en las mentes y corazones de los que le querían y rodeaban. Sucesos como éste nos vienen a recordar lo vulnerable que somos y lo cerca que está nuestro raciocinio de la irracionalidad más destructiva, hasta el punto de que podemos matar a quienes creemos amar. Contradicciones trágicas de la vida.

La noticia es de tal calado que estará en todos los medios de comunicación durante unos días hasta que nos volvamos a olvidar. Los profesionales de salud mental hablan de trastornos de personalidad, de personas con problemas para controlar sus impulsos destructivos, con celotipias y sentido de posesión sobre la vida de las que son o fueron sus parejas. No son capaces de experimentar sentimientos de empatía, ni de ponerse en el lugar del otro, ni de entenderle y respetarle. En ellos se da la satisfacción de «lo que no puede ser para mí, tampoco lo será para otros», no tienen sentimientos de culpa ni arrepentimiento porque se creen en posesión de la razón.

Una sola muerte por violencia de género es excesiva, no digamos si hablamos de decenas de mujeres muertas cada año. Deseo que las últimas medidas adoptadas para proteger a las personas amenazadas sean realmente efectivas y podamos decir que se ha solucionado este grave problema planteado. Es necesario y bueno que conozcamos estas noticias y que se hagan debates sobre ellas porque nos sensibilizan y nos ayudan a reflexionar sobre lo que somos y hacemos, pero no podemos entrar en un exceso de información porque ello podría animar a los violentos inestables a hacer lo mismo. En esto de los comportamientos humanos influye mucho el contagio emocional y, al igual que cuando se habla mucho de suicidios de adolescentes por las notas hay más de una muerte, también ocurre en la violencia de género.

Debemos conocer lo que sucede en nuestro mundo, pero hay que estar seguro hasta dónde es conveniente saber para no favorecer contagios asesinos, en lo que sí tendríamos que insistir de forma machacona es en lo de contar las penas de cárcel que se les impone. Hay que saber más de los años que se van a pasar entre rejas, sin posibilidad de tener relaciones sociales, en los que no podrán gozar de la libertad de movimiento, y todo esto aderezado con el miedo que genera el sentirse amenazado por el resto de los reclusos, porque en el delito también hay grados y éste ocupa el centro de la diana. Se ha de insistir en que estarán solos muchos años, acompañados del recuerdo solitario y torturador de lo que hicieron.

Tengamos muy presente que si una noticia puede animar a otros a hacer lo mismo, también hay noticias que frenan y cierto es que 20 años de cárcel dentro de otra cárcel puede hacer pensar incluso a los más inhumanos.

 

 

Ver Post >
Subamos nuestra autoestima
img
José María Fdez Chavero | 13-10-2016 | 21:13| 0

Educar desde la libertad guiada

La autoestima es la percepción del propio valor que tiene uno como persona, muy relacionado con quererse y aceptarse a sí mismo. Una buena autoestima es componente esencial de una personalidad sana y equilibrada, por el contrario, una baja autoestima está presente en múltiples trastornos mentales y comportamientos inadaptados y está relacionado con rasgos de ansiedad, sentimientos de inferioridad, etc. La importancia de la autoestima es grande, por eso vamos a adentrarnos en algunos consejos prácticos que puedan ayudarnos.

Las bases de una buena autoestima se ponen en los primeros años de vida, como casi todos los aspectos de la personalidad. Un niño valorado y aceptado por los padres y allegados, y después por los profesores y compañeros estará en buena disposición para ir elaborando una buena imagen de sí mismo y aprenderá a valorarse. Los elementos importantes en este proceso son la atención, el interés y el afecto de los padres, el sentirse amado y aceptado de modo total e incondicional, el percibir que en su educación hay normas y límites claros en consonancia con que se le respetan sus acciones, gustos e iniciativas dentro de esos límites. También son adecuadas las valoraciones positivas como bueno, listo, guapo, no así las valoraciones negativas como tonto, malo, inútil que pueden acercarle a la profecía autocumplida (‘lo que me dicen me lo creo y respondo a lo que se espera de mí’).

Otros elementos que ayudan a elaborar una buena autoestima es que el niño sienta que importa, que se le escucha y se respeta su opinión sin ridiculizarle, que se comparte tiempo y juego. Se celebran sus éxitos, aunque sean pequeños y cuando algo no lo haga bien, indicarle que ese comportamiento concreto no lo ha realizado de forma correcta. Es práctico ser moderado en los criterios de exigencia, utilizar con frecuencia la felicitación y enseñarle las destrezas por las que luego puede sentirse satisfecho, por ejemplo, montar en bicicleta, peinarse solo… porque lo que él no hace y los demás sí le hace sentirse inferior, pero también hay que trabajar con él otras tareas que no le apetecen tanto, como ordenar la habitación o recoger la ropa.

Caemos con frecuencia en el error de no ponerle límitesni normas por miedo a la frustración y con eso lo único que se consigue es una persona desorganizada, con dificultad para convivir, algo indispensable en la educación. No olvidemos que una buena manera de atender la autoestima del niño es atender la propia, es decir, ser capaz de disfrutar de los aciertos y saber perdonar los errores. Concluimos este apartado afirmando que el lenguaje debe huir de las generalizaciones, de las amenazas, del trato que ignora y de las descalificaciones.

En cuanto al tipo de padres que influyen negativamente y generan poca confianza, inadaptación y un bajo rendimiento en las tareas intelectuales de los niños están los padres dictatoriales que valoran la obediencia incondicional y los castigos enérgicos. Otros que tampoco ayudan son los permisivos, los que exigen poco, dan una autonomía prematura e inadecuada y aplican pocas normas y sin límites. El tipo de padres que favorecen una buena autoestima, comportamientos adaptados, un buen rendimiento e imagen personal son aquellos que exigen el cumplimiento de unas normas, muestran afecto y cariño, favorecen cierta autonomía adaptada a la edad del niño, consultan determinadas decisiones que le afectan y que éste puede entender y opinar. Podemos mejorar nuestra autoestima y colaborar con los demás para que mejoren la suya.

 

Ver Post >
La solidaridad, la tolerancia y la justicia son valores imprescindibles para lograr una sociedad mejor para todos. Somos ciudadanos del mundo con el derecho a vivir y a ser respetado. Este blog quiere ser lugar de encuentro entre la Psicología y la Vida de todos los que lo deseen. Es posible hacer un mundo más justo.