Hoy

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“Paciencia hijo, el tiempo pone a cada uno en su sitio”
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José María Fdez Chavero | 30-10-2016 | 21:50| 0

 

¿Somos tan diferentes?

Cuando era pequeño, mi madre me enseñó que no me tenía que fiar de las primeras impresiones y que no podía juzgar a una persona sin haberla conocido primero.  Pero desgraciadamente todo el mundo no hace lo mismo. Soy un hombre que ha sufrido durante muchos años el desprecio y la humillación por parte de muchísima gente que ni siquiera me conocía. Cuando eres pequeño te coges una rabieta, lloras y se te pasa rápido. Pero llega una edad en la que no todo te da igual, que te afecta realmente.

Me ahorraré citar la retahíla de calificativos que me han puesto por peinarme distinto, por juntarme más con niñas que con niños cuando era pequeño, porque no me gustaba el fútbol y me encantaba la gimnasia rítmica, por ser buen estudiante y un largo etcétera. Además, tengo un problema urinario que después de siete intervenciones quirúrgicas aún no se ha resuelto y lo único que han hecho ha sido deformarme el pene. Esto me ha impedido hacer cosas tan corrientes como ducharme en un vestuario común. No me atrevía, bastante tenía yo como para aguantar más todavía. Es una simple hipospadia, pero como en los pueblos se tiende a la invención, se llegó a decir que no tenía pene. Era lo que faltaba para el insulto que más daño podía hacerme: maricón.

Yo pedía a mis padres que por favor me dejaran venir a terminarla ESO en Badajoz. Pero ellos me reiteraron una y otra vez que esperara, que el tiempo y Dios ponen a cada uno en su sitio. Fue entonces cuando José María entró en mi vida. He de reconocer que al principio me costaba contarle todas estas cosas (no es agradable recordar todo el daño que me hicieron). Pero gracias a todo lo que le conté, me ayudó a salir del bache y a enfrentarme a una nueva etapa de mi vida.

Se acercaba el final de mi etapa como estudiante en mi colegio de toda la vida y cambiarme al instituto (al cual van chicos de otros pueblos de alrededor). Mi temor era que los y las chicas me insultaran tanto como siempre. Y efectivamente así pasó. Gente que era la primera vez que me veía me insultaba y yo lo único que hacía era preguntarme ¿por qué sin ni siquiera conocerme como soy me insultan y me humillan?

Pero gracias a los apoyos que he tenido, conseguí tirar para adelante, terminar mis dos años de bachillerato en el pueblo y hacer la selectividad. Llega un momento en el que parece que nos volvemos un poco más sensatos, y gente que me insultaba se me acercó, me conoció realmente y me llegaron a decir: “te hemos juzgado sin conocerte, y nos hemos dado cuenta de que eres una gran persona”.

A lo largo de todo este tiempo aprendí que las cosas que realmente me tenían que importar eran aquellas que me decían las personas que me quieren, no las palabras, insultos o humillaciones provenientes de personas que ni siquiera se saben mi nombre!

Mi vida no ha sido precisamente un camino de rosas. He sufrido muchísimo, pero creo que gracias a ello soy la persona que soy, he alcanzado el grado de madurez que tengo y he aprendido muchas cosas (aunque a veces haya sido a base de lágrimas). A día de hoy llevo dos años viviendo en Badajoz, estoy estudiando una carrera que me gusta y una futura profesión que adoro, y estoy rodeado de gente a la que quiero muchísimo y sé con total seguridad que ellos me quieren a mí tal y como soy.

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¿Condenados a ser pobres?
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José María Fdez Chavero | 20-01-2017 | 15:33| 0

NACÍ pobre, soy hijo de pobre y Dios quiera que no muera como un pobre». Lo dijo un inmigrante subsahariano cuando fue detenido tras cruzar el estrecho de Gibraltar en un cayuco. Es una de las muchas miles de personas que han arriesgado su vida buscando el sueño de vivir mejor y poder ayudar a su familia. Sus vidas valen tan poco que les merece la pena jugárselas para llegar al paraíso occidental. Si nosotros estamos mal, ellos ni están. En España hay cada vez más pobres y algo de pobreza, pero ellos la mastican a diario porque nacieron y viven en medio de ella, en esa miseria que supone el no tener nada, ni lo más básico para poder subsistir.

Se habla mucho de los pobres y de la pobreza en el mundo, tanto desde la religión, como desde la filosofía, la economía o la política. Predica la religión católica que le es más fácil a un camello pasar por el hueco de una aguja que a un rico entrar en el reino de los Cielos y en otro pasaje se dice venid benditos de mi padre porque tuve hambre y me distéis de comer, tuve sed y me distéis de beber Ambos textos forman parte de toda una doctrina en la que se hace del pobre el principal destinatario de la misma. Debe seguir siendo así, sin despistarse ni entretenerse en cuestiones secundarias, aunque no de palabras vive el hombre.

Decía Carlos Marx que la acumulación de riquezas por un lado significa la acumulación de pobreza por otro y que esta situación origina la lucha de clases. En esa lucha, los pobres perderían una y otra vez porque no es la mejor manera de salir de la pobreza. Se lucha para reducir las desigualdades y se acusa al liberalismo, no sin razón, de predicar una igualdad estrictamente jurídica ante la ley, mientras permanece impasible ante los contrastes sociales de riqueza y pobreza, de cultura y analfabetismo. Todas las opciones políticas que van en esta misma dirección han fracasado una y otra vez porque es muy difícil salir de la pobreza si no es generando mayores riquezas y en esto no han resultado ser muy versados. Es verdad que habría que modificar un reparto del capitalismo injusto; no puede ser que el 10% de la población se reparta el 80% de las riquezas mundiales, pero no creo que esto sea suficiente.

Aunque el neopositivismo prescinde de la idea de Dios y la doctrina marxista sitúa en la ignorancia y el miedo el origen de la idea de Dios y de toda religión, estoy convencido que sigue siendo el mensaje de igualdad y de liberación de la religión católica uno de los mejores antídotos que se debe seguir desarrollando ante una pobreza que se ha cronificado. También necesitamos políticos y nuevas doctrinas económicas que busquen soluciones reales y que no se queden en la satisfacción de las necesidades puntuales mediante escasas subvenciones y subsidios que a medio plazo empobrecen a la persona, incluso en sus pretensiones vitales. Seguir luchando por el derecho a tener un trabajo digno y bien remunerado es una de las mejores maneras de generar riquezas y de erradicar la pobreza y es el mejor camino para aspirar a la realización plena.

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El negocio del “Te quiero”
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José María Fdez Chavero | 23-10-2016 | 18:47| 0

El poder del amor

El buen negocio, según los expertos en economía, es aquel que requiere poca inversión para iniciar y mantener la actividad, sus gastos son escasos y sus ganancias son abundantes y rápidas de obtener. Este negocio del que hablo en estos tristes y penosos momentos de una crisis despótica no necesita materia prima, ni naves de almacén, ni maquinarias ni mucho personal. Todos podemos acceder a él y la actividad empresarial se realiza tanto en casa, como en la calle o en el supermercado, en cualquier lugar en el que haya un ser humano por el que sintamos verdadero aprecio.

Lo primero que debemos hacer es preguntarnos por cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que dijimos te quiero a una de esas personas y nos encontraremos posiblemente con una gran variedad de respuestas, según sean las circunstancias de cada uno. Si tenemos hijos pequeños habrán transcurrido unos segundos o escasos minutos desde la última vez, si se trata de hijos que hayan superado la barrera de la pubertad el número de veces disminuye para casi desaparecer en la juventud, y en el caso de la pareja todo dependerá del número de años que tenga la relación. A más años de la misma, menos veces se dice te quiero y mayor es el intervalo entre uno y otro.

Si nos referimos a los padres y ya hemos superado la edad de los diez años tendremos como respuesta, con un tanto por ciento cercano al cien, los años resultantes de restar a los que ahora tenemos los diez mencionados. Así, alguien con treinta años puede llevar veinte sin expresar con palabras sus sentimientos a las personas que están a su lado, en las alegrías y penas, risas y llantos, desvelos y satisfacciones, cuidados en la enfermedad. Esas personas son las que le dieron la vida y siguen dispuestos a hacerlo en cualquier momento y lugar desde la gratuidad del que ama.

En el caso de los hermanos sucede lo mismo. Es llamativo que tardemos tanto en expresar nuestros sentimientos a esos con los que compartimos padres y abuelos, juegos y alguna que otra pelea, cumpleaños y habitaciones, ropas y confidencias, navidades y funerales… Más difícil puede resultar con un amigo, aunque sea de esos que conocen nuestras más secretas intimidades y flaquezas, si bien los nuevos tiempos de tolerancia han suprimido algunos de los pudores.

Un te quiero no solo ayuda y engrandece a quien lo expresa, sino que hace sentirse bien y sube la autoestima de quien lo escucha. Un te quiero cambia la dinámica de la conversación que se va transformando en discusión, ayuda a aceptar las pobrezas propias y del otro, empuja a luchar, a sobreponerse y a afrontar las dificultades. Varios te quiero consuelan al que sufre, tranquiliza al inquieto, alienta al que no llega a la meta y anima al triste.

La inversión que se necesita efectuar es cero, el gasto es muy reducido y las ganancias se cuentan en plurales, en sonrisas, abrazos, agradecimientos, favores e incluso sorpresas agradables. Este es el negocio de toda la vida, el que hoy mismo animo a comenzar y al que abuelos, padres, hijos, hermanos, parejas y algunos amigos estamos invitados. Habrá que superar ciertas vergüenzas y absurdos pudores, como el que tiene el que firma estas líneas, pero es tanto lo que se gana que merece la pena unos segundos de cierto sonrojo que disminuye a medida que se repiten.

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Miramos de frente al cáncer
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José María Fdez Chavero | 27-04-2017 | 07:18| 0

Gracias por tus lecciones

Tengo la dicha de contar con el permiso de muchas personas para colarme en sus vidas y conocer sus interioridades y secretos más íntimos, los cuales me han enriquecido como profesional y, sobre todo, como persona. Unas me abrieron sus mentes y compartieron ideas y creencias, otras hicieron consultas relacionadas con el mundo de los sentimientos y la inmensa mayoría pusieron sus penas entre ellos y yo. En ese proceso de relación profesional se establecieron vínculos de todos los tipos, de cariño mutuo, de penas y tristezas, y también hubo algunos de cierta rabia, y todos ellos repletos de respeto y aceptación.

Y llega el momento de escribir una de esas historias de vida, sin miedos ni tapujos, con el rostro sonriente y mirando al frente. Son líneas de reconocimiento y de sencillo homenaje anónimo a todas las personas que están afrontando la enfermedad, cuyo nombre nos da miedo pronunciar, con coraje y valentía. El día que le diagnosticaron el cáncer de mama llegó a la consulta con mirada ausente y ojos llorosos, se sentó con lentitud diciendo que traía malas noticias de la biopsia. Se confirmaba de esta forma la sospecha inicial y esto le ocurría a una persona que ya tenía la pena y la tristeza arraigada en su espíritu desde hacía varios años. A partir de ese instante mágico, salieron palabras de fuerza y de ánimo, recuerdo su frase: “no va a poder conmigo y me tienes que ayudar”. Después vinieron las sesiones de quimioterapia con sus molestas náuseas y sus vómitos, con algunos hongos bucales que precisaron su propio abordaje médico, la temida y poco estética caída del pelo y un ingreso hospitalario por bajada de defensas. Terminaron esas sesiones con gran alegría para ella y consuelo para los muchos que le acompañamos durante ese tiempo. Llegaron las 33 sesiones de radioterapia, algo menos agresiva, pero que precisaron delicados y constantes cuidados de la piel con cremas y jabones especiales.

En este largo y penoso proceso se han experimentado las más variadas sensaciones, desde la impotencia del que se enfrenta a una enfermedad agresiva, pasando por las situaciones de gozo proporcionadas por las muchas muestras de afecto recibidas, hasta las lágrimas de dolor, las palabras afectivas de sus familiares, la sorpresa por la aparición de un sombreado de pelusa incipiente. Esta persona, joven y buena, tiene una familia que arropa y empuja, que acompaña y anima, con un marido que lleva desde el silencio su apoyo incondicional, y una hija que ha crecido varios años en pocos meses y se hizo una mujer responsable y sensible.

Su lucha en el presente, con esa inmensa capacidad mostrada para compartir con orgullo los momentos familiares y de los amigos, hace de esta mujer un ejemplo para todos los que la conocemos. Sus respuestas desde la aceptación y el afrontamiento son verdaderas lecciones de madurez y es una manera de decirle al cáncer que se le respeta pero que se le combate desde la esperanza en una vida que tiene sentido, aunque no siempre se encuentre. Esa enfermedad que a nadie discrimina y que atemoriza, podrá acabar con muchas sensaciones pero no con el poder del amor y de la vida. A todas esas personas que viven en la realidad de un cáncer que les ha cambiado su estilo de vida les dedico mis palabras de ánimo y les deseo, en medio del dolor, la dicha de sentirse querido.

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No acostumbrarse a la violencia de género
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José María Fdez Chavero | 17-10-2016 | 07:37| 0

Es violencia. ABC

Una nueva muerte se ha producido en Olivares, provincia de Sevilla. En esta ocasión se trata de una mujer de 26 años y con dos hijos pequeños. Me gustaría que no se convirtiera en una más de tantas, pero me temo que habrá nuevas muertes de mujeres inocentes. Es un crimen deleznable y horroroso, sin sentido y absurdo, nada puede explicarlo y siempre estará presente en las mentes y corazones de los que le querían y rodeaban. Sucesos como éste nos vienen a recordar lo vulnerable que somos y lo cerca que está nuestro raciocinio de la irracionalidad más destructiva, hasta el punto de que podemos matar a quienes creemos amar. Contradicciones trágicas de la vida.

La noticia es de tal calado que estará en todos los medios de comunicación durante unos días hasta que nos volvamos a olvidar. Los profesionales de salud mental hablan de trastornos de personalidad, de personas con problemas para controlar sus impulsos destructivos, con celotipias y sentido de posesión sobre la vida de las que son o fueron sus parejas. No son capaces de experimentar sentimientos de empatía, ni de ponerse en el lugar del otro, ni de entenderle y respetarle. En ellos se da la satisfacción de «lo que no puede ser para mí, tampoco lo será para otros», no tienen sentimientos de culpa ni arrepentimiento porque se creen en posesión de la razón.

Una sola muerte por violencia de género es excesiva, no digamos si hablamos de decenas de mujeres muertas cada año. Deseo que las últimas medidas adoptadas para proteger a las personas amenazadas sean realmente efectivas y podamos decir que se ha solucionado este grave problema planteado. Es necesario y bueno que conozcamos estas noticias y que se hagan debates sobre ellas porque nos sensibilizan y nos ayudan a reflexionar sobre lo que somos y hacemos, pero no podemos entrar en un exceso de información porque ello podría animar a los violentos inestables a hacer lo mismo. En esto de los comportamientos humanos influye mucho el contagio emocional y, al igual que cuando se habla mucho de suicidios de adolescentes por las notas hay más de una muerte, también ocurre en la violencia de género.

Debemos conocer lo que sucede en nuestro mundo, pero hay que estar seguro hasta dónde es conveniente saber para no favorecer contagios asesinos, en lo que sí tendríamos que insistir de forma machacona es en lo de contar las penas de cárcel que se les impone. Hay que saber más de los años que se van a pasar entre rejas, sin posibilidad de tener relaciones sociales, en los que no podrán gozar de la libertad de movimiento, y todo esto aderezado con el miedo que genera el sentirse amenazado por el resto de los reclusos, porque en el delito también hay grados y éste ocupa el centro de la diana. Se ha de insistir en que estarán solos muchos años, acompañados del recuerdo solitario y torturador de lo que hicieron.

Tengamos muy presente que si una noticia puede animar a otros a hacer lo mismo, también hay noticias que frenan y cierto es que 20 años de cárcel dentro de otra cárcel puede hacer pensar incluso a los más inhumanos.

 

 

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Subamos nuestra autoestima
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José María Fdez Chavero | 13-10-2016 | 21:13| 0

Educar desde la libertad guiada

La autoestima es la percepción del propio valor que tiene uno como persona, muy relacionado con quererse y aceptarse a sí mismo. Una buena autoestima es componente esencial de una personalidad sana y equilibrada, por el contrario, una baja autoestima está presente en múltiples trastornos mentales y comportamientos inadaptados y está relacionado con rasgos de ansiedad, sentimientos de inferioridad, etc. La importancia de la autoestima es grande, por eso vamos a adentrarnos en algunos consejos prácticos que puedan ayudarnos.

Las bases de una buena autoestima se ponen en los primeros años de vida, como casi todos los aspectos de la personalidad. Un niño valorado y aceptado por los padres y allegados, y después por los profesores y compañeros estará en buena disposición para ir elaborando una buena imagen de sí mismo y aprenderá a valorarse. Los elementos importantes en este proceso son la atención, el interés y el afecto de los padres, el sentirse amado y aceptado de modo total e incondicional, el percibir que en su educación hay normas y límites claros en consonancia con que se le respetan sus acciones, gustos e iniciativas dentro de esos límites. También son adecuadas las valoraciones positivas como bueno, listo, guapo, no así las valoraciones negativas como tonto, malo, inútil que pueden acercarle a la profecía autocumplida (‘lo que me dicen me lo creo y respondo a lo que se espera de mí’).

Otros elementos que ayudan a elaborar una buena autoestima es que el niño sienta que importa, que se le escucha y se respeta su opinión sin ridiculizarle, que se comparte tiempo y juego. Se celebran sus éxitos, aunque sean pequeños y cuando algo no lo haga bien, indicarle que ese comportamiento concreto no lo ha realizado de forma correcta. Es práctico ser moderado en los criterios de exigencia, utilizar con frecuencia la felicitación y enseñarle las destrezas por las que luego puede sentirse satisfecho, por ejemplo, montar en bicicleta, peinarse solo… porque lo que él no hace y los demás sí le hace sentirse inferior, pero también hay que trabajar con él otras tareas que no le apetecen tanto, como ordenar la habitación o recoger la ropa.

Caemos con frecuencia en el error de no ponerle límitesni normas por miedo a la frustración y con eso lo único que se consigue es una persona desorganizada, con dificultad para convivir, algo indispensable en la educación. No olvidemos que una buena manera de atender la autoestima del niño es atender la propia, es decir, ser capaz de disfrutar de los aciertos y saber perdonar los errores. Concluimos este apartado afirmando que el lenguaje debe huir de las generalizaciones, de las amenazas, del trato que ignora y de las descalificaciones.

En cuanto al tipo de padres que influyen negativamente y generan poca confianza, inadaptación y un bajo rendimiento en las tareas intelectuales de los niños están los padres dictatoriales que valoran la obediencia incondicional y los castigos enérgicos. Otros que tampoco ayudan son los permisivos, los que exigen poco, dan una autonomía prematura e inadecuada y aplican pocas normas y sin límites. El tipo de padres que favorecen una buena autoestima, comportamientos adaptados, un buen rendimiento e imagen personal son aquellos que exigen el cumplimiento de unas normas, muestran afecto y cariño, favorecen cierta autonomía adaptada a la edad del niño, consultan determinadas decisiones que le afectan y que éste puede entender y opinar. Podemos mejorar nuestra autoestima y colaborar con los demás para que mejoren la suya.

 

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Pongamos fin a la violencia escolar
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José María Fdez Chavero | 11-10-2016 | 09:57| 0

Niña de ocho años hospitalizada tras la agresión sufrida en su colegio. ABC

De nuevo leemos en los medios de comunicación un caso de violencia escolar. Se trata de una niña de ocho años que recibe una fuerte paliza de doce adolescentes en el colegio Anselm Turmeda de Palma de Mallorca. El parte médico es: “fisura de costilla, desprendimiento de hígado y múltiples hematomas”, además de dos visitas al hospital y 24 horas ingresada. Siento un profundo malestar personal cada vez que unos desalmados, aunque sean menores de edad, aprovechan su fortaleza física y numérica para castigar y maltratar a otros que son más débiles. Mis años de docencia y de consulta de psicología me han permitido conocer a personas que lo padecieron en su infancia y adolescencia y he visto cómo arrastran sus negativas consecuencias.

Se produce en todos los colegios, da igual que sean privados, concertados o públicos. Los tenemos entre los varones, entre las chicas y entre ambos. Casi siempre se genera en las aulas durante el intercambio de clases y en los patios, y los maltratadores violentos suelen ser los propios compañeros. Unos pegan y otros ríen y muchos callan por miedo a esos que se sienten los mejores del grupo y es curioso ver cómo entre ellos los hay que cuentan con las sonrisas y el beneplácito pasivo de algunos adultos. Lo sufren en el silencio de sus mentes, cabizbajos acuden al colegio y a las aulas, pierden la alegría de la edad ante tanta impotencia. Los padres no siempre se enteran porque no son capaces de decírselo a nadie y así pasan las noches soñando que llegará el viernes y podrán descansar unas horas, pero de nuevo el domingo termina y los deja desnudos ante tanta adversidad.

Aprovecho la salvajada padecida por esta niña para compartir los testimonios de tres jóvenes que padecieron maltrato en su etapa escolar con el objetivo de sensibilizar y pedir que estemos atentos ante este problema. Lo comparten desde el dolor, la indefensión y nunca desde el rencor o el odio. “Soy un hombre que ha sufrido durante muchos años el desprecio y la humillación por parte de muchísima gente que ni siquiera me conocía. Cuando eres pequeño te coges una rabieta, lloras y se te pasa rápido, pero llega una edad en la que no todo te da igual, que te afecta realmente. Se valen de insultos, vejaciones, amenazas, fuerza física y un infinito de acciones a cual más despiadada. Te destrozan, convierten en pedazos tu autoestima, tu valía, tus ganas de vivir, acrecientan tus inseguridades, miedos, te pisotean haciéndote añicos y desgraciadamente tu cerebro solo piensa para y por el violento”.

“Curioso, no hubo psicólogos, pedagogos, tutores, profesores, director, nadie que me echara una mano, nadie, aunque sí fueron todos testigos de lo que me estaba ocurriendo. He sido acosada durante un largo período de tiempo, he callado por miedo a represalias, vi cómo mis objetivos en la vida se fueron por el desagüe de la desesperanza. Invito a aquellos que tengan poder en los centros educativos que estén bien atentos, que no se limiten a dar lecciones de matemáticas, lenguaje, idiomas…”

“Yo era un niño bueno e inocente hasta la desesperación y no tardaron en empezar a aprovecharse de mí. Además, como siempre he tenido muchos problemas con el deporte y no me gustaba el fútbol no tenía demasiado que compartir con el resto. Puedo decir sin exagerar que he estado prácticamente solo contra un grupo de acosadores que hicieron mi vida imposible durante unos ocho años. No salí indemne, mucho tiempo he arrastrado las consecuencias, algunas heridas han empezado a cerrarse hace poco y con otras he de convivir siempre”.

Valga la triste noticia de esta niña maltratada y estos testimonios como denuncia de lo que puede estar ocurriendo a nuestro alrededor sin darnos cuenta, ya sea porque vivimos despistados o porque miramos para otro lado para no complicarnos la vida. Sea como fuere, estamos dejando que los débiles sigan estando a merced de los tiranos y violentos.

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10 de octubre: Día Mundial de Salud Mental
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José María Fdez Chavero | 10-10-2016 | 09:39| 0

Salud-ABC

El 10 de octubre celebramos el Día Mundial de Salud Mental. Es jornada de reflexión y de toma de contacto con una realidad presente en muchas familias y personas, pero hay 364 días en los que con frecuencia nos olvidamos de ellos. Este día debe ser para compartir las necesidades y festejar los logros que, poco a poco, se van consiguiendo.

Todos sabemos que los Días se destinan a realidades que suelen ser las desfavorecidas de la Sociedad, por eso no me gustan estas celebraciones. El de Salud Mental nos pone ante la situación de precariedad actual de las personas que padecen enfermedades mentales y de sus familias, pero ya que es así aprovechémoslo para pedir que se cumplan las leyes. Las personas con trastornos mentales y sus familias reciben pocas ayudas, se encuentran con grandes dificultades para acceder al mundo laboral, a la vivienda, al ocio con las prestaciones que perciben. Las leyes españolas recogen el derecho de toda persona a ser atendido y a disfrutar de los recursos que aborden mejor su problemática de salud y se ha conseguido tan solo a medias. El enfermo mental ha de ser uno más de la sanidad española.

Se ha avanzado en los últimos años, tanto a nivel nacional como regional, y por esto debemos alegrarnos. Aún así, debemos reconocer que estamos ante uno de los colectivos más desfavorecidos de la Sociedad. Faltan profesionales y recursos alternativos a la institucionalización psiquiátrica que permitan que estas personas puedan vivir en sus medios sociales y familiares en las mejores condiciones posibles.  Seamos conscientes que tienen múltiples habilidades y capacidades afectivas, cognitivas, comportamentales. Se recuerdan en un pasado, se viven en el presente y se proyectan en el futuro, como la mayoría de los hombres y las mujeres.

Las personas con trastornos mentales son los que nos enseñan, mediante los logros alcanzados con sus esfuerzos, a creer en el presente y a luchar por una atención más en consonancia con sus posibilidades. Ahora ganan en esperanza y en calidad de vida, recuperan parte de la dignidad que se les arrebató o que nunca tuvieron y en este punto ha sido y es fundamental la figura del propio enfermo, de las familias, de las asociaciones, de los profesionales…y de todo el conjunto de la Sociedad.

Estamos en el momento de la unión y no de la fragmentación, de la búsqueda de soluciones, de la vuelta a la comunidad. El presente nos está demostrando, con aportación de todos, nuevas maneras más eficaces y eficientes de afrontar esta enfermedad desde el trabajo serio y coordinado que busque adaptar los recursos que tenemos, que investigue para encontrar nuevos fármacos, que formule nuevas explicaciones y diseñen más recursos en los que todos, enfermos, familiares y profesionales tengamos nuestro cometido y expresión.

 

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Otros nombres para el Síndrome de Down.
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José María Fdez Chavero | 09-10-2016 | 07:24| 0

Alfredo, Ángela (mi hija), Victoria, Cristina, Elena e Isabel

Durante siglos se ha conocido a las personas con Síndrome de Down como los niños y las niñas de Dios y se les encerraba en conventos de por vida, por ser este el lugar que se consideraba adecuado para las personas reservadas a Dios. No es hasta el siglo XIX, más en concreto 1866 cuando el médico inglés John Langdon Down describe las características físicas de estas personas. Y es en 1959, cuando el genetista francés Jerome Lejeune descubre la trisomía del par cromosómico 21.

Se ha dado muchos nombres a lo largo de la historia para designar a las personas con esta alteración cromosómica. Se les ha llamado y se les llama deficientes mentales, mongolitos, disminuidos psíquicos, y algunos más que están en la mente de todos y que pueden llegar a ser hirientes. Lo de deficiente mental porque su capacidad mental está, por lo habitual, por debajo de la media de la población. Lo de mongolito por su parecido con los nativos de Mongolia, lo de disminuido psíquico por ser personas que a nivel psíquico se encuentran en inferioridad de condiciones. No voy a entrar a discutir, sí a cuestionar unos términos que están ampliamente arraigados en la sociedad. Cuestiono que se les defina atendiendo a aspectos parciales de sus vidas, ya sea en lo intelectual o en sus parecidos físicos. De ahí, que quiera llamar la atención sobre otros aspectos de la personalidad de las personas que tienen este síndrome para ser justos con ellos.

Lo primero que deseo destacar es que son personas con una sensibilidad afectiva especial, con una gran capacidad para mostrar sus sentimientos y muy cariñosos, en una Sociedad empobrecida en estos aspectos. En este sentido puedo decir que son superdotados afectivos, por lo que ya tenemos otro nombre para designarlo. Muestran menos índice de consumo de tóxicos que la población llamada normal, menos criminalidad, no suelen provocar robos, ni desfalcos económicos en sus familias ni en sus trabajos, por lo que podríamos llamarle las personas honestas, los honrados, los sociables. Prácticamente no hay dependencias alcohólicas ni de juegos entre ellos, con lo que podrían recibir el nombre de los equilibrados. Difícilmente nos encontraremos a alguno que se haya cuestionado su vida hasta el punto de encontrar la solución del suicidio como la única posible, por lo que también podríamos llamarle los que están satisfechos con sus vidas.

Como se puede ver, pueden recibir muchos nombres, pero todos obedecerían a aspectos concretos de sus vidas… y si los nombres anteriores los cuestionaba, también estos, porque cada uno tiene su propio nombre. Se llaman Ángela, Victoria, Isabel, Alfredo, Elena, Samuel, Alejandro… como tú y como yo, porque también los hay que se llaman José María.

Como toda persona, ellos también tienen sus deseos, ilusiones, gustos, preferencias, miedos, caprichos, intransigencias, enfados, rabietas… tienen sus aciertos y sus fallos. Unos para ser reforzados y reconocidos positivamente y los otros para ser puestos en la bandeja de los aspectos que deben ser modificados. Las exigencias educacionales y sociales deben estar presentes en el proceso de socialización de estas personas, adaptadas a sus peculiaridades, como se debe hacer con cualquiera otra. Debemos asegurar su formación profesional para que puedan capacitarse para un futuro desempeño laboral y ahora las leyes educativas no lo posibilitan. No debe estar presente la actitud lastimera ni la de pena en el proceso de educación, porque estaríamos condicionándole en sus posibilidades. Y esto se debe aplicar en la educación de toda persona, ya tenga la diabetes o la hemofilia, superdotado intelectual, rubio o moreno, alto o bajo, blanco o de color, de familia con muchos o pocos ingresos económicos, o que viven en ciudad o pueblos. Labor de los adultos es que los niños y niñas vayan madurando y haciéndose personas que tienen en cuenta a los demás, que desarrollan sus capacidades cognitivas, afectivas, volitivas, espirituales en la medida de sus posibilidades… y esto es igual para todos. Desde ahí, cada uno irá encontrando sentido a su vida en medio de una Sociedad en la que no siempre resulta fácil encontrarlo.

 

(Publicado en Diario Hoy. La Concejalía de juventud de Mérida concedió el premio T de Tolerante. No señalo fechas porque sigue estando vigente todo su contenido. Sí le añado que las leyes educativas actuales no permiten que se formen profesionalmente)

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Psicología y vida
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José María Fdez Chavero | 08-10-2016 | 20:30| 0

Hacia la vida

El primer artículo no podía ser otro que el que da nombre al blog. En este espacio, que a bien ha tenido el Diario Hoy concederme, podremos encontrarnos, para tratar de todos aquellos asuntos que nos preocupen.

Las ciencias tratan de explicar lo que sucede en el Universo y formulan leyes que puedan predecir lo que ocurrirá en cualquier lugar y tiempo. Gracias a ellas conocemos mejor el entorno, nos resulta más fácil adaptarnos a él y adaptarlo para nosotros. Las ciencias y las técnicas unidas nos transportan a un Mundo con menos misterios y más explicaciones. Uno de los seres que forman parte de esa realidad es el ser humano y una de las ciencias que lo estudia es la psicología y gracias a esta disciplina universitaria vivimos más integrados con nosotros mismos, con los demás y con la pequeña naturaleza que nos rodea. La psicología busca aclarar el pasado, explicar el presente y adelantarse al futuro y por eso afirma que determinadas conductas y ambientes mejoran el desarrollo personal y otros no lo favorecen.

Ahora bien, en esa noble e importante tarea que se propone la psicología a diario se corre el inmenso riesgo de encorsetar al ser humano y pretender explicar con leyes todos los comportamientos y sentimientos, lo que supondría un grave error. Los hombres y mujeres somos criaturas libres y moldeables, gozamos de una plasticidad que nos ha proporcionado un avance evolutivo no conocido ni experimentado en ninguna otra especie del Cosmos. Poseemos gran capacidad de adaptación al medio, infinidad de destrezas para afrontar dificultades y gozamos de habilidades para integrar lo que nos viene del afuera en nuestras vidas. El ser humano es tan grande que no debemos vivir en un continuo proceso de programar su actuar, sentir, creer y pensar. Me niego, como profesional de la psicología, a psicologizar la vida porque eso no es psicología sino esclavitud.

Psicología supone fomentar la confianza y la libertad de decisión, es creer en las capacidades del ser humano, es saber que se crece mejor desde el refuerzo y el reconocimiento que desde el castigo. Psicología es saber apreciar las estrategias que han tenido éxito, partiendo de la base de que los niños y jóvenes no se traumatizan por cualquier contrariedad y para que maduren propongo más horas de estudio y de trabajo intelectual y menos programas de televisión, más juegos colectivos y menos individuales, más compartir y menos sofás, más horas de colegios y menos academias y clases particulares, más deportes y menos maquinitas que atontan y aíslan. Y a los adultos les invito a practicar más paseos y conversaciones dialogadas exentas de críticas y menos lecturas de libros de autoayudas, siempre desde el respeto a la individualidad y a la dignidad del otro.

Algunos creerán que es un simple y simpático listado de recetas, pero es la sabia psicología de la vida, la que está en la base del desarrollo personal y social, intentando erradicar las ñoñeces que tanto desestructuran la convivencia. La psicología avanza a gran velocidad y con rigor científico, me apasiona, me sostiene y ayuda, pero su exceso nos empacha y empobrece hasta el punto de que puede llegar a paralizarnos. No caigamos en excesos de observaciones e interpretaciones y afrontemos con más naturalidad y sentido común lo que somos y tenemos.

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La solidaridad, la tolerancia y la justicia son valores imprescindibles para lograr una sociedad mejor para todos. Somos ciudadanos del mundo con el derecho a vivir y a ser respetado. Este blog quiere ser lugar de encuentro entre la Psicología y la Vida de todos los que lo deseen. Es posible hacer un mundo más justo.